Capítulo 40
Nova
Kalen pone el vídeo en su móvil, tras bajarlo y borrarlo de la red, para que nadie lo vea. Estamos en su sofá, tras limpiarnos y coger algo de comer de las máquinas expendedoras de la cafetería.
Le da al play y me sonrojo al verme tan atrevida sobre él. Cierro los ojos.
—No cierres los ojos. Quiero que veas lo que veo yo al mirarte.
Abro los ojos y dejo de mirarme con cientos de prejuicios en la cabeza.
Dejo que todo lo que me hizo esconderme se vaya y solo veo a una mujer sexi, sobre un hombre arrebatador, haciendo lo que desea.
Miro la escena y noto cómo me excito. Junto las piernas y Kalen lleva una mano a ellas.
Mueve los dedos para liberar mi nudo de nervios, mientras nos veo follando. Me corro en sus dedos y me río.
—¿Y esa risa? —Me besa la mejilla. Estoy apoyado en él.
—Soy sexi… ¿Por qué me miré con los ojos de gente que nunca me vio?
—Porque les diste un poder que solo te correspondía a ti tener.
Lo beso y luego nos levantamos para recoger todo e irnos. Salimos del lugar, entre risas y besos. Al salir del edificio, ha empezado a llover.
—¡Pero si antes hacía buena noche! —grito mientras corremos hacia el coche.
Casi me resbalo, me coge y, como yo trataba de estabilizarme, nos caemos sobre el césped de la entrada. Me río, notando la lluvia calarnos.
Lo miro y aparto hierba de su cara. Él de la mía, y luego me besa bajo la lluvia.
—Me haces hacer cosas imperfectas.
Entiendo qué quiere decir. Nació para ser perfecto. Para no cometer taras. Para no salirse del redil. Para ser lo que otros deseaban, y yo le hago ver que hay un mundo imperfecto que es brillante por serlo. A mí me pasa lo mismo.
No soy perfecta, pero soy perfecta como soy.
—Soy una maestra. Siempre he sido un poco torpe.
Aparta el pelo de mi cara con ternura y veo algo más latir en sus ojos, algo que duele, porque no podemos darle voz. Nos besamos y luego nos levantamos para ir al coche, mojados y helados.
No entramos en calor hasta llegar a su casa y meternos bajo la ducha caliente.
Ya en su cama, me manda las fotos que me hizo. Las miramos juntos. Somos felices. Muy felices.
—Ha sido la mejor cita de mi vida —le digo y dejo el móvil para abrazarlo.
—Sin duda.
Lo abrazo y me abraza. Quiero decirle que lo quiero. Quiero gritarlo. Quiero cogerlo fuerte y no soltarlo nunca. Sobre todo, cuando me da besos dulces de buenas noches.
Quiero soñar que podemos tenerlo todo.
Tomo aire y cierro los ojos para dormir, sabiendo que dormiré regular porque no quiero perder esto. Es perfecto para mí. Encajamos como nunca encajaré con nadie y, repetirme que no debo enamorarme de él, no cambia lo que ya está pasando.
** *
—Te vas muy pronto a trabajar —le digo desde la cama.
—Quiero arreglar unas cosas antes de que vaya el resto.
Miro a Kalen arreglarse. Me gusta cuando se pone la camisa. Me levanto y lo abrazo a medio vestir. Lo beso y noto que tiene el corazón muy acelerado.
—Kalen, ¿estás bien?
—He tenido un mal sueño. —Entierra la cabeza en mi cuello—. Tengo que trabajar y se me pasará.
—¿Y conmigo no te relajas?
—No estarás ahí siempre. Tengo que aprender a calmarme cuando no estés. —Es cierto y me duele, y le duele. Lo veo en sus ojos—. Se me pasará. Solo es un poco de ansiedad.
—La ansiedad no es cosa de broma. Si no paras, puedes explotar.
—Estoy bien, de verdad. —Pone mis manos en su pecho—. Ya estoy mejor, ¿ves? —Sí, parece más relajado.
Pero no sé si es por mí o porque solo ha sido un momento puntual.
—No quiero que estés mal.
—He pensado en que te perdía ya —admite mientras se abrocha la camisa—. Y eso me agitó, pero aún tenemos tiempo. —Acaricia mi mejilla más relajado—. Si estuviera mal, pediría ayuda.
