Por los fans Capítulo cinco #2
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Capítulo cinco #2

—Me he acercado para mandarte a tomar por culo —replicó Kyran, con ese notable tic que le daba en la mandíbula cada vez que hablaba conmigo.

Se me escapó una carcajada de incredulidad.

—Es la excusa más absurda que he oído en toda mi vida. Te has acercado buscando pelea porque estás aburrido. ¿Qué pasa, superestrella? ¿No tienes a nadie a quien acosar ahora que no vivimos bajo el mismo techo?

Separó los labios, como si fuera a discutírmelo, pero me planté frente a él, envalentonado por la borrachera, y seguí soltando mierda por la boca.

—A ver si te enteras, Ky: a mí me gusta tan poco como a ti tener que verte la cara, así que deja de creerte el puto ombligo del mundo y sácate el palo del culo, al menos hasta que acabe la fiesta. Estoy seguro de que los demás te lo agradecerán.

Supe que la había cagado en cuanto me fijé en lo roja que se le estaba poniendo la cara. Me lanzó una mirada tan fulminante que hasta sentí el calor abrasador de su odio atravesándome el alma, como esos rayos láser que Atreyu debía esquivar en La historia interminable.

«Los del Oráculo del Sur. Una referencia para los más entendidos».

Nunca lo había visto así de cabreado. Tenía la vena de la frente tan hinchada que parecía que iba a explotar en cualquier momento. Por no hablar de que los tendones del cuello se le marcaban igual que a un caballo de carreras… En fin, un espectáculo.

—Uf, estás tentando a la muerte —susurró Micah antes de alejarse de mí para que no le llovieran las tortas.

Entonces me di cuenta de que todo el mundo nos estaba mirando, lo cual iba a traerme consecuencias nefastas, porque, a ojos de los demás, un artistucho emo y friki le había plantado cara al quarterback del equipo de fútbol, y los que se atreven a hacer tal cosa nunca se van de rositas.

—Vamos fuera de una puta vez —bramó Kyran—. Ya va siendo hora de que te reviente a palos, Avi. Te lo digo en serio. Fuera. Ya.

Su voz destilaba una calma tan escalofriante que los pies empezaron a temblarme descontroladamente dentro de las Converse, pero, aun así, me mantuve firme. Me obligué a permanecer inmóvil y sostenerle la mirada, pese a toda la rabia que rezumaba.

—No —murmuré, esperando con todas mis fuerzas que no se percatara del temblor de mi voz—. Si quieres darme una paliza, vas a tener que hacerlo aquí. —Eché un vistazo a un lado, luego al otro, y añadí en voz baja—: Delante de todos estos testigos.

Kyran siguió acercándose a mí hasta que la calidez de su aliento me azotó la cara y pude incluso saborearlo. El olor a menta mezclado con licor me provocó un escalofrío que me aceleró el corazón y me estremeció los huesos.

—Debes de ser… el porrero más imbécil que existe en toda la faz de la tierra —me gruñó en la cara. Y, aunque no estábamos tocándonos, sentí en mi propia piel la tensión de su cuerpo, como si me estuviera transmitiendo directamente el calor de la furia que le envolvía cada músculo.

Por un segundo, me pareció ver que movía el brazo y me encogí sin pensarlo.

Nunca se me ha dado bien esto de las peleas.

Es cierto que no me faltan agallas y que me gusta meter mierda, pero ya está.

No hay que ser muy listo para darse cuenta de que Kyran Harbor podría tumbarme en un abrir y cerrar de ojos si quisiera.

Sin embargo, creo que fue justo el hecho de encogerme lo que me ayudó a librarme de una buena.

Curvó los labios ligeramente en una sonrisita de superioridad en cuanto me vio, como si le hubiera encantado la idea de que le tuviera miedo.

Entonces se alejó de mí un par de centímetros y dejó caer su pesada mano sobre mi hombro.

Ese simple gesto provocó que me encogiera de nuevo, como era de esperar, y ensanchó aún más la sonrisa.

—Bueno, te dejo que te tomes la última —accedió a regañadientes—, pero luego te recomiendo que te largues. —Inclinó la cabeza hacia un lado—. Al fin y al cabo, mañana nos vemos en casa…, hermanito.

Se dio media vuelta y se fue pavoneándose hasta donde se encontraban sus amigos, los otros engendros de Satán, que lo esperaban en las entrañas de aquel infierno llamado fiesta.

Yo, por mi parte, me limité a soltar el suspiro más largo de mi vida mientras los mirones se centraban de nuevo en la fiesta, sin parar de reírse ni rajar de mí, el pringado al que el quarterback de los Eagles acababa de dejar por los suelos.

—Jesús, María y José… —susurró Micah cuando regresó a mi lado—. Joder, qué miedo. ¿Por qué te tiene tanta manía ese tío?

Me quedé observando a Kyran, echando chispas por los ojos. Estaba bromeando alegremente con sus colegas, los deportistas musculitos, como si no hubiera pasado nada.

—Es mi hermanastro —respondí entre dientes.

Y ya está. Teniendo en cuenta que en casa seguimos ignorándonos, esa fue la última vez que interactué con Kyran de verdad.

No hemos cruzado ni una sola palabra desde entonces, así que hemos mantenido cierta paz…

, aunque, claro, eso se debe más bien a que no he vuelto a ir a ninguna fiesta en la que estuviera él y a que, cuando estamos en casa, no se atreve a atacarme frontalmente por el evidente miedo que le tiene a su padre.

