Capítulo 37
Kalen
Llego al hotel y, tras darme una ducha, miro las redes, tras unos días agotadores de reuniones y viajes.
Mi suegro ha convencido a mi padre para las inversiones de Japón y no me hacen caso, pero me necesitan de intermediario.
Pero les dan igual mis opiniones, porque ellos saben más.
Mi padre tenía dudas, pero ahora solo me dice que es mejor así.
Pulso los vídeos de Nova y cuenta algo de historia. Y en otro, las primeras preguntas, que no tenía ni idea. Su voz me relaja y desata el nudo de nervios de mi pecho. Noto cómo, poco a poco, respiro peor; cada vez me siento más nervioso. Es como si algo fuera a estallar dentro de mí.
No sé cómo controlarlo y quiero creer que yo puedo con todo.
En los comentarios, la mayoría son insultos. Odio verlos. Ver ese hate solo porque está diciendo verdades como puños, y casi todo es de mujeres. La llamo. No verla me mata.
—Hola, preciosa —digo cuando descuelga.
—Soy viral. —Se ríe—. Esto durará dos días, pero es divertido, y mi madre no para de comprar cosas para los vecinos. Geno quiere salir mañana en el vídeo y contar cómo me engañó.
—Mi tía tiene mucha suerte de haberte conocido, y yo.
Admito, es lo más cerca de la verdad que puedo estar. No puedo decirle que siento cosas por ella, que solo me harán daño cuando le diga adiós. No puedo decirle la verdad, porque no puedo prometerle un mañana.
—Y yo de conocerte a ti… Te echo de menos. ¿Está mal que diga esto? Solo somos amigos y…
—Yo también te echo de menos.
—Gracias, así no me siento tan tonta.
—No quiero que te sientas así conmigo nunca. Me encanta todo lo que me dices. —Está bien saberlo, pero no ha entrado nadie. Y eso que di la dirección.
Miro las ventas en mi ordenador y por la tarde se han registrado más ventas que nunca.
—Ula ha vendido mucho.
—Ella sabe más.
—Sí, pero es raro que no entre nadie. Algo se nos debe estar pasando. Antes sí entraba gente.
Pongo el nombre de la tienda en redes y no veo nada raro, hasta que veo el horario. Alguien ha puesto solo horario de tardes y del sábado por la mañana.
—Ahora te llamo y te explico qué ha pasado.
—Vale.
Llamo a mi hermana y me lo coge enseguida. Tomo aire para calmarme, porque esto me parece una injusticia sin sentido.
—¿Le dejaste acceso a Ula a las redes de la empresa?
—Claro. ¿Qué esperabas?
—¿Qué más le ofreciste por ser encargada?
—Un porcentaje de las ventas.
—Pues ha modificado el horario para que nadie, nadie, vaya por la mañana.
—Eso no puede ser. —La escucho teclear—. Bueno, pues si ha hecho esto, por algo será.
—Porque tú le has dado ese poder.
—En este negocio hay que ser más listo. No tengo la culpa de que esa virgen se ofenda. ¡Virgen y vendiendo consoladores! Qué vergüenza. Cuanto antes me quite ese negocio, mejor para mí. Si alguien se entera, me destroza, Kalen. —Noto miedo en su voz y pienso si no está haciendo todo esto por eso.
—La tía te lo dejó por una razón. ¿No lo has pensado? La tía te quiere. Somos como sus hijos.
—Porque espera que sea como antes, pero esa niña murió y mejor que todos os deis cuenta de eso. Ya no soy la misma. Quiero ser quien soy y cambiaré el horario, pero eso no cambia nada. No me gusta esa mujer.
—¿Por qué?
—Yo también puedo acceder a las cámaras. Te he visto mirarla… Lo mejor para ti es que ella esté fuera. ¿De qué te sirve sentir por una mujer que nunca podrás amar? ¿Acaso eso te hará más feliz cuando la dejes marchar y aceptes tu vida?
Noto que me quedo sin aire, al tiempo que mi hermana tose para controlar sus emociones.
—Sabes que mi matrimonio con Bora está acabado.
—Lo sé, pero eso no cambia que, si no es Bora, será otra de nuestro círculo social. Mejor no te hagas daño con alguien que nunca podrá ser para ti. Hazme caso.
—Echo de menos cuando éramos amigos.
—Yo no, porque esa mujer era vulnerable y frágil. Ahora soy fuerte y puedo enfrentarme a todo. La de antes, tenía sueños que no sirven para nada cuando no puedes hacerlos realidad.
—Pues qué triste.
—Así es la vida.
Cuelga y, tras calmarme, escribo a Nova. Le cuento todo y que está arreglado.
Nova: ¿Cómo estás?
Kalen: Bien.
Miento, porque ahora mismo no dejo de pensar en que estar a su lado me hace desear un hombre diferente que no soy. Y todo porque, sin querer, me estoy enamorando de ella como nunca antes lo he hecho de alguien.