Capítulo ocho #3
Me quedo tumbado durante un buen rato, disfrutando del momento, hasta que abro los ojos de golpe y me fijo en la cámara del móvil apuntando hacia mí.
«Mierda, se me había olvidado que estaba grabando».
Me incorporo en la cama y contemplo el fruto de mi orgasmo esparcido sobre mi torso mientras lo recorro con los dedos. Luego miro a cámara fijamente y me los meto en la boca con cuidado.
«Mmm… Está salado. Me pregunto si les gustará a mis seguidores… A mí desde luego que sí».
Estoy en una puta nube.
Solo ha pasado un día desde que subí el vídeo y ya tengo más de cien fans nuevos. Encima, más de la mitad se ha pillado la suscripción de seis meses.
No me puedo creer que haya empezado a forrarme tan pronto. Creía que iba a tardar un mes por lo menos en ponerlo todo en marcha, pero creo que he dado en la tecla, porque, además, acabo de llegar a cinco mil seguidores en Twitter. Y todo en menos de diez días.
¡Toma ya! @GorraDelRevés viene pisando fuerte.
Ese es mi nombre de usuario, por cierto.
@ GorraDelRevés . Me pareció bastante ingenioso, teniendo en cuenta que llevo una gorra de los Yankees del revés en todos mis vídeos.
No me gusta nada el béisbol, pero pensé que, tal vez con una gorra del equipo de la Boston College, o incluso de los Red Sox, sería más fácil identificarme, así que desenterré del baúl de los recuerdos la vieja gorra de los Yankees que pertenecía a mi padre y que solía ponerme antes de mudarnos aquí.
Aunque tampoco es que sirva de disfraz ni mucho menos.
Si alguien de la universidad se topase con mi cuenta y se suscribiera, sabría sin duda que soy yo.
Aun así, no muestro mi cara en Twitter ni en mi foto de perfil de OnlyFans.
Y Frankie lleva un año usando nada más que un pequeño velo para cubrirse el rostro en su cuenta y por aquí no la han reconocido…
, o, si lo han hecho, no le han dicho nada.
Supongo que, como ella dice, a la gente le gusta ser discreta con el porno.
Nadie tiene por qué enterarse de lo que sucede en la pantalla del móvil de otra persona.
Excepto el Gran Hermano, claro; ese siempre nos está vigilando.
Lo importante es que ya casi he reunido la cantidad necesaria para pagar la primera cuota de la matrícula y aún quedan unas semanas para que venza el plazo.
De momento, voy sobrado, pero no puedo confiarme.
Gestionar todo esto es como un trabajo a tiempo completo.
De hecho, me paso todo el día pegado al móvil, subiendo clips en Twitter, dándole bombo a mi OnlyFans, respondiendo a los mensajes directos de mis seguidores y abriendo boca para los próximos vídeos.
También dedico un montón de tiempo a idear contenido original.
El vídeo de la paja causó furor entre mis suscriptores, pero dudo que pueda mantenerlos enganchados a largo plazo solo con eso. La gente siempre acaba queriendo algo más.
Por ejemplo, ya me han llegado varios mensajes directos de tíos pidiéndome que colabore con alguien, es decir, que me ponga ante la cámara con otra persona. Y, a juzgar por los que me lo sugieren, no creo que se refieran a una mujer precisamente…
Es algo muy diferente a lo que he estado haciendo y no sé si me siento preparado todavía para dar el paso. A ver, si fuese a ganar miles de pavos invitando a alguien más, seguro que me animaría, pero seguiría temblando como un flan.
Me dirijo al nuevo apartamento de Frankie en Brookline para echarle una mano desembalando cajas junto con el resto del grupo. Ya ha dejado oficialmente el campus. Aunque he visto algunas fotos de su nuevo hogar, me muero por verlo en persona. Parece una pasada.
Tras bajarme del tren, recorro un par de calles hasta llegar a la de Frankie. Voy fijándome en la numeración de las imponentes casas y, cuando por fin doy con la suya, no puedo evitar quedarme embelesado mirándola. Es realmente impresionante.
Boston es una ciudad preciosa. Todos los edificios conservan un aire colonial, incluso los más modernos.
Y con esos árboles repletos de hojas naranjas, rojas y amarillas, y la brisa fresca acariciándome en la cara…
, tengo que reconocer que me gusta estar aquí.
No tenía claro que pudiese llegar a apreciar este sitio cuando dejé Nueva York, pero, ahora que estoy en el corazón de la ciudad, admito que es muy especial.
