Ponme las pilas Capítulo 38
74%

Capítulo 38

Nova

Geno se ríe varias veces mientras graba el vídeo y, cuando lo subo, está nerviosa por si la gente la sigue. Se queda conmigo y menos mal porque, ¡viene gente! Geno me ayuda y algunas se hacen fotos conmigo.

—A mí me daba vergüenza venir; este sitio impone.

—Mucho, no es idea mía.

—Ella lo dejó muy bonito —añade Geno—, pero la nueva dueña quiere esto.

Vendo más que nunca y, al acabar, estoy agotada. Voy con Geno a comer para celebrarlo y llamamos a Kelvin para que se apunte. Viene enseguida. Hoy tiene mejor cara, pero me preocupa que esté sufriendo.

—Si quieres, luego nos podemos ir de compras —le digo.

—Yo me apunto —esto lo dice Geno y Kelvin asiente.

Escribo a Kalen para ver cómo está y contarle que no ha dejado de venir gente. Me dice que está en una aburrida reunión. Me hago una foto y se la mando.

Nova: Me debes una clase de sexo telefónico.

Kalen: Esta noche te llamo a las diez.

Me prepararé para ti.

Kalen: Espero que ahora mismo no me pidan que me levante porque no puedo :P

Sonrío y, cuando levanto la cabeza, dos pares de ojos me estudian.

—¿Hablando con alguien interesante? —indaga Geno.

—Muy interesante —esto lo responde Kelvin.

—Sois unos cotillas.

—Como si fuera tonta y no supiera que estabas hablando con mi sobrino de cosas guarras. —Geno da un trago a su vaso de refresco—. A ver, tengo ojos. Y veo cómo os miráis y os pillamos desnudos, y eso.

—¡No estábamos desnudos! Y no se nos nota.

—Se nota, sí —añade Kelvin.

—Bueno, pues no nos veremos en público y punto.

Los dos se miran y sé que comparten sus miedos. Por eso, cambio de tema. No quiero que me recuerden que me estoy pillando por alguien que no se quedará.

** *

Me he comprado un conjunto de ropa interior y una bata sexi, con Geno y Kelvin cerca. Casi me muero de la vergüenza, pero no pienso dejar que nunca más los miedos y la vergüenza me metan en una jaula.

¡Que me estoy haciendo experta en consoladores!

Cuando Kalen me llama en videollamada, estoy de los nervios. Pongo el móvil en un trípode, idea de Kelvin, y me siento en la cama.

—¿Nerviosa?

—Pues sí, porque nunca he hecho esto.

—Me encanta ser tus primeras veces.

Nos miramos de forma intensa y me doy cuenta de que me encantaría que también fuera el último en todo. No, para, no te enamores de él.

—¿Te gusta? —Giro para que vea la bata de color rosita. Es un poco transparente.

—Me gusta mucho.

Lo miro. Está tumbado en la cama y parece que no lleva camiseta.

—¿Un día duro?

—Ahora solo quiero pensar en ti. En lo preciosa que estás y en cómo me gustaría estar ahí para quitarte ese nudo de la bata.

Toco el nudo, mirando a la cámara, y lo desato poco a poco.

Cuando se abre del todo, Kalen contiene la respiración. Me mira de una forma que me hace sentir una diosa. Su mirada me da poder para ser yo misma sin miedo. El sexo es cosa de dos. Si una de las partes no colabora, solo está destinada al fracaso.

—Muy bonito. Y muy transparente.

Su voz es muy ronca. Junto las tetas y se agita.

—¿Estás desnudo?

—No. —Me enseña los pantalones del pijama y veo lo duro que está.

—¿Te vas a tocar mientras me miras?

—Es la idea.

—Quiero verte la polla.

—Joder, que soy yo el que debe darte lecciones a ti. —Me río y Kalen me da lo que quiero. Se baja los pantalones y su miembro, mojado en la punta, se pega a su estómago duro.

—Me muero por chuparlo. Me gustó tenerlo en mi boca.

—Madre mía. —Se toca y veo cómo se pajea delante del móvil—. ¿Tienes los pezones duros? Enséñamelos. Sin quitarte el sujetador.

Me bajo las copas y puede ver cómo están de duros. Los toco. Luego me chupo un dedo y me los mojo. Lo veo subir y bajar la mano para darse placer, mientras yo me toco. Y eso me hace sentir poderosa.

—Toca lo mojada que estás.

Meto la mano en mi ropa interior y saco los dedos mojados. Me pruebo y da un respingo.

—Esa boca me tienta y más si sabe a ti.

—Pues he traído juguetes. —Le enseño un consolador rosa—. Tal vez no me quepa.

—Preciosa, te coge mi polla.

—Pero porque tú me dilatas más cuando te tengo sobre mí. ¿Quieres que probemos con esto?

—Quiero y, cuando estemos solos, seré yo el que te llene hasta el fondo.

Aparto la ropa interior y me froto el juguete por mis pliegues. Juego con él, antes de meterlo poco a poco en mi interior.

—Vamos, pequeña, hasta el fondo.

Lo hago y me lo meto todo. Kalen gruñe. Le doy a la vibración y, del impacto de emociones, echo la cabeza hacia atrás.

—Es muy intenso. —Lo saco y lo meto.

—Coge el succionador y ponlo en tu clítoris.

Lo hago y es demasiado. No tengo que sacar y meter el rosa mucho, antes de correrme con fuerza gritando su nombre. Lo veo seguirme y cómo el semen salpica su estómago.

Se levanta para limpiarse. Hago lo mismo y acerco el móvil.

—No me cuelgues aún.

—No pensaba hacerlo.

Hablamos, ahora sí, de su día y del mío. Me va entrando sueño y veo cómo deja el móvil de forma que pueda acostarse sin dejar de mirarme. Despierto a medianoche y sigue ahí. Dormido. Ambos hemos dejado una tenue luz para vernos.

Lo echo de menos. Mucho. Tanto que duele.

Estoy en problemas, porque necesito perderme entre sus brazos más que nada en el mundo. Se despierta y me mira.

—¿Problemas para dormir? —Su voz es ronca.

—Me gustaría hacer algo contigo; una cita de amigos.

—Cita de amigos. —Sonríe—. Pensaré algo.

—Vale.

De nuevo, me entra sueño y me duermo sintiendo a mis mariposas danzar. Lo peor es que en mis sueños son como mini consoladores con alas. ¡Joder! Mi trabajo me está fundiendo los sesos.