Pontia Taylor (Hermanas Taylor 4) Capítulo 17
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Capítulo 17

—Buenos días, soy Lily Porter, vengo a ver a la señora Katherine Taylor.

Uno de los dos chicos que hay en la recepción del Hotel Mallois esa mañana levanta la mirada hacia la mujer, que lo mira fijamente con las manos entrelazadas sobre el mostrador.

—Buenos días, señora Porter —saluda amable, y Lily sonríe complacida por su educación—. Si es tan amable, sígame, la señora Taylor la espera en su despacho.

Lily asiente, se sube las gafas con el dedo y espera a que el chico salga de detrás del mostrador para guiarla.

Mientras camina, Lily no piensa en lo que va a decir, para eso ya tiene su libreta con unas cuantas preguntas apuntadas, ella piensa en que en este hotel está alojada Pontia y que podría cruzarse con ella igual que la otra vez.

De repente, siente un burbujeo por el pecho que le comprime los pulmones ante la idea de cruzarse con la chica Taylor.

—¿La señorita Pontia Taylor está en el edificio? —pregunta, haciéndose la distraída.

—Pues no la he visto salir, así que imagino que sí.

—¿Podemos ir más deprisa? —se estresa Lily.

Él la mira extrañado, pero no le queda más remedio que obedecer porque la agente inmobiliaria ha acelerado el paso y él debe mantenerse a su lado.

—Es aquí —el recepcionista casi jadea antes de llamar a la puerta y anunciar a Lily ante su jefa.

—Gracias, eres un joven muy amable —dice Lily para despedirse de él.

El chico le sonríe, hace una especie de reverencia con la cabeza y cierra la puerta.

—Hola, Lily. Pasa y siéntate —la invita la dueña del hotel.

—Buenos días, Katherine Taylor.

La mujer se sienta con la espalda recta, las piernas juntas y el bolso sobre la falda.

—Tú dirás, Lily. ¿Qué necesitas? —pregunta Katherine, y Lily ladea la cabeza para observarla, porque la última vez que la vio, la hermana de Pontia estaba rígida y sus facciones parecían congeladas.

En cambio hoy, parece distinta, como si estuviera completamente relajada y nada pudiera perturbar su paz.

—¿Has follado con Jodie Sinclair?

A Katherine se le escurre entre los dedos el bolígrafo que sujetaba.

—¿Perdón?

—Pontia dice que es mejor usar la palabra follar que practicar el coito —empieza Lily, mientras Katherine la mira sin salir de su asombro—.

Cuando yo follé con ella, después me sentía muy relajada, como si...

—Lily busca en su cabeza—, como si mi cuerpo flotara.

Tenía ganas de reír y estaba muy contenta, y cuando me miré en el espejo tenía la expresión tranquila, igual que tú ahora.

La rubia carraspea, pero no sabe qué decir porque Lily la ha dejado muda.

—¿Estás relajada?

—Eh, sí, Lily, lo estoy —dice al fin, pensando en que va a tener que cobrarle a Pontia por soportar las preguntas impertinentes de su chica.

—Estupendo.

La mujer abre su bolso, saca la libreta y pasa varias páginas hasta encontrar la que busca. Después se ajusta las gafas y por último levanta la mirada hacia Katherine.

—Tengo algunas dudas que necesito resolver contigo.

—¿Dudas sobre qué, Lily?

—Sobre tu hermana y sobre... bueno, el coito y el trabajo.

Las cejas de la rubia salen disparadas hacia arriba.

—¿Y qué te hace pensar que yo te puedo ayudar con eso? —pregunta turbada.

—Conoces a Pontia mejor que yo, tienes un trabajo que requiere que estés concentrada y además estás casada, así que sabes cómo funcionan las relaciones.

—No sé si soy la más adecuada para eso, Lily —sonríe Katherine—, llevo varios años con Jodie y todavía hay momentos en los que no sé cómo actuar.

La mujer frunce el ceño, como si las palabras de la dueña del hotel hubieran acabado con todas sus esperanzas.

—Pero bueno, lo intento —cede Katherine al ver su expresión agobiada—. Dime, ¿qué tienes apuntado ahí?

Lily baja la mirada a su libreta, señala una línea, la lee y la memoriza.

—¿Cómo lo haces para follar con tu mujer y después concentrarte en el trabajo? —pregunta, y junta las manos en su regazo mientras espera la respuesta.

Katherine, que no logra entender qué es lo que ha visto esta mujer en ella para decidir que es la persona adecuada para resolver todas sus dudas, se arma de paciencia y decide esforzarse en ayudarla, porque Lily es muy particular, y es evidente que está muy confundida.

—¿Quieres un café? —Katherine se levanta al tiempo que pregunta, acercándose a la cafetera que tiene sobre una pequeña mesa al lado de la estantería.

—Con un poco de leche, por favor. Sin azúcar.

La dueña del hotel aprovecha ese par de minutos para pensar en la respuesta, pero lo cierto es que necesita más información para entender cuál es su problema.

Le entrega el café y, en lugar de volver a su puesto, se sienta en la silla vacía que hay al lado de Lily.

—¿Qué es lo que te preocupa exactamente, Lily?

La mujer se sube las gafas otra vez, más por nervios que porque lo necesite, como si se estuviera convirtiendo en otro TOC más que añadir a su larga lista.

—No me puedo concentrar. Desde que Pontia y yo estuvimos juntas, se mete en mi cabeza y ocupa mis pensamientos.

