Capítulo once #3
—¡Kyran, espera! —Me planto delante de él antes de que machaque a mi pobre gatita—. ¡No es una rata!
Clava los ojos en los míos.
—Entonces, ¿qué coño es?
—Primero dame eso, anda… —Le quito la sartén de las manos, la suelto a un lado y me giro para destapar a mi peluchito.
Él alterna la mirada entre la gata y yo un par de veces y luego sacude la cabeza.
—Me dejas sin palabras.
Estoy seguro de que lo dice como un insulto, pero me da igual. Me siento en el sofá junto a la bolita de pelo, la cojo en brazos y le acaricio la coronilla con la punta de la nariz.
—Se llama Robin. La hemos encontrado hoy…
—Avi, no estoy aquí para parlotear —resopla—. Ve al grano de una vez. ¿Qué querías?
Suelto a la gata en el sofá y alzo la vista hacia él.
—Me he abierto una cuenta en OnlyFans.
Abre los ojos de par en par un instante, como si al mencionarlo hubiera provocado que aflorara de golpe en su mente el recuerdo de la fiesta de Frankie.
—Fue hace unas semanas, después de enterarnos de que nos habíamos quedado sin dinero —prosigo—. Al principio solo subía contenido en solitario, pero Frankie me sugirió que compartiera con mis suscriptores el vídeo que habíamos hecho para sacarme un dinerillo extra…
Kyran se desploma en una silla que hay justo a mi derecha. Cuando me giro para encararlo, veo que se está clavando los dedos en los muslos y tiene todo el cuerpo en tensión.
—Vale… ¿Y a mí qué? —murmura.
«Supongo que está en fase de negación».
—Bueno, cuando mis fans lo vieron, empezaron a… sugerir… —hago una pausa y trago saliva—, más bien a suplicar…
—Suéltalo ya, Avi —gruñe.
—Quieren ver más —suelto atropelladamente—. Más… contenido como ese. Solo que… sin una vagina de por medio.
Se queda mirándome un buen rato con el rostro petrificado y los ojos un poco entrecerrados mientras yo me limito a parpadear y a prepararme para el susto que se aproxima.
Me siento como si estuviera viendo una película de miedo y después de este momento de tensión fuese a aparecer un monstruo en primer plano en la pantalla.
El único sonido que se percibe en la habitación es la voz amortiguada de Jerry Seinfeld diciendo: «Qué sed me están dando estos pretzels ».
Entonces Kyran contrae un poco los labios.
Y rompe en carcajadas.
Se tira riéndose más tiempo del que se consideraría socialmente aceptable, hasta que se cansa y suelta un suspiro.
—Qué tonto eres. —Niega con la cabeza, reclinándose en la silla—. Lo reconozco: por un segundo casi me lo creo.
Levanto las cejas y ladeo la cabeza.
—No era una broma.
—Venga ya —resopla—. Me estás vacilando.
—Que no. Hablo en serio. —Me saco el móvil del bolsillo y le enseño mi cuenta de OnlyFans.
Le echa un breve vistazo y, acto seguido, vuelve a mirarme sin un ápice de diversión en la cara. Me fijo en cómo se le mueve la nuez al tragar mientras endereza la espalda.
—Tío, ¿a ti se te ha ido la pinza o qué? —grita—. ¿Por qué me estás contando todo esto? Acordamos que solo lo haríamos una vez y que nunca volveríamos a mencionarlo. Además, fue una mierda de idea. Todo ese tema no fue más que una…
—Ya, ya lo pillo —lo interrumpo—, pero, gracias a esa «mierda de idea » , como tú la llamas, nos hemos llenado los bolsillos, así que deja de fingir que te obligamos a hacer algo que no te reportó ningún beneficio.
Me lanza otra de sus miradas fulminantes.
—Vale, el dinero me vino bien, pero ya está. No entiendo por qué te ha parecido tan importante decirme en persona que un montón de raritos se la menean viéndonos…
Sus palabras se quedan suspendidas en el aire y se revuelve incómodo en la silla.
—Creí que querrías saberlo —respondo en voz baja, y me detengo a pensar un instante cómo continuar con esta conversación sin provocar su ira—. Han mostrado bastante interés en ti… Bueno, en nosotros juntos. Más que en Frankie.
—¿Y a mí qué cojones me importa? —ladra, aferrándose a su hostilidad como a un salvavidas en mitad del océano—. ¡Ni siquiera hicimos nada! Ni que hubiéramos… —La voz se le corta y traga saliva de nuevo.
Me acerco un poco más y pulso sobre la bandeja de mensajes directos, que está a rebosar de aún más tíos rogando un contenido que sé que Kyran se negaría en rotundo a proporcionarles.
—Mira todos estos mensajes —digo, extendiéndole el móvil.
Me observa con furia un momento antes de arrebatármelo de las manos y bajar los ojos hacia la pantalla. Tras pasarse minutos enteros deslizando el dedo por ella, se le comienza a suavizar la expresión.
—Todas esas personas están dispuestas a pagar un pastizal por más vídeos como ese. Pero… piden que salgamos solo nosotros —le explico, procurando mantener un tono sereno para que no me acuse de intentar involucrarlo en mis movidas.
Solo estoy exponiendo hechos objetivos. Aunque a mí tampoco me hace gracia, soy consciente de que esta es la única manera de conseguir todo el dinero que necesitamos en tan poco tiempo.
