Capítulo doce #3
Al verlo alejarse, no puedo evitar inclinar la cabeza en señal de respeto. El tío tiene clase. No todo el mundo sabe perder con tanta dignidad, aunque estoy seguro de que esta noche, cuando se quede a solas, le dará vueltas a cada jugada y oportunidad fallida. Lo sé porque es lo mismo que hago yo.
Sin embargo, en el campo hay que mantener la frente en alto.
No es que yo no haya maldecido o tirado el casco al suelo nunca, pero no soporto a los que se ponen a insultar al otro equipo. No sirve de nada y, encima, quedan como unos niñatos.
Me abro paso entre la gente, regreso a la línea de banda y, para no variar, Avi se acerca a mí de nuevo, quitándose la cabeza del disfraz.
—Eso ha sido una pasada, Ky —dice sonriendo.
—Gracias —resoplo tras beber un poco de agua a chorro.
—Oye, tengo que hablar contigo —murmura en una voz tan baja que apenas lo oigo entre todo el alboroto.
Los músculos se me tensan y desvío la mirada hacia él.
—Ahora no es el momento…
—Ya, ya lo sé, pero no has leído ninguno de mis mensajes —insiste—. Solo quería…
—Me da igual —bufo—. Pírate, Avi.
Al darle la espalda, atisbo a Lexi corriendo en nuestra dirección a toda prisa y me quedo paralizado.
«Ay, Dios, ya estamos otra vez».
—¡Amor! Menudo partidazo —chilla, abalanzándose sobre mí.
Salta a mis brazos y la sostengo por acto reflejo. Me rodea la cintura con las piernas y abro los ojos de par en par, sorprendido por el hecho de que esté actuando como si fuera mi novia cuando, en realidad, llevo semanas sin verla.
Avi observa con una ceja arqueada cómo Lexi me cubre el cuello de besos y, dado que odio profundamente esa cara de sabelotodo que pone el muy gilipollas, decido agarrarla de la mandíbula y besarla en la boca.
Es puro teatro, lo sé hasta yo, pero eso no le impide a Lexi meterme la lengua y emplearse a fondo en el morreo. Oigo murmullos alrededor, gente vitoreando al quarterback y a la animadora que se besan tras la gran victoria, como si estuviéramos en una comedia romántica.
Curioseo por detrás de Lexi y pillo a Avi poniendo los ojos en blanco. Acto seguido, niega con la cabeza y se aleja dando pisotones. En cuanto desaparece de mi vista, separo los labios de la aspiradora que Lexi parece tener por boca y la dejo de pie en el suelo para recomponerme.
—¿Quieres ir a mi habitación a celebrarlo ? —propone, recorriéndome el pecho con las manos.
Deslizo los ojos de nuevo hacia la dirección en la que acaba de irse el águila.
—Eh… Estoy algo cansado.
Bajo la mirada y me la encuentro mordiéndose el labio.
—Se me da muy bien dar masajes… —insinúa en un tono lascivo.
Supongo que sería una buena forma de coronar la noche. Desfogar un poco la adrenalina de haber ganado el partido follándome a la chica guapa hasta dejarla con las piernas temblando. Además, es lo que se espera de mí. Tiene sentido.
Así que asiento lentamente.
—Ahora tengo que estar con el equipo —murmuro, apartándome de ella—. Solo un rato. Luego me paso.
Me dedica una sonrisa radiante.
—Vale, tío bueno —dice, poniéndose de puntillas para darme un beso rápido en los labios—. Te estaré esperando —susurra.
Trago saliva y fuerzo una sonrisa, aprovechando la oportunidad para escabullirme y perderme entre mis compañeros de equipo, que están todos alborotados por la emoción de la victoria.
Los sigo hasta el vestuario, con la cabeza hecha un lío.
Sé que no debería darle falsas esperanzas a Lexi…
Al fin y al cabo, no siento nada por ella.
Pero, por otro lado, soy consciente de que los demás no dudarían ni un segundo en follarse a una animadora buenorra.
Aparte, seguro que me sirve para aliviar un poco el estrés que me ha causado todo el asunto de Avi y nuestro…
trabajito secreto, a falta de una expresión mejor que no me dé ganas de volarme los sesos.
Aun así, mientras me ducho, no puedo evitar que la mente se me vaya hacia el móvil que tengo en la taquilla. Y hacia los mensajes sin leer de mi hermanastro.
«¿Por qué estoy pensando en esto? Acabo de ganar un partido importante.
Debería estar celebrándolo, emborrachándome con mis compañeros y dejándome sobar por alguna animadora tetona, no dándole vueltas al dinero que necesito para seguir en el equipo ni a la forma tan vergonzosa que he escogido para conseguirlo».
Salgo de la ducha con una toalla alrededor de la cintura y me quedo un rato parado frente a mi taquilla mientras los chicos se visten rápidamente.
—Oye, Nueve, ¿vienes? —pregunta Guty, recogiendo sus cosas para irse con Theo y Naruto—. Vamos a desmadrarnos un poco, colega.
Chocan los cinco entre risas y se dan palmaditas en la espalda.
—Cuenta con ello —les sonrío—. Ahora os alcanzo.
Dicho eso, se van, dejándome en completo silencio y con la curiosidad a flor de piel.
«¿Y si…? Venga, acaba de una vez con esto. Lee los mensajes para ver qué coño quiere y te olvidas del asunto».
