Capítulo 36
Nova
Entro a la tienda y casi grito por los horribles hinchables que han puesto a un lado, tras el mostrador.
Saludo a la cámara y señalo los muñecos. El móvil me suena. Es Kalen y, cuando veo su nombre, siento mariposas en mi estómago mientras descuelgo.
—¿Estás viendo qué horribles?
—No sé a qué juega Ula, la verdad.
—A desquiciarme o a que me marche antes de que me despidan. Solo eso explica que cada día tenga una sorpresa. A uno le ha puesto una máscara de caballo. Madre mía.
—Hay gente a la que le gusta.
—Lo sé. A mí no, pero lo respeto. Pero creo que no hace todo esto para vender. Es para joderme. Seguro que, mientras los hinchaba, se reía de mi cara al verlos.
—Hazlo de la mejor manera que puedas.
—Sí. ¿Te veré pronto?
—Esta semana la tengo complicada y tengo un viaje. Tal vez podamos hacer algo cuando esté en mi hotel solo.
—Sexo telefónico, me apunto, profe.
—Joder, Nova… Tengo una reunión y ahora temo ir empalmado.
—Mira los hinchables y se te baja la tienda de campaña. —Se ríe. Me encanta cuando lo hace, porque me he dado cuenta de que no lo hace a menudo.
—Hablamos luego.
—Sí.
Cuelgo y le digo adiós a la cámara. Luego, coqueta, me bajo un poco la camiseta.
Kalen: Cabrona, ahora no se me baja.
Me río y me pongo a trabajar, aunque siento que hoy tampoco vendrá nadie. A media mañana, tras irse Carey a su peluquería, estoy tan aburrida que me pongo a grabar un vídeo para mis redes. Para mis cuatro gatos.
—Esta es la historia de cómo una virgen acabó en una tienda de artículos…
para el placer femenino. —Señalo los hinchables—.
Necesitaba un trabajo y aceptaba cualquier cosa…
Y acabé aquí. ¡No tenía ni idea de todo lo que me pedían!
Me iba al almacén para buscar en Google.
San Google, lo deberíamos llamar. —Me pongo la máscara de caballo—.
De verdad, a alguien seguro que esto le gusta.
—Me la quito—. A mí, no. Pero si algo he aprendido de este lugar, aparte de mil definiciones raras…
, es que hay mucho tabú con la mujer y el placer.
Que mucha gente no entiende que el cuerpo de la mujer es un campo por explorar, con cientos de terminaciones nerviosas, y que a alguien que le guste buscar sus placeres no es una zorra.
Es triste que sigamos teniendo tantos estigmas cuando una mujer quiere buscar lo que le gusta.
Por eso muchas dudan al venir, o tienen miedo de expresar qué quieren, por si son juzgadas.
Yo llevo años temiendo mi lado más sexi, porque no era capaz de expresar a mis parejas cómo me sentía.
Me quedaba quieta, como una tabla, y esperaba la magia.
Y no, aquí vendemos cosas largas y gruesas, pero no son varitas.
Aunque te hacen sentir algo mágico. —Me río—.
Deberíamos dejar de juzgar a la gente por buscar su felicidad. Y, sobre todo, entre nosotras.
Lo subo sin retocar. Total, solo lo va a ver mi familia y mis vecinos los cotillas, los que me miraban raro por ser virgen. Es mi forma de liberarme, de que dejen de dolerme sus prejuicios.
Mi madre me llama.
—¡Me ha encantado! Lo he compartido con la abuela.
—Madre mía, a saber qué piensa.
—Dice que quiere probar uno de esos, que no quiere morirse sin usar una varita mágica y que, como tú se las vendes, pues no le da vergüenza pedirla.
—Vale…
—¡Eres la mejor! —Mi hermana quita el teléfono a mi madre.
—Y yo estoy muy feliz con los juguetes —añade mi padre y a mi madre le entra la risa tonta.
—Me alegra que lo hayas hecho —dice mi madre—. El mundo solo cambiará cuando las mujeres dejen de pedir perdón por follar.
Cuelgan y mi madre me pasa encargos de la gente del hostal; se lo ha puesto a todos y quieren probar cosas nuevas. Las vecinas han ido y, cuando me doy cuenta, estoy preparando un paquete enorme de ventas online para enviar a mi madre al hostal.
Cierro y veo a Kelvin apoyado en su coche.
—He visto tu vídeo.
—Tú y medio barrio de mis padres. Mi madre se lo ha mandado a todos.
—Medio barrio y más. —Saca el móvil y veo que tiene cien mil visitas.
—Eso está mal. Lo acabo de subir… ¡¿Cómo es posible?!
