Por los fans Capítulo dieciséis #3
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Capítulo dieciséis #3

—¿Quieres más? —pregunto con voz ronca mientras le chupo la oreja, le muerdo el cuello y continúo hundiendo la polla en el lugar más dulce, estrecho y ardiente jamás creado.

No me habría imaginado en la vida que experimentaría una sensación tan placentera como esta, capaz de sacudirme hasta los huesos. A pesar de que solo le he introducido la mitad de la polla, me siento en el puto paraíso.

—Joder, Avi… —ruge con los labios temblorosos—. Joodeer… No tienes… ni idea… de lo mucho que me gusta esto…

—Entonces, ¿te alegras de ser tú el que está recibiendo? —lo provoco, sonriendo contra su piel pegajosa por el sudor. Se la meto más y más hondo, la saco un poco y luego vuelvo a deslizarla un poco más.

—No te vengas arriba —gruñe. Pero, acto seguido, deja caer la cabeza sobre la almohada y suelta entre jadeos—: Ay, Dios mío, joder.

Se la meto hasta el fondo y me detengo a contemplar nuestros cuerpos unidos y sus nalgas apoyadas en mi pelvis. Es la imagen más increíble que he visto en mi vida… Si mis ojos pudieran correrse, lo harían.

Bajo la mano y, cuando le paso los dedos por los huevos, gimotea.

—Me… me la has metido entera… —dice, elevando la voz—. Hasta… el fondo.

—Lo sé… Es alucinante. —Echo hacia atrás las caderas y me introduzco en él de nuevo.

Kyran pone los ojos en blanco.

—Jo-joder, Avi, qué bien…

—¿Te gusta así? —Me quedo prácticamente quieto y se estremece.

—¡Sí! Sí, sí… Joder, no pares.

Esas palabras bastan para convertirme en una bestia salvaje.

Doy por terminado el calentamiento y comienzo a balancear despacio las caderas para masajearme la polla con la increíble estrechez de sus paredes.

La ardiente presión que ejerce sobre mi miembro es más que suficiente para darme placer, de modo que no necesito acelerar el ritmo ni hacerlo con brusquedad.

Le agarro las manos, se las planto en mi culo y él me lo aprieta firmemente mientras lo embisto una y otra vez.

—Joder, cari, me encanta estar dentro de ti. —Acerco mis labios a los suyos y ahogo sus gemidos en mi boca con un beso—. Me vuelve loco cómo me engulle la polla ese culito avaricioso que tienes.

Me alzo un poco y le coloco las manos sobre el pecho para juguetear con sus pezones al tiempo que lo cabalgo despacio, intentando dar con su próstata.

Aunque no sé exactamente dónde está, a juzgar por cómo grita mi nombre y el charco de fluidos que se le ha formado en el abdomen, diría que la estoy rozando.

Kyran me clava los tobillos en las nalgas para mantenerme pegado a él mientras mis acometidas van cobrando fuerza y volviéndose cada vez más voraces. Se retuerce ante este nuevo ritmo, provocando que la cama choque con la pared. Igual deberíamos ser más silenciosos, pero me es imposible contenerme.

Estoy fuera de mí… Me he entregado por completo a este placer resbaladizo, ardiente y prohibido que me está brindando mi hermanastro. El mismo tío que me odia desde que nos conocimos está dejándome que lo folle por el culo a lo bestia ahora mismo.

Los huevos se me tensan y me palpitan con tal intensidad que siento que voy a correrme en cualquier momento.

—Avi —gime con la voz entrecortada y sin aliento, como si le estuviera arrebatando el aire de los pulmones con cada embestida—. Avi, Avi, Avi… ¿Por qué follas tan bien…?

La cabeza me da vueltas, el pulso se me dispara y la polla comienza a gotearme dentro de él conforme acerco mi boca a la suya.

—Porque… siempre he querido follarte por el culo.

Entonces solloza y contrae las paredes alrededor de mi miembro.

—Ah, ¿sí?

—Sí —susurro, sin dejar de chuparle y morderle los labios a la vez que le pellizco los pezones y deslizo la polla en ese culo cálido, prieto y húmedo con la fuerza justa para deleitarnos con el sonido lascivo de nuestros cuerpos al chocar—.

Eres un ser humano precioso, sexy y terrible…

Penetrarte es como atravesar las puertas del cielo, cari.

—¿Vas a… correrte dentro de mí? —balbucea, mirándome aturdido. Tiene los ojos entrecerrados, las mejillas sonrojadas y los labios hinchados.

Asiento con rapidez.

—Sí. Pienso derramarte dentro hasta la última gota, Ky.

Aletea sus oscuras pestañas y me agarra la cara para atraer mi boca hacia la suya.

—Joder, voy a correrme. Avi, me corro.

Pronuncia las palabras como si le sorprendiera y, acto seguido, comienza a gimotear mientras su semen cálido y resbaladizo me aterriza en el abdomen.

—Dios, qué sexy —digo con voz ahogada—. Échamelo todo, Kyran. Empápame…

Lo oigo lloriquear, pero no me detengo. Sigo moviendo las caderas y cabalgándolo hasta que se queda vacío y noto que soy incapaz de contenerme más. Un escalofrío me recorre la piel pegajosa y ardiente y me impulso todo lo hondo que puedo, con la polla palpitante por el orgasmo.