Desbloqueo el móvil y abro la conversación de Avi. Lleva días escribiéndome, pero ni siquiera me he dignado a mirar lo que dice. Hasta ahora.
Avi: Te mando un poco de pasta.
Avi: Ahí te va algo más.
Avi: Nos estamos haciendo de oro, superestrella. Esto no para…
Avi: He pensado que a lo mejor querrías ver algunos comentarios…
Me ha mandado una captura de los comentarios de su cuenta de OnlyFans. Los reviso todos, perplejo.
Hay un montón de desconocidos calificándome de guapo, bombón y buenorro, y su bandeja de mensajes directos está llena a rebosar de fans pidiendo más vídeos y ofreciendo el doble de dinero. Siento que la cabeza va a explotarme en cualquier momento.
Avi: Imagino que no tengo que explicarte lo que significa eso…
Avi: Sé que me estás ignorando aposta, pero piénsalo objetivamente.
Podríamos ganar dinero de sobra para los próximos dos años.
Avi: Son negocios, Kyran. ¿De verdad vas a desperdiciar la
oportunidad solo porque te parezca un pelín raro todo esto…?
Se me forma un nudo en el estómago. Odio que lleve razón. Odio que crea saberlo todo y odio que el dinero controle mi vida.
Pero esa es la cruda realidad. Si quiero quedarme en el equipo y seguir labrándome un nombre, tengo que armarme de valor y dejar a un lado mis reservas.
¿Me jode que sea el insoportable de mi hermanastro el que esté al mando de toda esta movida? Un montón, porque no se equivoca: la situación es rara de cojones. Si dependiera de mí, no se repetiría jamás lo del otro día en su apartamento…
Pero la libertad de elección, entre tantas otras cosas, es un lujo que no puedo permitirme.
Así que, con ese pensamiento y el sonido de una caja registradora resonándome en la mente al visualizar más ingresos en Venmo, me visto y salgo del estadio. Solo que, en vez de dirigirme a mi residencia, voy a los apartamentos Thomas More. En concreto, al número 446.
Me detengo frente a su puerta y le echo un vistazo al pasillo para asegurarme de que no haya nadie antes de golpearla con los nudillos. Oigo un ruido dentro y, cuando Avi entreabre, me encuentro con unos ojos azul grisáceo llenos de sorpresa y desconcierto.
Me cuelo por la rendija.
—Claro, pasa… Como si estuvieras en tu casa —murmura con sarcasmo.
—Estoy siguiendo tu consejo, listillo —replico, girándome hacia él para encararlo, pero alza una ceja, como si no supiera de qué estoy hablando—. Lo he pensado objetivamente.
Permanece inmóvil un instante. Luego parpadea y noto cómo traga saliva.
—Vale. Entonces…, ¿ahora qué?
Me encojo de hombros, ignorando la incertidumbre que me corroe por dentro.
—Pues… supongo que habrá que ponerse a currar.
Avi suelta un suspiro medio tembloroso, se saca un porro de detrás de la oreja y lo enciende.
—Para la próxima, agradecería que me avisaras con un poco de antelación.
Lo observo con la cabeza ladeada.
—¿Por qué? ¿Acaso tienes algún plan? Aparte de quedarte tonto fumando porros, me refiero…
—Puede —refunfuña—. Tú no sabes lo que hago con mi tiempo libre. ¿Y si pensaba salir?
Da una larga calada y exhala el humo acre en mi dirección. Contraigo la cara del asco y lo aparto con la mano.
—Ya, bueno… Yo también estoy sacrificando mi tiempo libre por ti, así que te aguantas.
—Qué halagador —responde con sorna mientras se dirige a la cocina.
Lo miro brevemente y me fijo en lo que lleva puesto…
Unos pantalones de chándal grises, una camiseta de tirantes negra ajustada y una gorra de los Yankees del revés.
A simple vista, parece un deportista. No es que quiera echarle flores ni nada, pero está más en forma de lo que imaginaba.
A pesar de que nunca lo he visto entrenar y se atiborra a comida basura como si temiera que fuesen a acabarse las reservas de grasas trans del mundo, se le ve el cuerpo definido y los músculos bien marcados.
Tiene todo el brazo derecho tatuado y algunos diseños más esparcidos por otras zonas…
Aparto esos pensamientos a un lado mientras contemplo a Avi apagar el porro y luego verter licor en dos vasos de plástico.
Lleva las uñas pintadas de negro, medio descascarilladas, y las marcas de tinta que le adornan los nudillos evidencian que, aunque se vista como tal y tenga ese cuerpo, no es un deportista.
Es un chaval raro y lleno de contradicciones… Un friki que no destaca en los estudios. Un emo que no deja de sonreír. Un artista con más músculo que algunos de mis compañeros de equipo.
En resumen, una aberración. Creo que su personalidad caótica es lo que más me saca de quicio, incluso más que el hecho de que se presentara en mi casa de buenas a primeras y se colara en mi vida como si nada. Me cabrea que sea tan difícil de etiquetar.
Me gusta calar a la gente y sus intenciones, anticiparme a sus movimientos. Prefiero que sean transparentes, y Avi es un océano insondable de complejidades.
Se acerca y me ofrece uno de los vasos. Alza el suyo hacia el mío y le doy un toquecito desganado antes de vaciarlo de un trago. El alcohol me quema la garganta al bajar y rezo para que no tarde en nublarme los sentidos.