Capítulo catorce
Kyran
–P or ahí te están echando el ojo.
Levanto la vista del libro y, efectivamente, hay una chica que reconozco sentada a unas mesas de distancia, sonriéndome y enroscándose un mechón con un dedo.
—Ya… Me parece que paso. No me apetece meterme en follones —murmuro, y vuelvo a centrarme en las páginas que tengo delante.
—Oye, que los jugadores de fútbol y las animadoras suelen hacer buenas migas —responde Guty, hojeando su libro de manera distraída, sin molestarse siquiera en fingir que está estudiando—. Además, Lexi y tú no tenéis una relación cerrada, ¿no?
«Pues… lo cierto es que no».
Niego con la cabeza.
—De hecho, llevamos semanas sin hacerlo, aunque de vez en cuando cae algún que otro magreo.
«Cada vez que queremos llamar la atención del resto, por lo visto…».
Se me tensa la mandíbula y me obligo a apartar esos pensamientos.
—Un buen magreo siempre se agradece, tío —dice Guty con una sonrisa y, cuando alzo la mirada hacia él, me guiña un ojo.
«Intento no pensar en magreos ahora mismo, y menos en los que ocurren en baños ajenos con… otros humanos. Altos, musculosos y pagados de sí mismos».
Aprieto los ojos con fuerza, sacudo la cabeza y trato de dedicarle toda mi atención a la lectura, pero Guty no tiene ni el más mínimo interés en estudiar y, por lo tanto, no para de hablarme de tonterías. Sabía que era una pésima idea pedirle que me acompañara a la biblioteca.
No obstante, me viene bien la distracción, porque últimamente, cada vez que me quedo a solas, el silencio me resulta demasiado ensordecedor.
—A lo mejor deberías probar tú con Lexi —le suelto a Guty con una sonrisita, y él se echa a reír.
—Me sacrificaré por el equipo con tal de que te lances a por la señorita de ojos traviesos de allí. —Se recuesta en la silla y entonces me fijo de nuevo en la chica del fondo.
Se llama Krystle y es animadora, al igual que Lexi, lo que significa que no me costaría nada liarme con ella. Guty no se equivoca. Los jugadores de fútbol y las animadoras pegan mucho, como la mantequilla de cacahuete y la mermelada.
Sin embargo, una vocecilla irritante en mi cabeza no deja de repetirme que me estoy empezando a aburrir cada vez más de la mantequilla de cacahuete con mermelada y que debería probar otros sabores, sobre todo teniendo en cuenta el amplio abanico de variedades que existen…
«No».
Sacudo la cabeza. A todo el mundo le gusta la mantequilla de cacahuete con mermelada. Es un clásico. No hay por qué ponerse a pensar en sándwiches raros, de esos con crema de malvavisco y plátano, o queso brie y manzana, cuando los de toda la vida te alimentan igual y sin tantas extravagancias.
Al fin y al cabo, el principal propósito de la comida es servir de sustento, ni más ni menos.
«Olvídalo ya, Kyran. Da igual».
De pronto, me invade la acuciante necesidad de encontrar una nueva distracción, algo más absorbente que las tareas de clase.
Necesito enrollarme con una tía para demostrarme a mí mismo que todo va bien.
Que lo del otro día en el baño no significó nada y que no fue, ni de lejos, la experiencia más excitante de mi vida, sino un simple desliz.
Un error.
Iba borracho y punto. No hace falta darle más vueltas, porque no ocurrió nada. Aquello no pasó. No, ese no era yo.
Me levanto y guardo mis libros en la mochila.
—Luego te veo —me despido de Guty en voz baja.
—A por ella, tigre —me murmura de lejos cuando ve que me dirijo con calma hacia la mesa del fondo.
Me deslizo en el asiento libre junto a Krystle, le muestro una sonrisa encantadora más que ensayada y ella se muerde el labio para tratar de disimular su evidente entusiasmo.
—Hola, Ky —susurra en un tono seductor que me viene de perlas para mi plan.
—Hola, preciosa —respondo, y me estremezco al acordarme de él.
«Shh… Tranqui, preciosidad».
«Nop. Para ya. Deja de recordar eso que nunca ha pasado».
—¿Tienes ganas de jugar el primer partido de los playoffs ? —pregunta Krystle, distrayéndome de mi caos interior, cosa que le agradezco infinitamente.
—Joder, ya te digo —contesto sonriendo—. Vencer al Virginia Tech en casa va a ser muy satisfactorio.
Suelta una risita y sigue toqueteándose el pelo con el dedo.
—Bueno, si alguna vez necesitas… liberar estrés —se muerde el labio de nuevo—, ya sabes dónde encontrarme.
—¿Aquí en la biblioteca? —bromeo. Ella se ríe y me da un manotazo juguetón en el brazo.
«Bien. Eso es buena señal».
—En realidad, creo que ya he estudiado suficiente por hoy. —Cierra el libro de golpe—. ¿Te apetece que vayamos a otro sitio?
«Perfecto. Seguro que así pienso en otras cosas. Modo distracción: activado».
—Me parece un planazo.
Me levanto, le cojo la mochila en plan caballeroso y nos disponemos a salir de la biblioteca. Cuando pasamos junto a Guty, se pone a hacer gestos de follar, pero finjo no verlo.
