Capítulo 6
L ily camina a paso apresurado mientras atraviesa el lobby del hotel Mallois.
Está nerviosa, no porque su encuentro sea con Katherine Taylor —que también— sino porque no ha concertado una cita con ella y eso hace que su mente se acelere de una manera que le cuesta controlar.
Ha intentado comunicarse con la rubia, pero al parecer su móvil lleva apagado tres días porque no hubo manera de contactar con ella.
Le empiezan a sudar las manos porque mientras se acerca a la zona donde están los despachos, se da cuenta de que pudo llamar al mismo hotel para hablar con ella, pero su cerebro últimamente no funciona correctamente y eso se debe a una mujer que la está volviendo loca.
—B-buenas tardes —saluda Lily y cierra los ojos por un instante. Su tartamudeo está saliendo a relucir más estos días que en los últimos años—. Soy Lily Porter y vengo a hablar con la señora Katherine Taylor.
Una chica joven, sentada detrás de una pequeña mesa, la observa con curiosidad.
—No tengo cita —se adelanta la agente y siente un escalofrío ante el fallo en su propio protocolo—, pero le agradecería que me anunciara por si fuera posible cinco minutos con ella.
La secretaria de Katherine se levanta de su silla y camina hacia la oficina de su jefa. La puerta está entreabierta, pero ella siempre la toca para avisarle. Tiene que hacerlo varias veces porque la dueña del hotel parece completamente absorta mirando la pared.
—Perdone, señora Taylor —la chica da varios pasos dentro—. Lily Porter está fuera y, aunque no tiene ninguna cita con usted, quería saber si podía atenderla.
Katherine levanta una ceja, asombrada de que la mujer haya venido hasta el hotel sin antes confirmar una cita por teléfono y por correo.
—Que pase —la dueña del Mallois aprovecha para pensar por un momento qué era lo que estaba haciendo.
Lleva días con la mente revuelta.
—Lily, tú por aquí —es el saludo seco de Katherine, y nota como la agente se gira hacia la puerta de su despacho, abriéndola y cerrándola tres veces seguidas.
—Hola, Katherine Taylor —se ajusta las gafas con una mano y con la otra aprieta el asa del maletín con una fuerza que le deja los nudillos blancos—. Siento presentarme sin una cita formal.
—No te preocupes, ahora mismo estoy desocupada —Katherine le señala la silla frente a ella para que se siente.
Lily toma asiento y de inmediato se prepara. Saca la libreta y dos bolígrafos —uno negro y otro azul—, los abre en la misma página en la que puso el nombre de la mujer a la que ha ido a ver y levanta la mirada.
—Necesito una asesora y te he elegido a ti para que lo seas.
Katherine la mira, desconcertada, sin tener ni idea de a qué se refiere.
—No te entiendo, Lily, ¿asesora de qué?
La mujer suspira porque le molesta que todo tenga que explicarlo con tanto detalle para que los demás la entiendan.
—Me gusta Pontia —se detiene justo a tiempo para no decir su apellido, tal y como ha estado practicando—, y necesito ayuda para mejorar mi vestimenta.
A Katherine los ojos casi se le saltan de las cuencas.
Lily siempre ha sido una mujer distinta a cualquiera que haya conocido, tiene rarezas tan marcadas que cuando su padre se la presentó hace años, pensó que la mujer tenía algún tipo de discapacidad.
Luego, con el tiempo, se dio cuenta de que es increíblemente inteligente y, con la actualización que le dio Warren hace un par de días, ahora sabe que sus manías son tan visibles producto de una infancia marcada por la sobreprotección de unos padres por todo el bullying que recibía su hija por ser diferente.
Por eso le sorprende que suelte con tanta ligereza que le gusta su hermana, porque la agente siempre ha sido sincera, pero demasiado cuidadosa.
—Me alegra que te guste Pontia —Katherine no sabe qué otra cosa decir—. Estoy segura de que mi asesor hará un trabajo magnífico contigo. Espera y te doy su contacto.
La mano de la mujer de Jodie Sinclair se queda suspendida en el aire antes de coger el móvil cuando nota que Lily está negando con la cabeza.
—No lo conozco y no confío en ese asesor —explica ella con total tranquilidad—.
Solo me fío de ti y me sentiré más cómoda si eres tú quien me dice qué vestir.
Además, deberías saber que le gusto a Pontia —se muerde la lengua porque estaba a punto de decir Taylor—, por lo que eso debería darme ventaja.
Katherine lleva días sin sonreír, pero la situación le parece entre dulce e irreal y hace que sus labios se estiren lo suficiente para que pueda catalogarse como media sonrisa.
—Bueno, ya que soy la elegida —se pone de pie—, tendrá que ser ahora que comencemos. Tengo unas horas libres y te las puedo dedicar.
Lily se levanta de su silla como si tuviera un resorte pegado en el trasero y recoge su libreta con rapidez.
Pensaba que Katherine le daría una cita —como debe ser— y se encontrarían otro día, pero que la asesoría comience ahora le viene genial.
Se hace una nota mental para intentar ser más flexible con ciertas personas, como con Pontia, que llegó pasada las once y le negó una cita.
De inmediato descarta la idea; no puede romper sus propias normas.
—Vamos, Mike nos está esperando fuera —dice Katherine después de colgar una llamada breve con su chófer y guardaespaldas.
Salen del despacho sin cruzar palabra, caminando una al lado de la otra, y ahora Lily no puede dejar de observar el parecido entre Katherine y Pontia.
