Por los fans Capítulo dieciséis #2
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Capítulo dieciséis #2

Cuando empiezo a bajárselos lentamente, se estremece y se pone rígido.

—E-espera…, Avi… —murmura contra mi boca.

—¿Que espere a qué? —respondo con un suspiro agitado, ardiendo por dentro, y eso que apenas hemos calentado motores.

—Es que… no… —tartamudea, con los labios temblando de la forma más tímida y sensual que haya visto jamás en un chico tan irascible como él— no sé si voy a ser capaz de… hacer esto.

Me fuerzo a apartar la boca de la suya y lo miro a los ojos.

—¿Quieres que pare? —Recorro su miembro erecto con los dedos y gimotea ante mi tacto—. ¿O solo estás fingiendo otra vez?

Se muerde el labio. Su pecho choca con el mío con cada respiración entrecortada y, aunque tarda unos segundos, al final susurra:

—No quiero parar…

—Bien —digo contra la suavidad de sus labios nerviosos—. Yo tampoco.

Sigo bajándole los calzoncillos y levanta las caderas para ayudarme a quitárselos. Luego me desliza los pantalones de chándal hasta los tobillos y los lanzo al suelo de una patada, de modo que me quedo completamente desnudo… entre sus piernas.

—Ky… —susurro, y le succiono los labios, hinchados por el continuo roce con los míos—, ¿te has corrido ya esta noche?

—¿Por qué te interesa saberlo? —gruñe, trazando con los dedos el contorno de mis pectorales—. ¿Estás celoso?

—No —replico con un rugido, porque no lo estoy —. Es que no quiero comerme las sobras de la pava de turno a la que te hayas tirado.

Me lanza una mirada llena de odio con la mandíbula apretada.

—Lo nuestro son solo negocios, ¿no? Así que, ¿qué más da?

Tiene razón. Ni siquiera sé por qué le he preguntado algo así.

—El mejor momento para grabar es cuando no puedes más y sientes que vas a estallar —murmuro sobre su boca—. Eso es lo que quieren ver los fans…

«Y lo que quiero yo».

Kyran se sonroja.

—No he estado con nadie, ¿vale? ¿Podemos limitarnos a… hacer esto de una vez?

Le agarro la cadera con fuerza y restriego mi miembro dolorido contra el suyo.

—Dime que lo deseas.

—Vete a la mierda, Avi —brama, y las extremidades me tiemblan por la emoción que me produce siempre discutir con él. No lo entiendo, pero me enciende por completo—. Sabes de sobra por qué estamos haciendo esto…

—Dímelo… —Desciendo los labios hacia su mandíbula y se la muerdo—. O no te daré lo que has venido a buscar.

Gruñe como si ansiara dar rienda suelta a su enfado, pero la calidez de nuestros cuerpos al tocarse, la sensación de mi polla contra la suya y el roce de mis dientes sobre su piel sensible parecen impulsarlo a entregarse al placer que puedo brindarle.

—Te deseo… Lo deseo —se corrige rápidamente y se aclara la garganta. La voz le tiembla de los nervios—. Fóllame ya, Avi. Deseo que… me folles.

«Justo lo que quería oír».

Suelto un sonido gutural de satisfacción, le doy unos cuantos besos lentos en los labios y procedo a mordérselos mientras cojo el lubricante que he guardado bajo la almohada.

Le arrastro el bote por el brazo y se lo dejo en la mano al mismo tiempo que restregamos nuestras pollas grandes e hinchadas.

Las respiraciones agitadas que se nos escapan se convierten en la banda sonora perfecta de este momento ilícito.

—Quiero que lo hagas tú —digo, bajando por su garganta con la boca para atrapar entre mis dientes esa nuez tan apetitosa—. Humedécenos a los dos.

Le tiemblan tanto las manos que apenas es capaz de sostener el bote, pero se las apaña para abrirlo y echarse un poco de lubricante en los dedos. A decir verdad, creo que me encanta lo nervioso que está…

Es un tío que saca a relucir su talento cuando se encuentra bajo presión y que lanza balones a cincuenta metros mientras miles de personas gritan a su alrededor.

No se altera fácilmente. Sin embargo, la idea de hacer esto, conmigo, lo ha transformado en un…

virgen, a falta de una palabra mejor. Contra todo pronóstico, parece inquieto e inseguro de sí mismo.

«Y me vuelve loco verlo así ante mí».

Le recorro el pecho con la boca, le paso la lengua por el pezón y se lo chupo hasta que sacude las caderas y ronronea de placer.

«Dios, esos ruiditos me van a llevar a la ruina».

—¿Te gusta? —pregunto, succionándolo y lamiéndolo hasta empaparlo de saliva.

—Joder… Sí —balbucea, agarrándome la polla con la mano lubricada—. Me encanta… No sabía que iba a gustarme… tanto. Mmm…

Se me dibuja una sonrisa de suficiencia en los labios.

«Qué mono es. Dios mío, dame fuerzas».

Cambio al otro pezón y repito la lujuriosa tortura a la que acabo de someter a su gemelo.

Lo chupo con más fuerza y tiro con los dientes hasta que le arranco los gemidos más dulces que he oído en mi vida.

Él cierra la mano con firmeza alrededor de mi miembro y la mueve arriba y abajo lentamente para corresponder al placer doloroso que mi boca le está causando.

Lo cubre de lubricante, desde el glande hasta los testículos, y me lo sacude tan bien que acabo goteándole en la mano.

