Capítulo 31
Kalen
Mi tía me llamó por la noche para contarme lo que hizo por la tarde con la madre de Nova. Y, por si quería verlo, me mandó el enlace del vídeo que subió la madre de Nova a sus redes. Verlas a las dos fue divertido.
—Me gusta la madre de Nova. Es como yo. —La vi feliz. Feliz de verdad.
Desde que paso más tiempo con ella, he recordado cómo de niños estábamos siempre juntos en su casa. La casa de mis padres y la de ella estaban pegadas y pasaba mucho tiempo con nosotros.
Cuando se fue, me dolió mucho. Lo sentí como una traición y usé ese dolor para protegerme.
Ahora la entiendo más que nunca. Ella no se fue porque no me quisiera.
Se fue porque si no acabaría muerta en vida y, al final, habría estado a nuestro lado, pero como mis padres, quienes no saben ser algo más que lo que ha establecido la vida para ellos.
Hoy ha quedado con la madre de Nova para ver la ciudad, tras desayunar juntas. Le di las buenas noches a Nova y le dije que su madre parecía genial. Me dijo que sí, que la tenía dormida en su cama y que, por si le daba por mirar su móvil, mejor hablar otro día.
Llevo desde ayer buscando una excusa para verla de nuevo. Este fin de semana tengo un evento y lo mismo ella trabaja allí. La podré ver, pero no es lo mismo. La miro en la tienda. Está repasando los catálogos y mira la puerta triste.
Odio que la gente no le dé una oportunidad. Y no me gusta nada la decoración de Ula; antes era más acogedora. Voy a una reunión y a media mañana me marcho para verla. Aplazo una reunión porque mi necesidad de ella es grande.
Su cara de sorpresa al verme es evidente. Pongo el cartel de cerrado y cierro con llave.
—A mi despacho ya.
Entra al despacho y, cuando entro tras ella, busco su cara y la beso. La beso como ansío hacerlo desde nuestro último beso. Es como si la reclamara, como si necesitara sentir que de momento sigue siendo toda mía.
Me pierdo en su sabor y en la necesidad de sentirla cerca. La echo tanto de menos que me dolía y es como si ahora pudiera respirar en paz.
—Dios, no sabes cómo añoraba tenerte así. —Beso sus mejillas y luego bajo los besos por su cuello.
—Y yo.
Andamos a tientas hasta la mesa y la subo a ella. Entro entre sus piernas y asalto de nuevo su boca, mientras nuestras manos suben y bajan por el cuerpo del otro.
—¿Quieres una nueva lección?
—Contigo todas. —Tiro de su labio inferior con mis dientes.
—¿Estás muy dolorida? —Toco su sexo sobre la ropa interior, tras colar mi mano bajo su vestido verde.
—No, ya no.
—Bien, pues hoy la lección es sexo rápido y guarro en una mesa de despacho.
—Me gusta cómo suena eso.
Tiro de sus bragas y me deleito con la imagen de ella abierta y sonrojada para mí.
Su sexo ya está perlado por la excitación.
Paso los dedos por él y los meto dentro.
Se agita. Meto tres dedos para prepararla, por si aún le duele.
Cuando la noto a punto, libero mi polla y entro en ella sin más preliminares.
Su cuerpo me acoge. Late en torno a mi pene.
Me voy a correr rápido.
Apoyo mi frente en la de ella.
—Eres preciosa. —Estoy obsesionado con esta mujer. No me la saco de la cabeza, ni quiero.
Quiero estar a todas horas con ella. Hablar con ella y saber qué hace. La necesidad de ella me ha pillado por sorpresa. No esperaba sentir esto por nadie a estas alturas. Cuando hace tiempo que no sentía nada salvo dolor.
Salgo y entro con fuerza.
—Más duro, Kalen, que luego, cuando me duele, te recuerdo dentro de mí, llenándome.
—Mátame. —Se ríe y la beso mientras lo hace.
Pongo mis manos en sus glúteos y la penetro con fuerza. Notando cómo se abre a mí. Cómo me presiona.
—Tócate, cariño. Tócate para mí.
Lo hace. Veo sus dedos tocar su abultado y sensible clítoris. Hace círculos sobre él, esparciendo su esencia. Veo sus pezones duros presionar la tela. Tiro de su vestido hasta liberar uno de ellos y lo llevo a mi boca. Me encantan sus tetas. Me pasaría horas adorándolas.
