Capítulo once
Avi
T res mil pavos.
Eso es lo que he ganado con el puto vídeo del trío más patético de la historia. Y, ojo, nos hemos llevado tres mil cada uno, lo que significa que, con esa ridiculez de contenido, hemos conseguido casi diez mil dólares a lo tonto.
No puedo evitar echarme a reír cada vez que lo pienso. Me parece de lo más absurdo, y también un poco fascinante. A este ritmo, tendré la matrícula y el alojamiento pagados en nada, aunque, a decir verdad, últimamente apenas pienso en ello.
Odio admitirlo, pero todo este rollo me tiene enganchado.
Por mucho que me guste criticar el consumismo que se fomenta en las redes sociales y cagarme en el capitalismo y en ese malvado uno por ciento de la población que gobierna el mundo, la posibilidad de ganar tanto dinero de una forma tan rápida y haciendo algo tan sencillo me ha dejado totalmente maravillado.
Ahora entiendo por qué la gente se vuelve adicta a estas mierdas…
El dinero es, sin duda, la raíz de todos los males, porque otorga poder. Es como una droga que se alimenta de tus debilidades, al igual que el sexo, la fama… o el control.
Y, como yo no iba a ser menos, en cuanto empezaron a llegar los comentarios y los mensajes directos de los fans, caí de lleno en sus redes.
Los leí todos embelesado, sin poder apartar los ojos de la pantalla, como si estuviera desesperado por un poco de atención.
Era incapaz de pensar en otra cosa que no fuera lo mucho que les había gustado y cuánto parecían adorarme.
No sé en qué momento comenzó a importarme lo que opinaran de mí, pero el caso es que al final acabé compartiendo el vídeo de Frankie en mi propio OnlyFans sin ningún tipo de remordimiento y ahora tengo cientos de suscriptores, muchos de los cuales me escriben a diario para pedirme más contenido como ese.
En concreto, quieren que vuelva a salir en pantalla con Kyran, o, como suelen llamarlo, «el rubio buenorro gruñón » .
Estamos a sábado por la tarde y me he tomado un descanso de fumar y dibujar para mirar el móvil. Al desbloquear la pantalla, me encuentro con tropecientos comentarios nuevos en el avance que compartí en Twitter y un aluvión de mensajes directos en la bandeja de mi OnlyFans.
Charlie421: Y si largáis a la chica?? Yo pagaba lo que fuera por veros solos…
SBA2234: Necesito más vídeos tuyos con ese tío a solas!
WillyelNiño: La tensión es brutal, por favooor, una colabo solo con él, te lo ruego!!
ItsJavier33: Qué calor, guapito. Hacéis una mezcla explosiva ❤
Y eso es solo la punta del iceberg. Hay tíos ofreciéndome cientos de dólares por vídeos privados y detallándome todas las burradas que les gustaría que hiciese… con mi hermanastro. Es una puta locura.
Por supuesto, no tienen ni idea de ese parentesco. Si lo supieran, estoy seguro de que soltarían aún más pasta, porque se nota a la legua que a esta peña le pone lo prohibido.
Pero, por desgracia para ellos, no hay nada que hacer, y ese pensamiento me ha provocado un bajón de los grandes. Solo he colgado un par de fotos cutres desde el vídeo del trío y, al ver que apenas han tenido bombo, las inseguridades han empezado a comerme por dentro.
Ahora no solo me siento un fracasado por no crear contenido para mis fans, sino que, además, me agobia la idea de no volver a experimentar ese chute que me da ser su centro de atención, y eso también hace que me sienta un pringado de campeonato.
No conozco a ninguna de estas personas y no les debo una mierda. Podría cerrarme la cuenta, considerarlo todo un experimento tonto de la uni con el que me he sacado unos cuantos miles de dólares y seguir tan campante con mi vida.
Sin embargo, eso es lo último que quiero.
Como he dicho, el dinero y la fama recién adquirida, por decirlo de alguna manera, me han dado un propósito.
Sé que es una chorrada, y me jode depender de otros para sentirme bien conmigo mismo, pero no puedo evitarlo.
Quiero ser yo el que reciba todos esos halagos, y, ahora que la superestrella de Harbor ha entrado en escena, parece ser el único que les interesa.
Vale, es cierto que piden vernos a los dos, no solo a él, pero aun así me resulta molesto.
Por más que insistan, Kyran no va a plantearse ni de coña hacerse gay por dinero, y menos conmigo, lo cual es una putada tremenda, porque no estoy preparado para renunciar todavía a todo esto. A los fans.
Para colmo, no consigo sacarme el puñetero trío de la cabeza. Se me ha quedado grabado a fuego en la memoria y no puedo dejar de revivirlo todo.
Lo cerca que estábamos el uno del otro, el cosquilleo que me despertó en el estómago su proximidad, la ira, la tensión, la frustración que bullía en nuestro interior…
Y el hecho de que apoyara la pierna sobre la mía.
No me apetece pensar en ello, pero soy incapaz de parar de darle vueltas, y menos sabiendo que algo de lo que hicimos lo puso tan cachondo que se corrió en los pantalones.
Tuvo que ser por Frankie. No hay otra explicación.
Le parecería demasiado excitante llevarla al orgasmo con los dedos y por eso perdió los papeles y se largó.