—Porque mucha gente piensa como tú, y acaban encerradas en sus propios prejuicios por ser juzgadas por la sociedad. Te invito a comer. Vamos a celebrar que eres famosa.
—En unas horas nadie lo verá.
—Bueno, pero de momento sí, y lo celebramos.
Vamos a una pizzería y comemos juntos. Hago fotos para redes de mi comida. Kalen no me ha escrito. Tiene que estar reunido.
—¿Cómo llevas lo del chico ese? —le pregunto.
—Mal, pero es mejor así. Ni él podía, ni yo tampoco. Por un tiempo, paso del amor. Solo te destroza.
Veo la tristeza en sus ojos y cojo su mano sobre la mesa. La alza y me da un beso galante. Tengo mucha suerte de haberlo encontrado.
—Bueno, el amor acaba, pero la amistad de verdad es irrompible.
—Eso sin duda.
Pedimos para compartir y le hago algunas fotos para sus redes.
Al salir, estamos llenos y nos despedimos para irnos cada uno a nuestra casa.
Miro el vídeo, tras un rato dando vueltas, y veo que ya hay doscientas mil visitas.
Miro los comentarios y, cómo no, muchos me dicen guarra, zorra y que me debería dar vergüenza hablar de esto en redes.
Una me pregunta dónde trabajo para ir a comprar algo y se lo digo. Dudo que venga alguien, pero si el vídeo ayuda a que me compren y no quedarme sin trabajo, genial.
Estoy haciendo la cena cuando me llama mi prima, la dueña de la casa.
—Veo que ahora eres influencer y tu casa ha cambiado mucho. Lo sé gracias a tu madre, no a ti.
—Solo se ha hecho viral un vídeo mío y me dejaste hacer cambios.
—Bueno, por si acaso, te quiero subir el alquiler. Ese piso, tal y como está ahora, me daría más dinero.
—¿Cómo?
En el fondo lo sabía, pero esperaba estar equivocada.
—A ver, te va muy bien y te hice precio de familia. Estoy perdiendo dinero contigo. Doscientos dólares más, el mes siguiente.
—Pero eso es mucho.
—Pues sube más vídeos y hazte viral, me la suda, primita. Y, por cierto, el vídeo es muy vulgar. Ahora todos saben que eres virgen.
Cuelga y me acuerdo de cuando mi madre me dijo que no me fiara; que no me fiara, pero le envió fotos, a cambio de las llaves…
Según mi madre, a veces es mejor la familia lejos, que ni negocios ni tratos con los que son de nuestra sangre.
Escribo a mis padres y a mi hermana y se lo cuento. Mi madre dice, cómo no: «¡Te lo dije!».
Maeve: Pues haz más vídeos. Saca partido de que este ha gustado. Cuenta experiencias graciosas.
Mamá: Hazlo, y cuenta que ya no eres virgen.
Maeve: Y que es casado.
Papá: No, porque entonces la gente la crucifica.
Mamá: Mejor no contar nada y vosotros, gracias por contar todos los secretos. Ahora os tocará firmar un contrato de esos de confidencialidad antipijos.
Nova: No es un contrato antipijos y os lo he mandado. Lo imprimís y lo firmáis. Mamá, eres una bocazas. Seguro que les has contado cómo es.
Maeve: Y que os pilló haciendo sexo en el despacho.
¡Eso no fue así! Os dejo, que quiero pensar en mis futuros vídeos.
Maeve: Mejor eso que vender bragas en redes.
Papá: Es más higiénico eso, sin duda.
Dejo de leerlos y miro cómo va mi vídeo. Dejo de leer comentarios cuando leo los malos. Por gente así, me convencí de que la culpa de todo era mía. Cuando yo no hice nada malo, salvo confiar en quien no debía.
** *
Es tarde cuando me llega un mensaje de Kalen y ya estoy en la cama.
Kalen: No he podido parar hasta ahora. Me ha encantado tu vídeo. Tienes un millón de visitas, por cierto.
Nova: Eso no es verdad…
Lo miro y me entran los siete males. Vale, mi vídeo es viral. No pasa nada. En unos días se les pasa o subo más y me sirve de algo para tener un extra en redes.
Kalen: Eres muy natural, eso gusta.
Nova: No viene nadie, pero he vendido mucho para mi madre y sus vecinas.
Si necesitas otro trabajo, puedo ver de encontrarte en otro lugar.
No te quiero de jefe. Me gusta follar contigo y con el jefe; no se folla, o pensarán que tengo trato de favor.
Tienes trato de favor. Me gusta hacerte muchos favores.
A ver si pronto me enseñas algo nuevo.
Pronto, pequeña. Nos vemos, duerme bien.
Le doy las buenas noches y dejo el móvil en la mesita. Lo tengo siempre en silencio, por eso no me molestan los likes .