Ponme las pilas Capítulo 30
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Capítulo 30

Nova

La noche del sábado fue rara. Intenté no buscar a Kalen con la mirada. Mi cuerpo seguía latiendo por él y, cuando lo vi con su esposa, fue como si algo se rompiera dentro de mí.

Es su vida.

Yo su pasatiempo.

Lo sabía, lo sé y no voy a dejar esto. Pero me dejó tocada.

Terminé el trabajo y Mara me dejó en mi casa.

El domingo me llamó para trabajar por la mañana de urgencia, por una baja.

Y llegué tarde a mi casa. Compartí algunos mensajes con Kalen de cómo estaba, pero todo frío.

Siento que quiere alejarme de él porque vio mi dolor.

Y yo no quiero decirle adiós tan pronto.

Entro al trabajo y veo que han puesto otra vez las pollas de goma. Y han movido los sofás. Todo como estaba antes. Ahora que tengo más experiencia, sigo pensando que ver esas monstruosidades de goma no me excita nada. Tal vez en la intimidad sí, pero verlas ahí… No, es un quita morbo total.

Las miro de reojo. Me fijo en que han quitado libros y puesto en la estantería más consoladores de otro tipo. Bueno, ellos sabrán. Esto será cosa de Ula que, al fin y al cabo, vende más que yo.

Suena mi móvil. Es Kalen.

—¿Tan horribles te parecen? —Miro a la cámara.

—Siento que me van a sacar un ojo. —Se ríe—. Esto es cosa de tu hermana, ¿verdad?

—De Ula. La ha nombrado encargada. Me ha dejado fuera del negocio porque no cree que yo pueda ayudarla. Y Ula vende y ahora tiene un puesto de más poder, mientras ella esté de baja.

—Entonces, no te veré por aquí…

—Cálmate, preciosa. No voy a irme a menos que tú me lo pidas. Somos amigos. ¿No?

—Sí. Te diste cuenta de mi mirada de horror al verte con ella, ¿verdad?

—Sí. Soy un egoísta porque aquí sigo pensando en cuándo te veré de nuevo.

—Tengo las tardes libres. Si te apetece…

—Me apetece. Te voy informando. Tengo una reunión. Intenta que esas cosas de goma no te saquen un ojo.

—Qué gracioso.

Se ríe y cuelgo. De nuevo nadie viene. Se me hace ya raro. Por eso, cuando la puerta se abre, alzo la cabeza para saludar y me quedo de piedra al ver a mi madre.

—¡Hola, hija! —Mi madre se cuela tras el mostrador y me abraza con fuerza—. Cómo ha crecido mi pequeña.

—¡Que solo hace dos meses que no me ves!

—Mucho tiempo. Estás más alta. —Aprieta mi cara—. Coño, ¿qué es eso? —Mi madre mira un pene alien.

—Es para las que buscan sexo friki.

—¿Y eso cabe? —Lo coge y lo mira atentamente.

—¡Mamá!

—Mira, hija, estoy en una edad que si algo me la suda es el coño, por lo que piensen los demás, y pienso llevarme uno de estos para probar.

Hay que probar de todo, cariño. Además, desde que empezaste a trabajar aquí, siento curiosidad por todas estas cosas y tu padre me alienta a que pruebe lo que quiera.

Si no, me daría igual, pero me gusta que él quiera experimentar conmigo.

—La entiendo; tal vez, antes no, pero ahora sé la suerte que tiene.

Coge mi cara entre las manos con la polla en medio.

Miro hacia la cámara, por si Kalen está mirando esto, porque no entenderá nada.

Mi madre me dice que ha pasado por mi casa para dejar las maletas. Mi prima le dio una copia de las llaves a cambio de que le mandara fotos de todo. Mierda, mi madre ha caído en su juego. Espero que mi prima no me suba el alquiler.

Mientras yo recojo cosas, ella mira los catálogos que tenemos.

—Ah, se me olvidaba, tengo una lista de palabras raras. Mira esta: pompoir . ¿A que no tienes ni idea?

—Pues no.

—Es una técnica para masajear el suelo pélvico. Para masajear y aumentar la fricción durante la penetración. ¿Tú eras consciente de la cantidad de cosas que hay, aparte del mete-saca? Ah, no, que eres virgen. —Me sonrojo—. No pasa nada, cariño. Con esto te haces un máster. Y mira esta otra.

—Miedo me da. —Se ríe.

—Misofilia.

—Esa me suena.

