Capítulo 19
P ontia le dijo a Lily la primera vez que fue a su inmobiliaria que no tenía claro el tipo de casa que le gustaba, pero, salvo quitando esos muros impresionantes que rodean la de su hermana Katherine, la suya le encanta y tiene cierto parecido a la que Lily le ha mostrado esta mañana, solo que donde la que ella ha visto tiene un sótano que podría utilizar como zona de trabajo, su hermana tiene una zona acondicionada para pasar ratos tranquilos o en familia.
Ahí es donde esta noche va a cenar toda la familia, incluyendo a Annie y Parker, porque la pareja los citó a todos hace un par de días.
—¿Cómo va con Lily? ¿Te atiende bien? —pregunta Warren Taylor, sentado en uno de los sofás mientras Jodie y Katherine —que no han permitido que nadie las ayude— siguen poniendo cosas en la mesa.
Pontia está sentada junto a su padre y al lado de Indira, y por un momento se tensa por completo al escucharlo porque, aunque la agente la tiene con esa angustiosa espera, en opinión de Pontia, Lily la ha tratado mejor que bien.
—Es muy atenta y se implica mucho. Estoy contenta.
—Me alegro. ¿Y no has visto nada que te guste todavía? Al final me moriré y no te habrás decidido —murmura Warren, arrancándose un hilo suelto de la camisa.
—No digas eso, y creo que sí, la casa que he visto hoy me ha gustado mucho. Lily me ha dado una semana para decidirme, quizá le pida que me la muestre otra vez. Me podrías acompañar para darme tu opinión.
—Por supuesto, pero que no sea en el horario del golf.
—Jamás se me ocurriría.
—Ya está todo listo, a la mesa —anuncia Katherine, y se queda de pie, cruzada de brazos mientras espera a que todo el mundo se levante.
Pontia ayuda a Warren y poco a poco todos van ocupando la mesa, con su padre en una de las cabeceras como siempre y el resto repartidas a ambos lados.
—No sé si algún día me acostumbraré a estar rodeado de tanta mujer —murmura el hombre.
—Podría haber sido peor, faltan Rachel, Ashley y Dakota —suelta Katherine.
Él niega con la cabeza y la cena comienza mientras todas las voces se mezclan en la mesa. Annie habla con Caroline e Indira sobre negocios. Pontia conversa con su padre mientras Jodie somete a Parker a un tercer grado sobre sus trabajos con la madera.
—¿Puedes hacer cualquier tipo de diseño? —pregunta la cocinera.
—Tendrías que decirme exactamente lo que quieres, pero supongo que sí, solo necesito saber las medidas exactas, el tipo de material y el acabado.
Jodie está a punto de contestar, pero Katherine le pone una mano en la pierna y la detiene, arqueando una ceja cuando la mira.
—Quizá es mejor anunciarlo primero, ¿no crees? —susurra, y Jodie sonríe y, sin pensarlo, coge su copa y la golpea con el tenedor.
—Por favor, prestad atención un momento, Katherine quiere deciros algo —anuncia, y a la rubia se le tensa la mandíbula.
—¿Por qué yo?
Jodie se echa a reír, pero los demás las miran expectantes, aunque algunas de las presentes se huelen lo que viene.
—Porque es tu familia —responde Jodie, desconcertada.
—Creía que también era la tuya.
—Dios mío. —Jodie pone los ojos en blanco—. No voy a discutir esto contigo.
La cocinera se levanta y carraspea para aclararse la voz.
Katherine suspira aliviada porque piensa que se ha librado, pero entonces su mujer le tiende la mano y la mira esperando a que se ponga de pie.
A regañadientes, la dueña de los hoteles se levanta y entrelaza sus dedos con Jodie, y de pronto se siente relajada.
—Hemos decidido ser madres —anuncia Jodie.
Durante una fracción de segundo la mesa se queda en silencio, pero enseguida estallan los aplausos, llegan las felicitaciones y los abrazos, y Katherine se da cuenta de que no ha sido tan difícil como se pensaba.
—Espero que os deis prisa, no quiero morirme sin conocer a mi nieto —dice Warren, y la mirada congelada de su hija se clava sobre él.
—No hables de la muerte ahora, y será una niña —afirma, convencida.
—Imposible, el universo no puede hacerme esto, tiene que darme a un chico que no me diga lo que tengo que hacer a todas horas.
La mesa entera se ríe y Jodie saca los postres con la ayuda de Indira mientras Caroline y Pontia llenan copas de cava para celebrarlo. Annie es la primera en ponerse de pie para hacer un brindis.
—Salud por el nacimiento del nuevo angelito y la muerte de vuestras vidas —bromea, mirando a Katherine fijamente.
Las risas invaden la mesa, pero a Annie se le borran de golpe cuando escucha a Parker.
—¿Estás diciendo que tú y yo nunca seremos madres? —pregunta, girándose hacia su chica.
Annie se sienta de pronto, sintiéndose un poco mareada.
—¿Quieres ser madre? —dice, tan asustada como lo estuvo su mejor amiga en su momento.
—Ahora no, pero a lo mejor el año que viene sí.
—Aaah —murmura Annie, arrancando nuevas risas en los demás.
El resto de la velada transcurre de forma relajada mientras hablan un poco de todo, pero la conversación principal es la de Jodie con Parker, que ya está describiendo cómo tiene que ser la cuna que quieren para el bebé.
—Por cierto, Kate —dice Pontia, aprovechando que su hermana parece muy tranquila—. Es posible que Lily te pida que le cuides a la gata el fin de semana.
—¿Perdona?
La mesa se queda en silencio de nuevo porque, en mayor o menor medida, todos los presentes saben que la gata de Lily es un poco agresiva.
—Va a venir conmigo a Ítaca y necesita que alguien se quede con Kitty.
—Pues no seré yo la que cuide a esa gata psicópata —espeta la dueña del Mallois.
Pontia sonríe con maldad.
—¿Por qué no? Me ha dicho que sois amigas, y ya sabes que Lily se toma ese concepto muy en serio.
Katherine resopla y Annie no puede contener la risa.
—Yo me tomo en serio mi seguridad, no pienso meter a ese animal en mi casa para que me saque los ojos y me lo llene todo de pelos.
—Venga —insiste Pontia—, no puedes hacer eso, si no te la quedas, se negará a venir de viaje porque no se fía de nadie más.
—He dicho que…
—Nos la quedamos, dile que no hay problema —asegura Jodie, cortando a su mujer.
—¿Eso es un antojo de embarazada? —protesta la rubia, irritada.
—Para tener antojos primero debo estar embarazada.
Pontia se levanta y se coloca detrás de ambas, pasándoles un brazo sobre los hombros a cada una.
—Gracias, sois un encanto.
—Me vas a deber una muy gorda después de esto —sisea Katherine.
—Hija —dice Warren, mirando a Pontia—. ¿Por qué se va a ir Lily contigo a Ítaca? —pregunta, desconcertado.
Pontia sonríe y coge su silla para sentarse al lado de su padre.