No obstante, ha sido también cuestión de suerte, porque yo he seguido yendo a un montón de fiestas, pero he procurado evitar su lado del campus.

Uf, odio llamarlo así, «su lado del campus». Me parece una gilipollez. Nunca le he hecho nada al tonto del culo, pero, por lo visto, con solo respirar ya le toco los cojones.

Al llegar a Lyons, los tres nos quedamos de pie frente la puerta.

—Venga, vamos. —Frankie le chasquea los dedos a Zeb.

Él le da una larga calada a su vapeador y, acto seguido, le suelta una enorme nube de humo con aroma a algodón de azúcar en la cara.

—Tranqui, mamá, todavía tenemos unos minutos.

Al oírlo, le dirige una mirada fulminante, pero acaba cediendo y sacando su propio vapeador.

—Bueno, vale.

No puedo evitar soltar una risita. Saco el móvil del bolsillo y me limito a permanecer al lado de ambos mientras llenan el aire de nubes de vapor.

—¿A dónde vas tú ahora? —me pregunta Zab entre una calada y otra.

—Tengo clase de fotografía —respondo, ojeando Instagram—. Después de eso, iré a fumar hasta que se me olvide que casi suspendo el parcial de Biología.

Zeb se ríe ante mi comentario.

—Ni me lo recuerdes. Menos mal que ya se ha acabado el primer año y nos hemos quitado la mayoría de las asignaturas troncales más chungas.

—Hablad por vosotros —resopla Frankie—. El plan de estudios de Trabajo Social es una locura. Me estoy arrepintiendo de haber escogido esta carrera.

Las voces van desvaneciéndose cuando centro toda la atención en la pantalla del móvil.

Me ha salido justo ahora una foto de Kyran en la página principal.

La ha publicado Lexi Erikson, que es animadora y la clásica rubia explosiva; vamos, su tipo.

La foto parece sacada en una fiesta: Kyran le rodea el hombro a Lexi con el brazo y ella está acurrucada en su pecho, poniéndole morritos, como si le tirara un beso.

En el pie de foto ha escrito lo siguiente:

Me encanta pasar el rato con el quarterback más sexy de toda la historia de los Eagles! No veo la hora de que lleguen los entrenamientos intensivos de verano! #BostonCollegeEagles #FútbolAmericano #VamosEagles #AnimadorasBostonCollege #numero9

Se me escapa una risita y pongo los ojos en blanco. Era de esperar que Kyran se arrimara a otra animadora, igual que en el instituto. Es su modus operandi. Y, encima, el tío ya se ha convertido en toda una estrella del fútbol americano. Anda que le ha faltado tiempo.

«El hermanastro popular y supertalentoso. ¿Por qué no me sorprende?».

—Eh, ¡mirad esto! —Al oír la voz de Frankie levanto la vista de la foto que me ha revuelto las tripas. Cuando me fijo en ella, está señalando un cartel que hay colgado en uno de los tablones de anuncios de trabajo—. Están buscando a alguien para que sea la mascota del equipo de fútbol.

Arranca la hoja y Zeb se asoma por encima de su hombro para echarle un vistazo.

—¡Madre mía! —exclama entre carcajadas—. Baldwin el Águila. Es buenísimo. —Se gira hacia mí—. Tienes que presentarte.

Me quedo contemplándolo un buen rato en silencio, completamente desconcertado, hasta que se me escapa una risa estridente.

—Ya, claro… Muy gracioso.

—No, en serio. —Zeb junta las manos con entusiasmo—. Estarías muy mono. Avi el Águila.

Niego con la cabeza.

—Estás como una cabra.

—Pues yo creo que tiene razón —interviene Frankie, muy animada, lo que me da aún más miedo—. ¡Así podrías venirte a los partidos con nosotros!

—Vale, estoy empezando a pensar que no lo decís de broma… y me estoy preocupando.

Los observo a los dos, perplejo.

—Es que no es broma —responde Zeb con una sonrisa pícara.

—Lo mío tampoco —añade Frankie, que se acerca a mí y me planta el papel en la cara—. Estoy segura de que sería la leche. Y prácticamente formarías parte del equipo.

—Pero es que no quiero formar parte del equipo —gruño, mirándola como si se hubiera vuelto loca.

Mi amiga inclina la cabeza hacia un lado.

—¿Por qué…? ¿Por Kyran?

—No —bufo y luego me muerdo el labio un segundo—. No es solo por él. Simplemente no me apetece pasarme las noches de los viernes pavoneándome por ahí vestido de águila. Tíos, creía que no hacía falta que os lo explicara, pero se ve que no me conocéis tan bien como yo pensaba.

Ambos se echan a reír.

—¡Venga ya, Avi! —dice Zeb con un suspiro—. Deberías plantearte hacer algo más que vaguear en clase y fumar hierba.

—Eh, ahí te has pasado. —Frunzo el ceño—.

También me gusta beber. —Zeb sacude la cabeza al oírme—.

Y dibujar. Eso es lo que hago en mi tiempo libre, y me basta y me sobra.

—Ambos intercambian una mirada y pongo los ojos en blanco—.

Vale, y no quiero darle a Kyran otra excusa para buscar pelea. Ya me odia bastante…

Frankie me frota el brazo.

—No dejes que el malvado de tu hermanastro se interponga en tu felicidad, Av.