Ponme las pilas Capítulo 48
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Capítulo 48

Kalen

Leo los últimos mensajes de Nova y luego la miro en redes. Hoy ha subido fotos de ella pintando una habitación. Tiene pintura salpicada por la cara. Está preciosa. Y quiero estar con ella, pintar ese cuarto juntos. Reír. Vivir.

No voy a mejorar. Cada vez me siento peor. Ahora tengo una reunión y me tiembla el cuerpo. Las manos. No sé cómo ver la luz. No sé cómo hacerlo.

—Hola. —Miro a mi hermana.

—¿Qué haces aquí? —Voy hasta la niña, mi sobrina. Está despierta y me mira con sus grandes ojos castaños—. Hola, preciosa.

—Bueno… yo. —Se rompe a llorar y la abrazo.

Mi hermana no lo está pasando muy bien tras el parto.

Le ha dado depresión posparto y está, como yo, con tratamientos.

Pero no mejoramos. Tal vez es que no somos felices y tal vez nunca lo seamos.

Ella se casó con quien querían mis padres.

Como yo, no se cuestionó esta vida, pero cuando estamos atrapados, sufrimos las secuelas.

—No he vendido ese antro del demonio.

—El sex shop .

—Sí, bueno, eso no lo he vendido. He estado con la tía y hemos visto las ideas que dejó Nova. Vamos a cambiar todo. Odiaba las ideas de Ula; la he despedido.

—¿Por qué?

—Porque durante estos días, al estar allí con la tía, me ha hecho más feliz que todo lo demás. Voy a empezar a trabajar de nuevo en la empresa de mi marido, pero sin hacer nada. Porque no quiere que me estrese.

—Y el negocio de la tía es tuyo.

—Pues sí, y puedo hacerlo a mi estilo. No quiero venderlo.

—Me alegro.

—La tía es una lianta.

—Lo es, sí.

—No te veo bien. Me preocupas.

—Estaré bien. No te preocupes.

—Pero la echas de menos.

—Cada día.

Mi padre entra y, al vernos, nos dice que cambiemos la cara, que la reunión es importante. Luego coge a mi sobrina. Nunca lo he visto así con ningún niño. Le da un beso en la cabeza y mi hermana rompe a llorar.

—¿Qué pasa? —dice mi padre asustado.

—Que no quiero mi vida para ella. No quiero que viva en un matrimonio falso donde su meta sea ser una mujer florero.

¡No quiero, joder! No quiero que, para poder seguir adelante, esté con cientos de pastillas.

¿Eso te gusta para mí, papá? Yo solo quería tu abrazo.

Y el de mamá… Y mi marido se molesta cuando abrazo de más a mi hija.

¿Tengo que ver a mi hija llorar sin poder abrazarla, como vosotros?

¡Amo a mi hija! Y abrazarla me da la vida. ¿Cómo puede pedirme que no lo haga?

Agrando los ojos, porque mi hermana nunca pierde los nervios.

—Madre mía, esto es por vuestra tía…

—¿No nos ves, padre? ¡¿No ves cómo estamos los dos?! —le grita—. ¿Quieres eso para ella?

Mi padre no dice nada, pero está muy pálido; tanto que me asusta.

Mi hermana le quita a su hija y se marcha. Mi madre me mira.

—No tienes buena cara, no. —Mi padre me mira y parece que quiere decir cientos de cosas que no dice.

—No pasa nada o sí, estoy mal, pero da igual, ¿no? Solo quieres que siga siendo un títere, qué más da si por dentro me estoy muriendo.

Va a decir algo, pero se calla. Ando hasta el aseo y me echo agua. No paro de temblar. Siento sudores fríos. He olvidado cómo se respira. Lo último que escucho es a mi padre gritar cuando me golpeo la cabeza con el suelo al caer.

Nova

Me llevo la mano al pecho, como si algo no fuera bien. Me pongo a temblar y, cuando se me pasa, no sé muy bien qué ha sucedido.

—¿Todo bien? —pregunta mi madre—. Estamos haciendo camas.

—Sí, todo bien.

Seguimos y por la noche escribo a Kalen. No me responde. Tampoco lo lee y eso me hace llamar a Geno.

—Hola, cariño. ¿Qué tal? —Su voz es alegre; si le hubiera pasado algo a su sobrino, no tendría esa voz tan cantarina.

—Bien, estoy bien.

—Genial, iré en unos días. ¿Ganas de verme?

—Muchas, claro. ¿Qué tal están todos por allí?

