Capítulo 22
—Mierda, es que es una psicópata.
Katherine Taylor se mueve hacia una esquina de la cocina con los ojos muy abiertos mientras Kitty la mira desde la encimera y suelta un bufido que ella siente como el de un tigre de bengala.
—Esa puta gata nos va a matar —se lamenta Annie, que intenta esconderse tras el cuerpo de la empresaria—. Nos encontrarán abiertas por la mitad en el suelo de la cocina.
Katherine niega con la cabeza, suspirando agitada.
—Todo esto es culpa de Jodie —escupe, molesta—. ¿Quién en su sano juicio acepta cuidar a este monstruo?
Annie chasquea la lengua.
—¿No será que tiene hambre?
—Ha comido dos latas de salmón que según Lily es de sus favoritas —Katherine señala dos cuencos en la otra esquina de la cocina—. Además tiene pienso y agua repartidos por casa.
La banquera examina el entorno temerosa de que la gata le salte encima.
—Mejor vamos fuera, la dejamos aquí tranquila —empieza a moverse lentamente hacia la puerta—. Vamos al salón y esperamos a tu hermana allí, no deben tardar en llegar.
Katherine acepta y acelera el paso junto a Annie como si fueran dos adolescentes huyendo de una bestia en medio del bosque.
—Espero que a tu mujer no se le antoje tener un gato de esos. —Annie se deja caer en el sofá, agotada por el momento de estrés.
—Aquí no entra ningún animal —contesta Katherine mientras niega—. No pienso dormir con un ojo abierto por miedo a que me ataque.
Annie suelta una risa floja con un toque de maldad.
—Igual que te negaste a convertirte en madre cuando Jodie lo mencionó.
Katherine Taylor la mira con esos ojos helados que Annie alguna vez tuvo sobre ella, y siente un escalofrío por el cuerpo que la hace estremecerse.
Kate siempre será esa amante especial con la que compartió no solo un sexo increíble, sino también buenos momentos.
No se queja, ahora sigue disfrutando de tenerla a su lado y los polvos los echa con su adorada Parker.
—Solo estoy deseando que tu chica te pida algo —susurra Katherine con malicia—, te aseguro que puedo darle muchas ideas.
Annie se tensa al oírla.
—Ni se te ocurra. —La señala, pero de inmediato su expresión se suaviza—. ¿Estás feliz con la decisión que habéis tomado?
La dueña de los hoteles no tiene que pensarlo —ya lo hizo durante semanas— y no queda ninguna duda en ella.
—Lo estoy —confirma—. No sabía que pensar en ser madre iba a convertirse en algo parecido a un sueño. Cuando por fin acepté que era lo que quería junto a Jodie, no pienso en nada más que eso, Annie. Ver a mi hija crecer, enseñarle valores, el mundo, verla enamorarse…
De repente la voz de Katherine pierde el filo habitual e incluso parece romperse. Annie estira el brazo y le coge la mano con cariño.
—Me aterra equivocarme o incluso no estar para ver todas esas cosas.
—Sé que te asusta que tu historia se repita —la consuela Annie—, Christie se fue demasiado pronto, pero eso no os tiene que pasar a vosotras.
—Lo sé —Katherine intenta recomponerse—, supongo que es lo que arrastramos cuando perdemos a una madre tan pronto.
El silencio hace que el momento se disipe y la empresaria lo agradece. No le gusta mostrarse vulnerable aunque esté al lado de su mejor amiga.
—Oye, ¿vais a querer que Parker os haga los muebles del bebé? —Annie cambia de conversación—. Lo pregunto porque al final la noche de la cena Jodie no dijo nada más, pero mi chica ya ha empezado a hacer planos como si le hubierais encargado un nuevo proyecto.
Katherine sonríe complacida.
—Jodie quiere algo muy específico; supongo que cuando lo tenga más claro y tomemos una decisión, iremos a hablar con Parker.
