Capítulo doce #5
Siento su respiración y los latidos desbocados de su corazón golpeándome el pecho. Cierro los ojos con más fuerza y acerco los labios a su cuello. Los dejo ahí un instante, hasta que la nuez se le mueve al tragar saliva y la realidad me azota de golpe, obligándome a apartarlos.
Se nota demasiado que es un tío y mi cerebro es incapaz de pasarlo por alto. Aprovecho que gira la cabeza para cambiar de estrategia y le succiono el lóbulo de la oreja.
«A lo mejor así puedo imaginarme que es una chica…».
Pero entonces emite un sonido grave y me pongo tenso.
—No hagas esos ruiditos —le susurro en un tono firme. Acto seguido, le paso la lengua por la oreja y le succiono de nuevo el lóbulo, hasta que se retuerce debajo de mí.
—No puedo evitarlo… —responde, deslizándome las manos por los hombros—. Me gusta demasiado.
Un espasmo involuntario me sacude la entrepierna y el estómago se me revuelve aún más.
—Anda, ¿y eso? —pregunta entre risitas.
—Cállate la puta boca —bramo, y le muerdo la oreja.
Percibo otro espasmo en la entrepierna…, pero esta vez no he sido yo.
—Qué marica eres. —Presiono las caderas contra las suyas y él deja escapar un gemido entrecortado que me la pone más dura, muy a mi pesar.
—Eso dímelo cuando tengas mi polla en la boca —replica con voz ronca, empujándome suavemente por los hombros.
Me aparto y le lanzo una mirada asesina.
—Ni hablar. Por ahí no paso.
—A mí me parece que sí… —Desvía los ojos hacia mi boca y se muerde el labio—. Por el precio adecuado.
—No. —Las tripas se me retuercen como un pretzel y un escalofrío me atraviesa la piel.
Aunque parezco estar ardiendo por dentro, tengo los pezones duros como piedras, como si hiciera un frío glacial.
Los restriego contra los suyos hasta que se me estremece todo el cuerpo.
Él esboza una sonrisita, me sube los dedos por el cuello y me los enreda en el pelo mientras lo observo con el ceño fruncido.
—A ellos les encantaría verlo, Ky —insiste en un tono burlón, casi malvado, y el azul grisáceo de sus iris da la impresión de oscurecerse y brillar.
—No voy a chuparte la polla, Avi. —Trago la saliva que se me acumula en la boca—. Fin de la discusión.
—¿Y si lo hacemos los dos? —Inclina la cabeza, tratando de calmarme con su propuesta.
Parpadeo sin dejar de mirarlo.
—¿Te refieres a que… te la chupe mientras tú… también me la chupas?
Asiente con la cabeza.
—Así es más justo. —Alza una mano y me roza el labio inferior con la yema de los dedos—. Y no tendrás tiempo de preocuparte por lo que haces con la boca porque estarás ocupado disfrutando.
Estoy completamente tenso y los latidos del corazón parecen retumbarme por todo el cuerpo, incluso en la entrepierna. No tengo ni la más remota idea de por qué me vibran los huevos de esta manera ni de por qué la polla ha comenzado a palpitarme bajo los pantalones.
Supongo que será por la emoción de que vaya a chupármela. A ver, seamos sinceros, da igual quién lo haga, una mamada es una mamada. Si me lo estoy planteando siquiera es por culpa del alcohol y el deseo inherentemente masculino de correrse dentro de una boca.
—Veo que estás intentando resistirte, así que permíteme que te ahorre el esfuerzo… —dice Avi, metiendo los dedos por debajo de la gomilla de mis calzoncillos.
Antes siquiera de procesarlo, tira de ellos hacia abajo junto con los pantalones hasta dejarme el culo al aire y la polla fuera, reposando sobre su abdomen.
Quiero quejarme, pero mi cuerpo no responde.
Me limito a quedarme encima de él, con la respiración agitada, contemplando cómo me crece la polla por momentos.
—¿Lo has hecho alguna vez? —pregunto para distraerme.
Niega con la cabeza y se baja los pantalones. La tiene igual de dura que yo, lo cual contribuye a que me sienta menos humillado.
—No…, pero he de admitir que me da un poco de curiosidad…
—Yo diría que es más que un poco —mascullo—. Por eso a ti te resulta tan fácil todo esto… Estabas deseando catar una buena polla, ¿verdad, colega?
Rodea su miembro y el mío con una mano y contengo un jadeo.
—Al menos yo no intento engañarme.
—Ve-vete a… la mierda… —Me muerdo el labio para enmascarar el gemido de placer que brota de mi garganta al sentir la fricción de su mano y su polla contra la mía.
—No puedes mentir sobre lo que te pone cachondo con el rabo fuera, Kyran —susurra, masturbándonos a ambos con movimientos suaves—. Estás empalmadísimo y chorreando sobre mí…
«Ahora sí que me va a ser imposible imaginar que es una tía».
Mi cuerpo entra en alerta y me aparto bruscamente de él, pero no me voy demasiado lejos.
Ruedo hacia un lado y me paso la mano por el pelo mientras trato de recuperar el aliento.
Avi se termina de quitar los pantalones y se tumba de tal forma que su boca queda frente a mi miembro y su entrepierna alineada con mi cara.
