Pontia Taylor (Hermanas Taylor 4) Capítulo 15
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Capítulo 15

E l timbre del ático suena y Pontia, que está en la habitación terminando de vestirse, sale corriendo descalza, con los vaqueros en la mano y la camisa a medio abotonar, pero saldría incluso desnuda si con eso no hace esperar más a su hermana Katherine, a la que ha tenido que llamar y suplicarle que suba a desayunar con ella al ático porque no ha escuchado la alarma y se ha quedado dormida.

En realidad, no es que no la haya oído, es que la apagó sobre las cuatro de la madrugada cuando fue consciente de que todavía no había logrado dormirse, y estaba tan agotada que no dudó en coger el teléfono para desactivarla con la esperanza de dormirse y aprovechar un poco la noche que quedaba.

—Hola, lo siento —saluda agitada en cuanto abre la puerta.

Katherine, que sigue de mal humor por su propia situación personal con Jodie, la mira de arriba abajo con desaprobación.

—Si vives en mi hotel, no puedes abrir la puerta medio desnuda, qué coño pensarán los clientes si te ven —gruñe, pasando por su lado.

—Eres tan encantadora… —murmura Pontia, poniéndose los pantalones ahí mismo antes de seguir a su hermana hasta el salón.

La encuentra quieta junto al sofá, pasando una mano por el respaldo mientras lo observa todo a su alrededor. Pontia no ha cambiado la decoración del ático donde la dueña del hotel vivió durante años, así que todos los muebles que Kate y Jodie dejaron siguen estando ahí.

—Debe traerte recuerdos —dice Pontia antes de volver a la entrada para recoger el desayuno que acaba de traer el servicio de habitaciones.

Katherine no contesta, pero le trae muchos y la mayoría de ellos son muy buenos.

Este era su remanso de paz y a la vez su atalaya para dirigir el hotel.

Pasó momentos muy divertidos con Annie, charlando, bebiendo y follando con su mejor amiga en unos tiempos que ahora le parecen muy lejanos.

También tiene recuerdos con sus hermanas y su padre, pero sobre todo, aquí fue donde empezó a vivir con Jodie por primera vez y, si se concentra, puede ver a la cocinera del Magnolis por todas partes, escuchar su risa cuando Kate la miraba descolocada y divertida al verla correr desnuda por el salón.

Sale de sus propios recuerdos cuando escucha la puerta cerrarse y ayuda a su hermana a servir el desayuno en la mesa de la terraza.

—¿Qué te pasa? —pregunta de pronto.

Pontia levanta la mirada de su tostada y frunce el ceño.

—¿A mí?

Katherine levanta una ceja.

—No veo a nadie más aquí salvo que tengas a Lily escondida en la habitación. Eso justificaría que te hayas dormido y tengas las ojeras de un mapache.

Pontia se queda quieta, mirando a la habitación como si de verdad Lily fuera a salir de ella.

Ni siquiera sabe cómo se siente. Después del cumpleaños de Lily estaba pletórica, la velada fue muy agradable, el sexo muy bueno y sintió que la conexión entre ellas seguía creciendo, pero conforme pasaron los días y Lily no daba señales, empezó a inquietarse, y cuando ayer al fin habló con ella y Lily le pidió unos días para decidir si valía la pena intentar algo con ella, la nube en la que estaba flotando se desinfló y se quedó tan agobiada que apenas pudo dormir.

Entiende a Lily, es su primera vez para todo y eso la tiene confundida, sobre todo teniendo en cuenta las particularidades de la mujer, pero Pontia empieza a tener muchos sentimientos hacia ella y esta espera hasta que le dé una respuesta se le está haciendo muy cuesta arriba.

—Solo tengo veinte minutos, Pontia, después tengo que llevar a papá a una revisión, así que te agradecería que abrieras la boca.

—Perdona. Joder, no me acordaba de la revisión, ¿quieres que vaya contigo? Puedo cambiar un par de citas que tengo ahora y…

—No hace falta, dejé la mañana reservada para esto, además, necesita ir con alguien que no lo consienta, y a ti y a Caroline os torea como quiere.