—Extiéndetelo también por el culo —susurro, y disminuye el ritmo—. El lubricante, me refiero… Pon a punto ese agujero para mí, cari.

—¿Qué te dije de llamarme «cari»…? —refunfuña, mirándome con los ojos entrecerrados mientras se echa un poco más de lubricante en los dedos.

Pongo un puchero.

—Pero a mí me gusta.

—Me da igual lo que te guste, Avi —resopla—. No soy una chica. Soy un puto tío.

No puedo evitar reírme.

—¿Y a los tíos no se los llama «cari»?

—No —insiste con firmeza.

—¿Por qué no?

—Porque lo digo yo.

—Entonces, ¿cómo quieres que te llame…? —Voy descendiendo, dándole mordisquitos en el abdomen, hasta que tengo su polla delante de la cara.

Alzo la vista hacia él, le doy un buen lametón y saboreo el líquido que le asoma por la punta. Veo cómo le tiemblan las pestañas y cierra los ojos mientras se la envuelvo con los labios y chupo lo justo para que se derrita.

Aunque nunca he chupado otras pollas, he de admitir que me flipa la suya. Me encanta que no esté circuncidado… Es divertidísimo jugar con su prepucio y, además, adoro que le tiemble todo el cuerpo cada vez que lo empujo con la lengua.

—Pues llámame por… Ah, joder, qué bien lo haces… —balbucea, enredando los dedos en mi pelo—. Llámame por mi nombre, pesado.

Me saco su miembro de la boca para reírme suavemente.

—Pienso llamarte como me salga de los cojones, superestrella. Ve acostumbrándote.

—Que te den… —murmura, y vuelve a centrarse en su misión de lubricarse.

Esa tarea es un poco más complicada…, porque está claro que no se ha tocado el culo nunca. Al fin y al cabo, es un machote, un futbolista muy varonil, un tío de manual. No puede disfrutar jugueteando con su propia entrada trasera.

Pero salta a la vista que le da placer. En cuanto se desliza los dedos por detrás de los huevos, cierra los ojos de nuevo y se le escapa un gemido silencioso que trata de disimular carraspeando.

Me acomodo entre sus piernas, le agarro los muslos, se los separo bien y lo alzo ligeramente para ver cómo mueve los dedos en incesantes círculos alrededor del orificio. Por hipnótica que resulte la escena, si no se mete uno ya, voy a acabar explotando.

—¿Es necesario que me mires así? —se queja.

—Sí, porque no lo estás haciendo bien. —Le cojo la mano y le guio un dedo hacia el interior.

—Joooder. —Jadea y se le sonroja el cuerpo entero conforme lo ayudo a masturbarse.

Abro el bote de lubricante, nos echo un poco más a ambos y me lo extiendo a lo largo del miembro con la otra mano hasta dejármelo resbaladizo.

—Está frío, capullo —refunfuña, estremeciéndose.

—Solo es un segundo —farfullo mientras le empujo el dedo para que se lo introduzca hasta el nudillo—. ¿Te sientes ya relajado? Necesito metértela antes de que me dé un chungo…

Se mordisquea el labio durante unos segundos y luego musita:

—Sí… Mmm. —Asiente con la cabeza—. Creo que sí…

Le suelto la mano, me coloco entre sus piernas de nuevo y me inclino sobre él para darle un delicado beso en los labios.

—¿Por los fans? —susurro.

—Por los fans.

Me agarro la polla y deslizo la punta entre sus nalgas. Él se pone a temblar al instante, probablemente por la expectación nerviosa que flota entre ambos como una corriente eléctrica abrasadora. Cuando comienzo a adentrarme en su agujero, noto que opone resistencia.

—Ábrete para mí —le ordeno con voz ronca, acercándole la boca a la oreja para succionarle el lóbulo como a él le gusta.

Consigo que relaje los músculos un poco y aprovecho para introducirle la punta con toda la contención que soy capaz de reunir, teniendo en cuenta que lo único que quiero es hundirme por completo en él.

Kyran contrae la cara en una mueca de incomodidad, pero no me pide que pare. Se limita a morderse el labio para reprimir los quejidos de placer que amenazan con brotar de su garganta y me clava los dedos en el pecho mientras se esfuerza por recibirme.

—Lo estás haciendo de maravilla… —murmuro tras darle otro chupetón en el lóbulo, con la esperanza de que mis halagos lo ayuden a dejarse llevar.

Y mis palabras surten efecto. Relaja el cuerpo aún más, lo suficiente para seguir impulsándome. Antes de darme cuenta, toda la cabeza hinchada de mi miembro está dentro de él.

—¡Avi…! —Pronuncia mi nombre en un grito suave y ahogado, enredando los dedos en mi pelo.

—¿Va todo bien, tío bueno? —Empujo con las caderas suavemente para introducirle solo un centímetro más, y él resopla como si se la hubiera metido entera.

Debería haber sabido que dos dedos no servirían para igualar el grosor de mi miembro…

Ahora me siento mal, porque parece estar costándole bastante acogerme.

Sin embargo, pese a todos los esfuerzos, sigue sin pedirme que pare.

Aunque no deja de sollozar y tirarme del pelo, tiene la polla hinchada y empapada, como si hubiera tenido un miniorgasmo.

—Aydiosjoder… —Las palabras se funden unas con otras al escapar de sus labios y, entonces, contonea las caderas. Solo un poco…, pero me basta para saber que lo está disfrutando.