Por los fans Capítulo quince #3
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Capítulo quince #3

—¿Qué tal si te pillamos algo de beber? —le pregunta Theo con alegría.

Kyran me mira de reojo un instante y luego se gira de nuevo hacia ellos con una sonrisa.

—Me parece un buen plan.

—¡Vamos a pegarnos una buena fiesta, cari! —grita Guty, señalando a unas cuantas animadoras que se encuentran cerca de nosotros—. Espero que cuidéis bien de mi chico esta noche. —Le dedica a Kyran una sonrisita cómplice y le guiña un ojo—. Nuestra superestrella se merece lo mejor de lo mejor.

Frunzo los labios, esforzándome por no soltar alguno de mis comentarios sarcásticos, y cambio el peso de pierna para no sentirme invisible frente a toda esta gente que apenas se percata de mi presencia.

Entonces Theo me mira con una sonrisa pícara.

—¿Te apuntas a la fiesta, Baldwin?

Justo cuando estoy a punto de decirle que no de manera educada, va Kyran y responde:

—No pinta nada allí. Esta fiesta es solo para el equipo. —Levanto una ceja, claramente ofendido, pero no me ve porque ya se ha dado la vuelta para irse con sus amigos—. ¡Otra vez será, pajarraco!

«Hostia… ¿En serio acaba de ningunearme el mierda este?».

Resoplo y pongo los ojos en blanco para mis adentros, aparentando total indiferencia, porque me da igual…

Sin embargo, ahora mismo me cuesta tragar saliva. Por alguna razón que no logro comprender, noto el estómago pesado y se me ha formado un nudo en el pecho. Necesito quitarme este puto disfraz.

«De todos modos, tampoco es que quisiera ir a su fiestecita. Antes preferiría beberme un cóctel de cianuro en Jonestown».

«Pero no tenía por qué comportarse como un imbécil…».

Salgo del campo y me dirijo al vestuario. Normalmente me cambio en un baño privado que hay al fondo, no vaya a ser que me acerque al equipo y les pegue…, qué sé yo, la gripe aviar.

Voy dando pisotones con mis gigantescas patas de pájaro y farfullando entre dientes.

«No me puedo creer que me haya dejado la voz por él. Será soplapollas…».

«Lo único que le importa es ganar para fardar delante de los musculitos de sus colegas y de las hordas de rubias tontas que se le echan encima por esos aires de tío misterioso que se gasta».

De pronto, se me viene a la mente lo que me confesó la otra noche… Lo de que no había sido capaz de empalmarse con Lexi.

La simple idea debería hacerme sentir mejor, pero lo cierto es que no sirve de nada. No obstante, me obligo a sonreír pensando en su desgracia y me repito a mí mismo una y otra vez que no me importa, porque esa es la verdad, no me importa.

No es mi amigo. Ni siquiera es mi hermano… Solo somos compañeros de trabajo. Nos toleramos para llenarnos los bolsillos y ya está.

Eso es lo único que debo tener presente de aquí en adelante, pase lo que pase.

Cuando entro en el vestuario con todo el sigilo del mundo, oigo un montón de voces y el sonido del agua corriendo en las duchas. Pongo los ojos en blanco y avanzo a toda pastilla por un lateral de camino al baño, centrando todos mis esfuerzos en pasar desapercibido y sin fijarme en nada más.

Por desgracia, me doy de bruces contra un muro húmedo de músculos que me impide llegar a mi destino. No me hace falta fijarme mucho en él para darme cuenta de que es el capullo del número nueve, mojado tras la ducha y tapado únicamente por una toalla alrededor de la cintura.

—¿Qué cojones…? —gruñe, entrecerrando sus ojos color avellana—. ¿Me estás siguiendo o qué?

Sacudo la cabeza y resoplo ante su arrogancia.

—Pero mira que te lo tienes creído… Voy a cambiarme. No eres el ombligo del mundo, Kyran.

—Lo que tú digas —murmura, con la mandíbula tensa.

Intento rodearlo, pero él va por el mismo lado y, cuando me cambio al otro, hace lo mismo. Parecemos incapaces de escapar el uno del otro y estoy empezando a cabrearme de verdad.

