Capítulo diez
Avi
M e encuentro al borde de un precipicio, dispuesto a lanzarme de cabeza al vacío con un nudo de ansiedad en el estómago y sin tener ni puta idea de dónde me estoy metiendo.
Normalmente soy un tío bastante tranquilo.
De hecho, fumo tanta hierba que me considero miembro el club de los rastafaris buenrolleros.
A veces también me estreso, como todo el mundo, pero para eso están los porros.
Además, me la trae al pairo lo que la gente piense de mí o de lo que hago, por lo que podría decirse que tampoco me incomoda nada.
Sin embargo, esto es completamente distinto.
Estamos hablando de un trío con mi mejor amiga y el estirado de mi hermanastro, que encima no puede ni verme, así que perdóname por perder un poquito la calma.
Si no llevara seis chupitos y tres porros en el cuerpo, fijo que estaría subiéndome por las paredes, pero, como me he puesto hasta las cejas, solo me noto algo… inquieto.
Cuando Kyran salió del cuarto después de habernos dejado claro que iba a volver y a participar en esta locura de plan para ganar pasta, Frankie y yo seguimos fumando un poco más mientras comentábamos lo absurdo que era que hubiese aceptado.
Luego nos reincorporamos a la fiesta, nos tomamos unos cuantos chupitos más con Micah y Zeb y procuramos mantenernos lo más lejos posible de Kyran a conciencia.
Como es lógico, nadie más sabe lo que vamos a hacer. La idea es mantenerlo en secreto, de modo que Frankie prometió no contárselo ni siquiera a Bea, que es la única del grupo que está al tanto de lo del OnlyFans.
Han pasado un par de horas y, por más que intento no mirar a Kyran, no puedo evitar fijarme en él cada vez que se asoma por nuestra zona.
A pesar de que ha estado bebiendo como un cosaco, el tío sabe disimular que da gusto, lo cual supongo que es una ventaja, teniendo en cuenta la discreción que buscamos.
Siempre he creído que es de esos a los que se les da de maravilla callarse las cosas, ya que prácticamente todas las veces que hemos interactuado se ha negado en rotundo a hablar de cómo se siente.
Parece el típico tío al que nadie llega a conocer de verdad porque jamás deja que el resto del mundo vea lo que oculta tras su coraza.
Por un momento, me pregunto qué más esconderá bajo la superficie…, pero entonces recuerdo que no somos colegas y que los secretos que tenga no son de mi incumbencia, siempre y cuando sepa guardarlos.
Aun así, no pienso mencionarle nada de mi OnlyFans. Bastante cruz tengo ya con verme obligado a hacer esto justo con él, de entre toda la gente a la que podríamos habérselo pedido…
No era mi primera opción, desde luego.
Cuando lo invité a la fiesta, no estaba pensando en el trío; simplemente me dio pena que estuviera tan decaído después de perder el partido.
Sé que soy un pringado y que no voy a conseguir nada tratando de arreglar las cosas entre nosotros, pero no puedo evitarlo.
Al fin y al cabo, es mi hermanastro y, aunque aparente ser el tío más popular del campus, me da la sensación de que, en realidad, no tiene a nadie con quien contar.
Obviamente, decirle eso solo habría servido para que se pusiera hecho una furia y volviera a amenazarme con darme una paliza, así que me limité a animarlo a venir a la fiesta como una ofrenda más de paz, pero lo cierto es que no se me había pasado por la mente en ningún momento que fuese a presentarse.
Sin embargo, al verlo aquí, Frankie me soltó su maravillosa idea.
La peor que se le ha ocurrido nunca. Por supuesto, tuve mis dudas, y aún las tengo, porque, pese a que, contra toda lógica y pronóstico, él haya accedido a formar parte de esto, no soy tan tonto como para pensar que todo va a ir sobre ruedas.
Todo el mundo sabe que Kyran me odia. Tampoco es que yo sea su fan número uno, pero él parece que quiere estrangularme la mayor parte del tiempo, y todavía no sé muy bien por qué.
Aunque, bueno, después de lo de esta noche, estoy seguro de que tendrá un motivo más para desearme la muerte.
Cuando considero que ya he bebido y esperado bastante, sigo a Frankie a su habitación para continuar cuestionándome mi cordura en privado. Empiezo a pasearme de un lado a otro sobre la alfombra rosa y peluda del centro mientras ella se saca un frasquito de las bragas.
Se echa en la mano una pizquita del polvo que contiene y lo inhala antes de ofrecerme el vial.
—¿Quieres un poco?
Levanto las cejas.
—¿Cristal? —Ella asiente con la cabeza—. No, gracias. No creo que vaya a ayudarme.
—Te vendrá bien, confía en mí —responde con un suspiro.
—Lo dudo mucho. —Niego con la cabeza y sigo moviéndome por la habitación—. Ese tío me odia con todas sus fuerzas, Frankie. Tengo que estar en plenas facultades por si intenta darme una paliza.
—Lo que tienes que hacer es relajarte, en serio. —Se deja caer en la cama y se tumba bocarriba—. Bastante tensa está la cosa con Kyran como para que también te pongas tú nervioso. Vais a cargaros el buen rollo que hay.
