Capítulo quince
Avi
E s una gran noche.
Hoy se juega el primer partido de los playoffs. Y nada más y nada menos que contra el Virginia Tech, que sigue invicto esta temporada.
Por lo visto, su ofensiva no se puede tomar a la ligera y, de entre todos los equipos de la NCAA, son los mayores rivales de los Eagles. Sobre todo porque el año pasado nos ganaron en los playoffs y le arrebataron el campeonato a la superestrella de mi hermanastro.
Kyran lleva toda la temporada estresado por la simple idea de enfrentarse a los Hokies (un nombre ridículo para un equipo, la verdad, pero, bueno, quién soy yo para juzgar).
Ha conseguido vencer a equipos con defensas más sólidas, quarterbacks más potentes y un récord de campeonatos mucho más imponente que el del Virginia Tech; sin embargo, tras la derrota de la temporada pasada, sus niveles de autoexigencia, ya de por sí bastante altos, están por las nubes.
Esta noche contamos con la ventaja de jugar en casa, lo que significa que yo también puedo asistir al partido.
No obstante, por mucho que disfrute bailando el charlestón vestido de águila para poner a prueba la paciencia de mi hermanastro, intentaré no tocarle las narices demasiado.
Es más, pienso comportarme mejor que nunca con tal de que gane y consiga calmarse un poco de una puñetera vez.
Aunque no sé a quién pretendo engañar. Tratándose de mí, es probable que mi actitud más recatada siga escandalizando a la mayoría, pero se hará lo que se pueda.
Acabo de salir al campo como Baldwin el Águila acompañado por las animadoras, que van correteando por ahí con sus diminutos trajes granates y dorados y cubiertas de purpurina hasta las cejas.
Me dedico a hacer el numerito de siempre mientras ellas menean el culo y los pompones al ritmo de Applause, de Lady Gaga.
No es la canción que yo habría escogido, pero igualmente logra que la gente se venga arriba.
A pesar de que tener cincuenta mil ojos puestos en mí resulta bastante abrumador, me consuela pensar que llevo la cabeza tapada y que solo estoy aquí para repartir buen rollo y sacarle al público unas risas. Al fin y al cabo, esto no deja de ser un juego.
«Seguro que Kyran no opina lo mismo. Pero, bueno, ya sabemos que el tío es un muermo».
Justo cuando las chicas terminan su baile y yo ando dando brincos de un lado a otro, los jugadores salen corriendo al campo y todo el mundo estalla en vítores al verlos. Kyran encabeza la fila, como siempre, y la verdad es que me alegra que también lleve la cara tapada por el casco.
Estoy acostumbrado a que su seriedad me chafe la diversión, pero ahora mismo, por alguna razón que no alcanzo a comprender, al mirarlo se me forma un nudo de nervios en el estómago.
A lo mejor simplemente estoy inquieto porque soy consciente de lo importante que es este partido y todo eso. O quizá sea por cómo acabaron las cosas el otro día…
«Ya sabes… Después de que nos metiéramos un dedo por el culo el uno al otro y su corrida saliera disparada por todos lados en un derroche de sensualidad desconcertante».
Me sorprendió que no intentara atravesar la pared para huir desesperadamente tras lo sucedido. Cuando lo veo prepararse para el sorteo de campo, recuerdo lo que me dijo al subirse los pantalones…
—Esto no significa nada… —gruñó, con las mejillas todavía encendidas por el orgasmo prostático tan inesperado que acababa de experimentar.
Me mordí el labio para contener la sonrisa y le ofrecí una toalla de mano para que se limpiara los abdominales y el pecho.
—Significa mucho más de lo que crees —le respondí, y él se quedó mirándome como un cervatillo indefenso, con los ojos abiertos de par en par y una expresión de absoluto desconcierto que me arrancó una carcajada—.
Ky…, te has corrido en menos de un minuto.
Ni siquiera he tenido que tocarte la polla…
Te ha bastado con los dedos. No engañas a nadie. Eres pasivo.
—Que no —me bufó, aferrándose a su realidad como un caballero medieval a su escudo—. Esa zona está diseñada para dar placer. Es la función de… la cosa esa.
—¿De la próstata? —pregunté, cruzándome de brazos, y él frunció el ceño.
—Le daría placer a cualquiera —respondió con un suspiro de frustración mientras se pasaba la toalla por el torso—. Eso no significa que quiera que me follen por el culo.
—Vale…, pero es que sí quieres. —Torcí el gesto y negó con la cabeza—. Madre mía, chaval, si todo el mundo se empeñara en privarse de las cosas buenas de la vida tanto como tú, dejarían de existir los perritos calientes.
Resopló y me lanzó una de sus miraditas mientras me acercaba a él lentamente.
—¿Te va el rollo masoquista o algo así? Porque podemos probar con el edging, si es lo que te mola… —le propuse.
—Vete a la mierda —me contestó, fulminándome con los ojos, casi temblando de la rabia.
Solté una risita y extendí la mano para tocarle el brazo, pero, como era de esperar, me la apartó de un tirón.
