Capítulo 39
Kalen
Mi suegro cierra el trato, como quería. Es feliz cuando firmamos. Yo no. Siento que esto, a la larga, nos pasará factura. Se lo digo a mi padre cuando vamos a mi despacho. Abro la ventana porque necesito aire. Me quito la corbata, pero no se me pasa el malestar.
—Él sabe más que nosotros.
—Tú sabes más. Es tu empresa…
—Ahora es vuestra. Es mejor hacerme a un lado, que yo ya estoy mayor.
—Pues para hacerte a un lado, todo esto se ha cerrado por tu insistencia.
Voy a por agua. No se me pasa. Tiemblo. Me tiembla la mano.
No recuerdo cómo se respira. Voy al aseo y busco a Nova en las cámaras de la tienda.
La veo atendiendo a una mujer. Se ríen cómplices.
Mi tía anda por ahí y la mira con cariño.
Le mando un mensaje, sin pensarlo mucho.
Quiero una cita. Olvidarme de todo esto.
Jugar, una vez más, que no estoy cogido por los huevos.
Mira el móvil cuando la clienta se va. Al leerlo, mira la cámara y me sonríe, por si la estoy mirando. Tomo aire. De nuevo recuerdo cómo se respira. Me dice que sí. Quedo con ella a las seis en la puerta de su casa.
No tengo ni idea de dónde iremos, pero tengo horas para improvisar.
Como pronto, cancelo todas mis citas de por la tarde y las paso para los días siguientes. Mi padre se queda un poco más y, cuando se va, siento alivio. Es triste que mi padre me altere tanto que lo quiera lejos, cuando debería ser al revés.
** *
Recogemos a Nova y le pongo una cinta en los ojos. Luego la beso, mientras el coche va donde pasaremos el atardecer.
—Kalen…
—Me salvas, Nova —le digo, lamiendo el contorno de sus labios—. Cuando te tengo cerca, recuerdo cómo es respirar.
Pone su mano en mi pecho y deja que la bese lentamente. Al llegar, la saco y andamos. Le quito la cinta y ve que hemos llegado al puerto deportivo, donde nos espera mi barco. A esta hora no hay nadie.
—¿Vamos a dar un paseo en barco?
—Sí. Hace tiempo que no navego, pero se me daba muy bien hacerlo hace años.
—Espero que no me hundas. —Me río.
—No es mi idea.
Vamos hasta el barco y preparo todo para navegar por el río Charles.
Nova mira todo, ilusionada. Las aguas son tranquilas.
Se pone a mi lado, mientras acelero por estas tranquilas aguas.
Hace fotos de todo. Está atardeciendo y se ven los rascacielos de Boston, poco a poco, más reflejados en el agua.
Pasamos por Longfellow Bridge mientras las luces se encienden y Nova grita feliz.
Detengo la barca para disfrutar del paisaje en una zona tranquila. Lug metió cosas para una cena de picoteo antes de que llegáramos. Saco champán y lleno dos copas.—Es precioso, Kalen. Y tranquilo.
Observamos los tonos anaranjados del cielo, mientras el barco se mece por el contoneo del agua.
—Hemos cerrado el trato —le digo, tomando un trago.
—Y tú no querías.
—No, pero da igual. Y ya no quiero hablar de negocios. Quiero disfrutar de ti. ¿Ha entrado mucha gente?
Me cuenta las historias de hoy; cómo la gente se abre y le confiesa cómo se siente. Y a ella le gusta sentir que a su lado se sienten libres de ser ellas mismas.
—Ha venido un hombre para comprar cosas para su novia. Dice que ha estado leyendo los libros que le gustan, viendo las escenas señaladas, para darle una sorpresa. Es bonito que se tome el tiempo para que ella sea feliz.
—Tener una pareja debería ser eso. Saber leer en el otro qué necesita, sin olvidar qué necesitas tú, y no tener miedo de decirlo.
—Ahora lo sé. —Nos miramos a los ojos y sé que con ella sería así.
Doy un trago y ella otro. La beso con las burbujas aún entre sus labios. Luego cojo fruta y comemos entre tragos de champán.
Cuando ha anochecido, en una parte de la ciudad alguien dispara cohetes artificiales.
—¿Es cosa tuya?
—No, pero me hubiera gustado apuntarme el tanto por ver tu sonrisa.
—La estás viendo y te ha salido gratis —bromea feliz.
Saco el móvil y le hago fotos. Una tras otra. Cuando se da cuenta, se acerca y posamos juntos. Me besa y la beso. Hago fotos y las guardo en una carpeta con código, para cuando no la tenga y quiera ver cómo era ser feliz.
—Kalen… —Está sobre mí, acurrucada.
—¿Qué?
—Es la mejor cita de amigos que he tenido en mi vida. —Me río—. ¿De qué te ríes?
—Lo siento, preciosa, pero tus citas han sido muy malas; con poco, siempre será la mejor.
—Eso es cierto. —Me mira feliz—. Aun así, es la mejor.
—La mía también.
No hacemos nada. Solo nos dejamos mecer por el agua, mientras nos tapamos con una manta. No quiero irme, me gusta estar aquí con ella. Cuando se queda dormida, la miro. Recorro los contornos de su cara con mis dedos. Abre los ojos y sonríe.