—Por Dios, quítate de en medio ya —refunfuña—. Me estás cortando el paso con el puñetero disfraz de pajarraco.

—Apártate tú de mi camino —replico, y le doy un empujón fuerte en el pecho con los guantes.

Aunque apenas se inmuta, me da la impresión de que no le ha hecho mucha gracia.

Endurece la mirada, aprieta esos malditos labios carnosos en una fina línea y entonces me devuelve el empujón.

—Ni se te ocurra tocarme, Avi.

El peso de mi colosal disfraz hace que me tambalee. En cuanto logro recuperar el equilibrio, la rabia me nubla la vista.

Avanzo en su dirección, lo agarro de los hombros y lo lanzo hacia atrás, de tal modo que se tropieza y suelta un gruñido al chocarse de espaldas contra las taquillas.

Pero aún no he acabado.

Lo acorralo sin esfuerzo, gracias al tamaño del traje, y noto cómo el pecho me sube y baja. La piel me arde y una gota de sudor se me desliza por la espalda mientras tiemblo de la rabia.

—Eres un puto gilipollas, ¿lo sabías? —escupo.

Alza las manos para tratar de alejarme de él, pero se las inmovilizo a los costados y deja escapar un gemido ahogado. El sonido nos pilla a ambos por sorpresa.

Se le dilatan las pupilas. El muro de músculos que tiene por pecho le late con fuerza con cada respiración agitada. Entreabre sus labios rosados y le tiemblan al darse cuenta de lo cerca que estamos. El despliegue rabioso de testosterona se ha transformado de repente en una lujuria desconcertante.

Siempre nos pasa lo mismo. Es como si nuestras moléculas fundieran el odio y lo convirtieran en deseo cada vez que nos encontramos a escasos centímetros el uno del otro.

No lo entiendo. No tiene ningún puto sentido, pero me encanta.

Y odio que mi cuerpo ceda ante el suyo de esta forma, porque es un imbécil redomado.

—Avi…, suéltame —murmura con voz ronca, sin aliento.

—No —respondo entre dientes—. Ya va siendo hora de que alguien te baje esos humos tan subidos que tienes.

Desvía los ojos hacia las voces que se oyen al otro lado de las taquillas. Aunque estamos escondidos en una esquina, sus compañeros no andan demasiado lejos y, por alguna razón que desconozco, una descarga eléctrica me recorre la espalda al ser consciente de ello.

Me estoy asando dentro del traje. Lo único que se interpone entre ambos es el disfraz que llevo puesto, y la simple idea me está volviendo loco, porque sé que, si nuestros pechos desnudos estuvieran pegados en este instante, podría sentir los latidos acelerados de su corazón contra el mío.

—Su-suéltame —tartamudea, con los labios cada vez más temblorosos conforme me voy aproximando lentamente a él.

La rabia parece haber desaparecido de sus palabras. Y de sus actos.

Incluso ha dejado de oponer resistencia.

—Por qué tienes que ser tan capullo… —susurro, de manera retórica, claro.

Y, antes de que me dé cuenta, le planto un beso en la boca.

Kyran gime cuando me apodero de sus labios y lo asalto con besos voraces mientras me retuerzo contra su robusto cuerpo. Al principio se resiste y sacude la cabeza, como si quisiera negarse…

Pero entonces abre la boca para recibirme y desliza la lengua tímidamente sobre la mía, provocándome un hormigueo de deseo en la entrepierna.

Gimo en voz baja para no llamar la atención de los demás.

El equipo entero se encuentra en las duchas, charlando entre risas al otro lado del vestuario, sin tener ni idea de que su quarterback está besando a la mascota a escasos metros de ellos.

Sin embargo, el riesgo de que nos pillen no nos ha cortado el rollo.

De hecho, tengo la polla dura como una roca debajo del disfraz.

Por muy asustado que se muestre Kyran con sus movimientos inquietos y temblorosos, creo que él también está experimentando una sensación similar. Gimotea suavemente contra mi boca mientras nos succionamos los labios y enredamos las lenguas en una danza peligrosa y prohibida.

