Capítulo diez #2
«Ojalá se drogara un poquito, joder. Mal no le vendría».
Una vez que está todo listo para arrancar, me quito los zapatos y continúo con la chaqueta y la corbata.
—Kyran —lo llama Frankie, y este vuelve el rostro hacia ella sobresaltado, como si lo hubiera sacado de sus pensamientos. Mi amiga señala la cama con la mano—. Venga, que no tenemos toda la noche.
Él se acerca a nosotros con cautela, respirando de manera entrecortada.
—Esto es una puta locura…
—Deja de rayarte, superestrella. —Empiezo a desabrocharme la camisa—. No es para tanto. Deshazte de esa actitud de mierda y finge que sabes divertirte.
—Sé divertirme —refunfuña, tirando de la cinta que lleva en la frente y arrojándola al suelo—, pero desnudarme delante de ti parece una pesadilla hecha realidad.
—Ajá. Qué curioso. —Encojo los hombros y me quito la camisa.
Posa los ojos brevemente sobre mi torso desnudo antes de volver a encontrarse con mi mirada. Entonces se saca la camiseta por la cabeza.
No pienso fijarme en su cuerpo. Ya sé que tiene los típicos músculos cincelados de un jugador de fútbol que pasa una cantidad exorbitante de tiempo entrenando. Aun así, me complace ver ese pequeño destello de sorpresa que le cruza el rostro al darse cuenta de lo definidos que están los míos.
La gente suele pensarse que los emos frikis del arte como yo no tenemos tableta de chocolate ni pectorales esculpidos…, y ese es precisamente el motivo por el que me gusta tanto entrenar.
Me encanta desafiar las expectativas de los demás y diferenciarme del resto, así que, cuando quienes me critican se topan con un torso definido y cubierto de tatuajes artísticos y detallados en lugar de los músculos flácidos y los pintarrajos que se imaginan que escondo bajo la camiseta, no puedo evitar sentirme satisfecho.
«Chúpate esa, número nueve. Yo también estoy buenísimo».
—¿Tienes miedo o qué? —le digo con una sonrisa pícara, a la que él responde con su característico ceño fruncido.
—Como no te calles no se me va a poner dura en la vida.
Me desabrocho el cinturón y el botón de los pantalones, me bajo la bragueta e inclino la cabeza hacia él.
—No hay nada de lo que avergonzarse, Ky. La disfunción eréctil es muy común. No a tu edad, claro, pero…
—Que cierres la puta boca, Avi —brama, acercándose más a mi cara.
Frankie se encamina hacia la cama con una sonrisa.
—Eso es, perfecto. Alimentad esa hostilidad… Dejad que el odio fluya.
Kyran dirige los ojos hacia ella; luego vuelve a mirarme a mí y traga saliva.
Se nota que no tiene ni idea de cómo empezar, y la verdad es que yo tampoco, de modo que me aparto para que Frankie se coloque entre nosotros, como si fuera una especie de barrera.
Ella toma la iniciativa y le recorre el pecho lentamente con las manos hasta llegar al rostro.
Por más que trata de disimular los nervios, se ve que él está bastante tenso, pero deja que Frankie lo atraiga hacia ella y comienzan a besarse.
«Vale… Pues vamos al lío».
Empuja a Kyran hasta sentarlo en la cama, se coloca a horcajadas sobre él y lo besa mientras se gira ligeramente para que la cámara capte lo máximo posible.
Me coloco detrás de ella, le beso el cuello y le paso las manos por los costados con la intención de posárselas en el culo.
Por desgracia, Kyran parece haber tenido la misma idea, porque, al bajar, descubro que ya tenía las manos ahí y acabo poniendo las mías encima de las suyas.
Ambos nos sobresaltamos. Yo las retiro de inmediato y él suelta un gruñido contra la boca de Frankie, intentando quejarse de ese roce accidental. Por suerte, mi amiga no le da la oportunidad de hacerlo, y se lo agradezco.
Se arrima aún más a Kyran, hasta que este se ve forzado a recostarse en la cama mientras se quita los zapatos con los talones.
Me arrodillo detrás de ella, tratando de evitar con todas mis fuerzas las largas piernas de mi querido hermanastro, le sujeto el culo y la bajo ligeramente para ayudarla a restregarse contra él.
Me resulta extraño y frustrante tener que estar tan cerca de él de esta forma mientras evito tocarlo a toda costa. Espero que Frankie absorba toda su hostilidad hacia mí y consiga de alguna manera que se calme de una puta vez.
Noto cómo se somete a ella de inmediato.
Creía que iba a intentar recuperar el control, pero no parece importarle en lo más mínimo.
Se limita a dejarse besar y a apoyarle las manos tímidamente en la cintura.
Al cabo de un rato, Frankie se las quita de ahí para guiarlas hasta sus pechos, lo que provoca que a él se le escape un pequeño jadeo.
Da la impresión de estar más nervioso de la cuenta. Tal vez se deba a que no puede concentrarse bien delante de la cámara o simplemente a que le incomoda mi presencia, pero no deja de parecerme curioso.
