Capítulo ocho #2
—Así me gusta —respondió, y me hundió el dedo en el hoyuelo derecho—. Bueno, cuéntame, ¿qué te parece lo del OnlyFans? Porque, si te animas a dar el paso, vas a necesitar alguien que te ayude a montarlo todo y promocionarte.
De repente, se me iluminó la cara.
—¿Vas a ser mi Yoda del OnlyFans? —exclamé.
—Tu sable ante la cámara enseñar deberás, joven Frikiwalker —bromeó, y su magistral imitación del maestro Jedi me arrancó una carcajada—.
Ahora en serio, masturbarte para los pervertidos que hay en internet no está mal, pero para toda la pasta que necesitas ganar en tan poco tiempo vamos a tener que ponernos las pilas.
—Ay, Señor… —Me froté la cara—. Ni siquiera hemos empezado y ya estás hablando como un chulo.
—A mover el culo, nena. —Se levantó de golpe y me chasqueó los dedos en la cara—. El tiempo es oro.
Y así, sin más, decidí que iba a despelotarme para desconocidos en internet. Todo ocurrió tan rápido que no tuve ni un instante para procesarlo.
Después de aquella conversación, me puse manos a la obra de inmediato. Frankie me trajo su antiguo trípode para grabarme. Según ella, era vital que utilizara uno.
—Los planos subjetivos lo petan, pero no puedes estar haciendo lo mismo siempre —me explicó mientras me ayudaba a abrir una cuenta de creador.
—¿Y si apoyo el móvil contra unos libros? —pregunté en voz baja, y ella me miró boquiabierta, como si la hubiera insultado.
—Tienes que ser profesional, Avi —me reprendió—. Para sacar pasta de verdad con esto, te lo tienes que tomar como un trabajo.
Aparté a un lado las dudas que me asaltaban y asentí con la cabeza. Total, ya había accedido a embarcarme en aquella locura, así que más me valía empezar a currar y dejarme de pajas mentales.
Porque de las otras sí que iba a haber, y muchas.
A grandes males, chistes malos a patadas.
En mi primera semana como creador de contenido en OnlyFans, he logrado ganar cincuenta suscriptores y unos cuantos cientos de dólares con las suscripciones.
Yo diría que no está nada mal para ser un novatillo.
Además, me creé una cuenta de Twitter solo para promocionarme y, como Frankie no deja de retuitearme y mencionarme para que me vean sus más de cincuenta mil seguidores, cada día aparecen nuevos fans.
Sin embargo, en cuanto al contenido, aún estoy probando con cosas suavecitas. La verdad es que me está costando un poco acostumbrarme.
Nunca he sido de los que envían fotopollas ni vídeos meneándosela, así que todo esto es completamente nuevo para mí. No obstante, he de admitir que es bastante fácil que los comentarios se te suban a la cabeza.
«Eres un dios griego».
«Menudo cuerpazo».
Con todos los emojis de ojitos de corazón y fuego que me han dejado, me he venido arriba.
Por eso estoy convencidísimo de que no me queda ni un solo tornillo en la cabeza…, porque ahora mismo me encuentro tumbado en la cama con la intención de grabarme mientras me la sacudo para unos completos desconocidos que me pagan por verlo.
Me agarro el manubrio e intento ignorar con todas mis fuerzas la cámara del móvil que apunta directamente hacia mí desde el trípode que he colocado al borde de la cama.
Aunque no soy actor, he estado esforzándome por aprender a controlar los movimientos de mi cuerpo y también he practicado las caras que pongo y los ruiditos que hago para que todo parezca lo más natural y convincente posible.
Al principio me resultó algo raro, pero, si esta es la única oportunidad que tengo de conseguir la pasta que necesito para quedarme en este sitio, pienso emplearme a fondo hasta convertirme en el próximo Spielberg con tal de que me acabe saliendo el dinero por las orejas.
Me paso los dedos por los huevos y los aprieto un poco antes de subir de nuevo.
Me toco la polla lentamente y noto cómo crece de tamaño a toda velocidad.
Hace un poco de fresco, así que tengo los pezones como piedras…
Por no hablar de que se me ha erizado el vello de todo el cuerpo solo por la emoción de estar haciendo esto.
Es el acto de exhibicionismo más pícaro del siglo xxi : grabarse haciendo cosas que, en teoría, solo deberían hacerse en privado. Aunque, bueno, en cierto modo, sigue siendo privado.
Esto es solo para los fans, la gente que ha pagado por verme así. Y, para mi sorpresa, esa idea me pone aún más cachondo.
De ahí que tenga la polla dura y firme, y el corazón me vaya a mil por hora de los nervios y la adrenalina.
Continúo acariciándola despacio con gesto seductor a la par que inseguro.
Por ahora, creo que esa es mi marca personal: el estudiante universitario que se explora a sí mismo de manera tímida y descarada completamente a solas en su habitación.
Me bajo un poco más los pantalones con la mano izquierda al mismo tiempo que voy marcando el ritmo con la derecha. Cierro los ojos, echo la cabeza hacia atrás y me retuerzo de placer mientras se me pasan todo tipo de pensamientos por la mente.
