Pontia Taylor (Hermanas Taylor 4) Capítulo 23
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Capítulo 23

Tres semanas después.

—Si firmas aquí, la reserva quedará hecha. —Lily desplaza una hoja sobre la mesa, donde Pontia está sentada al otro lado, nerviosa y contenta al mismo tiempo.

Acepta el bolígrafo, que incluye un pequeño roce de dedos que hace que Lily se ponga rígida y después sonría algo turbada, y Pontia estampa su rúbrica donde le toca, soltando un bufido de alivio.

Aunque había una casa que le gustó mucho, ayer Lily la llamó a media mañana —saltándose sus reglas— para explicarle que le había entrado una vivienda que cumplía con todas las exigencias de los Taylor.

—Si quieres verla antes de que la suba a la web, puedo hacer una excepción y preparar una visita esta tarde.

A Pontia el corazón le latía muy deprisa.

—¿Te estás saltando tus normas por mí? —preguntó melosa.

Lily, que estaba en la oficina con los ojos clavados en la pantalla del ordenador, asintió para sí misma.

—Es una oportunidad que no deberías desaprovechar, y si la subo, no creo que dure mucho a la venta. —Se ajustó las gafas y suspiró.

—Gracias por pensar en mí, Lily.

La agente estuvo a punto de decirle que pensar en ella era algo que hacía de forma constante desde que la conoció, pero estaba trabajando y una cosa era hacer una excepción con Pontia y otra ponerse tierna.

—Tengo libre después de las seis, antes tengo que llevar a Kitty a su revisión mensual.

—¿Quieres que te acompañe y después nos vamos juntas? —propuso la chica Taylor.

A Lily se le cayó el bolígrafo que sujetaba con la mano.

—¿No te importa acompañarme a una visita de rutina con Kitty? —preguntó sorprendida.

—Claro que no, es una gata encantadora.

Lily se infló de regocijo.

—De acuerdo, te recojo a las cuatro y media en la puerta del hotel Mallois de Katherine Taylor.

—Gracias, Lily, estoy deseando verte.

Lily esbozó una amplia sonrisa. Desde que volvieron de Ítaca se estaban viendo casi todos los días.

Pontia se suele pasar por su casa cuando Lily sale de la oficina y, aunque la mayoría de los días se quedan ahí y cenan juntas, ha habido dos en los que han salido.

El primero fue hace diez días, cuando fueron a dar un paseo porque a Pontia se le había antojado un helado y Lily no había hecho la compra semanal todavía.

Pasearon por las calles cogidas de la mano y, aunque al principio se sentía rara, rápidamente se relajó y acabaron sentadas en un banco mientras comían helado.

La segunda fue ayer. Pontia había quedado con su hermana Katherine para cenar en el Magnolis junto a Jodie, y cuando le propuso que la acompañara, Lily aceptó de inmediato porque sabe lo importante que es la familia para Pontia y porque Katherine Taylor es su mejor amiga, y según sus notas, a las amigas hay que cuidarlas.

Pero lo que más le ha gustado a Lily de todos estos días es que Pontia le ha contado su historia.

La agente al fin ha logrado encajar la pieza de un puzle que para ella estaba incompleto cuando apareció la nueva Taylor.

Ahora sabe de dónde viene Pontia, y como se siente tan cómoda hablando con ella, Lily también le ha comenzado a hablar de su infancia.

De que su padre era militar y cambiaba de destino constantemente, por lo que a ella siempre le costó mucho hacer amigas hasta que llegó a un punto en el que ya no lo intentaba porque lo único que hacían las chicas de su edad era meterse con ella, decirle que era rara y burlarse porque era tartamuda.

—Espero que el karma las castigue algún día —espetó Pontia con rabia.

—Sarah Miles se divorció el año pasado —dijo Lily de repente—.

Su marido la dejó por su secretaria y como ella no ha trabajado nunca y no puede mantenerse sola, ha tenido que volver a casa de sus padres.

Mary Flinch es camarera en un bar nocturno después de que la empresa de construcción de su marido quebrara, y Samantha Miler vive sola en un parque de caravanas.

Lily habló de varias mujeres más, y lo que más sorprendió a Pontia no era que todas ellas parecían amargadas, sino la larga lista de desalmadas que hizo que Lily tuviera una infancia y una adolescencia de mierda.

—¿Y ahora qué? —pregunta Pontia volviendo al presente.