—Me estoy corriendo dentro de ti, cari. Me estoy corriendo en tu culo… —murmuro contra su boca, mordiéndole y chupándole los labios a la vez que lo agarro del pelo y nos restregamos, sudorosos y pringados de corrida, entregándonos a un placer desconcertante.

Ni siquiera sé qué estoy haciendo ni si debería estar haciéndolo, pero me da igual.

Es como si estuviera reclamando cada parte de él, dejándole mi impronta.

Le he metido la polla tan profundo que mis huevos parecen estar a punto de deslizarse también adentro mientras lo relleno hasta quedarme vacío y exhausto.

Creo que incluso he perdido la conciencia.

Pero, cuando vuelvo en mí, estamos besándonos, jadeando de manera suave y apasionada…, como si dependiéramos del aire que exhala el otro para sobrevivir. Se aferra a mi pecho y yo le recorro la cara y el pelo con las manos. Nos besamos con tanta voracidad que se me entumecen los labios.

—Ky… —Gimo su nombre en voz baja entre los sonidos húmedos de nuestras bocas devorándose.

—¿Sí? —responde, deslizándome los dedos por los pectorales, como si no se hubiera saciado; como si no pudiera dejar de tocarme y de sentir.

Está completamente absorto en el contacto de nuestros cuerpos, y lo entiendo.

Yo también.

—Ha sido el mejor polvo de mi vida —murmuro, alegre, en sus labios al tiempo que sigo moviendo las caderas, porque aún me da placer y no quiero parar. Quiero empujarle mi semen lo más hondo posible y no dejar de mecerme nunca contra él.

Ralentizamos los besos hasta detenernos y me echo un poco hacia atrás para contemplarlo desde arriba. Necesito grabarme en la cabeza esta imagen… Su mirada embelesada y llena de ternura. Parece otra persona completamente distinta ahora mismo.

Sé que no durará. En un abrir y cerrar de ojos, volverá a ser el Kyran de siempre, el hermanastro gruñón y malvado. Me recordará que solo hacemos esto por el dinero y yo le daré la razón.

Pero, en este instante, por efímero que sea, necesito mirarlo…, deleitarme con esta versión suya.

Le agarro las manos, me sirvo de sus propios dedos para esparcirle el semen que le empapa el abdomen y luego se los llevo a la boca.

Para mi sorpresa, separa los labios y me permite deslizárselos dentro.

Una vez que los chupa, se los saco y lamo los restos antes de volver a besarlo de manera de­sinhibida, sintiéndome plenamente saciado.

Al cabo de un rato, nos separamos, parpadeamos y, como si el mismo pensamiento nos hubiera cruzado la mente, giramos la cabeza despacio hacia el trípode, donde la cámara continúa grabando.

«Ah, sí… Se me había olvidado por completo».

Kyran se aclara la garganta y comienza a removerse incómodo en la cama con el rostro aún más encendido.

—Voy a sacarla… —murmuro, sin saber muy bien qué me ha impulsado a hacerlo. Tal vez sea porque lo veo un poco asustado de nuevo y me da la impresión de que necesita que lo guíe.

Cuando empiezo a retirar la polla lentamente, él gime, se muerde el labio y se apoya sobre los codos con una mueca de dolor. Al incorporarse, mi semen le gotea del culo y me quedo observándolo, alucinado ante la experiencia tan salvaje que acabamos de vivir.

Salgo de mi ensimismamiento, me pongo de pie con las piernas temblorosas y voy corriendo a apagar la cámara.

Al darme la vuelta, me encuentro a Kyran contemplando su propio cuerpo boquiabierto, como si le resultara ajeno, igual que en esas pelis tipo Ponte en mi lugar, donde siempre hay alguien que acaba en un cuerpo que no es el suyo.

Me acerco de nuevo con cautela a la cama, me siento junto a él y le recorro el hombro con los dedos.

—¿Quieres ducharte? —Clava los ojos de golpe en los míos—. A solas, claro. No… conmigo ni nada de eso. —Respiro hondo y sacudo la cabeza—. Me refiero a que puedes ducharte si te apetece.

Me mira fijamente unos segundos y luego asiente.

—Sí… Gracias. Creo que… —Baja vista hacia el charco de semen que se le ha formado entre las piernas y traga saliva—. Creo que me va a venir bien.

Se desliza fuera de la cama y se dirige al baño con pasos torpes. Entonces entra y cierra la puerta…, pero no oigo el sonido del pestillo, lo cual me resulta curioso.

—Madre mía, ¿qué cojones me pasa? —Sacudo la cabeza.

En un intento de distraerme de la locura que supone el hecho de que acabe de acostarme por primera vez con un hombre que, encima, resulta ser mi hermanastro, me pongo a dar vueltas de un lado a otro, centrándome en recoger y limpiar; sin embargo, sigo siendo muy consciente de la presencia de Kyran mientras cambio las sábanas.

Oigo la ducha y no puedo evitar preguntarme qué pasaría si me metiera en el baño…

Si me colocara detrás de él, ambos envueltos por el agua. Si le rodeara la cintura con los brazos y, quizá, le besara un poco el cuello.

«Hostia puta, estoy jodidísimo».

«¿Qué hago pensando en estas cosas?».

«Para ya, Avi. Guárdalo todo bajo llave en lo más hondo de tu mente y olvídate de que existe».