Estoy más que convencido de que no tuvo nada que ver con que me pusiera la piernecita de las narices encima ni con los jadeos que compartimos y que llevo toda la semana intentando olvidar.
Dejo caer el móvil sobre el escritorio, lo aparto de mí de un manotazo y rebusco en el cajón un regaliz Twizzler, mi chuche favorita y una de mis tantas comidas reconfortantes.
Le pego un buen mordisco y mastico mientras contemplo el boceto en el que estoy trabajando para mantener la mente ocupada.
Es mi versión de La última cena con todos los personajes de Batman.
Obviamente, él es Jesús y Robin es Pedro…
También están el comisario Gordon, Hiedra Venenosa, Mr. Freeze, Bane, el Espantapájaros y, cómo no, el Joker haciendo de Judas.
La intención era jugar con la idea de que, en cierto modo, los discípulos de Jesús eran sus enemigos.
En mi reinterpretación, en realidad no comparten la mesa, sino que cada uno está absorto en sus propias movidas.
Aunque me ha ayudado bastante a distraerme, las ganas de seguir con el dibujo se han ido a hacer puñetas después de mirar el móvil.
Vuelvo a posar los ojos en el dichoso aparatito y, sin darme cuenta, empiezo a morderme el labio con fuerza. Una vocecita en el fondo de mi cabeza insiste en que le cuente a Kyran el revuelo que ha generado el vídeo entre mis fans…
Lo sé, lo sé. Es la idea más absurda que se me ha ocurrido en la vida. Conociéndolo, seguro que se pone como loco, me llama marica y amenaza con darme una buena tunda. Esa es su respuesta habitual ante la idea de tocarme.
Aun así, una parte de mí se pregunta si a él también le gustaría recibir ese tipo de atención. A lo mejor se siente igual de halagado que yo al leer los comentarios…
Y sé que necesita más dinero. Tres mil dólares no dan para cubrir el alojamiento de la Boston College ni por asomo.
Incluso con la ayuda de varias becas, la cifra que tenemos que reunir no baja de veinte mil al año, tal vez un poco más si queremos seguir comiendo y hacer algo más aparte de respirar.
A los dos nos vendría bien el dinero, así que, sirviéndome de esa excusa lamentable, cojo el móvil y le escribo un mensaje al niñato de mi hermanastro.
Yo: Ey.
Pasan cinco minutos hasta que por fin lee el mensaje, pero ni siquiera contesta, de modo que insisto…
Yo: Tengo que hablar contigo de un asunto importante.
¿Puedes pasarte por mi residencia?
Esta vez, responde casi de inmediato.
Kyran: Va a ser que no.
«Menudo gilipollas. No puedo con él».
Yo: Kyran… Creo que te va a interesar lo que tengo que decirte.
Nada. Me deja cinco minutos más en leído.
Yo: Por favor, ven. Concédeme unos míseros segundos
de tu tiempo. Me lo debes.
Kyran: No te debo una mierda
Pongo los ojos tan en blanco que podrían dar una vuelta completa dentro de las cuencas.
Yo: Vale, no me debes nada, pero esto es importante, en serio.
Kyran: Me da igual. Escríbelo. No tengo ganas de verte la cara.
Yo: Vale, pues voy yo a la tuya… Pero no creo que te haga gracia
que saque este tema delante de tu compañero de cuarto…
Los puntos suspensivos que me indican que está escribiendo aparecen un instante y luego desaparecen. Acto seguido, vuelven a aparecer y desaparecer. Una y otra vez. Me tiro varios minutos dando golpecitos con el pie de la impaciencia, hasta que por fin envía el mensaje.
Kyran: Que no. No voy a ir a tu puta residencia, Avi.
Yo: Vale, pues voy yo a la tuya… Pero no creo que te haga gracia
que saque este tema delante de tu compañero de cuarto…
Kyran: Ni se te ocurra acercarte a mi residencia.
Kyran: ¿Y por qué delante del tuyo sí puedes decirlo?
Yo: No tengo. Estoy solo en los apartamentos Thomas
More, en el número 446.
Me ha leído, pero no responde. Me quedo mirando la pantalla un rato y, de pronto, alguien llama con los nudillos a mi puerta.
Frunzo el ceño, confundido. Me levanto despacio, salgo del dormitorio y me dirijo lentamente hacia allí, con el corazón en un puño.
«No puede ser…».
Abro una rendija para echar un vistazo y, al ver que no es él, dejo escapar un suspiro de decepción que me desconcierta aún más.
—Hola, guapo —me saluda Frankie con alegría, y se abre paso hacia el interior del apartamento—. Te he traído un regalo —añade, agitando la bolsa de comida que lleva en la mano.
Estoy a punto de cerrar la puerta cuando Bea se desliza con sigilo detrás de Frankie y se cuela también dentro.
—¿Os habéis autoinvitado las dos ? —les sonrío, cerrando la puerta mientras se pasean por el apartamento como Pedro por su casa—. Qué detalle.
—En realidad, yo he venido a hablar contigo y a traerte hamburguesas —dice Frankie, soltando la bolsa en la mesa del comedor—. No tengo ni idea de lo que está haciendo ella aquí. Me la he encontrado rebuscando entre los arbustos de abajo.