Capítulo 50
Nova
Miro a mi alrededor esta ruina. Hemos vendido el hostal, pero hemos necesitado dos meses para hacer el traspaso y sacar todo de allí.
Ahora nuestras cosas descansan en unos trasteros.
Y aquí estamos. Mi prima vendió el piso a Geno.
Esta me lo iba a decir cuando regresara.
Ahora vivirán allí mis padres, y mi hermana y yo en otra casa de Geno, al lado de ella.
Esta mujer tiene más casas e inmuebles que el Monopoly.
Kelvin está con mis padres, dentro de lo que será el hostal, viendo todo. Yo miro el jardín, nerviosa, porque está peor de lo que esperaba. Pero aquí estoy de vuelta. Cerca de Kalen.
No he querido pensar mucho en él, pero cada noche, en la soledad de mi cuarto, lo busco en redes. No se sabe nada de él. Ha desaparecido. Eso me inquieta. Su hermana y su tía dicen que está bien. Le he mandado mensajes que no responde.
Necesito verlo, saber que está bien, aunque sea para ser solo… su amiga. Lo quiero en mi vida. Aunque duela, porque más me duele vivir sin él.
Tomo aire y miro a mi alrededor pensando en cómo podemos hacer unos jardines atractivos para eventos. Tengo varias ideas y estoy deseando contárselas a los demás.
—Y yo que esperaba encontrarte entre consoladores.
Esa voz… no puede ser.
Me giro y veo a Kalen, con un abrigo y más barba. No tiene buena cara, pero está aquí. Está aquí. Los latidos se me disparan, y verlo bien me relaja, como nada en la vida. No lo pienso y corro hasta él. Lo abrazo, porque necesito sentirlo y sentir que está bien.
—Nova —dice enterrando su cara entre mi pelo.
—Sentía que algo no iba bien… Estaba preocupada.
Lo aprieto más fuerte y él a mí. Temblamos el uno en brazos del otro. Tomo aire y aspiro su perfume. Cómo lo he echado de menos. No quiero soltarlo, no quiero soltarlo. Lo aprieto más fuerte, sin darme cuenta.
—Me vas a dejar sin aire. —Me separo y pone sus manos en mi cara.
—Estás preciosa.
—Tú no tienes buena cara. ¿Qué te pasa? Pensaba que podía irme de tu vida, pero he vuelto. Quiero tus migajas, quiero ser tu amiga. Te necesito cerca.
Apoya su frente en la mía.
—No he estado bien, pero ahora estoy mejor.
—¿Me puedes contar qué pasa?
—Sufrí ataques de ansiedad que hacían que me desmayara. Al final me tuve que internar para reponerme, porque era incapaz de seguir con mi vida solo.
—Yo… —Noto los ojos llenos de lágrimas—. Debí estar a tu lado.
—Tenía que estar solo, curarme, y, aunque a veces tendré bajones, al fin recuerdo cómo se respira. He aceptado que tengo un problema.
—¿Y por qué fue?
—Por ti, porque deseaba estar contigo más que nada y de golpe no podía vivir mi vida establecida.
—Lo siento y, si te hago daño, tal vez debería alejarme.
—No, no pienso alejarme de ti en la vida, si tú quieres.
—¿Y tu mujer? No creo que le guste que seamos amigos.
—Firmé los papeles del divorcio hace un mes. Mi padre se encargó de todo. Ha vendido la empresa al padre de Bora. Ahora solo tengo mi negocio de las apps, que tengo que ver si durante este tiempo no se ha resentido. Aunque mi padre ha estado ayudando.
—Tu padre…
—Sí, se asustó mucho al verme tan mal. Y, cuando mi hermana dijo lo de su divorcio y vio que la vida que nos había impuesto nos había llevado hasta eso, reculó. Me dijo que él hizo lo que le habían enseñado a él.
—Es triste, pero es cierto. Al final, las cosas cambian cuando alguien dice basta.
—Sí. —Acaricia mi mejilla—. ¿Has cumplido la promesa de mi hermana?
Los latidos se me aceleran.
—¿La de no olvidarte?
—Sí.
—Creo que no hubiera podido hacerlo en toda mi vida. Llegaste a mí para ser para siempre, pasara lo que pasara. Te quiero, Kalen. —Sonrío, al poder decírselo al fin.