—Y que follemos. —Alza la vista hacia mí—. Déjate de rodeos, Avi. Estás proponiéndome hacer porno gay para contentar a tus fans…
—Bueno, igual hablar de «porno gay » es pasarse un poco… —murmuro.
—Hay que llamar a las cosas por su nombre. —Me lanza el móvil—. Sé perfectamente por dónde vas. Ganarías el triple de lo que estás sacando con tus videítos pajeándote si yo apareciera delante de la cámara contigo, y te aviso desde ya que eso no va a pasar.
Frunzo el ceño.
—¿Cómo sabes que salgo pajeándome…?
—Acabas de darme tu móvil —responde entre dientes.
No puedo evitar esbozar una sonrisita.
—¿Por qué has mirado los vídeos? Solo te estaba enseñando los mensajes.
—Ese no es el tema. —Se levanta de la silla de un salto, como si estuviera a punto de salir pitando del apartamento, así que yo también me pongo de pie—.
Tal y como yo lo veo, me debes pasta, Vega.
Frankie repartió lo suyo con nosotros, pero tú no.
—Aprieta la boca en una línea fina—. Eres un avaricioso de mierda.
Se me tensa la mandíbula.
—Vale, como quieras. Te daré la parte que te corresponde.
Kyran pone los ojos en blanco.
—Pero sabes que podríamos ganar muchísimo más dinero si hiciéramos lo que piden. Trágate el puñetero orgullo por un momento y piénsalo. Estás a punto de perder todo por lo que has luchado durante años… El puto campeonato.
Está temblando, los ojos le arden de rabia y tiene el cuello tenso por todas las emociones contenidas. Sabe que tengo razón, lo veo en su rostro enrojecido.
—Es la única forma de quedarnos aquí y de que tú sigas siendo el quarterback superestrella de los Eagles —añado.
Permanece en silencio unos segundos, consumiéndose en su propia ira y atravesándome con los remolinos de furia verde y dorada de su mirada.
—Una idea cojonuda, tío, pero se te ha olvidado un detallito de nada. —Ladeo la cabeza con intriga—. No soy gay. No tengo ningún interés en follar con tíos, y menos aún con el tonto del culo de mi hermanastro.
Me encojo de hombros.
—Yo tampoco quiero follar contigo, pero, por esa cantidad de dinero, sería capaz de fingir que no eres el gilipollas más insoportable que he conocido en mi vida. Ya lo hice en la fiesta de Frankie…
—Ya, bueno… A mí me da que disfrutaste de aquello más de la cuenta. —Se revuelve el pelo con los dedos, exasperado.
Curvo la boca en una sonrisita pícara a medida que me acerco a él.
—Igual que tú.
Fija los ojos en los míos.
—Te aseguro que no.
Prefiero no dejarlo en evidencia, así que me limito a encogerme de hombros de nuevo.
—Solo quería que vieras por ti mismo lo desesperados que están esos cabrones por un vídeo nuestro.
—Lo esquivo para dirigirme a la cocina y coger una botella de Fireball—.
Podríamos quedarnos en la uni y no volver a Somerville con el rabo entre las piernas.
Lo único que te hace falta es tener huevos para dar el paso.
Abro la botella y le doy un sorbo, poniendo una mueca por el dulce ardor de la canela. Él continúa plantado en el salón, con la vista fija en la nada, de modo que me da tiempo a pegarle dos tragos más a la bebida mientras espero a que digiera mis palabras.
No creo que vaya a aceptar… Y aún no sé si quiero que lo haga. No es que me entusiasme demasiado la idea de liarme con él, pero es lo único que se me ocurre para no perder la atención de mis fans; si no, tendré que reinventarme.
Y sí, podría buscar a otro con el que liarme delante de la cámara para satisfacer la demanda de contenido homoerótico, pero me parece un trabajazo. Kyran ya está metido en el ajo. Además, necesita la pasta con la misma desesperación que yo, por lo que no va a irse de la lengua…
Y luego está todo el tema de la tensión. Ese odio que fluye entre nosotros como una fuerza magnética. Al parecer, es el elemento clave, y dudo que vaya a encontrarlo con otro tío.
Kyran reacciona al fin, aunque no de la forma que yo esperaba. Al ver que se dirige dando pisotones hacia la puerta y agarra el pomo, dejo escapar un suspiro de decepción y sacudo la cabeza, pero entonces se detiene, baja los hombros y exhala una larga bocanada de aire.
Gira la cara hacia mí y posa la mirada en la botella que tengo en la mano. Se la ofrezco sin mediar palabra. Él se acerca lentamente, la coge y le da un buen trago.
Acto seguido, se frota los ojos con un gruñido.
—Sin tonterías, Avi… Quiero una respuesta clara. —Alza la vista hacia mí y me quedo perplejo—. ¿Cuántos vídeos harían falta para cubrir el alojamiento de los próximos dos años?
«Hostia, para esta no he estudiado».
—Depende del contenido… Supongo que unos cuantos. Pero podríamos empezar con uno y ver qué acogida tiene. Cuanto más lo promocionemos, más dinero generará. Tal vez si grabamos varios de un tirón y los vamos subiendo a lo largo de…
—Joder —me interrumpe con un gemido de frustración, y le da otro trago a la botella—. Vaya puto desastre. No me puedo creer que me esté dejando convencer para una locura como esta.
Arqueo una ceja.