Ponme las pilas Capítulo 32
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Capítulo 32

Nova

El chófer de Kalen me espera cuando llego al trabajo.

—Hola, Lug. ¿Todo bien?

—Muy bien, señorita. El señor Roy me ha dado esto para usted.

Cojo la caja, le doy las gracias y entro en la tienda. Miro la cámara y sonrío. Dejo la caja y la abro. Dentro hay café y tortitas hechas por él. Hay una nota:

Sé que la partida de tu madre te ha dejado triste. Quería alegrarte el día y te hice el desayuno. Ojalá pronto podamos tomarlo juntos.

Kalen.

Miro la cámara emocionada y lo llamo mientras las como.

—Veo que te ha gustado —dice y me gusta que me esté mirando.

—Mucho. Gracias, y sí, me ha dejado tocada. Aunque así podré dormir en mi minicama sin ella encima.

—Nunca he dormido con mis padres en la cama, pero, cuando tenía pesadillas, mi padre se quedaba en la puerta. Y sé que lo hacía porque veía su sombra ahí casi toda la noche.

—¿Y por qué no entraba?

—Tal vez porque intentaba ser padre y, a la vez, ser lo que se espera de él. Pero que estuviera ahí, velando por mí, me alejaba los miedos.

—Mis padres sí se metían en nuestras camas o yo en las suyas.

—Lo imagino.

—¿Qué plan tienes para hoy?

—Reuniones con mi suegro y sus nuevos proyectos. Mi padre vendrá, porque a él tampoco le convence todo esto. No sé si voy a tener mucho tiempo libre estos días.

—Siempre puedes verme aburrida y sola en este lugar.

—Seguro que hoy entra alguien.

—Ya, bueno. Me he traído algo para estudiar.

—¿Sobre qué?

—Eventos. Cuando trabajo con Mara, me gusta organizar cosas. Quiero saber más sobre eso.

—Al menos te pagan por estudiar. —Me río—. Tengo que dejarte. Disfruta de las tortitas.

—Lo haré, gracias por cuidarme.

—Es el placer que más me gusta de mi vida ahora.

Cuando cuelga, tengo en la cara una tonta sonrisa. Pero recuerdo las palabras de mi madre de que no me enamore de él. ¿Y cómo se controla eso? No tengo ni idea.

** *

—¿Cómo es eso que no eres virgen y no me lo has contado? ¡Y con un hombre casado!

Mi hermana me llama para gritarme.

Estoy en mi casa, por la tarde, estudiando sobre eventos todo lo que he encontrado en redes.

—Hola. ¿Qué tal estás?

—Ni hola ni mierdas, yo quiero saber por qué me he tenido que enterar por mamá.

—Porque es una bocazas.

—Aparte de eso. Soy tu mejor amiga. ¿O cómo te has ido lejos, he dejado de serlo?

Me siento mal y le digo la verdad.

—Tenía miedo de decirlo y que no me entendieras.

—A ver, no te entiendo. Está casado, pero mamá dice que confiemos en ti. Y confío en ti. —Nos quedamos calladas—. Nova, no quiero que te hagan daño, pero de ahí a que no estés aquí…

—Eres mi mejor amiga y mi hermana, y estoy hecha un lío.

—Porque te gusta más de lo que debería.

—Mira que lo sabía: esta se enamora del casado —murmura mi madre por detrás.

—Os dije que os estuvierais callados.

—Da igual, los imagino o cerca o esperando el chisme —le digo—. Y no estoy enamorada de él. —Eso espero—. Pero me gusta mucho.

—Hija, esto no va a acabar bien —añade mi padre—. Pero si sientes que debes estar con él un poco más…, hazlo. Cuando todo acabe, te abrazaremos fuerte.

Eso me rompe y no puedo hablar. Los echo mucho de menos y, de golpe, esta ciudad y mis sueños no son tan increíbles sin ellos aquí.

—Vale.

Cuelgo y me cuesta un rato calmarme. Por suerte, Kelvin llama para ver cómo estoy y, al ver mi cara, se queda a cenar. Si me fuera de aquí, también tendría que dejar atrás a personas que ahora son mi familia. Cuesta aceptar que ser feliz sea renunciar a quien quieres pegado a ti cada día.

** *

Kalen me llama por la noche y dejo el libro para cogerlo.

—Hola —me dice al descolgar.

—Hola, esperaba tu llamada.

—Yo necesito escucharte. —Noto su respiración agitada.

—Kalen, ¿todo bien?

—Sí, solo estoy agobiado por el trabajo. ¿Me cuentas qué tal tu día?

Lo hago y, cuando le digo lo de mi hermana, no dice nada. Solo escucha. Me entra sueño y no quiero que lo note, pero se me escapa un bostezo.

—Te dejo dormir.

—No quiero colgar tan pronto.

—Mañana hablamos. Piensa un poco en mí, aunque no deberías…

—¿Y si me mandas una foto?

—Eso está hecho, peque. Buenas noches.

—Buenas noches.

Al poco, me manda una foto de él en la cama sin camiseta. La miro, ampliando su cara y su cuerpo. Este hombre me hace sentir más de lo que debería para no sufrir. Me dice que espera una de vuelta y se la mando. Mi pijama no es sexi, pero él responde: «Preciosa».

Y sé que lo dice de verdad, que no importa qué ropa lleve porque, cuando me mira, se derrite por mí y yo por él.

Duele encontrar a alguien tan perfecto para ti que un día deberías dejar ir por el bien de los dos.