Por favor, ¡cásate conmigo! Capítulo 30
75%

Capítulo 30

Decir que habían sido los peores días de mi vida era quedarme corta…

Habían pasado diez días desde que todo me explotó en la cara y, desde entonces, me había dedicado a buscar una verdad que no conseguía encontrar. Incluso pedí ayuda a una asesoría, donde no tardaron en averiguar que las sociedades, la empresa y el ático figuraban a nombre de sus padres.

Me había vuelto loca intentando encontrarle alguna lógica a todo, pero estaba claro que no la había.

La historia que me había contado Ernesto parecía estar construida sobre verdades a medias para conseguir algún beneficio personal.

No encontraba otra explicación, pero ¿qué pintaba yo en todo aquello? Eso era lo que más me volaba la cabeza.

También había hablado con mis compañeros del departamento y ninguno encontraba sentido a la vuelta de Lola ni a la forma en que yo había salido de la empresa. El desconcierto entre ellos era general y tampoco entendían nada después de enterarse de que Ernesto se había marchado a vivir a Alemania.

Si lo de Carlos me había hecho un daño tremendo, aquello no tenía ni punto de comparación. Me había dejado convertida en un alma en pena, deambulando como una muerta en vida y, para rematarlo, ya ni siquiera tenía mi puesto de trabajo.

Mis padres no sabían qué hacer para ayudarme a salir de aquel pozo sin fondo y también se habían llevado un palo tan grande que no encontraban la forma de digerirlo. Por no hablar de mis abuelos…

El caso era que me encontraba sin rumbo, sin alicientes y casi sin fuerzas para seguir adelante.

Obviamente, la vida tenía que continuar y quería creer que algún día volvería a salir el sol para mí, aunque esperaba que no lo hiciera en forma de hombre.

En ese aspecto había tirado la toalla. No quería más decepciones masculinas.

A Ernesto lo amaba hasta decir basta, pero tenía que conseguir arrancarme aquel sentimiento del corazón por mucho que doliera. No se había portado bien conmigo y había jugado con mis sentimientos de una manera que me parecía inhumana.

También había tenido que bloquear a Lola porque no paraba de enviarme fotos suyas en la oficina y otras con mi ex. Estaba loca. Se reía de mí y me decía auténticas barbaridades. Era la crueldad personificada.

Estaba tomando café cuando recibí una videollamada de Lorena. Hablaba conmigo todos los días y no dejaba de insistir en que fuera una temporada a su casa para estar juntas, pero yo no tenía cuerpo ni ganas para nada.

—Buenos días, cariño —la saludé con tristeza.

—Buenos días, alma en pena. —Estaba en el despacho del trabajo—. Tengo noticias frescas para ti y, como me des un no por respuesta, te juro que cojo un vuelo, voy hasta allí, te agarro por el pescuezo y te dejo sin aire.

—Lo mismo hasta me haces un favor. Cuéntame.

—El favor te lo voy a hacer, pero de otra manera. Atenta a lo que voy a decirte.

—Dime —suspiré.

—Mi empresa está dispuesta a hacerte un contrato de seis meses para que trabajes conmigo. Así que ve preparando las maletas porque te vienes a Italia.

—¿Estás loca? ¿Qué pinto yo allí?

—Lo mismo que yo: nada. Pero este lugar es perfecto para que empieces a recuperarte, vuelvas a tener algo que hacer y, además, tengas tus propios ingresos.

—No hablo italiano.

—¿Y te piensas que yo llegué aquí dominando el idioma? Te recuerdo que es una empresa internacional y no necesitas hablar italiano para hacer tu trabajo en las oficinas. Y no me digas que no porque te juro que dejo de hablarte.

—Lorena…

—Ni Lorena ni pollas. Tengo que darles una respuesta hoy porque necesitan cubrir la plaza el lunes.

—¡Es viernes!

—Pues por eso. ¿Qué pierdes por venirte seis meses? Además, después podrían reubicarte en Cádiz, en el mismo sitio donde yo trabajaba. ¿Qué vas a hacer si no? ¿Quedarte de brazos cruzados gastando tus ahorros hasta que no te quede más remedio que pedir ayuda a tu familia?

—Me estoy estresando.

—Como si ya no lo estuvieras —resopló—. Tienes mi apartamento, compartimos los gastos y, encima, estamos acompañadas.