—Todos bien, cariño. —Eso me quita el frío del pecho.

Hablamos un poco del último desfile de Kelvin. Echo de menos estar allí con ellos. Al colgar, bajo a preparar las cenas. No doy una y, cuando una mujer se queja del servicio, le digo:

—Siempre puede irse a donde la atiendan mejor.

—¡Qué descarada!

—Buenas noches.

Mi madre tira de mí hacia la cocina.

—El cliente siempre tiene la razón, cariño.

—No, no siempre la tiene. Hacemos más de lo que podemos.

Este lugar se cae a trozos. No nos dan el préstamo.

No sé cómo… No sé cómo ser feliz aquí y mi hermana está mejor.

Ya le han quitado la escayola y no me sale trabajo en Boston.

¿Estar en este sitio que me apaga es mi vida?

¿Amar a un hombre que nunca tendré es mi destino? No soy feliz.

Admito y mi madre me abraza.

—Todo se arreglará. Tenemos un plan. Nos daba miedo dar el paso, pero tú no eras la única que siente que este lugar ya no es para nosotros. Tu hermana tampoco está bien.

—¿No?

—No, tiene ideas que no puede hacer aquí. Ella tenía la esperanza de que, si nos daban el préstamo, pudiera hacer de este hostal algo más suyo. Pero no ha sido así. Lo han rechazado, cariño.

Subo a buscar a mi hermana a su cuarto. La abrazo con fuerza y miro sus ideas. Son muy buenas.

—A mí me gustó hacer eventos. Si este lugar tuviera un salón, se podrían haber hecho.

—Este lugar no da para más. Se va a hundir y nosotros con él.

—Venga, admítelo, quieres abrir una tienda de consoladores conmigo. —Se ríe.

—No, ni tú tampoco. Pero a veces no queda más que resignarse, ¿no?

Guarda sus ideas en una carpeta y me duele. Kalen no es el único que no puede cambiar su vida. A veces somos presos de la vida que nos ha tocado, como cientos de mujeres, antes que nosotras, y muchas ahora, que viven la vida que les toca por miedo a dar voz a lo que desean.

Lo veo todo muy negro y no me gusta.

** *

La visita de Geno es un chorro de agua fresca. Trae regalos para todos. El de mi madre hace que me sonroje. Un consolador estilo demonio, último modelo.

—Tiene luces —apunta Geno.

—Me muero por probarlo. —Mi madre se ríe como una niña.

—Sí, vuestro cuarto parecerá el cuarto del infierno —añade mi hermana.

Nos reímos.

—¿De dónde los has sacado?

—De la tienda —me responde—. Naira ha roto con todo. Ha dejado a su marido y está modificando el lugar. También el edificio. Para crear salas de lectura, reuniones y un sitio donde las mujeres y hombres que quieran puedan ir a hablar, tomar algo y leer.

Me enseña fotos. Están en reformas.

—Compré muchos edificios con el dinero de mi herencia. Rompí con mi familia, pero nadie me pudo quitar mi dinero. Tus ideas son buenas. Naira está usando muchas de ellas.

—No lo esperaba de ella.

—Al nacer su hija, se dio cuenta de que para su pequeña quería más. Quería que su hija fuera libre de elegir su camino. Yo esperaba algo así cuando le ofrecí la tienda, con el edificio.

—Eres una lianta —le digo.

—Eso me dicen, sí, y, por cierto, ¿te importa si hablas con mi sobrina? Quería hablar contigo de algunas de sus ideas.

—La misma que la quiso despedir —apunta mi hermana.

—Mi sobrina tenía que vivir en un matrimonio sin amor, con un hombre que ni sexo quería tener con ella. La niña fue por inseminación artificial. Así son las cosas… Y él hasta duda de que sea su hija. Vamos, que ha dejado caer que es de otro, solo para no hacerse cargo de la niña.

—¡Qué cabrón! —dice mi madre.

—No, mejor, así mi sobrina no tiene que lidiar con él. Él no quiere hacerse cargo, mejor. Pero, por eso, cuando tienes esa vida y no puedes escapar, permitirte el lujo de soñar con algo mejor solo puede hacerte daño.

Lo peor es que la entiendo. Yo me permití el placer de creer que lo tenía todo controlado con Kalen y no ha sido así.

—Vale. Hablaré con ella.

Geno me da un abrazo y la instalamos en su cuarto, y luego se va con mis padres.

—Estos tres traman algo —me dice mi hermana y yo pienso igual. Algo están tramando.

Ya nos enteraremos.