Ponme las pilas Capítulo 44
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Capítulo 44

Nova

—¿Despedida? —Miro a Ula.

—Sí, me han dicho que ahora yo me encargo de todo sola.

—Pero no puede hacerlo. A ver…, está de baja.

—Bueno, has usado la tienda para redes sin permiso. Has grabado vídeos en tus horas de trabajo. Todo eso hace que el despido sea procedente. —Miro el fin de contrato—. Tu cheque y adiós.

Y adiós. Sin más. Cojo mis cosas y ni miro este lugar por última vez. No merece la pena. Entro a la peluquería de Carey, que no tiene nadie.

—Vaya cara traes.

—Me han despedido por hacer vídeos.

—Pues vaya mierda. Anda, ven, te haré algo con ese pelo.

—No tengo ganas.

—Yo sí. Quiero hacerte algo chulo y te relajará. Así dejas de tener esa cara de pena.

—Nunca creí que lloraría por dejar de trabajar en Pollalandia.

—Ese lugar te hizo dejar de temer al sexo y te ayudó a abrirte al mundo, para contar tu problema. Es normal, cariño.

Me seco las lágrimas y dejo que me haga lo que quiera. Me da mechas, mientras miro el móvil. Hago un vídeo y dejo que salga la tienda de mi amiga.

—Me han despedido. Y la verdad, no era el trabajo de mi vida, pero me gustaba estar cerca de mujeres que no tienen miedo de pedir lo que quieren.

Que dan voz a sus deseos y que dicen «aquí estoy yo», para no conformarse con la creencia popular de que el mete saca es lo único que existe.

—Carey se ríe—. Gracias, chicas, por dejarme ser parte de vuestro mundo.

Porque ir contracorriente asusta, pero juntos somos más fuertes.

Porque hay hombres y mujeres que no tienen miedo de explorar el mundo.

Cuelgo el vídeo y cierro los ojos mientras Carey me hace mechas finas.

Pienso en cómo ha cambiado mi vida y en que no sé cómo reconducirla.

Ayer, Kalen estaba muy mal. Tiene ansiedad.

Mi madre ha pasado por eso. Cuando el hostal no iba bien, no dormía, no comía y nos tocó hacernos fuertes para que saliera del hoyo.

Lo peor es que siento que él está así por mí. Porque, cuando me tiene cerca, desea cosas que no puede tener. Y yo. Desear lo imposible a veces nos hace sentirnos impotentes y asfixiados.

La despedida está cerca y no sé cómo procesarla, cuando estoy tan enamorada de él. Dije que lo tenía todo controlado. Mentí. Porque veía el final tan lejos que quise un poco más esa vida de otra para mí .

—Eh —Kelvin me acaricia la mejilla—. Nos vamos juntos, ¿vale?

—¿Has venido a buscarme?

—Eres mi mejor amiga. Siempre estaré aquí. —Me levanto y lo abrazo con fuerza—. Lo sé, cariño. Sé cómo duele la vida.

Kelvin se queda a mi lado y, cuando Carey acaba, me hago fotos tras maquillarme para recomendar su trabajo. No sé cuánto me durará la fama, pero al menos alguien puede sacarle partido.

Voy con Kelvin a su casa y Geno se nos une.

—Mi sobrina no entra en razón… Le he dicho que lo venda. Ese sitio ya nunca será mío. Firmaré lo que haya que firmar y que venda el edificio entero. Pensé que esa niña podría aprender algo de todo esto, pero ella ha elegido no hacerlo. No decir basta. Y mi sobrino igual.

—Kalen lleva treinta y dos años en esa vida —le digo—. No conoce otra cosa. Creo que plantearse algo diferente no entra en su cabeza, si tiene que romper con todo. A pesar de todo, es su familia.

—Lo sé, cariño, y yo me quedé sola. Me dieron de lado. No es fácil, lo sé.

Cuando me marcho a mi casa, mi prima está en mi sofá comiéndose mi comida.

—¿Me puedes explicar qué es esto?

—Me quedo contigo hasta que venda la casa.

—¿Cómo?

—Pues me he estado informando de la venta y el alquiler, y resulta que una agencia me ha dicho que es el mejor momento para vender y, sinceramente, mi casa no está en Boston. Prefiero vender y ya.

Le hago una foto y la mando al grupo de mis padres y mi hermana.

Mamá: ¿Qué hace esa ahí?

Papá: Nada bueno, eso seguro.

Maeve: Nunca me gustó esa rama de la familia.

Mamá: ¡Que es la mía!

Maeve: Tú eres la excepción.

Nova: Va a vender la casa. Y me han despedido.

Mamá: ¿Cómo? Hemos tenido mucho lío. Tu hermana… Bueno, se rompió una pierna hace una semana.

Mi hermana manda foto.

Maeve: No quisimos decirte nada para no preocuparte. Yo estoy en la recepción y los papás haciendo mi trabajo.

Nova: Regreso a casa. No tengo trabajo y, hasta que encuentre algo aquí, o sepa qué hacer con mi vida… vuelvo a casa.

Mamá: Y tu… ¿amante?

Nunca fue para siempre.

Papá: Pero lo querías.

Sí. Os dejo, que mi querida prima se está comiendo toda mi comida.

Mi prima venderá el piso en una semana. Ah, y usará mi cama. Me toca el sofá. Ella es la dueña. Cuando me acuesto, miro el techo sin poder dormir. No he sabido nada de Kalen en todo el día.

Nova: ¿Todo bien?

Kalen: Sí, todo bien.

Se me hace raro que no comente nada de mi despido. Tal vez es que el final ha llegado, sin que tuviera tiempo de creer que podría retenerlo entre mis dedos un poco más.

Kalen

—Dame el móvil. —Miro a mi hermana—. Nos has dado un susto de muerte. Nunca más.

He caído redondo antes de ir a la reunión. Estrés. Ansiedad… Me han aconsejado una vida tranquila. Trabajar menos. Naira está aquí y solo me ha dejado coger el móvil para responder a Nova.

—La he despedido.

La miro enfadado.

—Ya veo cómo te preocupas.

—La amas, Kalen. Es mejor que la tentación no esté cerca.

¿Acaso puedes cambiar algo? No, ¿verdad?

—Veo lágrimas en sus ojos—. Pues eso, mejor así.

Voy a vender ese lugar y ella… Ella será feliz.

Pero sin ti. Le he pagado más de lo que debería por su despido, Kalen, pero tenerla cerca solo te hace daño.

Mira cómo estás desde que ella apareció en tu vida.

Te quiero, Kalen, pero hace tiempo me cansé de luchar. ¿De qué sirve?

—De nada, si no puedes hacer nada. —Asiente y toma aire para contener las lágrimas.

Coge mi mano y la aprieta. Le devuelvo el apretón.

Sé que, a pesar de todo, me quiere, y a mis padres también.

Pero esta es nuestra forma de decir te quiero.

Si miro hacia la puerta, seguro que veo la sombra de mis padres ahí, y si no, estarán cerca.

No se van a ir de mi lado, pero tampoco se van a implicar demasiado.

Vaya vida…

Me dan algo para dormir y, cuando los ojos se me cierran, pienso en Nova. En su sonrisa. En mis sueños ella es mía. Y no tengo que decirle adiós.

Porque la libertad es un regalo increíble con el que solo unos pocos sueñan, mientras otros tantos viven la vida que les ha tocado.

Y mi hermana tiene razón: conocer a Nova me ha cambiado, porque antes de ella no sabía a todo lo que renunciaba.