Cuando se corre, lo siento en cada parte de mí. Salgo y empujo, y me corro dentro de ella.
Jadeante, la abrazo con fuerza y ella a mí.
—Me gusta esta lección. —Me río—. Hola. —Me acaricia la nariz con la suya.
—Hola. —La beso lentamente—. Nunca tengo suficiente de ti.
—Yo tampoco.
Nos quedamos un rato así, antes de arreglarnos la ropa y limpiarnos. No quiero irme, por eso, mientras ella abre y se va a la tienda, saco mi móvil y hago varias llamadas de trabajo en el despacho.
—¿Cómo que nos vamos a comer a un chino? Creo que Geno tiene obsesión por esa comida. —Mi tía se ríe.
Salgo del despacho hasta la tienda y las tres se giran para mirarme. La madre de Nova se parece a ella; tienen los mismos ojos verdes.
—Es mi sobrino. No te esperaba aquí. ¿Tu hermana no te ha despedido?
—Me dejé unas cosas y he venido a por ellas. —Me presento a la madre de Nova. Su madre me da dos besos.
—Vamos a ir a un chino que han abierto nuevo; es estilo bufé libre. ¿Te vienes? —pregunta mi tía, mientras la madre de Nova me mira como si uniera cabos.
—Voy a ver si puedo y os digo algo.
Saco el móvil. No tengo comidas de empresa, pero tengo una reunión importante a las cuatro que no puedo aplazar. Si la comida se retrasa, no llegaré. No puedo ir…, aunque me muera por hacerlo.
—Quizás otro día.
—Cuando vuelva, entonces. —La madre de Nova me da un abrazo. Y luego mira a su hija—. Al menos está casado, pero está bueno.
—¡Mamá! —le dice su hija.
—A ver, me puedo hacer la tonta, pero ni cosas lleva en las manos.
—Es cierto, Kalen. Debes aprender a mentir mejor. Se nota que ha pasado algo entre los dos. —Señala el pelo de Nova—. Tranquilo, que tu secreto está a salvo con nosotras. —Las dos hacen a la vez la cremallera de la boca y se ríen.
Trago con dificultad, agitado y nervioso.
—Imprimiré eso y se lo hago firmar. —Nova busca mi mano y la acaricia—. Todo está bien, Kalen.
Me pierdo en sus ojos verdes y asiento.
Tengo que salir de aquí y odio sentirme más tranquilo, porque su madre firme el contrato y que Nova lo note. Claro que lo nota. Me conoce, y tal vez mejor que nadie.
Nova no me mira mientras me despido de ellas para irme. Soy consciente de cómo me alejo de ella. De todo lo que me gustaría hacer a su lado y no puedo.
Creía que era libre hasta que la conocí.
Nova
—A ver, hija. —Mi madre susurra, mientras Geno va al aseo antes de irnos—. ¿Me vas a contar qué hacías en el despacho con semejante hombre casado?
—No pasó nada en el despacho.
—En el despacho o donde fuera. Apestas a su perfume, como si te hubieras restregado contra él, como una zorra en celo. Aunque, claro, no me extraña. Pedazo de hombre. Y él olía a tu perfume, hija. Por eso lo tuve claro y por tus pelos de loca y tus labios rojos…
—Vale, mamá, me hago una idea.
—¿Sabes lo que haces?
—Lo sé.
—Entonces, no me cuentes más. Yo confío en ti, cariño.
—Gracias, pero, para tranquilidad de Kalen, firmarás unas cosas.
—Lo que quieras, cariño. Geno me ha estado contando cosas de su vida… Kalen nunca será libre a menos que rompa con todo, y él quiere a sus padres, a pesar de todo.
—No quiero que deje todo por mí.
—Pues no te enamores. Así de fácil.
—Así de fácil —repito como si fuera fácil mandar ante las emociones.
—Pase lo que pase, si no me lo quieres contar, lo entenderé, pero quiero que sepas que estaré ahí para ti siempre.
Creo que, cuando quieres a alguien, lo más importante no es exigirle la verdad a toda costa, es comprender que hay confesiones que requieren de tiempo o de valor para darles voz.
Cuando mi madre se marcha, lloro, porque este lugar es lo que soñé, pero ellos son mi hogar. Cuando no los tengo cerca, siento que mi corazón no está completo del todo.