Capítulo 35
Kalen
—¿Qué película ponemos? —Nova se acurruca contra mí, tras haber comido y haber tenido sexo como postre. Nos hemos dado una ducha y aquí estamos, en mi sofá acurrucados.
Saciados y cansados.
—La que quieras. No suelo ver muchas películas.
—¿Y eso? —Se levanta para mirarme y acaricio los contornos de su cara, perdido en su belleza.
—Me paso casi todo mi tiempo libre trabajando. No sé parar, porque o bien hay mucho que hacer o siento que, si trabajo duro, antes me libraré de Bora y su padre. Cuando paro, mi cabeza va a toda velocidad y prefiero estar distraído o llamarte.
—¿Y cuál fue la última vez que fuiste al cine? ¿O que hiciste algo que no fuera trabajar?
—Nunca he ido al cine. —Agrando los ojos y abro y cierro la boca—.
No es tan raro en mi círculo social. Mis amigos eran hijos de empresarios y ellos no iban al cine.
Yo no quería ir solo. En la universidad estudiaba y trabajaba en la empresa de mi padre a la vez.
No tenía tiempo para ir al cine o salir de fiesta con mis compañeros de clase.
—Qué diferentes somos.
—Nuestra vida, no nosotros. —Asiente.
Coge el móvil de la mesa y busca películas en el cine que tenemos cerca.
—Mira, está la segunda parte de una que está en plataformas de streaming .
Se baja la app en la tele y pone su clave. Luego la pone.
—Tiene buena pinta. Yo la he visto. Es genial.
Se acomoda mejor en mi pecho. Pongo una manta fina sobre ella. Apoya su mano en mi pecho y la cojo para jugar con sus dedos. No puedo dejar de tocarla, de sentirla cerca. De sentir que sigue un poco más conmigo.
Ella es especial y me da miedo que lo que siento me acabe por destrozar.
Se queda dormida. La miro dormir y hago caso a la película lo justo, porque mirarla me atrae mucho más. La despierto cuando acaba para prepararnos para ir al cine. Se pone la ropa que trajo ayer. La hemos lavado y secado.
Yo me pongo ropa deportiva, gafas y una gorra.
—Ponte una mascarilla negra, así ya oculto total. —Se ríe de mí cuando salimos de mi casa.
—Solo quiero que nadie nos joda la tarde. No soy tan famoso, pero basta que no quieras que alguien te vea para cruzarte con él.
—No me importa. Al menos vamos a ir al cine juntos. ¿Te ha gustado la película?
—Está bien. —«No me he enterado de mucho», pienso para mí.
Llegamos al cine y paga las entradas. Yo pagaré las palomitas. Puedo pagar todo, pero no quiero que se sienta mal si la invito a todo. No quiero que nuestras diferencias nos separen más.
El olor a palomitas me atrae y, cuando nos las dan calientes, cojo unas pocas.
—Me encantan.
—¿Las has probado?
—Alguna vez sí, pero están mucho mejor aquí.
—Sin duda.
—Vamos al fondo que quiero meterte mano. —La miro divertido y vamos hasta el fondo.
Nos acomodamos con las palomitas en medio. La veo más ilusionada que yo. Tal vez, porque yo lo estoy, pero no sé expresarlo tan bien como ella. Llevo toda la vida aprendiendo a no mostrar quién soy de verdad. Pero ella lo que siente lo transmite.
Cuando los tráileres empiezan, cogemos palomitas. Son un vicio, y más mezcladas con chocolate. Dejamos el cartón a un lado y se acomoda en mi pecho. Es un poco incómodo con apoyabrazos.
—¿Te gusta la película?
—No está mal…
—¿Te molestaría que te besara?
—Ya tardas en hacerlo.
Se sube sobre mí, aprovechando que no hay nadie en el cine, y busca mi boca. Nos besamos como si lleváramos años sin vernos. Tal vez, porque cada beso me sabe un poco a despedida.
Se remueve sobre mí y meto la mano bajo su falda.
—Seguro que estás muy mojada.
—Mucho. —Paso los dedos por la tela de sus bragas y froto su hinchado clítoris.
—No voy a dejar de tocarte hasta que te corras sobre mí. Y tampoco voy a dejar de besarte.
Y eso hago: la beso y froto su botón hasta que se corre y me trago sus gemidos. Estoy muy duro. Tanto que me duele. Se baja de mi regazo y seguimos viendo la película con las manos entrelazadas.
Y de nuevo no me entero de nada porque estoy más pendiente de ella.
** *
Al salir, tiene un mensaje de Kelvin de si van a tomar unas cervezas, que necesita despejarse. Le dice que vale y vamos donde Kelvin nos espera. Al vernos entrar juntos, pone mala cara, pero luego me saluda como si nada.
Se preocupa por ella y no puedo culparlo. Aunque no la mira como si la deseara. No la mira como yo. Cuando la observa, hay cariño. Como un hermano protector.
Pedimos unas cervezas frías y algo de picar.
—No me puedo creer que tenga hambre tras hincharme a palomitas. —Nova disfruta de la comida y Kelvin casi no come.
—¿Qué te pasa? —le pregunto cuando gira la cerveza.
—Un idiota que me prometió cosas que no esperaba cumplir.
—Vaya, lo siento.
—Estaba casado. —Mira a su amiga—. Pero al final no quiere que la gente lo juzgue y yo no puedo exigirle nada, porque no puedo decir nada de con quién salgo en un tiempo. Así que lo mejor es que cada uno por su lado.
—Quien sea para ti, no te lo quita nadie. —Nova se levanta para darle un abrazo.
—Bueno, ahora me quiero centrar en mi carrera. Voy a hacer vídeos para redes. Solo mirando a la cámara y levantando la camiseta, para que se vea la marca del bóxer. Si sale bien, haré más anuncios o pasarelas. Es lo que quiere mi representante.
—Eso está bien, centrarse en el trabajo.
—Como tú, ¿no? No paras de practicar. —Nova se atraganta y Kelvin sonríe.
—Soy profesor aplicado —replico.
—No lo dudo. Tienes hasta mejor color de cara.
—Ahora soy una experta. —Nova alza las cejas, divertida.
Se miran entre ellos, cómplices. Acabamos jugando un billar, Kelvin y yo. Cuando me despido de ellos, Kelvin tiene mejor cara. Voy hasta mi casa, sintiendo que he estado todo el día viviendo una vida que no es para mí, pero que me encanta.
Me gustaría ser libre para elegir quedarme en ella para siempre.