Capítulo 27
Kalen
Espero a Nova nervioso. Una copa de wiski calma mis nervios, tras una semana de trabajo intensa.
No solo con la empresa de mi padre, sino también con la mía, donde cada vez me siento más a gusto.
Quizás porque esa sí es mía del todo. No, con un padre que no termina de dejar el poder, que sigue dejando claro que tiene mayoría y que mis ideas se pueden venir abajo, si él lo cree necesario, como ha hecho esta semana varias veces.
Antes aguantaba, pero ahora no sé cómo hacerlo sin explotar.
Por suerte, he tenido a Nova al otro lado.
Entre unas cosas y otras, llevamos muchos días sin vernos y me muero de ganas por tenerla delante.
Por tocarla y no escuchar solo su voz. Llamarla cada noche me ha salvado.
He aprendido más de ella y de su familia; de lo cariñosa que es con ellos.
Me gustaría tener una familia como la suya.
Tener unos padres que parecen más amigos que progenitores.
Tiene que ser bonito confiar en ellos hasta ese punto.
Mi chófer me avisa que Nova está en la puerta y le abro desde dentro.
Tiro de ella hacia dentro cuando se acerca y despido a mi chófer.
Está sonrojada, jadeante y no necesito tocarla para saber que también mojada. Muy mojada. Jugar con ella me da la vida. La deseo tanto que duele y lo que más ansío es buscar la forma de verla. Hacerlo solo por las cámaras no es suficiente. No, con ella.
Acaricio sus mejillas y cojo su cara entre mis manos.
—Al fin nos vemos —dice feliz. Muy feliz. No creo que nadie nunca se haya alegrado tanto de verme.
—Al fin. —Toco sus labios con mis dedos. Cierra los ojos.
—Si te beso, no podré ir sin prisas. Quiero enseñarte algo antes. ¿Lista?
—Lista, profe. —Muerde su boca y la beso. Joder, no puedo resistirme. La beso lentamente, antes de apartarme.
Nos miramos jadeantes.
Nunca tengo suficiente de ella. Cuanto más sé de ella, más la necesito.
—Vamos con la lección.
Abro su abrigo como si fuera un regalo.
En cuanto se lo abro, sus preciosas curvas me reciben. Madre mía. Quiero ir lento, pero la deseo tanto, que temo precipitarme. Sus pechos se ven más tentadores que nunca con ese corsé. Se me seca la boca ante tanta belleza.
Estoy ardiendo por ella y no hemos empezado.
—Eres jodidamente preciosa. —Paso la mano por la cima de sus pechos. Veo cómo se eriza la piel.
Su pecho sube y baja. Su mirada es vidriosa y su boca está entreabierta.
Y qué boca.
Paso los dedos por sus labios rojos y meto uno dentro. Lo chupa y no puedo más. Cojo su cara entre mis manos y la beso con toda la pasión contenida de estos días; el beso de antes no fue suficiente. Una parte de mí se quedó con ella, tras lo que hicimos en ese aseo.
Anclada en ella, incapaz de seguir adelante sin tenerla cerca.
La deseaba tanto que me dolía no tenerla.
Devoro sus labios mientras le quito el abrigo del todo y andamos a tientas hasta el sofá. No me puedo creer que haya escondido todo este fuego dentro de ella; claro que una hoguera no prende si no tiene una buena leña.
Andamos hasta el sofá y caemos en él. Nos enrollamos como adolescentes. Todo mi cuerpo perdido en ella. En lo que siento teniéndola cerca. Aplastada contra mi cuerpo. Iba a ir lento, pero no puedo. No puedo apartar las manos de su cuerpo.
Cuando consigo separarme, la miro y tiene los labios rojos.
—Me gusta sentirte encima. —Mueve su cuerpo para que sus curvas se froten contra las mías. Su cremosidad me vuelve loco—. Márcame, Kalen. Nunca nadie me ha marcado. Quiero mañana ver tus marcas en mi piel.
Lamo su cuello, agitado por su petición. Al final, ella siempre me desarma a mí.
Llevo mi boca a sus cimas y dejo besos por ellas. Chupo y le hago una pequeña marca. Sonrojada, sabiendo que en unas horas se irá, pero suficiente para que la vea y me recuerde.
Tiro de sus cintas y le quito el corsé. Sus pezones rosas me saludan.
—Me encantas… Eres una fantasía. —Paso los dedos por sus duras cimas—. Las necesito en mi boca, preciosa.
—Soy toda tuya.
Sus palabras me hacen gemir. Hace mucho que no hago esto con una mujer.
Y, con Bora, el sexo era rápido porque ella lo quería así.
Nunca me dejó tomarme mi tiempo en adorar su cuerpo.
Lo comprendí todo al saber su engaño. Para ella, el sexo era parte de su plan para tenerme contento con las migajas.
Bajo mi cabeza y lamo cada centímetro de sus pechos. Me los meto a la boca. Los succiono. Me doy un festín con su carne sensible.
—Kalen…, necesito…
—Sé lo que necesitas, pero hoy eres mía y quiero tomarme mi tiempo para disfrutar de ti. Llevo muchas noches soñando contigo y me encantan tus tetas. —Jadea ante mis palabras.
Sigo adorando sus senos mientras ella mueve su cuerpo para buscar alivio, frotándolo contra mí. No me canso de ella, de sus gemidos. De su cuerpo entre mis manos como si fuera mantequilla fundida. De su olor dulce.
—Kalen…, por favor.
—¿Quieres más?
—Mucho más.