La casa resultó ser una maravilla, pequeña como ella quería, y en lugar de tener un sótano que utilizar como consulta, disponía de un anexo pegado a la vivienda con una puerta independiente, un salón de juegos con un baño que el antiguo dueño había construido para pasar tiempo con sus amigos sin molestar a su mujer, y que era perfecto para lo que ella necesitaba.

—Tiene mucha luz natural —señaló mientras Pontia imaginaba dónde pondría la mesa—. Y hay vecinos cerca, pero no lo suficiente como para molestar. Hicieron la cocina y los baños nuevos el año pasado y la chimenea calienta de sobra la planta baja; en la alta hay calefacción.

Pontia había visto todo eso, pero le fascinaba escuchar a Lily explicarlo.

—Me la quedo.

Lily sonrió.

—Warren Taylor estará muy contento. —Aplaudió satisfecha porque a ella le gusta darle a sus clientes lo que pidan.

—Por supuesto que sí, eres una agente magnífica, Lily.

La agente también regresa de todos esos recuerdos y apaga el ordenador.

—Ahora organizaré la firma de la compraventa. Intentaré que sea pronto, y a partir de ahí te entregarán las llaves y oficialmente podrás mudarte del hotel de Katherine Taylor.

—Intenta acostumbrarte a llamarla Kate; si es tu mejor amiga, lo mejor es que parezca que hay confianza —aconseja Pontia, que poco a poco le va diciendo cosas para ayudarla a integrarse en un mundo que para Lily es tan desconocido como inquietante.

Lily toma nota en su libreta, después la cierra y la guarda en el bolso.

—Oye, Lily, ¿te importa sentarte aquí conmigo un segundo? —pregunta, señalando la silla que tiene al lado.

Lily necesita unos segundos para estudiar esa petición, porque esa silla es para los clientes y ella no es una cliente en su propia oficina, lo cual le resulta un conflicto.

—Es para que hablemos sobre otra cosa, no tiene nada que ver con la casa. Una conversación de amigas —aclara, porque cada vez conoce mejor a esta mujer y sus conocimientos como terapeuta son una ventaja porque la mayoría de las veces puede adelantarse a las necesidades de Lily.

—Está bien —acepta, y rodea la mesa, sentándose a su lado.

—Voy a ser dueña de mi casa en Nueva York, es como el inicio de una etapa nueva, lo cual es muy importante para mí, y quiero celebrar ese nuevo inicio contigo, cenando en un sitio tranquilo que te prometo que te va a gustar.

Y no quiero celebrarlo contigo como mi amiga especial, Lily, quiero que sea contigo como mi novia.

A Lily se le mueven los párpados como si el cerebro le hubiera cortocircuitado. Se mueve nerviosa y sus manos se abren y se cierran varias veces sin que sea capaz de contar. De repente se levanta y Pontia se limita a observarla, viendo cómo abre su bolso, coge su libreta y vuelve junto a ella.

La agente inmobiliaria comienza a pasar páginas y su ceño se va frunciendo conforme avanza.

—No tengo nada anotado sobre este paso, no sé cuál es el protocolo —explica nerviosa y enfadada por no haber seguido con sus investigaciones estas últimas semanas, pero es que desde que se empezaron a acostar, Lily ya no puede pensar en nada que no sea pasar tiempo con Pontia Taylor.

La terapeuta se inclina un poco hacia delante y le coge ambas manos con cariño mientras la mira con una sonrisa tierna.

—No hay pasos ni protocolos, Lily, lo único que tienes que hacer es decirme que sí y este se convertirá en el día en el que tú y yo empezamos a salir oficialmente. Eso sí que puedes anotarlo en tu agenda para recordarlo, porque si me dices que sí, lo celebraremos cada año.

—¿Como el cumpleaños de Kitty?

Pontia sonríe.

—Como tú quieras.

Lily se ajusta las gafas, concentrada.

—Si necesitas tiempo para pensarlo, lo entiendo.

—No lo necesito, sí que quiero. Deja que tome nota.

Lily coge esta vez su agenda en lugar de la libreta, y elige un bolígrafo de color rojo para anotar que ese día es el primero en el que empieza a ser la novia de Pontia.

—¿Dónde vamos a cenar?

—En la terraza privada del Mallois, lo he organizado para que nos suban la cena, estaremos tú y yo solas disfrutando de las vistas de la ciudad. Después, si quieres, podemos ir a tu casa para que Kitty no se sienta sola…

—Y te quedas a dormir —asiente Lily mientras Pontia le sonríe—. Creo que es un buen plan para celebrar la compra de tu casa y que seremos novias.

—Somos —corrige Pontia, y Lily sonríe contra su boca cuando la chica Taylor se acerca para besarla.