Aunque me consta que ha estado acostándose con chicas desde el instituto, quizá se haya puesto antes a la defensiva con mi comentario porque he acertado de lleno.
A lo mejor nunca ha hecho nada remotamente excitante en la cama y ahora, sin experiencia previa, se ha lanzado de cabeza a un trío con su hermanastro y una de las chicas más atrevidas que conozco.
«Madre mía, chaval… Si ese es el caso, no sabe lo que se le viene encima».
Me inclino sobre la espalda de Frankie, le beso los hombros, le agarro el pelo y le presiono el culo con la entrepierna.
No voy a negar que se me hace un pelín raro estar haciendo esto con mi mejor amiga, pero también sé que para ella es de lo más natural acostarse con alguien sin compromiso.
Además, si Bea y yo pudimos enrollarnos y seguir siendo amigos, quiero pensar que con Frankie pasará lo mismo.
Entre las hormonas que flotan en el aire y el roce con su culo, al final la polla se me pone dura. Cuando ella nota mi erección entre sus nalgas a través de mis pantalones y la delgada tela de su disfraz, deja escapar un gemido entrecortado mientras devora los labios de Kyran.
Al bajar la vista, lo pillo lanzándome una mirada asesina que, a pesar de que me incomoda, me da más ganas de seguir molestándolo. Es tan fácil enfadarlo que ni siquiera me supone un reto. Y, aunque soy consciente de que debería dejarlo pasar, no soporto que me tosan capullos prepotentes como él.
«Si tanto le gusta repartir mierda, que aprenda también a tragársela».
Movido por ese impulso, deslizo la mano accidentalmente desde las caderas de Frankie hasta las suyas.
Esta vez, sí se aparta con brusquedad de la boca de mi amiga.
—Para —me gruñe.
—Ups… Se me ha resbalado la mano —contesto, reprimiendo una sonrisa. Acto seguido, tiro de la cabeza de Frankie hacia atrás y le giro la cara para besarla.
Sé que ese gesto lo ha sacado de sus casillas, pero centro toda mi atención en comerle la boca a Frankie y enredar la lengua con la suya mientras noto cómo me acaricia la polla por encima de los pantalones de una forma bastante agradable.
Cuando entreabro los ojos con disimulo, veo que está haciéndole lo mismo a Kyran con la otra mano.
Aprovecho para abrirme paso entre sus muslos con mi izquierda para tocarle el coño y entonces palpo unos dedos. Los de Kyran.
Me da un guantazo para que la quite de ahí, así que le respondo con otro para que la quite él.
—Yo estaba primero —bufa.
—Sí, pero yo lo hago mejor.
—Chicos… —resopla Frankie contra mis labios y luego rueda hacia un lado hasta quedarse tumbada bocarriba en la cama junto a Kyran—, podéis tocarme los dos a la vez.
—Ni de coña —contesta él entre dientes.
Lo miro con el ceño fruncido, cansado de sus tonterías, y de pronto ambos nos damos cuenta de que, como Frankie se ha movido, estoy arrodillado sobre su muslo y nos rozamos las manos, sin ninguna chica de por medio.
Kyran aparta la suya de un tirón, se echa hacia atrás y agita la pierna, probablemente para que no parezca que estoy encima de él, pero, al hacerlo, me propina un rodillazo en los huevos. Empiezo a gemir de dolor y me los sujeto como si me fuera la vida en ello.
—Serás cabrón —maldigo entre dientes, desplomándome de lado. No ha sido un golpe fuerte, pero aun así es una zona delicada.
—Tú te lo has buscado —resopla, apoyándose sobre los codos—. Te dije que te mantuvieras lejos de mí.
—Ya, bueno, tampoco es que pueda respetarse mucho el espacio personal en un trío, gilipollas.
Me enderezo y me vuelvo hacia Frankie, que se está partiendo de risa, como si esto fuera lo más desternillante que ha presenciado en su vida. La agarro por los muslos y tiro de ella para acercarla a mí mientras chilla de la emoción.
Se le escapan unas risitas de placer de los labios cuando bajo el rostro hacia sus pechos y comienzo a besarlos al mismo tiempo que voy quitándole el disfraz poco a poco para dejarlos al descubierto.
Desvío la mirada un momento y la veo frotándole la entrepierna a Kyran.
Aunque sigue estando más tieso que un palo, cierra los ojos en cuanto siente cómo le mete la mano por dentro de los pantalones y comienza a tocarlo.
Después, echa la cabeza hacia atrás y la nuez se le mueve al tragar.
A pesar de que tengo unas buenas tetas en la boca, soy incapaz de apartar la mirada de la escena.
Kyran entreabre los labios y deja escapar pequeños suspiros. Le recorro el pecho con los ojos y contemplo cómo le sube y baja con cada respiración. Las curvas de sus músculos están increíblemente definidas. Tiene la piel tersa y un poco sonrojada.
Cierro los ojos para sacarme esa imagen de la cabeza y concentrarme en chuparle el pezón a Frankie. Una vez que devuelvo toda mi atención a ella, deslizo los dedos por debajo de la cintura de sus pantalones cortos, se los bajo y los lanzo al otro lado de la habitación.