Capítulo nueve #2
Suelto un suspiro pesado y niego con la cabeza. Como se me ocurra ir mañana a esa fiesta, el mundo va a presenciar un asesinato a lo Michael Myers en la vida real.
A pesar de que he tardado horas en tomar una decisión, ahora que he salido de la línea verde y me dirijo al apartamento de Frankie, todavía me planteo dar media vuelta y volver al campus.
Había una fiesta de Halloween en nuestra planta de la residencia. Casi todo el mundo estaba bailando con disfraces de lo más variopintos en los pasillos, entrando y saliendo de habitaciones abastecidas con alcohol y chucherías para celebrar la festividad más divertida para la gente de nuestra edad.
Cuando salí del cuarto, me topé con Guty, que iba vestido de Negan, de The Walking Dead.
Me insistió en que me quedara y me pillara un buen pedo con el resto del equipo, pero, por mucho que disfrute de su compañía, necesitaba alejarme de ellos una noche.
Después de la derrota del día anterior, todavía no me sentía preparado para hacerles frente y, aunque no creía que fuesen a darme la lata (al menos, no de forma directa), pensé que igualmente me vendría bien un cambio de aires.
Además, llevaba una semana dejando en visto los mensajes de Lexi sobre disfrazarnos en pareja y también me convenía evitarla a ella.
Así que aquí estoy, yendo a un sitio que no termina de convencerme con tal de escaquearme de mis problemas y negarlos a toda costa, como siempre, pese a que tengo la energía justa para subir las escaleras e ignorar deliberadamente a toda la gente con disfraces raritos que me cruzo por el camino.
«Tú limítate a beber hasta que se acabe la fiesta de la residencia. Luego vuelves, te metes en la cama y te compadeces de ti mismo a solas».
Cuando pongo un pie en el apartamento de Frankie, me arrepiento al instante de haber venido.
Este sitio está abarrotado de gente con disfraces curradísimos, lo que hace que me sienta aún más inseguro con el mío.
Como no tenía tiempo, ganas ni dinero para apañarme uno decente, he cogido lo más barato que he encontrado a última hora: un traje de karate negro y amarillo de Cobra Kai.
Encima, nadie me recibe con el furor que suelo causar en las fiestas que frecuento, de modo que me siento un poco fuera de lugar. Aun así, reconozco unas cuantas caras que me saludan a lo lejos mientras voy directo a la fuente de alcohol más cercana que veo.
En la cocina, me encuentro una nevera repleta de latas de cerveza.
Cojo una, la abro y me la bebo entera de un trago sin mirar a nadie.
Al dejarla, vacía, sobre la encimera, me doy cuenta de que Micah Torres, uno de los amigos de Avi, está de pie a mi lado.
Lleva un traje negro con sangre y vísceras de mentira salpicadas por toda la parte delantera y la cara.
—Qué hay —mascullo, abriéndome otra cerveza.
—Ey… —responde, y se pone a echar un vistazo a los alrededores, como si esperase que apareciera en algún momento el resto del equipo de fútbol para aguarle la fiesta.
Le doy un par de tragos largos a la segunda cerveza que me he abierto en menos de un minuto y luego ladeo la cabeza.
—¿De quién se supone que vas?
Esboza una sonrisa.
—Del agente del servicio secreto que disparó a Kennedy por accidente.
«La madre que me parió…».
Me quedo observándolo perplejo unos segundos antes de terminarme la birra.
—¡Anda! Mira quién ha venido —dice una voz familiar que siempre consigue sacarme de quicio.
Cierro los ojos un momento. Está claro que ha sido muy mala idea presentarme aquí.
Avi se acerca a mí dando zancadas y me agarra la camiseta, pero me aparto de su alcance bruscamente.
—¿Vas de Billy Zabka? —Levanta una ceja y sonríe mientras me examina de arriba abajo—. ¡Ah, claro! Cobra Ky, como tu nombre. Qué ingenioso.
Él se ha recogido el pelo hacia atrás y se ha puesto un traje holgado con una camisa manchada de sangre.
—¿Y tú de quién vas? —pregunto, y señalo a Micah con la cabeza—. ¿Del tío que iba sentado a su lado y no sabía lo que era un sastre?
Micah se ríe por la nariz y Avi frunce los labios.
—Eh, no, de Vincent Vega.
Arqueo una ceja y me mira como si fuera tonto.
—John Travolta en Pulp Fiction, ¿te suena?
—Ya sé quién es Vincent Vega —murmuro, prefiriendo obviar el detalle de que es una de mis películas favoritas para que no se venga arriba.
—El mejor Vega ficticio —apunta Avi con una sonrisa de orgullo.
—Bueno… Si a ti te parece que un yonqui de la heroína que revienta cabezas por accidente es el mejor… —se burla Micah, y no puedo evitar soltar una carcajada.
—Eran los noventa. —Avi se encoge de hombros y mueve la cabeza de un lado a otro—. Además, mi Mia Wallace no tiene que andar muy lejos… —Fija la vista en alguien que está en la otra punta y señala en su dirección—. Ah, sí, ahí está.
Sigo su mirada hasta donde se encuentra su amigo Zeb con una peluca negra estilo bob, una camisa blanca demasiado ancha, el maquillaje corrido por la cara y una aguja clavada en el pecho.