—Lo que quiero decir es que nos ha tocado el premio gordo. Y con «premio gordo » me refiero a tu habilidad para correrte sin usar las manos. Los fans se van a volver locos cuando lo vean.
Terminó de limpiarse y se mordió el labio, pensativo.
—O sea que… ¿es una especie de talento?
Alzó los ojos hacia los míos y asentí con entusiasmo, más que nada para tranquilizarlo.
No quería que se avergonzara de haberse corrido tan rápido la primera vez que le habían metido algo por el culo.
Para alguien tan hetero (entre muchas comillas) como Kyran, correrse de esa forma habría sido motivo suficiente para dar rienda suelta a todas sus inseguridades y salir corriendo como alma que lleva el diablo.
Y no podía permitir que eso pasara. Principalmente porque sabía la cantidad de pasta que podíamos sacar en OnlyFans con vídeos de nosotros follando, pero también porque, por más que odiara reconocerlo, me moría de ganas de acostarme con él.
Después de presenciar cómo se deshacía ante mi tacto y darme cuenta de lo fácil que resultaba darle placer…, decidí que aquella había sido una de las experiencias más excitantes de mi vida y quería que se repitiera.
«A estas alturas, estoy igual de ansioso que nuestros fans, babeando por su rabo como un perro hambriento».
Los besos en el baño de la fiesta de Theo no fueron más que el comienzo de todo. Pese a que soy consciente de que no debería desear al hermanastro heterito que me odia con todas sus fuerzas, la verdad es que ansío pasar más tiempo a solas con él.
He decidido atribuírselo a mi reciente inclinación por experimentar con chicos… Como Kyran es el que se me ha puesto más a huevo, le ha tocado a él y ya está.
—¿Y a ti… no te ha gustado? —me preguntó, mirándome con curiosidad—. Que te metiera el dedo, digo.
Vaya que si me había gustado. Me había encantado. De hecho, si hubiera seguido más de un minuto, probablemente también me habría corrido, porque los testículos me dolían de no haber acabado…
—Un poquito —le confesé mientras me acomodaba el miembro en los pantalones de chándal.
Desvió los ojos hacia abajo y luego volvió a posarlos en los míos con el ceño fruncido.
—Pero no te has corrido… porque yo me he corrido primero.
—Da igual. —Me encogí de hombros con indiferencia y luego levanté una ceja—. A no ser que quieras ayudarme con esto… —añadí, señalándome despacio el mástil que escondía debajo de los pantalones—. Ya sabes, para practicar.
Al verlo tragar saliva con la frente arrugada, me imaginé todo lo que quería hacerle. Delante de la cámara, claro. La piel comenzó a arderme y sentí un cosquilleo en los huevos solo de pensarlo.
—Paso. Ni siquiera he accedido a hacer nada de esto… —La voz se le fue apagando conforme me tendía la toalla sucia—. Pero, si al final lo grabamos, quiero ver el vídeo antes de que lo subas. Solo para asegurarme de que no es humillante.
Asentí, porque me pareció lógico. Ninguno de los dos se lo ha montado nunca con un hombre, así que no sabemos qué esperar.
Aunque yo he estado consumiendo bastante porno gay desde hace unos meses para familiarizarme con mi recién descubierta sexualidad, Kyran no tiene mucha experiencia en este campo.
Hasta donde yo sé, solo ha hecho este tipo de cosas conmigo…
—¿Como cuando los del equipo veis las repeticiones para pulir la jugada? —respondí con una sonrisita, y lancé la toalla que me había devuelto al cesto de la ropa sucia.
Él puso los ojos en blanco mientras terminaba de vestirse.
—Eres un puto peñazo —me dijo.
Y luego se fue.
No fijamos ninguna fecha para nuestro próximo encuentro, lo cual tampoco me sorprende, porque me da la sensación de que vamos dando palos de ciego con todo este asunto, sin tener ni puñetera idea de lo que estamos haciendo.
Cada vez que se presenta en mi residencia, parecemos dar un paso hacia delante, pero acabamos retrocediendo por su cabezonería. Aun así, por muy frustrante que resulte, no puedo evitar esperarlo con ganas. Al fin y al cabo, el negocio no deja de crecer.
Y, por desgracia, mis ansias de vivir más aventurillas sexuales con mi hermanastro se han vuelto muy difíciles de ignorar.
Los Eagles ganan el sorteo de campo, lo que les da una ventaja indiscutible. El partido arranca y observo a Kyran desde la línea de banda, con los nervios a flor de piel bajo mi disfraz de águila.
Avanzan rápido, aprovechando los huecos en la defensa del Virginia Tech y encadenando pase tras pase a lo largo del campo hasta conseguir anotar nuestro primer touchdown en menos de dos minutos.
A continuación, como no podía ser de otra forma, el equipo contrario responde a nuestra energía con la misma intensidad y logran hacernos algunos bloqueos aquí y allá. Antes de darme cuenta, van siete a siete en el mercador y Kyran está corriendo de vuelta al campo.