—Gracias por esta cita. Me encanta Boston y verla en barco ha sido un regalo.
—De nada.
—Por cierto, no me dijiste qué has hecho para que ahora entre gente.
—Ula puso que solo se abría de tarde.
—Ahora todo tiene sentido.
—Mi hermana quiere que el negocio fracase…
—A mí me va a despedir. Y mi prima me quiere subir el alquiler. Pero saldré de esta o regresaré con mis padres.
—Eso no te haría feliz.
—A ti tampoco, siguiendo siendo el CEO de tu empresa, y ahí seguirás. —Es cierto, y por eso no la puedo juzgar, pero que se vaya me destroza—. Háblame de tu otro negocio.
—Últimamente, no puedo estar ahí tanto como me gustaría. Lo llevo a distancia y tengo un buen director que me ayuda, pero se nota que no he podido invertir más horas.
—A ver si ahora que se ha cerrado el trato, te dejan más libertad.
—Eso espero. Tenemos que regresar.
Gruñe y la beso. Recogemos todo antes de ponernos en marcha. Vamos al coche y le digo a Lug de ir a mi empresa de app. Llegamos y se la enseño, tras encenderla. Es un edificio a las afueras, con espacios abiertos y lleno de luz y color.
—Es precioso, Kalen. Me gusta mucho.
Andamos por él hasta mi despacho.
—En este lugar sí me siento en paz —le digo y es cierto.
Me empuja a mi sofá en el despacho y se sienta sobre mí. Lleva un vestido que se le sube.
—¿Hay cámaras?
—Solo puedo ver yo las de mi despacho. —Se mueve sobre mí.
—¿Y te excitaría ver cómo follamos? —Mi polla da una sacudida.
No le respondo, sino que la beso. Devoro su boca mientras su cuerpo se frota sobre el mío.
—Creo, preciosa, que has superado al maestro. —Se ríe mientras desabrocho los botones de su escote.
—Es lo que tiene tener un buen maestro.
Veo que lleva un sujetador de encaje transparente. Paso los dedos por sus senos y se erizan bajo mi contacto.
—Me encantan tus tetas.
—Tras lo de mi ex, pensé que eran demasiado grandes porque él… Bueno, reírse no fue lo único que hizo. —La miro a espera—. Me dijo que le gustaban más pequeñas.
—Cada vez tengo más claro que ese idiota no sabía qué hacer con esta pedazo de mujer. —Sonríe—. Eres muy sexi, Nova, y eso le abrumaría. En vez de admitir que se sentía perdido, se rio para hacerte daño y que tú no notaras lo inexperto que era.
—No lo había pensado así. Quiero dejar ir ese recuerdo para siempre. No quiero hablar más de él.
—Me parece bien. —Lamo sus pezones sobre la ropa interior y me los meto a la boca para succionarlos.
Gime y tira de mi pelo—. La cámara está justo encima.
—La mira y, justo cuando lo hace, bajo su sujetador y me meto uno de sus pezones en la boca.
Mueve su cuerpo contra mi dureza. Se contonea y noto su humedad traspasarme.
—¿Te gusta saber que luego lo vamos a ver?
—¡Sí! —Tensa su cuerpo—. Kalen…, te necesito dentro.
—¿Quieres que te folle, preciosa?
—Ya tardas. —Me río y tiro de sus bragas. Me las guardo en mi bolsillo.
Tira de mi pantalón hasta liberar mi polla. Luego se arrodilla. La miro.
—Te dije que la quería en mi boca. —La miro arrodillada, con la ropa arrugada. Las tetas por fuera. Sus labios rojos por mis besos y sonrojada. Joder, quiero parar esta imagen en el vídeo y beber de ella, cuando no la tenga.
Acerca su lengua a mi glande y lo lame como si fuera un helado. Juega con ella, antes de meterla en su boca y llevarla poco a poco hasta el fondo. Echo la cabeza hacia atrás, mientras mis manos van a su cabeza. Sube y baja.
—Preciosa…, necesito estar dentro de ti ya.
Da una última lamida, antes de levantarse y ponerse a horcajadas sobre mí.
Acomoda su cuerpo al mío y entro poco a poco en su interior. Baja de una y ambos jadeamos por la impresión de sentirnos. Estamos muy cachondos, por eso contenemos el aliento para no dejarnos ir.
Busco su boca y la beso, mientras sube y baja en una lenta agonía.
Noto su cuerpo apretado en torno a mi polla, mientras su lengua danza con la mía. La miro sobre mí. Está preciosa. Sus pechos rebotan con cada embestida. No necesito un vídeo para recordar este momento o cualquiera de los vividos con ella. Se han grabado a fuego en mi mente.
Cuando estoy cerca, llevo los dedos a su clítoris y esparzo sus jugos, para luego hacer círculos con mis dedos.
—Es muy bueno… Kalen…
—Córrete para mí, preciosa.
Se deja y me corro con ella, sin dejar de alzar mi cuerpo, para prolongar su placer. Se desploma sobre mi pecho y la abrazo con fuerza. No quiero dejarla ir nunca.