—¡Eh, Mia! Sabes que eso no es coca, ¿no? —grita Avi, a lo que Zeb responde dándose la vuelta y dibujando un cuadrado en el aire con los dedos.
Ese gesto provoca que mi hermanastro se parta de la risa.
«Dios, qué capullo».
—Me sorprende verte por aquí, superestrella —me dice Avi mientras coge un par de vasos de plástico y los llena de alcohol—. No esperaba que fueras a animarte.
—Solo he venido por la bebida —contesto, metiendo la mano en la nevera para coger otra cerveza.
—Pues en ese caso… —Me ofrece uno de los vasos y levanta el otro—. ¡Viva Halloween, joder!
—Ajá. —Me lo tomo todo de un trago, sin preocuparme por lo que es. Por mí, como si me ha echado arsénico.
Cuando dejo el vaso en la encimera, me lo vuelve a llenar de inmediato. Lo observo con la frente arrugada, preguntándome por qué está atiborrándome a alcohol, pero no me molesto en preguntárselo. Lo único que quiero es emborracharme hasta olvidar que estoy con él en una fiesta por voluntad propia.
Me lo bebo entero de nuevo y luego voy a por la tercera cerveza mientras los gritos y risas de los demás se mezclan con la música que retumba a nuestro alrededor.
Hay gente restregándose al ritmo de la canción, dándose el lote o drogándose.
Veo a chicas y chicos por igual paseándose de un lado a otro tan campantes con disfraces que no dejan nada a la imaginación.
Justo cuando estoy analizando el entorno, la anfitriona de la fiesta se acerca a nosotros con aire despreocupado. Su disfraz es tan impresionante que me quedo mirándola atónito.
Va vestida de ángel y demonio al mismo tiempo.
Tiene una mitad del cuerpo cubierta de blanco, oro y brillos, y la otra, de rojo y negro.
Por la parte derecha de la espalda, le sobresale un ala de ángel, y por la izquierda, una oscura y siniestra.
No me puedo creer lo mucho que se lo ha currado.
El maquillaje ya es impresionante de por sí, pero además lleva medio halo suspendido sobre el lado derecho de la cabeza, medio sujetador dorado y el pecho izquierdo tapado solo por una pegatina en forma de pentagrama.
—Hola, monstruitos —nos saluda con una sonrisa, rodeando a Avi por la cintura con un brazo mientras alza la vista hacia mí.
Él le dedica una mirada cariñosa y, por un instante, me pregunto si se estarán liando.
Son amigos desde hace muchos años y siempre han tenido un trato muy cercano.
No obstante, aparto enseguida ese pensamiento, porque no me interesa con quién se acueste o se deje de acostar mi hermanastro.
Cojo el vaso del que estaba bebiendo y lo apuro de un trago con una mueca.
—Qué alegría tenerte por aquí, Kyran —dice Frankie con un tono seductor. O igual soy yo, que ya estoy empezando a notar los efectos del alcohol. Quién sabe—. Es una pena que no te veamos más a menudo.
Avi se aclara la garganta y los miro a ambos con la vista cada vez más nublada por la bebida.
—Tal vez me veríais más si no pasarais tanto tiempo con él. —Me inclino hacia ella y señalo a Avi con la cabeza.
—Es un encanto, ¿a que sí? —Avi pone los ojos en blanco, se saca un porro del bolsillo y se lo coloca entre los labios. Acto seguido, lo enciende, le da una larga calada y exhala una densa nube de humo antes de pasárselo a Frankie, que lo imita mientras clava sus ojos brillantes en los míos.
—Bueno, ¿y qué te parece? —me pregunta.
—¿Te refieres al apartamento o a tu disfraz? —Doy otro sorbo a lo que sea que esté bebiendo—. Porque las dos cosas son alucinantes.
Frankie me mira como si se me estuviera insinuando, pero no sé si quiere tema de verdad o es solo su forma de ser. Avi se acerca a ella y le susurra algo al oído con un ligero nerviosismo y sin rastro de su sonrisa, pero Frankie lo manda callar y luego me ofrece el porro a mí.
Niego con la cabeza.
—Me hacen controles de drogas en el equipo.
—Vaya mierda —se queja Avi, arrebatándoselo de las manos para fumárselo él.
—¿Qué tal si te enseñamos esto? —pregunta con los ojos centelleantes y le dirige otra mirada a mi hermanastro, que da la impresión de estar casi molesto.
No tengo ni idea de qué se traen entre manos, pero el calor del alcohol que me recorre las venas me incita a pensar que igual ella me está tirando los tejos y Avi se ha puesto celoso.
Así que, nada más que por eso, le regalo una sonrisa encantadora y asiento con la cabeza, permitiendo que me agarre del brazo. Si puedo tocarle los cojones a Avi con mi mera presencia, quizá no haya sido tan mala idea venir a esta fiesta.
Frankie me hace un recorrido por todo el apartamento, que, para mi sorpresa, es bastante lujoso.
No la tenía por alguien tan pudiente, y este sitio seguro que cuesta unos cuantos miles de dólares al mes como mínimo, porque Brookline no es precisamente barato.
No puedo evitar preguntarme cómo es capaz de permitirse un apartamento como este siendo estudiante a tiempo completo y, hasta donde yo sé, sin un trabajo.
«A lo mejor lo ha heredado o algo…».