Por los fans Capítulo dieciséis #4
42%

Capítulo dieciséis #4

Se tira en la ducha una media hora larga y no dejo de imaginármelo todo ese tiempo sentado en el suelo, abrazándose las rodillas contra el pecho.

Se ve que mi primer polvo gay ha provocado que se me termine de saltar el último tornillo que me quedaba, porque, cuando lo veo aparecer con la piel limpia y el pelo húmedo y alborotado, tengo que hacer un esfuerzo titánico por mantener la calma.

Kyran se dirige con pasos ligeros hacia su ropa y se viste mientras yo me quedo revoloteando en mitad del cuarto, sin saber a dónde ir.

—Bueno… ¿Cuándo quieres que lo veamos? —pregunto, y me mira de reojo—. Para asegurarnos de que ha salido… bien y eso.

Se muerde el labio unos instantes y luego murmura:

—Creo que está perfecto así. No quiero verlo…

Frunzo el ceño.

—¿Y eso? Antes parecías muy dispuesto…

—Ya, pero he cambiado de opinión —replica.

—Vale… —Alzo las manos en señal de paz—. Lo siento.

Suelta un suspiro de cansancio.

—Es que… es tarde. Estoy molido y no me apetece ver porno gay ahora mismo.

Aprieto los labios.

—No he dicho que tengamos que verlo ahora mismo…

—Bueno, pues envíamelo. —Se rasca la nuca—. Ya lo veré mañana. Cuando haya amainado… la tormenta.

«¿De qué tormenta habla este tío? ¿Qué cojones significa eso?».

Doy un par de pasos lentos en su dirección, pero él se echa hacia atrás al percatarse de mi cercanía.

—Me parece que te estás rayando un poco —digo, poniendo los ojos en blanco.

—No, no me estoy rayando —me bufa—. Solo estoy cansado. Hoy he jugado el partido más intenso de mi vida. —Desvía la mirada hacia el reloj—. Aunque, bueno, técnicamente fue ayer. Madre mía, son casi las cuatro de la mañana. Tengo que irme.

Asiento y me planto delante de él justo cuando va a por su abrigo.

Al toparse conmigo, exhala y pestañea con fuerza.

—Por favor, no me toques las narices, Avi. Estoy cansado.

—No lo hago para tocarte las narices, solo… —Me detengo un momento, buscando las palabras adecuadas—. Quiero saber si estás bien.

Percibo un tic en su mandíbula.

—Estoy de maravilla. Acabo de acostarme con mi hermanastro a escondidas. He cumplido un sueño. —Coge el abrigo y se lo enfunda de malas maneras, como si estuviera en plena rabieta.

—Kyran…, no pasa nada por ser bi, en serio… —murmuro, inclinando el rostro para establecer contacto visual con él, pero me fulmina con la mirada.

—No soy bi; ando corto de pasta. Cuanto antes te entre en la cabeza, mejor nos irá a ambos.

«Genial… Ya tardaba en salir el Kyran imbécil de siempre. Qué encanto de tío. Cómo lo echaba de menos».

Me aparto a un lado con dramatismo y extiendo el brazo para señalarle la puerta.

—Ya me lo has dejado bien clarito, gilipollas. Que pases buena noche.

Asiente con la cabeza, permanece inmóvil un segundo y pasa por mi lado dando pisotones.

—Enhorabuena por el partido, por cierto —mascullo con sarcasmo, poniendo los ojos en blanco, aunque ya me ha dado la espalda y no me ve.

Entonces se para en seco, se gira y fija los ojos en mí. Nos quedamos mirándonos en silencio un buen rato, sin decir absolutamente nada, y no dejo de preguntarme por qué cojones no se larga ya si tanta prisa tiene por perderme de vista.

Separa los labios. Los cierra. Los separa de nuevo y vuelve a cerrarlos. Da un paso hacia delante y después otro hacia atrás.

«¿Qué leches hace? ¿Ensayar unos pasos de baile? ¿Espera que me acerque yo o qué?».

Al cabo de un rato, suelta una larga bocanada de aire y se muerde el labio. Avanza tímidamente hacia mí y me besa en la mandíbula.

—Luego te escribo —susurra.

Acto seguido, se da media vuelta y sale disparado de mi apartamento, como si acabara de lanzarme una bomba a la cara.