Son mujeres preciosas, elegantes y con un atractivo difícil de ignorar; la única diferencia que nota es que la nueva incorporación Taylor siempre sonríe y está de buen humor, no como la rubia que ahora la acompaña.
Cuando está cruzando el lobby, Katherine resopla porque su hermana parece vivir más en las butacas destinadas a los huéspedes que en el ático.
Está sentada con los ojos pegados al móvil, y ella sigue caminando con la vista al frente para evitar cruzarse con Pontia, pero como es lógico en estas situaciones, la mujer levanta la mirada y las observa a las dos.
Se levanta y se acerca a ellas cortándoles el paso mientras arquea una ceja, pareciéndose a la gemela idéntica de Katherine Taylor.
—¿Me has cambiado por mi hermana? —le pregunta a una Lily muy sofocada—. Sabes que está casada con Jodie, ¿no?
—¿No tienes una casa en donde estar? —escupe Katherine mientras la congela con la mirada—. Ocupas el sitio de mis clientes.
Pontia ladea la cabeza mientras pasea su mirada entre la cara de su hermana y Lily Porter.
—Si me robas a mi agente inmobiliaria, no podré conseguir una casa.
Lily pestañea varias veces y abre la boca para defenderse, pero la situación ha sido tan inesperada que la garganta se le ha quedado seca y las palabras no salen. Por suerte, Katherine parece notarlo.
—No molestes, Pontia. Estamos trabajando —la voz gélida hace que la agente se mueva unos centímetros—. Vamos, nos están esperando.
Katherine avanza y Lily vacila durante un instante antes de seguirla.
—Nos vemos, Lily —le susurra Pontia, seductora.
—Hasta luego, Pontia Taylor.
No puede evitar cerrar los ojos, enfadada consigo misma porque había logrado decirlo bien varias veces hasta que la presencia de la mujer ha roto el poco control que le quedaba.
Acelera el paso hasta llegar a la SUV negra que la espera en la entrada mientras Katherine entra en la parte trasera.
Lily también entra, sofocada y con el pulso acelerado. Se coloca el cinturón de seguridad y luego saca una de sus toallitas para limpiarse las manos. No recuerda qué puede haber tocado y, ante la duda, lo mejor es asearse.
Katherine le da una dirección a Mike y, una vez la SUV se adentra en el tráfico neoyorquino, la dueña de los hoteles lanza algunas preguntas.
—¿Qué tipo de ropa buscas, Lily?
—Mi vecina me ha dicho que visto con ropa muy oscura —se quita las gafas y aprovecha para limpiar el cristal—. Le hice una foto a varias de mis prendas, las subí a Pinterest y me aparecieron señoras de los años sesenta con ellas puestas. No podré gustarle a Pontia así.
—¿Pinterest?
Lily suspira.
—Sí, ya sabes, Katherine Taylor, la aplicación.
—Sé lo que es, pero ¿por qué subiste tus fotos ahí?
Lily se vuelve a poner las gafas y se acomoda en el asiento.
—La hija adolescente de unos clientes me enseñó a usarla, sobre todo para buscar inspiración de decoración de hogar —se pasa la mano por el cabello—. También me explicó que puedo subir cualquier cosa para saber si está a la moda. Yo no estoy a la moda y tengo que cambiar.
Lo dice con tanta sinceridad que a Katherine le gustaría ser un poco como Lily, sobre todo en estos días en que, por más que lo intenta, no es capaz de verbalizar la verdad tal y como la siente.
—Sabes que no necesariamente tienes que gustarle a Pontia por tu ropa, ¿no?
La agente pone los ojos en blanco como si le estuviera diciendo una locura.
—Según mis investigaciones, el ochenta por ciento de las personas primero se sienten atraídas por el físico de la otra parte. Eso incluye vestimenta, peinado e higiene —Lily recita la información de memoria—. Después vienen las otras cosas como besos, coito y puntos en común.
Katherine, que se estaba llevando una botella de agua a los labios, por poco se la tira encima al oír la palabra «coito».
Prefiere no seguir preguntando; le basta con saber que Lily Porter quiere dar una mejora a su apariencia porque se siente atraída por su hermana, y eso le parece un gran paso, sobre todo para alguien como ella. Pero por lo visto, la mujer tiene más cosas que decir.
—En unos días comienzo las prácticas físicas con Rosa Pérez —explica—. Estoy segura de que con eso y la ropa nueva, puedo tener una cita con Pontia.
Katherine asiente, comprensiva.
—Ir al gimnasio siempre es beneficioso y, si tienes a una entrenadora personal que te guíe, mejor.
—Rosa Pérez es una prostituta de lujo que me enseñará qué hacer cuando llegue el momento íntimo —Mike da un volantazo y Katherine siente que quiere bajarse del coche.
—¿Has contratado a una prostituta porque te gusta Pontia?
Lily chasquea la lengua con fastidio; parece que Katherine entiende pocas cosas. ¿Cómo habrá logrado casarse con Jodie?
—Claro, esto es como todas las formaciones que he hecho en gestión inmobiliaria —Lily se lo explica con calma para que Katherine lo entienda—.
Me ha hecho ser muy buena en lo que hago y muchos clientes solo trabajan conmigo.
Si practico antes de una cita con Pontia, estoy segura de que repetirá muchas veces.
Katherine agradece cuando Mike reduce la velocidad para aparcar en la acera frente a la primera tienda que visitarán, porque no cree que pueda soportar un segundo más de información de Lily Porter contratando servicios sexuales.
Espera que no le cuente cómo piensa aplicar lo aprendido con su hermana.