Por los fans Capítulo seis #2
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Capítulo seis #2

Salimos del campo justo a tiempo para ver la recta final del espectáculo de las animadoras. De entre todas las tías buenorras que están animando a nuestro equipo y que tienen a mis compañeros babeando, hay una que conozco bastante bien.

Me refiero a Lexi. Estamos juntos, o eso creo.

A veces es un poco raro, porque ella intenta formalizar lo nuestro, pero yo no quiero nada serio.

A decir verdad, creo que le gusta más la atención que recibe cuando la ven por ahí conmigo que la idea de tener una relación de verdad, lo cual no me sorprende en absoluto.

Nos enrollamos un par de veces el año pasado y, a partir de entonces, se pasó todo el verano presentándose en el campo de entrenamiento, así que acabé siguiéndole el rollo por puro aburrimiento y conveniencia, una combinación mortal.

En el fondo, tengo la esperanza de que, si la dejo en visto cada vez que me habla de cerrar la relación, pille la indirecta y deje de insistirme, pero también soy consciente de que las cosas nunca son tan fáciles.

Estoy concentrado en el partido, repasando cada jugada mentalmente e intentando anticiparme a los movimientos del otro equipo, cuando el águila danzarina capta mi atención de nuevo.

Se me escapa una carcajada al ver cómo se pavonea delante de las animadoras.

Supongo que sigue siendo el tío que hacía de Baldwin el año pasado, aunque no lo conocía mucho.

Me parece que se llamaba Brian, Bobby o algo por el estilo.

He de reconocer que sus pasos de baile se han vuelto un pelín más extravagantes, eso sí.

El público aplaude cuando las chicas y Baldwin acaban su numerito y, en ese momento, el entrenador nos llama para hacer un corrillo.

—Recordad la formación —vocifera por encima de todo el bullicio—. Si se mueven ellos, os movéis vosotros. Harbor y Guty, os quiero lo más pegados posible. Los demás, despejad el camino.

Rompemos el corrillo entre gritos de emoción y, al levantar la vista, vislumbro a través del muro que han formado mis compañeros que Baldwin el Águila se ha quitado la cabeza del disfraz.

Está de pie en la línea de banda, bebiendo agua. Al ver esa media melena alborotada y morena y esos hoyuelos inconfundibles, abro los ojos de par en par y se me forma un nudo en el estómago.

«¡¿Ese es… el puto Avi?!».

—¡Harbor! —brama el entrenador, logrando sacarme de mi ensimismamiento, y echo a correr tras los chicos.

«Céntrate. Ahora no hay tiempo para eso».

Sin embargo, mientras me preparo para el saque, se me van los ojos fuera del campo y se posan otra vez en mi puñetero hermanastro disfrazado de águila.

«¿Qué coño está haciendo aquí?».

No quiero distraerme, pero no puedo evitarlo. Titubeo y, al final, lo único que consigo es que me plaquen.

—¡Harbor! —vuelve a gritar el entrenador desde la línea de banda.

—Lo sé… —resoplo, reponiéndome del dolor del placaje, y asiento con la cabeza.

«Venga, no pasa nada. ¿Qué más da que Avi sea la mascota del equipo? Es raro de cojones, sí, pero no voy a ponerme a pensar en eso ahora mismo. Necesito ganar el partido».

Vuelvo a la realidad y, en la siguiente ofensiva, lanzo el balón justo hacia donde se encuentra Guty. El público enloquece al darse cuenta de que hemos conseguido anotar nuestro primer down en la yarda treinta.

Aunque intento con todas mis fuerzas no hacerlo, vuelvo a echar un vistazo a la línea de banda, donde Baldwin, también conocido como Avi, está haciendo el moonwalk.

«Por el amor de Dios, déjate de tonterías y céntrate, por favor».

Parece mentira que el cabreo que tengo encima ahora mismo por haber visto a mi queridísimo hermanastro adueñándose una vez más de un espacio que me pertenece a mí esté ayudándome a jugar mejor.

La rabia que bulle en mi interior me tensa todo el cuerpo, lo que, a su vez, parece estar contribuyendo a que se me agudice la mente.

Cuando solo quedan sesenta segundos para que termine el partido, vamos treinta y cuatro a veintisiete, lo que significa que los Cardinals necesitarían un touchdown para em­patar.

En nuestra última ofensiva, justo al pasar la yarda treinta del equipo rival, encuentro la apertura perfecta para colarme y asegurar la victoria.

Levanto el brazo y lanzo el balón en dirección a Guty, que ha conseguido librarse de los defensas y está corriendo a toda pastilla hacia la zona de anotación.

El tiempo se ralentiza. La multitud aguanta la respiración. Todo el mundo sigue el balón con la vista a medida que va girando en el aire…

Entonces cae justo en los brazos de Guty.

«Se acabó. La victoria es nuestra».

Los Eagles ganan el primer partido de la temporada.

Después de eso, el estadio entero se descontrola.

Las gradas retumban, mis compañeros se me echan encima entre gritos de alegría y me llueven palmadas por todo el cuerpo; sin embargo, aunque me dejo contagiar por su entusiasmo y lo celebro con ellos, no puedo dejar de pensar en nuestra mascota y en las ganas que tengo de salir del campo para ir a plantarle cara.

Cuando por fin consigo escabullirme, avanzo hacia ella a grandes zancadas. Me llegan gritos de enhorabuena por todas partes, pero estoy tan obcecado en cumplir mi misión que ni siquiera soy capaz de despegar los ojos del águila danzarina.

Alcanzo a Avi enseguida y lo empujo con fuerza por la espalda.

—¿Qué coño estás haciendo? —grito por encima del alboroto.

