Capítulo trece
Avi
A veces me pregunto cómo sería mi vida si él no hubiera muerto…
Crecer sin padre no es fácil. Pero, como pasa con la mayoría de las cosas, te adaptas a ello y sigues adelante.
Los seres humanos somos bastante resilientes.
Poseemos la increíble capacidad de lidiar con los cambios drásticos que se nos imponen a lo largo de toda nuestra existencia.
Nos reinventamos, nos adaptamos y continuamos viviendo, porque ese es nuestro principal propósito: persistir hasta que las caprichosas fuerzas del universo acaben deteniéndonos de un modo u otro.
Al fin y al cabo, en eso consiste la vida: en vivir hasta que nos llega la muerte.
Aun así, pienso a menudo en lo diferente que podría haber sido todo si Arlo Vega no se hubiera caído de aquel andamio. Si su vida no hubiera terminado tan pronto…, ¿estaría yo siquiera en este sitio ahora mismo?
Lo dudo mucho. Creo que hay fuerzas que nos impulsan en una dirección u otra, como en esos libros en los que el lector toma decisiones por los personajes y modifica así el transcurso de la historia.
Cada paso que damos nos conduce hacia un nuevo destino, por lo que estoy seguro de que, si pudiera retroceder de alguna forma e impedirle a mi padre que fuera al trabajo ese día, nuestra vida habría tomado un curso completamente distinto.
Supongo que nos habríamos quedado en Nueva York… o que incluso nos habríamos mudado a Madrid. Mi padre tiene familia allí y en Barcelona. Recuerdo que hablaba de llevarnos cuando yo era pequeño…
Pero nunca tuvimos la oportunidad de emprender ese viaje. En su lugar, la vida nos trajo hasta aquí, a Boston, donde he acabado metido en el clásico berenjenal de crisis sexual con mi puñetero hermanastro.
Como viene siendo costumbre, llevo unos cuantos días sin saber nada de Kyran, desde aquel sesenta y nueve monumental que me dejó clarísimo que, en efecto, me van también los tíos.
A estas alturas, me parece que puedo afirmar sin miedo a equivocarme que soy plenamente bisexual, porque, a decir verdad, la experiencia de tener un rabo metido en la boca no me desagradó nada.
Ni siquiera un poquito.
No obstante, el problema no es haber descubierto esta nueva pieza del rompecabezas que conforma mi sexualidad, sino haberlo hecho mientras le sacaba brillo al impresionante manubrio del gilipollas de mi hermanastro, que no creo que haya recibido esta revelación con el mismo entusiasmo que yo.
Kyran es un tío complicado. Por mucho que me fastidie verlo como algo más que un niñato pijito y uno de los mejores brazos de la NCAA, lo cierto es que es mucho más profundo de lo que su fachada de universitario estoico deja ver.
Aunque trate de ocultarlo, se nota que carga con un gran peso a sus espaldas.
Es precisamente esa naturaleza enigmática que lo caracteriza la que me impide saber si se ha obligado a hacer esto por pura desesperación ante la falta de dinero o si una parte de él siente curiosidad por explorar una faceta desconocida de sí mismo, al igual que yo.
No me chupo el dedo. Es evidente que Kyran ha disfrutado de nuestras dos colaboraciones. Esas ocasiones han sido las únicas en las que ha bajado la guardia lo justo para ceder el control y entregarse a sus impulsos, permitiéndome captar destellos fugaces de su verdadero ser.
Sin embargo, al mismo tiempo, no puedo evitar pensar que una mano es una mano… y una boca es una boca, así que tal vez estuviera imaginándose de verdad que era una chica la que le hacía todas esas cosas. Por los fans. Y, lo más importante, por el dinero que nos dan esos fans.
Mi cuenta ha doblado el número de suscriptores tras aquel vídeo y ahora los seguidores están completamente desatados.
No paran de suplicarme como perros hambrientos que suba más contenido con Kyran, lo cual es un tema difícil de abordar, porque él tiende a desaparecer varios días después de grabar, supongo que para reprogramar su cerebro de robot y convencerse de que todo ha sido una ilusión.
En honor a la verdad, también tenía un partido en Miami el día después de Acción de Gracias, de modo que puede que ese sea en parte uno de los motivos por los que no le he visto el pelo en dos semanas.
Los Eagles machacaron a los Hurricanes en el Black Friday y, aunque lo del disfraz de mascota me lo tomo más bien a broma (para tocarle las narices a mi hermanastro, más que nada), debo admitir que estuve prestándole atención al partido.
De hecho, ni confirmo ni desmiento que me levantara un par de veces a animar al equipo cuando cierto hermanastro lanzó unos pases de touchdown impresionantes.
Pero tampoco pienso ir pregonándolo por ahí.
Hablando de Acción de Gracias, el ambiente en casa ese día fue bastante tenso, pero me alegró ver a mi madre y pasar tiempo con ella.
Aun así, se produjo un momento más incómodo de la cuenta cuando me preguntó en qué estaba trabajando para conseguir el dinero que necesitaba y tuve que inventarme sobre la marcha un trabajo a tiempo parcial en el campus.
Le dije que me pagaban por ser la mascota del equipo, lo cual es una mentira como un piano, y que además estaba currando en uno de los comedores de la uni.