—Yo también te quiero y quiero todo contigo. Todo.
—Todo. —Lo miro sin creer que esté aquí de verdad. Toco su cara y me embebo de él.
—¡Pero besaos ya!
Miro a su tía, que está al lado de los demás. Voy a decirles que son unos cotillas, pero Kalen me besa y, sinceramente, el mundo me deja de importar. Ahora solo me importa él.
Me pierdo en su boca, en su sabor y en lo que somos juntos. En que de nuevo está aquí conmigo.
Lo quiero todo, todo con él.
Kalen
Entramos a mi casa, donde Nova va a venirse a vivir. Ella lo desea y yo más. No puedo pensar en tenerla lejos. Este tiempo internado, sin saber nada del exterior, he tenido mucho tiempo para pensar. Y pensar en ella, en recuperarla, me daba fuerzas.
No ha sido fácil. Esto no me pasó de un día para otro. Siempre he tenido pequeños amagos, pero yo creía que los podía controlar, hasta que mi cuerpo dijo hasta aquí.
Iba a romper con todo. Me daban igual las consecuencias.
No esperaba el apoyo de mis padres. Mucha gente nos ha dado de lado.
No me importa, porque esa gente nunca fue nuestra familia.
Bora se quedó con la mansión y gran parte de mi dinero.
Al final, es lo que tiene un divorcio en nuestro mundo.
Me daba igual con tal de que firmara, con tal de librarme de ella para siempre.
Soy libre, y eso me hizo curarme más rápido. Seguir en la empresa y casado con Bora me quitaba la vida.
Ahora tengo muchas ideas para mi otra empresa. Mi padre ha estado ayudando mucho.
Cuando estaba a punto de internarme, se acercó. Sabía que quería abrazarme, pero no sabía cómo hacerlo. Mi madre nos miraba desde la puerta. Tiré de mi padre y lo abracé. Mi madre lloró de emoción.
—No puedo con esto solo —le dije a mi padre.
—No estás solo, hijo. Siempre he estado ahí.
—Pero no te quiero tras la puerta, papá. Te quiero conmigo. —Me cogió la cara con las manos.
—Voy a hacerlo. Tú lucha por estar bien.
Mi madre se acercó y la abracé. Era raro abrazar a mis padres, después de años de distancia. Sabiendo que te quieren, pero no se acercan.
—Vas a poder con esto. —Mi madre me acarició la mejilla.
—Puedo… Con ayuda puedo.
Poco a poco, todos estamos rompiendo con años de cadenas autoimpuestas por una sociedad que nunca mereció que pagáramos con nuestra libertad.
Mi hermana, con la reforma de su nuevo negocio, está más feliz que nunca. Mi padre le ayuda con todo. Mi madre va más lenta, pero no le metemos prisa. Cada uno tiene sus tiempos. Lo que importa es que están aquí.
Me hubiera dolido romper con ellos, porque, a pesar de todo, los quería.
—Todo está como lo recordaba. —Nova mira el lugar, como si hubiera estado deseando volver.
Nos hemos quitado los abrigos y la puedo abrazar por detrás.
—Puedes ponerlo a tu gusto y usar las zonas del edificio, que no uso, para tu despacho, por si quieres tener un lugar donde reunirte en la ciudad, para los eventos del hostal.
—Todo suena… abrumador.
La beso en el cuello. Echa la cabeza hacia atrás. Se gira y nos besamos con hambre. No llegamos al cuarto y caemos sobre el sofá desnudos.
—No he estado con nadie —digo, tentando su entrada, mientras devoro sus tetas. Joder, cómo las he echado de menos.
Y sus ruiditos, cuando se las devoro. Soy adicto a ella.
—Yo tampoco, si mi consolador no cuenta.
—No cuenta, preciosa, pero ahora las pilas te las pongo yo. —Se ríe y entro en ella. Nos miramos, sin ocultar el amor que sentimos—. Te quiero, y no te imaginas cuánto.
—Lo hago, Kalen. Te quiero más que a nada.
Entro y salgo de ella con fuerza. No puedo hacerlo de otra forma. La deseo demasiado. Nos corremos juntos y nos quedamos quietos, sin poder movernos.
Es mía y yo soy suyo.