Pego las caderas a las suyas y se le escapa un jadeo cuando comienzo a frotar mi traje de pájaro contra su miembro, desesperado por sentirlo a través de las densas capas de forro polar y poliéster.

Por un momento, me parece rozarlo ligeramente y me restriego con más fuerza para notarlo mejor.

Me quito los guantes a toda prisa y lo agarro de la mandíbula con la mano desnuda. Acto seguido, le marco la boca con mis besos, le muerdo el labio y tiro de él hasta que lo oigo ronronear.

«Uf… Música para mis oídos».

—Avi… —murmura en una voz tan baja que apenas la percibo—, para…

—Cállate —respondo con un gruñido, aturdido por la adrenalina y el deseo prohibido.

«Nadie lo sabe…».

«Es mío y nadie lo sabe».

Aprieto los puños a los lados y él se separa de la fuerza voraz de mis labios.

—Esto no… no es p-parte del trato —tartamudea. Le rozo la mejilla con la mía mientras respiro hondo y vuelvo a la realidad—. Solo negocios —añade—. Por los fans, ¿recuerdas?

—Deja de fingir que no quieres hacerlo —susurro, observando cómo le tiemblan los labios, hinchados por el beso.

—Es que no quiero —replica entre dientes, pero todavía no me ha empujado ni me ha pegado un puñetazo para que me aparte.

Siento una oleada de triunfo al pensarlo.

Cuando bajo la vista, veo que la toalla se le ha caído al suelo y ahora le rodea los pies. Deslizo una mano lentamente hasta su miembro y recorro su dureza con los dedos, provocando que se estremezca ante mi tacto.

—Se te da fatal mentir —contesto—. Ambos sabemos que no se te pone así con las animadoras…

—Q-que te den, Avi… —gimotea.

Le acerco los labios al oído.

—Conozco tu secreto. Te mueres por que te folle la mascota del equipo.

Kyran me aparta de un empujón, se agacha y recoge su toalla justo cuando empiezan a oírse pisadas y voces acercándose.

Doy un paso atrás y esbozo una sonrisita de satisfacción mientras lo veo peleándose con la toalla para ocultar su evidente erección.

Suelto una risita, mordiéndome el labio, y él frunce el ceño.

—No te desearía ni por todo el dinero del mundo —suelta, refugiándose de nuevo en la ira y la negación.

Ladeo al cabeza.

—Ya lo veremos.

—No hay nada que ver. Solo eres un tontaina vestido de águila.

—Pues bien que te acabas de dar el lote con esta águila —respondo con una sonrisita de suficiencia.

Él suelta un gruñido y da un paso hacia mí, con la cara sonrojada.

—Has sido tú el que se me ha echado encima.

—Venga ya —me río—. Podrías haberme apartado, pero no lo has hecho… —me inclino un poco más hacia él— porque te ha gustado. Igual que te gustó…

—Vale, ya está bien —me ladra justo cuando algunos de sus compañeros doblan la esquina. Kyran los mira y se aparta de mí de un salto—. Vete por ahí volando, pajarraco. Regresa al nido del que has salido.

Me lanza una sonrisita de suficiencia, como si se sintiera orgulloso de sí mismo. Si yo fuera una persona vengativa, no dudaría ni un segundo en recordarle lo desesperado que estaba hace un minuto por meterse la lengua de este pajarraco en la boca.

Pero no voy a hacerlo, porque tampoco me importa tanto. Si Kyran quiere seguir manteniendo sus fantasías en secreto, por mí perfecto. Si necesita seguir tratándome como una mierda delante de sus amigos para subirse el ego, genial.

«Mientras siga presentándose en mi apartamento dispuesto a mostrar ese rabo hetero que tiene ante la cámara para ganar más dinero, a mí plin».

«Me da igual».

Les doy la espalda a las risas y burlas del equipo y entro en el baño para quitarme el puñetero disfraz de una vez. Sin embargo, cuando me quedo completamente solo, con los ecos de sus mofas y palabras hirientes resonando en mi cabeza, me cuesta un poco más creerme mis propias mentiras.