—No sé yo…

—¿Qué no sabes? ¿En serio me estás diciendo que tienes delante una oportunidad como esta para salir de ese pozo y no sabes si aceptarla?

—Tendría que hablar con mi familia…

—Ya he hablado yo con tu madre hace cinco minutos y me lo ha agradecido. Así que tienes su beneplácito.

—Madre mía…

—Sí, esa misma. La que te apoya y quiere verte resurgir como el ave fénix.

—No sé si estoy preparada o si voy a ser un estorbo.

—Tienes un vuelo el domingo a las ocho de la mañana, así que cógelo y ponte manos a la obra para preparar dos buenas maletas. Pásame tu DNI, que necesito entregarlo en la empresa para que puedan prepararte el contrato.

—Lorena…

—¡Que te pongas manos a la obra!

—¿En serio me ves capacitada para incorporarme en estos momentos? —pregunté con rabia.

—Sí. Ahora más que nunca, así que espabila. ¿Entendido?

—No, no he entendido una mierda, pero peor de lo que estoy no voy a estar, así que gracias. Ahora te mando el DNI y compro el vuelo. Ya no tengo nada que perder.

—Te quiero muchísimo. Te prometo que vas a salir de esta.

—Yo también te quiero, amiga. Gracias por ayudarme.

Colgué la llamada todavía en shock , si es que podía estarlo más de lo que ya estaba.

Le mandé una foto del documento y entré directamente a comprar el billete de avión, al que añadí dos maletas grandes.

Para seis meses iba a necesitar bastantes cosas y, además, me pillaría el invierno de por medio.

Llamé a mi madre y, como ya estaba al tanto de todo, se alegró muchísimo de que Lorena hubiera conseguido convencerme. Me aseguró que irían varias veces a verme y que aquello podía ser lo mejor que me pasara en esos momentos: poner tierra de por medio.

Lloré de nervios, impotencia, dolor y agradecimiento. Tenía tantos sentimientos encontrados que no sabía qué hacer con ellos, pero intentaba repetirme que merecía una oportunidad y que no había hecho nada para recibir un palo detrás de otro.

¿Cómo podía vivir Ernesto feliz y con la conciencia tranquila después de lo que me había hecho?

No lo sabía, pero yo necesitaba recuperar mi vida y aquella podía ser una oportunidad para empezar a hacerlo.

Saqué las maletas del armario, las abrí encima de la cama de la otra habitación y comencé a meter poco a poco todo lo que necesitaría. Lloraba mientras guardaba la ropa y, además de las dos grandes, preparé una maleta de mano en la que llevaría el maquillaje, la ropa interior y los pijamas.

Seguía sin comprender por qué Ernesto había montado toda aquella película ni cómo sus padres habían permitido que me pagaran semejante cantidad al abandonar la empresa.

Imaginaba que lo habrían hecho para quitarme de en medio a pesar de no conocerme, pero incluso aquella explicación me parecía absurda.

Le daba demasiadas vueltas a un asunto al que no conseguía encontrarle ningún sentido. Todo resultaba demasiado maquiavélico y desmesurado. Recordaba los años que había trabajado codo con codo con Ernesto y todavía lo entendía menos.

Y, cómo no, también recordaba aquel viaje en el que sentí que habíamos vibrado al unísono y que nos comíamos el mundo. Había sido de lo más ilusa.

Dicen que todo el mundo sobrevive a una decepción amorosa, pero ¿a dos?

Lo que más rabia me daba era haber permanecido ajena a algo que él había construido a base de mentiras y que, según me había contado Marta, no tenía ningún sentido. Al parecer, Ernesto siempre había mantenido una buena relación con sus padres y jamás había existido ningún problema entre ellos.

Imaginaba que esa era la razón por la que nunca había querido presentármelos, aunque, después de todo lo que me había contado sobre ellos, ya no sabía qué creer.

Y, de repente, me tocaba coger un avión y poner tierra de por medio con aquella cueva en la que se había convertido mi casa.

Dudaba que todo fuera a resultar fácil porque el dolor viajaría conmigo hasta el fin del mundo, pero al menos conservaba la esperanza de que aquellos nuevos aires me permitieran respirar un poco mejor.

Me merecía una vida sencilla, sin tanto dolor. No pedía nada desmesurado, solo trabajar, recuperar poco a poco mi vida y dejar de vivir entre lágrimas y con la sensación de no valer una mierda.