Yo siempre he sido muy eficiente en mi trabajo, lo tengo todo controlado, elijo con rigurosidad las casas que muestro a cada cliente, hago fotos perfectas de los espacios y me aprendo cada rincón de memoria para que la visita resulte agradable, pero desde ese día, tengo demasiados despistes.

El otro día un cliente entró después de las once, sin cita, y lo atendí sin darme cuenta.

A Katherine le tiemblan los labios cuando contiene la sonrisa.

—Ayer mismo, solapé dos visitas sin dejar la hora de espacio entre el final de una y el inicio de otra, y no he vuelto a buscar casas para enseñarle a Pontia Taylor.

—Entiendo. Lo que te pasa es normal, Lily, te estás enamorando de Pontia y cuando pasa eso, la mente parece ir por libre.

—Pero yo tengo que trabajar.

—Lo sé —sonríe para calmarla—, y puedes seguir haciéndolo.

Es solo que te tendrás que esforzar más que antes para asegurarte de que todo lo que haces está como tú quieres.

Yo casi me volví loca cuando conocí a Jodie.

No entendía lo que me pasaba, no sabía por qué tenía tantas ganas de verla ni por qué se me aceleraba el pulso por el simple hecho de cruzármela por el hotel.

—Pero te sigues acostando con ella...

Katherine se muerde el labio y luego da un sorbo a su café.

—Esto no es un problema sexual, Lily, aunque dejes de acostarte con mi hermana, te va a pasar igualmente, es un problema de corazón —Katherine se señala el pecho—. Te gusta y necesitas verla, y cuanto más tardas en hacerlo, más ansiosa te pones y más despistes puedes tener.

—Entonces, ¿es mejor tener más sexo? —Lily suelta una risita y sus mejillas se ponen rojas.

—Vamos a ver, no tienes que imponerte nada, ni tener sexo con ella si no te apetece...

—Sí que me apetece —Lily afirma con vehemencia y Katherine carraspea.

—En ese caso, ¿qué es lo que te da miedo de verdad?

Eres una mujer competente, Lily, esos despistes del trabajo los tendrás controlados muy pronto, solo es cuestión de adaptarse al cambio.

En realidad, tú y yo nos parecemos bastante, yo no me había enamorado de nadie como de Jodie, podría decir que fue la primera, y durante semanas me sentí muy perdida, pero sí hubo una cosa que tenía muy clara la primera vez que me acosté con ella.

—¿Cuál?

—Que no quería que fuera la última. Te lo repito, Lily, ¿qué es lo que te da miedo?

La agente baja la mirada hacia su falda unos segundos.

—Que se harte de mí y de mis manías. Soy consciente de que me cuesta mucho comunicarme, de que la mayoría de las veces no elijo bien las palabras y de que mi exceso de sinceridad a veces incomoda a otras personas.

Por primera vez en su vida, Katherine siente ganas de abrazar a alguien que no sea de su familia o Annie por el mero hecho de darle consuelo, porque la mujer que tiene sentada al lado parece verdaderamente angustiada por ese tema.

—Pontia es muy paciente conmigo, siempre espera a que yo esté lista para todo, pero ¿y si un día se cansa de esperarme?

La dueña del hotel aspira con fuerza y suelta el aire muy despacio.

—No conozco mucho a Pontia todavía, pero no es de esas, eso seguro.

Si decide estar contigo, lo estará con todo, para lo bueno y lo no tan bueno.

Todas tenemos nuestras cosas. Yo misma soy insoportable cuando no entiendo las cosas, o me encierro en mí misma cuando algo me aterra en lugar de contárselo a Jodie para apoyarme en ella, y ella siempre está ahí, me conoce y sabe cómo funciono, y yo sé cómo funciona ella.

Eso son las parejas, Lily. Habrá cosas de Pontia que al principio no entenderás, pero te esforzarás por hacerlo y después tratarás de adaptarte de la mejor manera. Y ella hará lo mismo contigo.

Lily mira su libreta y decide cerrarla.

—Creo que ya no necesito preguntar nada más. Tu explicación ha sido muy precisa, aunque me sigue preocupando mi capacidad de concentración —dice solemne, y Katherine se ríe.

—Date tiempo para adaptarte, Lily, pero no dejes de hacer lo que te apetece solo porque te da miedo lo que sientes.

Lily asiente con firmeza antes de levantarse.

—Gracias por tu ayuda, Katherine Taylor.

Se dan un apretón de manos como dos auténticas empresarias y Lily saca una toallita para limpiarse después.

—¿Tú y yo somos amigas? —pregunta de pronto—. Las amigas hablan de sus problemas, ¿no?

Katherine ha estado a punto de reírse, pero se contiene cuando se da cuenta de que para Lily parece algo importante.

—Sí, las amigas hablan de sus cosas, sobre todo de las que no quieren hablar con su pareja.

—¿Qué cosas?

—Ya lo irás viendo, Lily, habrá momentos en los que necesitarás tu propio espacio, y a tus amigas, no solo a Pontia.

—¿Quieres ser mi amiga? —Lily baja la mirada porque le da mucha vergüenza preguntar esto.

Katherine le cae bien, siempre se ha sentido cómoda en su presencia a pesar de la frialdad de la mujer. Quizá porque es una de las pocas personas que no ha tratado a Lily como si fuera diferente.

—Em... Sí, claro, Lily. Somos amigas —afirma Katherine, y Lily le devuelve tal sonrisa que se plantea esforzarse por ser más amable con algunas personas.