Capítulo 41
Kalen
No he visto a Nova hasta ahora. En un evento, a las afueras, para una empresa de telecomunicaciones. Bora está a mi lado. Cogida de mi brazo, haciéndome insoportable estar aquí.
Sabía que vendría. Desde nuestra cita, hablamos por mensajes y, por las noches, la llamo para recordar cómo se respira.
El otro día, mientras dormía, soñé que la buscaba y no la encontraba.
Me desperté agitado, nervioso y abrazarla no me calmó, porque un día no estará.
Le he dicho que estoy bien, que lo que me pasó fue puntual, pero no es cierto.
Cada día me cuesta más controlar mis nervios.
Ahora mismo, con Nova tan lejos y Bora cerca, siento que me ahogo.
Me he estirado la corbata varias veces, porque me estoy asfixiando.
He tenido que viajar y la llamé desde el hotel en videollamada, para ver una peli con ella. Luego dormimos juntos. La echo de menos y el dolor que siento en el pecho cada vez es más fuerte. A veces me despierto agitado y temblando. No sé por qué no lo puedo controlar. Siempre he podido.
—Qué vulgar. —Bora mira a Nova—. Es la virgen de los consoladores.
—¿Cómo es eso? —pregunta mi padre. Me cuesta mantenerme impasible.
—Al parecer, la contrató tu hermana —informa a mi padre—. Y en redes habla de cosas sexuales.
—Una vulgar —añade mi madre. Nova se acerca, ignorando la conversación.
—El servicio cada vez está peor —dice Bora de forma despectiva.
—Para —le advierto y Bora me mira enfadada—. No merece que le hables así.
—Porque tú la conoces, ¿no? Claro, si dirigías el negocio. —Bora mira a Nova—. No te queremos cerca. Las mujeres de este lugar somos decentes. No vulgares como tú.
En este momento, odio a mi mujer. Y odio estar atado a ella. Voy a decir algo, pero Nova niega con la cabeza. Sonríe y se marcha. Nadie le coge nada y no la veo aparecer.
—Qué vergüenza —dice mi padre—. Mi hermana siempre avergonzándonos. Abrió eso solo para hacerme daño y se lo ha dejado a tu hermana, por eso mismo. Por suerte, mi hija lo va a vender y un problema menos.
—Si me disculpáis, se me han quitado las ganas de estar aquí con gente con esta moral tan superior al resto de los mortales.
Me quito la corbata y Bora me sigue.
—¿Se puede saber adónde vas? —me susurra al alcanzarme.
—Me he cansado de fingir que te soporto.
—Esto te va a salir caro.
—Bien, haz cuentas. Que yo no quiero contar contigo en mi vida.
—¿Es por esa zorra?
—Más te vale no insultarla. Ella no tiene nada que ver con la horrible mujer que tú eres.
Salgo y voy hasta mi coche. Ya dentro, llamo a Nova.
—¿Dónde estás?
—Camino de mi casa. Mara me ha dicho que, hasta que se pase un poco mi popularidad en redes, no puede contratarme. Algunos han amenazado con irse.
—Yo me he ido.
—No debiste hacerlo por mí.
—Por ti. Por mí. Porque no puedo más. ¿Dónde estás? Te recogemos.
—En la parada de autobús.
Vamos hasta ella y sube en cuanto abro la puerta. La abrazo y ella a mí. Le digo al chófer que vamos a mi casa.
—Te he echado de menos —digo, besándola en el cuello.
—Estás temblando, Kalen.
—Estoy harto. Me falta el aire.
Se sienta a mi lado y me dice que respire lentamente. Poco a poco, me relajo.
—He plantado cara a Bora.
—Debes pensarlo bien. Llevas muchos años trabajando por esto. Sin descanso. Estás muy cerca…
—¿Y luego?
—No puedes cambiar quién eres. Yo tampoco. Ni tampoco escapar de mis decisiones. Mira dónde me ha metido ese vídeo. No era consciente de cómo un vídeo podía joderme la vida. —Acaricio su mejilla, no puedo hablar—. Piénsalo bien. Solo piénsalo. Y busca ayuda, Kalen, no estás bien.
—Quédate conmigo esta noche.
—Siempre que quieras.
Llegamos a mi casa. No estoy bien. Estoy agitado y nervioso. Todos estos años callando me pasan factura. Nos cambiamos de ropa y nos acostamos para dormir.
—Te deseo mucho, pero no puedo…
—Te deseo mucho…, pero abrazarte es muy placentero.
La beso en la mejilla, perdido en ella.
—Si fuera libre…, me quedaría contigo para siempre.
No dice nada y, al poco, noto algo húmedo mojar mi pecho.
—Yo me quedaría, pero no lo eres. Y no quiero hablar de promesas que no se pueden cumplir. Solo puedes ser mi profesor.
Su voz está rota, tan rota como mi corazón ahora mismo. No puedo dormir en toda la noche, pensando en la repercusión de todo esto. Al día siguiente, Bora dice que me pasará esta ofensa y que más me vale cambiar el chip o hablará con su padre.
Queda menos, menos para librarme de ella. Aunque de mi padre nunca me podré librar.