Me quedo clavado en el sitio demasiado tiempo, contemplando boquiabierto la puerta. Cuando por fin logro recuperar mínimamente la compostura, me llevo la mano a la cara y me acaricio la mandíbula con los dedos.

«¿A qué cojones ha venido eso?».

Parpadeo para apartar esos pensamientos de mi mente, me dirijo al baño y me meto en la ducha.

Permanezco bajo el chorro de agua hasta que sale fría, con el corazón acelerado y sin parar de darle vueltas a lo que acaba de ocurrir.

Una vez que salgo y me visto, comienzo a moverme nervioso alrededor de la cámara.

Debería esperar para ver el vídeo… hasta que «haya amainado la tormenta».

«Pero ¿qué tormenta tiene que amainar? Si es solo sexo y ya está».

Que haya sido nuestra primera vez haciéndolo con un tío no significa nada. Es algo meramente físico y por dinero.

«Entonces, ¿por qué no puedo sacarme de la puñetera cabeza el beso que me ha dado en la mandíbula?».

Estoy demasiado acelerado para dormirme de nuevo. Cojo la pipa de agua llena de índica que guardo en la mesita de noche para relajarme, le doy un par de caladas y reproduzco el vídeo de nuestro desfloramiento anal.

Abro los ojos de par en par al instante, porque lo que veo es… una puta locura. No hay otra forma de describirlo.

No da la sensación de que estemos actuando en ningún momento.

Parecemos guiarnos por nuestra química desde que nos damos el primer beso hasta el instante en el que encoge los dedos de los pies dentro de los calcetines justo antes de empezar a correrse (sí, se los ha dejado puestos… , aunque no me he dado ni cuenta).

No se asemeja en nada al porno…, porque es auténtico, como si una cámara oculta hubiera capturado a dos hermanastros sucumbiendo juntos a la lujuria.

Aún he de descubrir si esa es la realidad o no, pero lo que sí tengo claro es que este vídeo que hemos grabado es lo más excitante que he visto en la vida.

«Dios mío… Cualquiera diría que estoy haciéndole el amor».

No sé cómo reaccionará Kyran cuando se lo ponga, pero no me cabe duda de que los fans van a flipar. Joder, se me ha puesto dura como una piedra hasta a mí, y eso que soy yo el que sale en el vídeo.

Uno pensaría que ver un vídeo de sí mismo follando le daría algo de vergüenza, por las típicas muecas raras o ruiditos extraños que se escapan durante el acto; sin embargo, este no contiene ni una parte que resulte mínimamente patética. Es una puta obra de arte de principio a fin.

Suelto el aire poco a poco y paro el vídeo justo en la parte en la que le resbala semen del culo.

Cojo el móvil, recordándome a mí mismo que la próxima vez deberíamos incorporar algunas tomas en primer plano, cuando me fijo en las notificaciones de mensajes no leídos. Los que Kyran me había enviado antes.

Los abro y me muerdo el labio.

Kyran: Ey…

Kyran: ¿Estás despierto?

Kyran: Vale, esa es la típica pregunta que haría alguien

desesperado por echar un polvo, lo siento. Solo quería

saber si te habías ido ya a la cama…

Kyran: ¿Puedo pasarme por tu apartamento? La fiesta es

un muermo y he estado pensando en lo que dijiste…

Kyran: Lo del premio gordo.

Kyran: En fin. Puede que quiera hacerlo, así que… ¿nos vemos?

Kyran: Avi… ¿Me estás ignorando?

Kyran: Estoy aquí.

Kyran: En la puerta. Ábreme.

Kyran: No seas capullo y déjame entrar.

Kyran: Siento lo del vestuario…

Kyran: Tenías razón, ¿vale? Sí que me estaba gustando…

Kyran: ¿Hace falta que te diga las palabras mágicas

o qué? Joder… Quiero que me folles, Avi.

¿Contento? Abre la puta puerta.

Kyran: Madre mía, qué gilipollez. Borra eso, por favor.

Y ese es el último mensaje suyo que tengo… El que estaba mandándome cuando llegué a la puerta.

Trago saliva con dificultad mientras miro la pantalla del móvil, mordiéndome el labio con fuerza para contener la sonrisa que lucha por abrirse paso en mi rostro.

Lo nuestro ya era complicado de cojones antes. Pero ahora, con todas las puñeteras mariposas que me revolotean en el estómago, se ha convertido en el mayor desastre de mi vida.

A pesar de que él ha sido el pasivo, siento que es a mí a quien le han dado por el culo.