—Mi madre sufrió ansiedad y por eso sé lo importante que es no tomarlo a broma.
—No lo hago. —Me besa dulcemente—. Estoy bien.
Lo abrazo y me devuelve el abrazo. Parece más tranquilo y eso me relaja. Lo acompaño a la cocina y prepara café para los dos. Nos lo tomamos juntos. Me dice que puedo irme cuando quiera. El último beso de despedida me deja fría, porque no sé cuándo sacará tiempo para que nos veamos de nuevo.
Recojo mis cosas y me marcho a mi casa. Su chófer me espera en la puerta para llevarme. Ha debido volver a por mí. Kalen siempre cuida de mí.
Al llegar a casa, me cambio para irme a trabajar.
Tocan a mi puerta. Voy a abrir y es Kelvin.
—No has pasado la noche en casa. ¿Todo bien?
—¿Te has preocupado?
—No, solo quería saber si estás bien. —No digo nada. Solo lo abrazo. Y me devuelve el abrazo con fuerza—. Sé qué se siente, preciosa. Lo sé mejor que nadie.
—No sé cómo podré decirle adiós.
—Lo sé.
No dice nada, solo me abraza. Y me sorprende cómo, a pesar de que nos hemos conocido hace poco, se ha convertido en mi mejor amigo. Ya sabe cuándo lo necesito.
—Prométeme que a ti no te perderé nunca —le digo con la voz rota.
—Te juro que siempre estaré a tu lado.
—Y yo al tuyo. Ahora eres mi familia. —Noto cómo Kelvin se tensa y luego me abraza más fuerte.
Yo me siento perdida, pero él no tiene a nadie. Ahora me tiene a mí para siempre.
Tocan a mi puerta y, cuando abro, está Geno con café y galletas.
—Es muy pronto para tocar al timbre de nadie. ¿Y esas caras?
—Nos hemos prometido amor de amigos para siempre —añado.
—¿Y me dejáis fuera? Yo también puedo prometer ser vuestra amiga siempre. Os doblo la edad, pero os quiero. ¿Eso vale?
—Eso vale sin duda. —Le doy un beso en la mejilla.
Kelvin sonríe y lo noto feliz. Esta unión es importante para él. Desayunamos juntos y, cuando me voy al trabajo, me acompañan. Kelvin tiene que ir a una sesión y Geno se quedará conmigo, subirá vídeos a sus redes. Desde el vídeo que hizo con mi madre se ha hecho más famosa.
Al entrar, las dos miramos horrorizadas las cabezas de caballo de plástico del mostrador.
—¿Ula tiene complejo de El Padrino ? —Geno se mea de la risa.
—Al parecer, sí.
—Es un aviso. Te quiere muerta.
—Ah, claro, lo normal en un trabajo. —Se ríe.
—Solo son tonterías. No hará nada. —Se pone una de las cabezas y yo la otra. Cómo me convence de subir un vídeo con ella así, no lo sé. Mi madre es la primera en comentar que falta ella para el vídeo.
Geno se ríe y me mira feliz.
—¿Por qué me diste este trabajo?
—Porque quería que brillaras y quería que él también.
—¿Tu sobrino?
—Sí, eres perfecta para él. Tenía la esperanza de que, si te conocía, sentiría que hay algo más que la vida que tiene.
—Lo sabe, Geno, pero tal vez saberlo no lo haga feliz ahora.
—Eso estoy pensando. A menos que rompa con todo.
—¿Te arrepientes de haber roto con todo?
—Ahora no, pero ha sido un viaje muy solitario. A veces pensaba si no era un precio muy alto por ser libre.
—¿Lo era?
—Ahora no. —Sonríe y me da un apretón en la mano.
Empieza a entrar gente y me ayuda. Geno se mueve feliz entre la gente. Le gusta estar rodeada de personas. Tal vez abrió esto, no solo para molestar, sino para encontrar personas como ella. Y dejar de sentirse tan sola.
No podemos juzgar a nadie por la vida que lleva, la vida que oculta o lo que no cuenta, porque solo quien vive su vida entiende todos los matices que no nos cuenta y que le hacen tomar esas decisiones.
Son las pequeñas cosas que no se ven a simple vista las que marcan nuestros pasos.