Capítulo doce #6
No podría contenerme aunque lo intentara, y, para ser justos, tampoco es que vaya a hacerlo, porque ahora mismo lo que más ansío en el mundo es correrme.
Avi me masajea y me estruja los huevos a la vez que me cabalga por ambos extremos. Con la emoción, no me he percatado de que le estoy clavando los dedos en el culo para aferrarme a él mientras nos frotamos el uno contra el otro, con los músculos contraídos ante la promesa de un inminente orgasmo.
Empuja las caderas contra mi cara y me mete la polla hasta el fondo, tanto que apenas puedo respirar.
Entonces se saca la mía de la boca y susurra:
—Kyran…, voy a correrme. Joder, sí. Me… corro.
Estoy atrapado debajo de él, de modo que no podría apartarme aunque quisiera. Pero lo peor es que, al oír sus palabras, me quedo esperándolo, como si fuera una recompensa por haberme portado bien… Una que ansío obtener.
Y la recibo en chorros calientes y espesos que me empapan toda la lengua.
El sabor me pone a mil y, pese a que no entiendo cómo es posible, el fluido resbaladizo y salado que me derrama en la garganta me conduce al orgasmo de inmediato.
Avi vuelve a introducirse mi polla en la boca y comienza a chupármela entre ruiditos sensuales que hacen que me sacuda y estalle dentro de él. Gimo y le hundo los dedos en la carne mientras todo se desvanece y me sumerjo en la oscuridad del universo.
Los gritos ininteligibles que intentan escapar de mis labios quedan amortiguados por el pene que aún tengo en la boca, y probablemente sea lo mejor, porque no sé lo que diría si pudiera hablar. Noto que he perdido el control de mis palabras y no soy capaz de pensar con claridad.
Ralentizamos las caderas hasta detenerlas mientras nos recuperamos del subidón desconcertante e inexplicable que nos ha impulsado a comportarnos como dos guarrillas sedientas de semen.
Ha sido un esfuerzo conjunto… Una experiencia orgásmica compartida.
Y, por un instante, me siento en calma.
No sé si se debe a Avi o a la euforia del momento, pero el caso es que una bruma de serenidad me ha envuelto el cuerpo y la mente, llevándose consigo la incertidumbre, la inseguridad, las dudas y la oscura devastación que me ha asolado todos estos años.
Todo parece haberse evaporado por completo.
Como si alguien se hubiera dejado abierta la ventana del trastero de mi cabeza en el que se refugiaban mis miedos y se hubieran alejado volando de su cautiverio.
Avi se aparta de mí y se recuesta de lado, devolviéndome de golpe a la realidad. Respiro hondo y un frío repentino me hace ser aún más consciente de la ausencia de su cuerpo sobre el mío.
«¿Dónde… estoy?».
Se da la vuelta justo cuando empiezo a entreabrir los párpados y lo primero que me encuentro es su rostro. Tiene la frente arrugada de la preocupación y sus brillantes ojos grisáceos fijos en mí.
Avi nunca se preocupa ni se altera por nada.
Le da igual todo… O, al menos, eso pensaba.
—Ky… —susurra, deslizándome los dedos por la mandíbula mientras me limito a mirarlo embobado, como si fuera la primera vez que lo veo de verdad—. ¿Estás bien? —Parpadeo, confundido, y baja la mano hasta posarla sobre mi corazón—. Lo siento. Creo que… te estaba… asfixiando. No era mi intención…
Alzo la cara y entonces la parte superior de mi cuerpo parece cobrar vida propia y me empuja a plantar los labios sobre los suyos.
«¿Quién soy…?».
«Este no soy yo… No, esto no es propio de mí».
Avi permanece inmóvil un instante, probablemente impactado por lo que acabo de hacer, pero luego sus labios se ciernen sobre los míos y me devuelve el beso.
«¿Quién eres…?».
«¿Cómo…?».
Ronronea contra mi boca, acariciándome la lengua con la suya, y de pronto algo se rompe dentro de mí.
La realidad vuelve a golpearme como un mazo y aparto la cara de golpe.
—¿Qué coño…? —balbuceo, alejándome de él y aclarándome la garganta—. No. No, no… Y una mierda. —Me incorporo a toda prisa y cojo mi ropa—. No, esto no es propio de mí.
—Ky… —La voz de Avi suena lejana mientras me levanto a trompicones de la cama y me pongo los pantalones tan rápido como me lo permiten mis piernas temblorosas—. Oye… Espera.
—Vete a la mierda —suelto, todavía sin aliento. No parezco yo…
«Es que este no eres tú, imbécil. Tú no haces estas cosas. No disfrutas de estas cosas».
Intento vestirme tan deprisa que casi me caigo. Estoy demasiado mareado y confundido…
«Tengo que largarme de aquí».
—Kyran, ¿quieres calmarte un momento? —masculla Avi, poniéndose de pie y enfundándose los pantalones de chándal.
—¡Apaga ese cacharro de una puta vez! —grito, señalando la cámara mientras me coloco la camiseta—. Se acabó, Avi. No hay más que grabar. Apágala, joder.
—Vale, vale, ya voy —murmura en un tono desconcertado y angustiado que no le había oído nunca, como si estuviera preocupado. ¿A qué viene ese cambio tan repentino?—. Listo. Apagada. ¿Puedes tranquilizarte un poco, por favor?
Sacudo la cabeza con fuerza y meto los brazos en la sudadera.
—No. No me hace falta tranquilizarme. Hemos conseguido lo que necesitábamos y eso es lo único que importa.
Me duele la mandíbula de apretarla tanto y el corazón me va a mil por hora. Lo miro de reojo y él ladea la cabeza, como si no entendiera nada.
Pongo los ojos en blanco.
—Todo esto es puro teatro, Avi. Son solo negocios, ¿o es que ya se te ha olvidado?
Se queda observándome boquiabierto en completo silencio unos segundos que se hacen eternos.
«No puedo perder el tiempo con estas tonterías…».
Me doy la vuelta, salgo de la habitación hecho una furia y me dirijo hacia la puerta.
—¡Kyran, por el amor de Dios, espera un segundo! —grita a mi espalda, y me obligo a detenerme.
Me giro para encararlo y nos miramos fijamente, con los ojos abiertos de par en par por las distintas emociones que nos embargan. A juzgar por su expresión, sé que quiere decir algo, y les imploro a unas entidades cósmicas en las que ni siquiera creo que mantenga la boca cerrada.
Al cabo de un rato, baja los hombros, abatido.
—¿Estás bien? —pregunta.
Trago saliva para limpiarme su sabor del paladar y frunzo el ceño de nuevo.
—De maravilla.
Acto seguido, salgo de su habitación a la velocidad de un rayo, dando un portazo más fuerte de la cuenta.
«Lo tengo controlado».
«No pasa nada».
«Todo va de puta madre».