Me pregunto qué querrán ver mis fans. Si les gustará que me toque así, despacio, y si se masturbarán también conmigo.
Al imaginármelos igual de excitados que yo, empiezo a mover las caderas al compás de la mano, cada vez con más ímpetu.
Este es el primer vídeo largo que grabo. Hasta ahora, solo había subido fotos y algún que otro clip corto, y lo que más me ha sorprendido, aparte del hecho de que la gente esté dispuesta a pagar por esto, es la cantidad de tíos que hay entre mis suscriptores.
Puede que haya pecado de ingenuo, pero creía que, como soy hetero y solo me he liado con chicas, mi público sería eminentemente femenino; sin embargo, casi el noventa por ciento de mis suscriptores son hombres y, además, muy generosos con las propinas y los comentarios.
A decir verdad, agradezco todo el apoyo, da igual de quién venga.
Nunca he sido el típico hetero machote. Ese rollo no va conmigo. Siempre he considerado la sexualidad como algo fluido, a pesar de que nunca me haya sentido atraído por un tío.
Al menos, no de forma evidente. Aunque me he fijado en chicos, tampoco es que le haya dado muchas vueltas. Supongo que, si fuera bisexual, en algún momento me habría apetecido liarme con alguno, pero, como no se ha dado el caso, me considero hetero y ya está.
No obstante, ahora que hay un montón de tíos viendo cómo me toco, diciéndome lo guapo que les parezco y la de cosas que les gustaría hacerme…
no lo tengo tan claro. La idea me provoca un hormigueo de excitación en el estómago que no sé explicar.
No me repugna para nada. De hecho, creo que es lo que más me pone de toda esta situación.
Entreabro los ojos y echo un vistazo a la cámara, pero entonces me acuerdo de que no debería y vuelvo a cerrarlos al instante. Me muerdo el labio y se me escapa un ligero gemido al acelerar el movimiento de la mano.
He llegado a un punto en el que no estoy seguro de si lo he hecho para que quede bien en el vídeo o simplemente porque me ha apetecido, pero siento que la piel me arde por dentro.
La maraña de dudas sobre mi sexualidad me oprime el pecho como si tuviera a alguien sentado encima de mí; sin embargo, en vez de ignorar o apartar ese pensamiento, lo utilizo para impulsarme a seguir.
Me dejo llevar por el deseo contenido, la lujuria y la curiosidad de qué pasaría si hubiera otra persona aquí conmigo en este momento, observándome.
Al principio, no haría más que mirar, pero luego tal vez se acercaría a mí. Avanzaría despacio hasta la cama y se arrodillaría en el colchón, a mi lado.
No… Quizá se sentaría a horcajadas sobre mí y me quitaría las manos del pene para agarrármelo y masturbarme. Luego se inclinaría y posaría los labios en los míos…
—Jo-joder… —La palabra me sale de la boca sin poder contenerla mientras la polla me gotea en la mano.
Cuando la aprieto con fuerza y me toco más deprisa, el fuego en mi interior crece hasta convertirse en un incendio imparable. Me deslizo la mano izquierda por el pecho y rozo un pezón, gimoteando por la sensación que parece atravesar cada fibra de mi ser.
Dios, tengo tantas ganas de correrme que soy incapaz de pensar en otra cosa. Aumento aún más el ritmo, imaginándome que es otra persona la que me conduce al orgasmo.
No sé quién, pero no se parece a nadie con quien haya estado.
Creo que es más… grande. De mi tamaño. Su cuerpo es cálido y firme.
Me recorre el pecho a besos y me chupa el pezón con la misma fiereza con la que yo lo estoy apretando.
Me da mordisquitos y me pasa la lengua por los abdominales a medida que va bajando por el torso.
Luego me envuelve la polla con su boca húmeda y succiona tal y como yo lo haría…
De forma tímida y voraz. Con una desesperación hambrienta.
—Joder… Sí… —susurro, cerrando los ojos con fuerza para aferrarme a esta fantasía o lo que fuera.
A este delirio delicioso, perverso y desconcertante.
En mi mente, le agarro la cabeza a la persona que está conmigo y palpo una gorra puesta del revés, igual que la que llevo ahora. Se la quito, enredo los dedos en su pelo suave y le agarro unos cuantos mechones mientras le cabalgo la boca, encogiendo los dedos de los pies.
Estoy a punto de alcanzar el orgasmo y lo único que quiero es descargar dentro de su boca todo el semen que pueda y contemplar cómo se lo traga para satisfacerme.
La mano se me mueve sola, llevándome cada vez más al límite. Separo las piernas y noto cómo se me contraen los músculos. Me está dando tantísimo placer que…
—Joder, me corro —digo al aire, porque en realidad no hay nadie a mi lado.
Solo estoy yo, masturbándome hasta descargar sobre mis abdominales.
Pero, aun así, me siento en el puto paraíso.
Mi polla escupe chorros de semen resbaladizo que me empapan el torso a medida que me deshago en gemidos y gritos ahogados. El pecho me sube y baja agitado. Una vez que he liberado hasta la última gota, me desplomo sobre el colchón entre jadeos e intento recobrar el aliento.