—Sabes que estará encantada de hacerlo.
El timbre suena y casi al mismo tiempo ambas mujeres suspiran. Saben que se trata de Lily y Pontia porque hace una hora le habían avisado a Katherine de que ya habían aterrizado en Nueva York.
La dueña de los hoteles se pone de pie y camina hacia la entrada. En cuanto abre la puerta, ver la estampa de su hermana pegada a los labios de la remilgada agente inmobiliaria la hace levantar las cejas.
—La puerta de mi casa no es un hotel —escupe con voz helada.
Lily da un salto hacia atrás con el cuello completamente rojo de la vergüenza mientras Pontia niega con la cabeza.
—Hola, Kate. —Le da un beso en la mejilla y, aunque no lo demuestra, la empresaria se ablanda por dentro.
—Buenas tardes, Katherine Taylor. —Lily abre las manos y las cierra tres veces—. Lamento que hayas presenciado el intercambio de saliva entre Pontia y yo.
La rubia mayor no contesta porque ¿qué se dice a un comentario así? Se hace a un lado y las deja pasar.
Llegan al salón e intercambian saludos con Annie, que se pone de pie para recibirlas. Katherine mira a su mejor amiga con los ojos entrecerrados cuando se da cuenta de cómo se pierde en la cara de su hermana.
—¿Necesitas un pañuelo? —pregunta mordaz, haciendo que la banquera se tense.
Lily abre su bolso de inmediato y le ofrece un paquete a Annie.
—Son nuevos, sin abrir. —Se lo entrega evitando tocarla—. Quédatelos, no es higiénico compartirlos.
Katherine se muerde los labios para evitar reírse ante la expresión atónita de Annie. La pareja de Parker conoce a Lily, pero le pasa como al resto de los mortales: nunca deja de sorprenderla.
—¿Dónde está Kitty? —pregunta Pontia mirando de un lado a otro.
Katherine señala la zona de la cocina.
—Está allí.
—Se ha puesto un poco nerviosa —aporta Annie sin moverse de su sitio.
Lily asiente y camina para encontrarse con su gata.
En cuanto entra en la cocina, la ve sobre la encimera lavándose el pelaje con tranquilidad.
Cuando sus ojos detectan a su dueña, la gata se queda quieta y luego bufa dos veces, enfadada por el abandono, pero la agente se acerca para ponerle la mano en la cabeza y el animal se deja acariciar con gusto.
—Mamá ha vuelto —le anuncia Lily como si no fuera obvio—. Espero que te hayas portado bien para que te acepten en esta casa.
Como si la gata entendiera, levanta la mirada y observa a Katherine. Hay una amenaza silenciosa en sus ojos y a la empresaria se le eriza la piel de todo el cuerpo, confirmando que, en efecto, esa gata está maldita.
—Hola, Kitty —la saluda Pontia, y la gata ronronea melosa al escuchar a su humana favorita después de su dueña.
Annie, que se ha acercado hace un segundo, entrecierra la mirada al ver la escena. Kitty parece un felino entrañable, nada que ver con el animal diabólico que les bufaba hace una hora.
—Muchas gracias por cuidarla. —Lily hace una pequeña inclinación de cabeza ante Katherine—. Espero que no os haya dado mucho trabajo a Jodie Sinclair y a ti.
La verdad es que Kitty, por muy extraña que sea, se ha portado bastante bien. Ha comido sus latitas por la mañana, ha dormido durante casi todo el día y ha hecho sus necesidades en la caja de arena.
—Ha sido buena —dice al fin, y ni ella misma entiende qué le lleva a decir—: puedes dejarla aquí con nosotras cuando volváis a ir de viaje.
Pontia se gira hacia su hermana y Kate le guiña el ojo. Sí que sabe por qué lo dice, y es porque la nueva Taylor merece tener a la familia que durante tanto tiempo no tuvo, y este tipo de cosas es lo que ellos hacen.