—Atracción por la ropa interior sucia. Con esta, mucha gente se hace de oro en redes. Los he visto vendiendo bragas usadas por una pasta. Mira, si te quedas sin dinero, podemos vender online bragas de virgen.

—¡Mamá! —Mi madre se mea de la risa—. Y ya no valdría. No soy virgen.

Abre y cierra la boca. Luego se levanta con el pene friki y me apunta con este a la cara.

—¿Cómo es eso de que mi hija no es virgen?

—Pues eso…, que al fin he dejado de tener miedo al sexo.

Entonces, se pone a llorar. Verla llorar y reír con la cosa esa en la mano, no sé si es gracioso o una forma de avergonzarme de por vida. Cuando me abraza, el pene de Avatar se queda entre las dos.

Por favor, que Kalen no nos esté mirando.

Cuando mi madre se separa, me besa en la mejilla.

—Mi niña, que se hace mayor.

—En febrero haré veintiséis. Hace tiempo que me hice mayor.

—Ya… pues ahora a ver cómo hacemos con el negocio de las bragas.

—¡No voy a vender bragas usadas! —Mi madre se ríe.

Es siempre así. Siempre lleva todo a su terreno y suelta lo que se le pasa por la cabeza.

La he echado de menos. La puerta se abre y aparece Carey.

Se la presento a mi madre y, mientras tomamos el café, mi madre le pide consejo para su pelo.

Se va con ella. Miro el móvil y veo varios mensajes de Kalen. Mierda, nos ha visto:

Kalen: ¿Me explicas qué hace una mujer apuntándote con una polla azul?

¿Por qué llora?

No sé si ir a rescatarte. No entiendo nada.

Nova: Es mi madre. Todo está controlado. Ha venido a verme un par de días. Lloraba porque le he dejado caer que no soy virgen.

¿Y se ha puesto a llorar?

Creo que pensaba que mi chumino criaría malvas.

Me gusta cuando dices lo que piensas sin vergüenza.

Sonrío y miro a la cámara. Sigo trabajando. Mi madre regresa con unas mechas nuevas y un corte de pelo que le queda muy bien. No ha entrado nadie y, cuando cerramos, vamos hasta mi casa algo desanimadas.

—Creo que he espantado a los clientes.

Mi madre lleva varias bolsas de la tienda que se ha comprado, como un consolador alienígena azul nuevo. Lo quiere probar con mi padre. No quiero esa imagen en mi cabeza.

—Pues no sé por qué, cariño. Siempre has sido una persona llena de luz.

Atraes a la gente; a los idiotas también, para apagarte.

Es lo malo de la gente de luz, que la gente buena solo te da más cosas buenas y la mala te las quiere quitar por su egoísmo de mierda. Por eso, no sé por qué no entra nadie.

—Pues ni idea.

—Bueno, hoy has vendido muchas cosas. Estoy deseando probarlo todo con tu padre.

Mi madre me mira coqueta y parece una cría.

Al llegar, pasamos por casa de Geno. En cuanto Geno ve a mi madre, nos dice que nos quedemos a comer con ella.

Insiste y le decimos que sí, y otra vez tengo la sensación de que se siente muy sola.

Tal vez, cuando renunció a todo, también dejó de lado todo lo que era.

Sus amigos. Su familia. No debe ser fácil empezar de cero y tratar de encontrarte con quién eres, sin la persona destinada a ser.

Mi madre y Geno hacen muy buenas migas y mi madre, que no se calla, le pregunta en la comida:

—¿Y no tienes hijos?

—No puedo tener hijos —responde Geno sincera—. Tuve un aborto complicado.

Mi madre la abraza.

—Lo siento.

—Mis sobrinos eran como hijos para mí. Los adoraba. Pero mi marido me hacía la vida imposible, por no poder darle hijos. Y no quería seguir así más. Así que rompí con todo.

Cuando lo dice, veo la tristeza en su mirada. Romper con todo fue como perder a sus sobrinos, a los que sentía como hijos.

—¿Y qué pasó luego?

—Me casé otra vez con un hombre que creía que era bueno, pero solo quería controlarme, que no trabajara. Que no saliera de casa… Lo dejé, y fue cuando, harta de todo, abrí mi tienda de sexo. Era para personas que se sentían como yo, atrapadas, y querían algo de felicidad.

—Te admiro. —Mi madre le da un beso, como si fueran amigas de toda la vida.

—Ahora soy el hada de las pollas —duelta Geno y mi madre se descojona.