Subo al trote las escaleras del bloque, llamo al telefonillo y, en cuestión de segundos, oigo el zumbido dándome permiso para entrar. Apenas he terminado de tocar a la puerta de su apartamento cuando la abren de par en par y me reciben con chillidos de alegría y besos en la mejilla.
Micah, Zeb y Bea ya están dentro con una bebida en la mano, así que toca darle un poco de vidilla al ambiente. Me pongo en marcha y lío un porro bien grande en un momentito para que lo compartamos mientras Frankie me enseña el apartamento.
—¿Tienes ganas de que llegue mi fiesta de Halloween? —me pregunta cuando empiezo a ayudarla a sacar de las cajas los mismos trastos que guardamos la última vez que le echamos un cable con la mudanza, hace unos meses.
—Por supuesto. —Sonrío, pasándole cosas mientras ella corretea de un lado a otro por la habitación para colocarlas en distintos lugares—. No hay nada como una fiesta llena de gente disfrazada de la versión más zorrona de su personaje favorito.
Se ríe al escucharme.
—¿Has decidido ya de qué vas a ir tú?
—Por si se te había olvidado, te recuerdo que suelo vestirme de águila bastante a menudo. Así que, si no se me ocurre nada, siempre puedo presentarme como Baldwin y rezar para que nadie me derrame el vodka encima.
—¡Avi! —me regaña—. No puedes ponerte el disfraz de la mascota del equipo para Halloween. Eso es trampa.
—Lo sé, lo sé —respondo entre carcajadas—. Ya pensaré en algo. ¿Y tú qué?
—Yo ya he escogido el mío. —Esboza una sonrisita maliciosa—. Y va a dejar a tu águila sudorosa en calzoncillos.
La miro desconcertado.
—No sé por qué me dice esas cosas tan obscenas, señorita.
Vuelve a reírse.
—Oye, hablando de cosas obscenas… Tengo que hacerte una propuesta.
—No me gusta el rumbo que está tomando esto —resoplo.
Entonces da un paso hacia mí. El brillo de sus ojos azules verdosos me indica que no trama nada bueno.
—Algunos de mis fans llevan semanas suplicándome una cosa…
—comienza a decir en voz baja para que los demás no se enteren, aunque todos están en la cocina hincándole el diente a las pizzas que hemos pedido—.
No paran de enviarme mensajes directos pidiéndome lo mismo una y otra vez, y creo que ganaría una buena pasta si cumpliera sus deseos.
Frunzo ligeramente el ceño ante su mirada de emoción.
—Vale…
—¿Te acuerdas de lo que comentamos sobre el contenido de pago? ¿Ese que ofrecen los creadores de forma exclusiva a un precio más alto, aparte de la suscripción? —Ladea la cabeza.
—Sí… —murmuro, sin saber muy bien a dónde quiere llegar.
—Bueno, pues lo que les gustaría que subiera es un vídeo mío montándome un trío… con dos tíos —suelta como si nada, alzando las comisuras de los labios con picardía.
Vale. Ya veo por dónde va.
—Ajá —contesto, intentando mantener la compostura—. Y quieres que yo sea uno de esos dos tíos.
Se le ensancha la sonrisa y me da un toquecito en la nariz.
—Y pensar que te tienen por tonto…
Frunzo el ceño.
—¿Quién me tiene por tonto?
—Estaba planteándome grabarlo en Halloween —dice, y se pone a dar aplausos de felicidad, ignorándome por completo—. Les cobraré un pago único a mis fans para verlo y luego repartiré las ganancias con mis colaboradores.
—Eh…, Frankie, creo que estás pasando por alto un pequeño detalle —la interrumpo—. Todavía te hace falta otro tío.
—Ya encontraré a alguien. —Se encoge de hombros con indiferencia.
—Pero no puedes preguntárselo a cualquiera —señalo—. Tiene que ser alguien en quien confiemos…, una persona discreta con todo lo del OnlyFans. —Hago una pausa y sacudo la cabeza—. Y, aparte, ¿en serio estás dispuesta a liarte conmigo? O sea, somos amigos…
Por la sonrisita condescendiente que le adorna los labios en este instante, intuyo que se me notan todos los nervios y las dudas en la cara.
—Avi —dice suspirando y cogiéndome de las manos—, seguiremos siendo amigos. La única diferencia es que estaremos forrados.
No puedo evitar partirme de risa. Esta tía está como una cabra, de verdad.
—Aun así, todavía te queda encontrar a alguien que esté de acuerdo con la idea de desnudarse delante de una cámara para un montón de desconocidos y que, además, sepa guardar un secreto.