Por suerte, tiene demasiadas cosas en la cabeza ahora mismo como para centrarse en mí, así que bastó con asegurarle que estoy bien y que me las apaño perfectamente para librarme de un interrogatorio de tercer grado.
No me gusta mentirle a mi madre, pero ¿qué opción me queda? No puedo ir y soltarle que estoy haciendo mis pinitos como estrella del porno gay y que he conseguido el dinero de la matrícula gracias a unos vídeos en los que salgo chupándole el rabo a base de bien al hijo de su marido.
Aún siento sus dedos agarrándome el culo con fuerza, la estrechez de su garganta estrujándome la polla entre gemidos y jadeos, su sabor vertiéndose en mi boca mientras nuestros cuerpos ardientes temblaban y se estremecían…
«Dios bendito».
No recuerdo haberme sentido así de bien en la vida, lo cual es un problema, porque no debería estar pensando en él de esa forma. Si se tratase de cualquier otro tío, no pasaría nada. Pero es Kyran…
Solo estamos haciendo esto por dinero. Punto.
«Y, aun así…, me besó».
Como era de esperar, reaccionó enseguida y salió de allí echando chispas, muy en la línea del Kyran insoportable que todos conocemos, pero igualmente no puedo sacarme de la cabeza sus labios…
«Eran tan suaves…».
«Bueno, vale, ya está bien, cerebro. Deja de pensar en él y sigue con tu vida».
Me queda una clase más antes de darle la bienvenida oficialmente al fin de semana. Esta noche no hay partido, así que planeo fumar un poco de hierba de la buena, pedir comida china y quizá dibujar un rato antes de acabar, como siempre, tirado en el sofá con Robin viendo Netflix en ropa interior.
«El plan perfecto de viernes noche para un introvertido como yo».
Un par de horas más tarde, al cruzar el patio central después de clase, me encuentro con Frankie.
No la veía desde el fin de semana anterior, cuando quedamos con el resto del grupo en su apartamento y acabamos todos tirados en el suelo del salón, fumando porros y bebiendo vino rosado, como las zorras refinadas que somos.
—¿Y a dónde vas ahora? —pregunta mientras caminamos cogidos del brazo, rumbo a la línea verde de metro.
—Me espera una noche épica —respondo con una sonrisa—. Voy a colocarme hasta las cejas a base de porros y a hacer una maratón de documentales de asesinos en serie mientras me toco los huevos.
Frankie suelta una risita por la nariz.
—Un plan para nada deprimente, pero vas a tener que dejarlo para otro día. Te vienes con nosotros a una fiesta.
Curvo los labios en un mohín.
—¿A una fiesta? Eso implicaría tener que vestirme de verdad y relacionarme con otros humanos. —Niego con la cabeza—. Quita, quita. Demasiado esfuerzo. Lo siento, cariño.
—¡No seas ermitaño! —me reprende, dándome un fuerte tirón del brazo—. Desmelénate un poco, aunque solo sea esta noche.
—Pero… es que hace un frío que pela —me quejo, haciendo un puchero.
—Venga ya, hombre. —Pone los ojos en blanco—. Saca ese lado salvaje que tienes, @GorraDelRevés . —La miro con el ceño fruncido y ella me lanza una sonrisa maliciosa—. ¿O lo reservas solo para los momentos picantones con tu hermanastro?
—¡Shh! —Abro los ojos de par en par y miro alrededor. No parece haber nadie cerca, pero no me fío.
Frankie se echa a reír.
—Tío, en serio, aún no me creo que lo convencieras para hacer todas esas cosas. Se me suben los calores de recordarlo —dice, abanicándose con la mano.
—¿Y tú por qué estás viéndote mis vídeos? —le espeto en voz baja.
—Porque son buenísimos —responde como si nada—. Con el último mojé las bragas y todo.
—Qué guarra eres —refunfuño, empujándola hacia la estación—. Y yo que iba a acompañarte hasta tu tren como un caballero… ¡Ahí te quedas!
Me doy media vuelta con todo el dramatismo del mundo, dispuesto a marcharme, pero me agarra del abrigo antes de que me aleje de ella.
—Vas a venir a la fiesta, Aviel —insiste con ese tono tan suyo que deja claro que no admite discusiones.
Se me escapa un resoplido de burla que acaba convirtiéndose en un suspiro de resignación.
—¿Dónde dices que es? —murmuro—. No pienso ir hasta las residencias de la calle Hammond…
—Pues estás de suerte, querido —contesta con tono alegre—. Es justo por tu zona, en Walsh.
La observo con los ojos entrecerrados.
—¿Quién da la fiesta exactamente?
Guarda silencio un instante antes de responder.
—Theo Reeves.
—Ni de coña. —Niego con la cabeza—. Paso.
—¿Por quééé? —pregunta, haciendo un puchero.
—¡Porque es el kicker de los Eagles! Encima, es uno de los mejores amigos de Kyran y la fiesta es en su edificio. Ni loco me planto yo ahí. No voy a tentar a la suerte.
—Venga, que va a estar guay. Vamos a ir todos —lloriquea en un tono suplicante, tirándome sin parar de la manga.