—¿De qué buen rollo hablas? Si Kyran no me soporta —murmuro, fulminándola con la mirada—. A no ser que con buen rollo te refieras a que alguien se pase todo el puñetero día amenazando con matarte.
Se encoge de hombros.
—Lo que tú digas. A estas alturas, me da la impresión de que mis fans pagarían más solo para veros discutir. La tensión entre vosotros es brutal… Cuando te mira con esa furia, las fosas nasales dilatadas y los músculos flexionados… Estoy que me muerdo las uñas de las ganas que tengo de que te bese.
Se echa a reír a carcajadas y me quedo contemplándola con el ceño fruncido, como si le faltara un tornillo.
—No quiere besarme, quiere matarme —gruño, apartándome unos mechones de la cara.
—Ya, bueno, del amor al odio solo hay un paso, bombón.
La miro atónito durante un segundo, resoplo y luego sacudo la cabeza. No sabe lo que dice. Kyran es hetero hasta las trancas; estoy convencido de que la frustración constante que le genero se debe solo a que se cree mejor que yo, no a que ansíe besarme.
Aparto a un lado esos pensamientos, voy tambaleándome hasta la cama y me arrodillo junto a Frankie, decidido a centrarme únicamente en la tarea que nos ocupa.
Tenemos que lograr que este vídeo parezca creíble para sacar el máximo dinero posible y no repetir la experiencia jamás, porque sé con total certeza que, en lo que respecta a Kyran, esta será la primera y última vez que ocurra algo así.
Me inclino sobre Frankie, la sujeto por la mandíbula y le doy un beso suave pero intenso al mismo tiempo con la intención de comprobar qué se siente, crear un poco de ambiente y, con suerte, dejar de pensar un rato en el otro integrante, que no tardará en aparecer y complicarlo todo el doble.
Intento apartarme, pero Frankie me enreda los dedos en el pelo y me corresponde pegando sus labios a los míos.
Percibo la humedad y la calidez de su lengua entrelazándose con la mía y dejándome un sabor afrutado en el paladar.
Al final, nos dejamos llevar y acabamos morreándonos.
Aunque he de admitir que no besa nada mal, en el fondo sé que es mi mejor amiga y que debemos mantener esto en un plano estrictamente profesional para no fastidiar nuestra relación.
Un carraspeo interrumpe nuestro beso. Nos separamos de golpe, jadeando, y nos giramos hacia la puerta con los ojos entrecerrados.
—¿Habéis empezado sin mí? —se queja Kyran con un gruñido. Acto seguido, cierra la puerta y echa el pestillo.
Se queda plantado frente a ella, con los brazos cruzados y una mirada penetrante. No distingo ni una pizca de expectación en su rostro, lo cual solo confirma mis sospechas.
«Esto va a ser un puto desastre».
Me recuesto en la cama mientras Frankie se levanta para dirigirse hacia el trípode.
—Bueno, vamos a repasar unas reglas básicas.
Primero: esto es por dinero, sin sentimientos de por medio —nos advierte—.
Pensad en toda la pasta que vamos a ganar y veréis cómo os ayuda.
Segundo: tiene que parecer realista. —Coloca la cámara y mira a Kyran de reojo—.
¿Creéis que a las estrellas del porno les caen siempre bien sus compañeros de rodaje?
Pues no. Es pura actuación. Así que olvidaos de vuestras rencillas.
Cruzo la mirada con la de Kyran. Al fijarme en lo apretada que tiene la mandíbula, arqueo las cejas y lo veo poner los ojos en blanco.
«Eso, capullo. Cálmate. Son solo negocios».
—Difuminaré las caras, así que no os preocupéis por eso —añade Frankie—. Y, en cuanto a lo que podemos hacer…, yo no tengo problema con nada. Estoy abierta a todo.
Kyran y yo nos sostenemos la mirada. Como de costumbre, ninguno de los dos parece estar dispuesto a ceder.
—Procura no tocarme si quieres seguir respirando —murmura por fin, refiriéndose a mí.
—Ay, no, ¿cómo voy a contenerme? —respondo con sarcasmo, lo que solo contribuye a enfurecerlo aún más.
—Muy bien. Y por último… —Frankie ignora nuestras interminables disputas mientras revisa de nuevo la posición de la cámara y luego se vuelve hacia nosotros con una sonrisa—.
¡Vamos a pasárnoslo bien! —Señala la cama—.
La toma irá de allí hasta allí, así que intentad no saliros del encuadre.
Avi, ¿puedes encargarte de las luces, por favor?
Suelto un suspiro, tratando de librarme de las dudas que aún me asaltan.
Me levanto, enciendo las luces del techo y reduzco la intensidad lo justo para crear ambiente sin que la imagen de la cámara pierda calidad.
A continuación, apago la lámpara de la mesita de noche y ella, por su lado, regula el aro de luz.
Mientras jugamos con la iluminación y Frankie prepara todo el equipo para grabar, Kyran permanece junto a la puerta, cambiando el peso de pierna con torpeza, como si no tuviera ni la menor idea de qué hacer con su cuerpo.
No me hace falta nada más que verlo para saber que va a estar insoportable durante toda la grabación.