Pontia sonríe, no puede rebatirlo porque es cierto, su padre sabe qué tecla tocar con ellas para que cedan a todos sus caprichos, y parece que el mayor reto de Warren Taylor en esta vida es librarse de sus citas con el médico, cosa que Katherine no permite.

—Creo que Lily tiene dudas —dice al fin, soltando un suspiro tan profundo que siente que sus pulmones se quedan vacíos del todo.

—Tendrás que ser más concreta porque Lily tiene dudas sobre muchas cosas, si no, que se lo pregunten a la prostituta a la que contrató —se mofa, y, aunque a Pontia le entran ganas de lanzarle algo, acaba sonriendo y Katherine decide que no le comentará que han quedado mañana porque ni siquiera sabe con qué va a sorprenderla la agente inmobiliaria.

—Sobre nosotras. La otra noche nos acostamos y todo fue genial. Estuve en su casa desde por la tarde, vimos una peli, y bueno…

—Ya, lo pillo, no necesito los detalles.

—Creo que fue bien, Kate —dice, recostándose en la silla—, me refiero a todo en general. Todo fue muy natural y ella parecía relajada y estaba tranquila cuando me fui.

—¿Pero?

—Ha estado un poco esquiva desde entonces y ayer cuando hablé con ella me dijo que necesitaba tiempo. Dijo que tenía que hacer una lista de pros y contras porque follar conmigo era bueno para su cuerpo pero no tanto para su mente.

A pesar de que últimamente es una amargada, Katherine no logra detener su carcajada.

—Joder, ¿te dijo eso?

Pontia se atusa la melena. En otras circunstancias se reiría porque a estas alturas se espera cualquier cosa de Lily, pero esto la tiene muy preocupada, porque seguir viéndola va a depender de la decisión que tome, y las reglas de Lily son algo que todavía no ha aprendido del todo.

—Sí. —El tono abatido de su respuesta hace que Katherine frunza el ceño y decida ejercer el papel que le toca a pesar de que está hasta las narices de una y otra.

—No te agobies, ya sabes cómo es Lily. Probablemente se ha acojonado y solo necesita un poco de tiempo para poder volver a reordenar un mundo que tú le has puesto patas arriba.

Es una mujer que necesita estabilidad y tenerlo todo controlado para sentirse bien, y no hay nada más caótico que enamorarte de alguien.

De repente no piensas en nada que no sea esa persona y haces cosas que jamás te hubieras imaginado hacer.

Pontia entorna la mirada.

—No sé si hablamos de ella, de ti o de las dos.

—A mí déjame en paz —espeta con ese tono frío habitual en ella—, hablamos de ella.

—Vale —acepta Pontia, aunque no está muy convencida—, pero, ¿y si es demasiado para ella? ¿Y si decide que no está cómoda con ese nuevo caos de su vida y opta por apartarme y volver a su mundo tranquilo?

—Si hace eso, tendrás que aceptarlo.

—¿Y ya está? —pregunta molesta—. Se supone que tienes que levantarme el ánimo.

—No soy adivina, no puedo intuir lo que pasa en su cabeza, pero dudo que te aparte, y menos ahora que ha descubierto el sexo, salvo que seas un desastre en la cama.

—Creo que quedó bastante satisfecha —asiente Pontia con orgullo—, y haz el favor de hablar con Jodie de una maldita vez, cada día estás más insoportable.

Katherine se limpia la boca, mira la hora en su reloj de pulsera y se levanta con esa elegancia natural que la caracteriza.

—Me tengo que ir —anuncia como si Pontia no lo supiera.

La dueña del Mallois parece titubear, pero finalmente se acerca a ella y se inclina para besarle la mejilla.

—Lily no es estúpida —dice desde la entrada de la terraza, haciendo que Pontia levante la mirada—, puede ser particular y tener unas manías y una forma de hablar que a mí personalmente me descoloca, pero es inteligente y tiene un don para saber cuándo tiene algo bueno delante.

—¿Estás diciendo que soy algo bueno? —La sonrisa de Pontia se ilumina.

—Eres un coñazo igual que Caroline, pero supongo que sí.

Katherine se gira y se marcha, dejando a su hermana con una enorme sonrisa.