Se gira en mi dirección con la cabeza de águila puesta, de modo que no le veo la cara.

—Eh… ¡Pues celebrándolo! —responde y, acto seguido, empieza a darlo todo para no desentonar con el entusiasmo del resto—. Enhorabuena, tío. Te has…

Le arranco la cabeza del disfraz y me encuentro a mi hermanastro, con el pelo pegado a las sienes por el sudor y los ojos abiertos como platos. A pesar de todo, no se le borra la sonrisilla bobalicona de la cara, porque, claro, al fin y al cabo, estamos hablando de Avi.

—Uf, gracias —dice con un resoplido, y el aire le aparta un mechón de pelo de los ojos—. Hace un calor que te cagas aquí dentro.

—Avi…, ¿por qué coño estás disfrazado del puto Baldwin el Águila? —gruño de nuevo, harto de que nunca se tome nada en serio.

Debería estar celebrando la victoria con el equipo, pero no, tenía que aparecer por aquí el gilipollas este y obligarme a aguantar sus tonterías.

Avi enarca una ceja y ladea la cabeza hacia la derecha.

—Porque soy la mascota, ¿no lo ves? —Se ríe—. ¿O es que te creías que había robado el disfraz solo para hacer la gracia? Aunque, bueno, ahora que lo pienso… —Se frota la barbilla—. La verdad es que habría sido una idea cojonuda. Espero que a nadie se le ocurra gastarme la bromita a mí…

—¡Avi! —Me acerco aún más a él y da un paso atrás—. ¿ Por qué eres la mascota? ¿Estás de coña? ¿Es que no me puedes dejar en paz de una puta vez?

Los ojos le brillan al pestañear. Las luces del estadio resaltan el azul que se camufla entre el tono grisáceo de sus iris, pero lo último que necesito es andar fijándome en esas mierdas. Sacudo la cabeza para centrarme, porque aquí lo importante es que me está jodiendo la vida.

—Kyran, que no lo estoy haciendo para molestarte —se queja, poniendo los ojos en blanco—. Vi el cartel, rellené el formulario y me dieron el puesto. ¿Qué tiene de malo? Creí que sería divertido…

—Ah, ¿sí? ¿Te parece divertido quitarme lo único que todavía no me habías arrebatado? —le bramo en la cara, obligándolo a retroceder hasta que vuelve a estamparse contra el barril de Gatorade.

—¿Qué? No… —Frunce el ceño—. ¿De qué estás hablan…?

De pronto, me rodean la cintura por detrás y un gemido de emoción femenino interrumpe nuestra acalorada conversación.

—¡Lo has bordado, amor! —exclama Lexi sin dejar de abrazarme y, al girarme, me encuentro con ella y sus largas pestañas aleteándome en la cara.

Lleva purpurina granate y dorada esparcida por toda la cara debido al laborioso maquillaje que se han hecho todas las animadoras para la ocasión. En mi opinión, se han pasado un poco, pero igualmente se agradece el espíritu de equipo.

—Ey, Lex… Gracias —murmuro, intentando quitármela de encima. Deslizo los ojos hacia Avi, que levanta una ceja y esboza una sonrisita de suficiencia—. ¿Quedamos mejor luego? Tengo que resolver unos asuntos… del equipo.

Asiente con la cabeza y me da un beso en la mandíbula.

—¡Claro, tío bueno! —responde. Avi se ríe por la nariz y, al oírlo, Lexi gira la cabeza en su dirección—. ¿Y este quién es?

—Es…, eh…, la mascota. Baldwin —murmuro con la mandíbula apretada al mismo tiempo que fulmino a Avi con la mirada.

Este ensancha aún más su sonrisa resplandeciente antes de dirigirse a Lexi.

—Avi Vega. El hermanastro de Kyran. —La saluda con la mano y ella suelta una risita.

«Yo me lo cargo».

—Anda… «Hermanastro » . —Lexi se queda embelesada ante él y los dos empiezan a coquetear en mis narices, intercambiándose miraditas y sonrisas, lo que termina de sacarme de quicio.

Le doy la vuelta a Lexi y la empujo suavemente hacia otro lado para separarla de Avi.

—Bueno, ya es suficiente. Nos vemos más tarde, ¿vale?

—¡Espera! No puedo irme sin una foto de tu primera victoria de la temporada. —Se saca el móvil de algún sitio—. ¿Nos la haces, hermanastro?

Le extiende el móvil a Avi, pero él se queda observándolo un segundo y luego alza las manos enfundadas en el disfraz.

—Lo siento, va a estar un pelín complicado.

—Qué mal —resopla Lexi—. Pues nos hacemos un selfi.

Inclina el móvil para sacarse una foto conmigo, pero estoy tan ocupado lanzándole una mirada asesina al aguilucho tocapelotas y a su sonrisita de capullo que ni siquiera presto atención a la cámara.

—¡Perfecto! —dice, animada de todas formas, y me da otro beso en la mejilla—. Hasta luego, bombón.

Suelto un suspiro largo en cuanto la veo alejarse.

—Di lo que quieras, pero a la chica no le falta carisma —susurra Avi.

—Cierra el pico —gruño, sin un ápice de paciencia para seguir aguantando sus tonterías.

Cuando me giro para enfrentarme a él, lo veo preparándose para salir por patas.

—Me encantaría quedarme un ratito más a charlar, pero tengo que irme volandooo —grita mientras echa a correr a toda leche por la línea de banda para huir de mí.

Exhalo con fuerza y me paso los dedos por el pelo empapado de sudor.

«Si hemos conseguido la primera victoria de la temporada…, ¿por qué me siento como si hubiera sido un enorme fracaso?».