—E-espera… Un momento —balbuceo con la voz ronca y la cabeza dándome vueltas.
—¿Te sentirías mejor si empezara yo? —pregunta, mostrándose ligeramente comprensivo ante mi indecisión, aunque más bien parece impaciente, como si quisiera que nos pusiéramos en marcha de una vez, lo que me recuerda que, al fin y al cabo, esto no deja de ser un negocio.
Con ese pensamiento en mente, asiento y él sigue bajándome los pantalones hasta quitármelos por completo, de modo que ahora estamos los dos desnudos en su cama, juntos.
Dos hermanastros en cueros… en una cama en la que apenas hay espacio para ambos.
«¿En qué momento se me ha torcido tanto la vida?».
No me da tiempo a protestar ni a decir nada más, porque Avi me sujeta la cadera con fuerza y cierne los labios sobre la punta de mi miembro.
—Ay, joder… —Las palabras se me escapan sin poder contenerlas y, al bajar la vista, me lo encuentro del revés, con mi polla metida en la boca.
«Dios… Me la está chupando…».
Me la envuelve con suavidad e indecisión, como si no supiera qué hacer, pero el acto en sí tampoco tiene mucho misterio, así que se deja llevar enseguida y se la introduce un poco más.
Detesto esta sensación de euforia que se ha apoderado de mí. Llevo toda la vida negándome a desear algo como esto y, aun así, soy incapaz de resistirme a la cálida humedad de su lengua y a los gruñidos que emite.
—Joder, qué bien. —Cierro los ojos, entregándome al momento, al hormigueo que me recorre los testículos y al aleteo cautivador de su lengua sobre la punta hinchada de mi miembro a medida que lo acoge entre sus labios aterciopelados.
Avi se impulsa hacia mí y, cuando abro los ojos, veo su rabo delante de mí, con una gota reluciente en la punta. Me muerdo el labio mientras observo cómo se le resbala y le sigue otra más, sin poder quitarme de la cabeza la idea de que lo está disfrutando de verdad.
Entonces se aparta de mí con la respiración entrecortada, me agarra la polla y comienza a acariciármela despacio.
—Me parece un poco injusto ser el único que se está pringando, Ky.
—Lo siento… —murmuro, reuniendo el valor para ponerme a ello.
Me desliza la lengua por el glande al mismo tiempo que me masturba y juega con la piel, provocando que me tiemblen las pestañas de placer. Un escalofrío me atraviesa el cuerpo y cierro los ojos, acercándome lentamente a su miembro con la boca abierta.
—Kyran… —gimotea, y me palpitan los huevos—, chúpamela.
El quejido tembloroso que sale de mis labios es reemplazado por la punta de su polla conforme avanzo hacia él.
«Son solo negocios…».
Debo de haber perdido el juicio por completo, porque tenerlo dentro de mi boca me manda una descarga eléctrica directa a los genitales.
Avi gruñe y noto sus gemidos en la polla; sorbe la punta y se retira de golpe.
—Me encanta cómo sabes…
«Joder, joder, joder. Me cago en mi estampa. ¿Qué coño está pasando?».
Mantengo la mandíbula abierta lo justo para que me quepa su polla, y me la introduzco un poco más y gimoteo mientras la mete y la saca. No chupo mucho, más bien me quedo embelesado con su forma de mover las caderas y penetrarme la boca.
Le coloco las manos en los muslos, tratando de contenerlo por miedo a que vaya demasiado hondo y me den arcadas. Estoy nervioso a más no poder. Tengo todos los músculos tensos por la incertidumbre y el placer de sentir su lengua envolviéndome el miembro con un ansia desmedida.
Lo succiona, se aparta y me pasa los labios suaves y húmedos por las pelotas a la vez que me las lame una y otra vez entre temblores.
—Joder, Ky, qué puta maravilla…
Al oír eso, un calor brota en el fondo de mi vientre y se propaga por mi interior como un incendio.
No sé qué es lo que ha despertado en mí con sus elogios ni entiendo por qué tiene ese poder sobre mi mente, pero es lo único en lo que soy capaz de pensar.
Le agarro el culo para atraerlo más hacia mi boca, saco la lengua y dejo que me la cabalgue con movimientos de cadera suaves hasta que se adentra tanto en mí que me pone los huevos en la cara.
Tardo varios minutos en darme cuenta de que ni siquiera me han dado arcadas, y eso que está impulsándose cada vez más al fondo, como si quisiera explorarme las amígdalas.
Avi se sube encima de mí, coloca una rodilla a cada lado de mi cabeza y apoya los brazos en mis muslos para follarme la boca al mismo tiempo que me chupa la polla sin cesar hasta que se me nubla la vista.
No tengo ni idea de dónde me encuentro ni de quién soy. Ni siquiera me acuerdo de cómo me llamo. Solo sé que estoy sudando y abrasándome vivo bajo un enorme cuerpo musculoso y ardiente mientras acojo en mi boca muchos más centímetros de los que puedo abarcar.
Al tragar la saliva que se me acumula en la boca, contraigo la garganta alrededor de la polla de Avi, que se estremece y gime.
Estoy hecho un puto manojo de nervios, aturdido por la forma lenta y brusca en la que me succiona la polla, como si le fuera la vida en ello. Creo que busca exprimirme hasta dejarme seco y, a este paso, es justo lo que va a conseguir.