Nosotros ya estamos acostumbrados… Bueno, yo aún estoy en ello, pero meter a otra persona en el ajo puede complicar bastante las cosas.
—Aunque entiendo tu preocupación, se te olvida que contamos con el mejor aliciente del mundo.
—Se frota el pulgar y el índice, dejándome claro que está pensando en toda la pasta que ganaríamos—.
El dinero lo compra todo, cielo, hasta el silencio.
¿Quién sabe? Si todo sale bien, tal vez incluso podríamos empezar a colaborar más a menudo…
—Sí, pero ¿a quién vas a pedírselo? —repito, porque me parece que está vendiendo la piel del oso antes de cazarlo.
Frankie se queda pensativa durante un segundo mientras recorre la habitación con la mirada.
—Ni se te ocurra nombrar a Zeb —le advierto antes de que se atreva a sugerirlo.
—¿Por qué no? —responde entre risas—. Sabes que le fliparía enrollarse contigo. —Arquea una ceja y finjo con todas mis fuerzas que no estoy sintiendo cómo se me suben los colores.
—Ya, pero no es capaz de mantener la boca cerrada —replico.
—A lo mejor eso nos viene bien. —Me guiña un ojo.
—Sus dotes orales no son lo más importante ahora mismo. —Suspiro—. Además, es gay que te cagas. No creo que quiera tocarte ahí abajo ni con un palo.
—Vale, vale, pues pasamos de Zeb. —Ladea la cabeza, indecisa—. ¿Y qué tal Micah?
—Micah es hetero —murmuro, y ella me mira con los ojos entrecerrados.
—Igual que tú. —Curva los labios en una sonrisa que le da un aspecto aún más malvado y noto que me arde la piel.
—Anda… No me digas. —Carraspeo—. Me refería a que no va a querer… No sé si…
—Qué tierno eres. —Me pasa los dedos por el pelo y se echa a reír cuando le aparto la mano—. No tenéis por qué liaros. Podéis tomároslo como una… actividad conjunta.
—Vamos, que tú te llevas plato doble —suelto con sorna.
Acto seguido, finge acomodarse un mechón de pelo detrás de la oreja.
—Exacto. —No me queda más remedio que seguir riéndome—. Aunque creo que a algunos de mis fans les gustaría ver cómo os lo montáis un poquito, pero, bueno, nunca llueve a gusto de todos —añade.
Mi mente empieza a divagar, tratando de asimilarlo todo. A pesar de que llevo planteándome la posibilidad de tener un encuentro sexual con alguien de mi género desde que me abrí el OnlyFans, sentía la necesidad de ir haciéndome a la idea poco a poco, al igual que me pasó con la cuenta.
Tal vez un trío con Frankie y otro chico me ayude a quitarme la espinita.
Puede que estar cerca de un tío mientras nos toqueteamos me sirva para saciar mi curiosidad y comprobar si realmente me gusta. Quién sabe, quizá ver un pene que no es el mío a mi lado me quita todas las ganas y dejo de preguntarme estas cosas.
—A juzgar por la intensidad con la que te has quedado mirando al vacío, diría que te lo estás pensando, así que voy a asumir que cuento contigo. —La voz rasposa de Frankie me saca de mis pensamientos.
Decido dejar de oponer resistencia. Suspiro y me encojo de hombros.
—Vale, me apunto.
Ella se pone a chillar y a dar saltitos de felicidad mientras me abraza y me sacude con energía.
—Pero solo esta vez. No quiero echar a perder nuestra maravillosa amistad por mezclarla con el sexo y los negocios, dos de los principales motivos más reconocidos por los que la gente suele dejar de hablarse.
—Sí, sí, vale. —Me suelta y asiente con la cabeza, intentando disimular su entusiasmo—. Solo una vez. Nos lo pasamos bien, nos llenamos los bolsillos y se acabó, churri —me asegura riéndose.
Pongo los ojos en blanco y reprimo una sonrisa.
—¿Cómo vamos a encontrar al tercer integrante de esta pequeña y ridícula aventura? —murmuro desesperanzado.
—Eso es fácil, querido —contesta Frankie con picardía—. Solo tenemos que dar con alguien a quien no le interese que todo esto salga a la luz y que necesite la pasta.
—Ah, ¿y ya está? —refunfuño con ironía.
—Confía en mí. —Se saca el vapeador del bolsillo, le da una calada y luego me sopla el humo dulzón a la cara—. Por estos lares nos costará mucho menos de lo que te crees.