Estoy preparado para que me lleve a su residencia; sin embargo, ni siquiera llegamos a salir del edificio, porque Krystle ha decidido empujarme hacia el baño.
«Ay, no… El baño no».
Se cuela dentro, cierra la puerta y echa el pestillo antes de abalanzarse sobre mí. Tiramos las mochilas al suelo y suena un ruido sordo. Le sujeto la cara y correspondo a la voracidad de sus labios mientras me desliza las manos con avidez por todos lados.
—Madre mía, qué bueno estás —ronronea contra mi boca, pegando su delicado cuerpecito al mío—. Llevaba muchísimo tiempo deseando liarme contigo.
—Mmm… —Eso es todo cuanto alcanzo a articular con su lengua metida en la boca.
Le agarro el culo y la atraigo hacia mí sin esfuerzo, ya que le saco casi una cabeza y no pesa apenas nada. Al apretarle y estrujarle las nalgas, no puedo evitar fijarme en que parecen mucho menos musculosas que las últimas que sostuve entre las manos…
«Para ya, joder».
La piel me arde y comienzo a sudar de inmediato. Intento ignorar ese pensamiento y centrarme en la chica que estoy besando. En su figura pequeña, sus curvas, sus tetas firmes presionadas contra mis pectorales.
«Esto es lo que me gusta a mí: las tetas».
Me frota el pecho con ellas mientras enredamos la lengua y su aroma floral y femenino me inunda los sentidos.
Me noto las extremidades más rígidas que de costumbre y los pulmones constreñidos, como si me estuviera asfixiando, pero aparto todas esas sensaciones a un lado y pongo toda mi atención en lo que tengo entre manos.
—Sé que no deberíamos… —susurra Krystel, sin dejar de chuparme el labio—. Si Lexi se enterara, se cabrearía un montón.
—No… Yo no… —Las palabras se me quedan atascadas en la garganta y cualquier intento de formar una frase coherente pasa a segundo plano mientras trato de no perder la cabeza por lo pequeña que es.
«Si esto es a lo que estoy acostumbrado, joder. No a la otra cosa que no pasó, por el amor de Dios».
—Pero me gusta —continúa, sin darse cuenta de que me encuentro al borde de un ataque de nervios colosal. Entonces separa los labios de los míos y se acerca al oído. Ay, no…—. Es como si fuera… algo prohibido.
Me succiona el lóbulo y se me estremece todo el cuerpo.
«¿Lo hago mejor que ella…?».
«¡Cállate! ¡Déjame en paz, joder!».
No puedo respirar. Los pulmones me arden igual que si me hubiera quedado sin aire. El cubículo parece hacerse cada vez más pequeño y…
Aparto a Krystle con cuidado e intento recuperar el aliento desesperadamente.
—¿Estás bien? —pregunta con dulzura, recorriéndome el pecho con las manos.
La cabeza me da vueltas sin parar. Me paso los dedos por el pelo y abro los ojos despacio para mirarla. Seguro que está pensando que soy un bicho raro, y, visto lo visto, razón no le falta, así que suelto lo primero que se me ocurre para salir del paso.
—Lo siento… No puedo… —Trago saliva—. No puedo hacerle esto a… Lexi.
Recojo mi mochila del suelo y estiro un brazo por detrás de ella para descorrer el pestillo de la puerta. Dado que soy consciente de lo extraña que puede parecer mi reacción y no me apetece que vaya contando por ahí que soy un puto rarito, le planto un beso en la cabeza antes de agarrar el pomo.
—Perdóname, Krystle. Eres increíble, pero… tengo que aclarar primero las cosas con Lexi. Lo entiendes, ¿verdad?
Aunque no se la ve muy entusiasmada, asiente con ojos comprensivos y me dedica una ligera sonrisa.
—Eres un buen chico, Kyran. Quiero que sepas que siempre me tendrás aquí para lo que necesites.
«Vale. Genial».
—Gracias —murmuro, y salgo del baño a toda pastilla, huyendo del recuerdo de las respiraciones agitadas, de los besos y de las palabras susurradas en el baño.
Llevo demasiado tiempo contemplando mi reflejo en el espejo.
Tanto que ya ni siquiera reconozco el rostro que me devuelve la mirada.
«¿Quién eres…? ¿De dónde has salido?».
No puedo seguir así. No puedo permitirme perder el norte de esta manera.
En apenas unos días me toca jugar uno de los partidos más decisivos de mi carrera y necesito tener la mente despejada.
Tengo que estar centrado, no dándole vueltas al mismo tema como un satélite que se ha salido de su órbita y vaga sin rumbo por el espacio.
Necesito aclararme las ideas y averiguar qué coño me pasa.
«Igual lo que me hace falta es un polvo».
No fui capaz de tirarme a Krystle porque nunca había estado con ella y me puse nervioso. Tuvo que ser por eso… Aunque también fuese animadora, noté la diferencia. O al menos eso creo.
Entro con paso firme en la estancia de al lado, cojo una botella de Jack Daniels y le pego un buen trago. Voy a solucionar esto ahora mismo.
Me saco el móvil del bolsillo y le escribo a Lexi.
Yo: ¿Andas por el campus?
Me contesta casi de inmediato.
Lexi: En mi habitación. Esperándote
«Perfecto».