Se mean de la risa las dos y me gusta verlas felices, aunque sé que bajo toda esa felicidad de Geno siempre quedarán las heridas de todo lo que perdió por elegir ser libre.

** *

Al subir a mi casa, mi madre me pide que le cuente todo lo de mi primera vez.

—No puedo, pero ha sido precioso. Él sabía cómo hacer que yo me sintiera cómoda; que no tuviera miedos o tonterías… Solo lo veía a él.

—Si no lo puedes contar, o está casado o es famoso… ¿Lo primero? ¡Te creía más lista, hija!

—Se está divorciando, pero no puede hacerlo aún.

—Vamos, que quiere engañarte y meterla mientras ella sigue siendo a quien llama esposa.

Las dudas de mi madre me agitan y explotan mi burbuja. Voy hasta la cocina a por agua. No, joder, sé cómo es Kalen, y sé que no me mentiría. He visto su dolor. El problema es el miedo a ser tonta y caer… No, Kalen es ante todo mi amigo y nunca me ha prometido nada. Solo ha ido con la verdad.

Yo lo creo.

—Hija, no lo conozco. No puedo saber si te dice la verdad o no. Pero si tú lo crees…

—Solo es sexo, mamá. Luego, cada uno seguirá su camino. Si él lo sigue con ella, será su problema y no el mío. No me ha prometido nada. Solo somos amigos.

Mi madre va a decir algo, pero solo me abraza. Tocan a la puerta y mi madre abre.

—¡¿Tú eres el pervertido que no deja a su esposa para follar con mi hija?!

—¡Mamá!

Voy hasta la puerta y veo a Kelvin mirando a mi madre, sin comprender nada.

—Kelvin, no es —matizo y lo señalo—. Mi madre, la loca.

—Ah, genial, solo eres el vecino buenorro, entonces.

Kelvin me mira divertido, mientras mi madre lo estruja. Luego, mi madre lo interroga. Kelvin es un amor y se deja interrogar por mi madre. Yo preparo café para los tres. Geno, al escuchar follón, por la ventana del patio de luces, se sube. Y acabamos merendando todos juntos.

—Por cierto, os voy a enseñar mis compras. —Mi madre va a por sus compras. Entonces caigo en lo que ha comprado.

—¡Mamá, no!

—Geno era la dueña, anda que se va a asustar de esto, y Kelvin… Bueno, es modelo, ha visto de todo.

—Doy fe —añade este.

—No sé si estoy feliz con mi madre aquí o mortificada —le digo a mi amigo.

—Feliz. Se te nota feliz.

—Eso es porque folló el fin de semana —esto lo responde mi madre la cotilla.

—¿Cómo? —Kelvin deja de sonreír. Me tocará contarle todo y tranquilizarle, diciéndole que estoy bien.

Mi madre saca sus compras. Y Geno le da consejos de cómo usarlo todo. Tiro de Kelvin a la cocina.

—Estoy bien. Muy bien, dicho sea de paso.

—No deja de ser un hombre casado.

—Lo sé. Lo vi con ella. Pero tengo claro cuál es mi lugar. Voy a disfrutar de esto. Voy a darme un capricho y luego le diré adiós.

—Cuando llegue ese día, a ver si puedes decirle adiós sin más.

—No puedo dejarle ir hoy.

Kelvin me abraza y mete la mano entre mi pelo para darme cariño.

—Lo sé. Yo he estado ahí. Y sé lo que cuesta irse cuando te gusta la persona.—Quiero creer que lo tengo todo controlado.

—Eso creí yo siempre.

Cuando regresamos al salón, mi madre y Geno se mean de risa porque mi madre se ha puesto las bragas en la cabeza; sin usar, menos mal. Y mueve el dichoso consolador azul como si fuera una espada láser. Si es que Geno y ella son tal para cual.

—Tu madre es divertida y me recuerda a otra loca de por aquí. —Mira a Geno, que se pone otras bragas en la cabeza; no puede ser menos.

—Eso lo dices porque no es tu madre la que te está ridiculizando con tu vecina.

—Ojalá mi madre lo hiciera, porque eso querría decir que sigue en mi vida y no que me dio de lado por ser gay.

Abrazo a mi amigo por la cintura y al final acabamos riéndonos con mi madre y Geno. Está medio loca…, pero tengo mucha suerte de tenerla.

Lo peor es cuando me pide que las grabe para sus redes sociales y se montan un vídeo viral las dos juntas. Cuando lo suben, mi padre llama a mi madre muerto de risa. Tal vez no sean perfectos, pero tengo mucha suerte de tenerlos.