Sonríe y la beso de nuevo, tras quitarme la sudadera y quitarle el corsé del todo. Su piel saluda a la mía. Nuestros cuerpos no dejan pasar el aire. Estoy duro como una piedra. Noto cómo mi polla chorrea y cómo su humedad me empapa el pantalón deportivo.
La miro sonrojada y con marcas en sus pechos por mi boca. Bajo de nuevo la cabeza a sus pechos. Los estrujo y estimulo, antes de meterlos en mi boca y succionarlos. Son perfectos. Ella es perfecta.
—¡Sí! Oh… Kalen…, es muy bueno. —Tiro de su pezón con mis dientes y luego lo lamo.
La miro en mi sofá tan fuera de sí. Con el pelo esparcido y casi desnuda.
—Me matas, preciosa. —Lamo la curva de su boca y de nuevo bajo hasta sus tetas—. ¿Estás muy mojada?
—Mucho.
Bajo los besos por su cintura y juego con su ombligo.
Llego a la goma de sus bragas y lamo su sexo sobre la ropa interior semitransparente. Aparto la tela para meter un dedo.
—Eres muy estrecha. Hoy no pasará nada…, pero pronto mi polla te llenará, ¿vale?
—Lo estoy deseando.
Meto dos dedos. Da un pequeño respingo. Los muevo, notando cómo su excitación baja por mis dedos. Esto tengo que verlo.
Tiro de sus bragas y se las quito para verla desnuda ante mí.
—Tan sonrosado y jugoso. —Paso los dedos por sexo. Lo abro y acerco mi lengua a su clítoris.
Tira de mi pelo por la impresión.
—Kalen…
—¿Paro?
—¡Ni de coña! —Mi risa vibra en su aterciopelada piel.
Meto tres dedos y la dilato más. Los saco y los meto, mientras mi lengua bebe de ella.
Está deliciosa. Su coño me llama. Me tienta, me hace desear devorarla, una y otra vez.
Lamo su carne sensible y luego succiono donde más le gusta.
Me doy un festín con su sexo. Me pasaría el día enterrado entre sus piernas.
Sus gemidos me vuelven loco y más cuando mueve su cuerpo contra mi cara y se contonea para que la folle con la boca con más precisión.
Toda ella es un espectáculo.
—Kalen…, estoy a punto.
—Me gusta verte tan cachonda.
La miro con los ojos vidriosos y la piel sonrojada. Saco la lengua y la lamo, sin dejar de mirarla, mientras mis dedos entran y salen de ella con fuerza. Succiono su clítoris y lo muerdo. Luego lo llamo, una y otra vez. Lamidas cortas y rápidas.
Cuando se corre, su cuerpo se cierra en torno a mis dedos, para luego latir con fuerza. No dejo de lamerla hasta que se marchan los últimos coletazos de su placer.
Cierra los ojos y se queda quieta, jadeante.
—Ha sido increíble.
—Tú eres increíble. —Sonríe y me mira con ojos somnolientos.
—¿Y tú?
—Esta noche era para ti. —Lleva su mano a mi dureza y se la aparto—. No hace falta, preciosa.
—Por favor, quiero tocarla.
La dejo hacer. Tira de mi pantalón y mi polla golpea en mi estómago. Nos hace movernos y soy yo ahora el que descansa en el sofá, con esta preciosa mujer sobre mí, queriendo volverme loco.
—Nunca…
—Explora sin miedo.
Sonríe feliz. Yo no tanto porque, cuando su mano sube y baja, siento que dejarla experimentar va a matarme. Sobre todo, cuando coge ritmo y aprieta más sus pequeñas manos.
Estoy tan cachondo que hasta veo borroso.
—Quiero chuparla.
—Puedes. —Mi voz es muy ronca.
La veo bajar la cabeza y lamer la humedad de mi glande. Lo hace una y otra vez. Tomo aire para concentrarme y no correrme ya. Noto cómo los huevos se me contraen al notar su boca caliente bajar y succionarme. Me gusta ver sus labios rodear mi polla. Nunca olvidaré esta imagen.
—Me encanta tu sabor —dice como si tal cosa, mientras yo pienso en cualquier cosa para no correrme ya.
Sube y baja la cabeza y luego lame mi polla de arriba abajo. La escucho jadear, excitada de nuevo.
—Frótate contra ella.
No duda y se pone sobre mí. Nuestros cuerpos se encuentran y frota su sexo mojado contra mi polla. La beso, perdido en ella, mientras entro y salgo de sus pliegues. Quiero follarla, entrar en ella con fuerza, pero antes quiero que no tenga miedo a lo que somos juntos.
Lleva muchos años dejando que el miedo venza. Por eso, quiero que, antes de que pase nada, se sienta a gusto con mi cuerpo. Con el suyo, en esta nueva faceta.
Se estremece sobre mí. Muerde mi boca y yo la suya.
—Estoy a punto, preciosa —le digo.
—Córrete… Tomo la píldora y no he estado con nadie.
—Joder, yo tampoco desde hace tiempo. Y, desde entonces, me he hecho muchas pruebas médicas.
—Te creo. Déjate ir.
—Muévete sobre mí, date placer con mi polla.
Devoro sus tetas de nuevo, mientras ella frota su cuerpo contra el mío. No deja de hacerlo, hasta que se corre y no puedo más que seguirla y echar chorros de semen sobre nuestros cuerpos. Sobre su sexo mojado y hambriento.
Cae sobre mí, sin importar lo mojados que estamos. La abrazo y ella a mí.
—Me quedo a dormir —anuncia.
—Lo daba por hecho.
La abrazo, feliz de tenerla y triste porque esto solo sea un experimento en nuestras vidas o una historia de placer que acabará. La idea de perderla, de golpe se me hace amarga.