Ponme las pilas Capítulo 26
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Capítulo 26

Nova

Miro el nuevo cartel y las nuevas cortinas.

Lo que tenía puesto antes Geno era elegante, pero le faltaba algo.

Esto me atrae más. Yo entraría a un sitio así.

A ver, se nota que dentro hay cosas calientes, pero no es tan evidente.

Invita a que la gente sienta calidez. O que sienta que el sexo no tiene que ser solo porno; que puede ser luz, color, alegría y liberación.

Le mando una foto a Kalen y le digo que me encanta.

No ha salido visto, por lo que debe de estar muy liado.

Llevamos poco más de una semana hablando sin parar por teléfono, antes de dormir.

El fin de semana salió de viaje con su mujer.

Ahora, de golpe, quiere que viajen mucho con su padre para temas de negocios.

Cuando me dice que está con ella, siento como si alguien me aplastara el corazón.

Yo he trabajado con Mara. Me cae muy bien y hacemos buen equipo juntas.

Echo de menos a Kalen. Cuando me llama, siento deseos de verlo, pero no se lo pido porque siento que no está bien y necesita escucharme para calmarse. Por eso, le cuento anécdotas del hostal y siempre se acaba por reír.

Ojalá lo vea pronto.

Entro en la tienda y hay una mujer junto a la hermana de Kalen.

Hoy es viernes y mañana trabajo en un evento con Mara; esta vez en la inauguración de un hotel. Tengo muchas ganas.

—Hola —saludo a las dos mujeres.

Ambas me miran altivas.

—¿Se puede saber quién te ha dado permiso para estos cambios? —Naira mira el lugar con asco.

—Tu hermano es quien ha aceptado mis propuestas. De hecho, él es quien las ha comprado y mandado instalar.

—Mi hermano solo quiere joderme la vida, y antes todo estaba bien.

Daba beneficios con las ideas de Ula, pero, desde que tú has hecho cambios, han bajado las ventas.

Ahora se gana lo justo para pagar. Este lugar es un desastre.

—Se lleva las manos a la cara—. Mira, Nova, no puedo despedirte porque estoy de baja, pero, cuando regrese, serás la primera que se irá fuera.

Este lugar, por mucho que lo adornes, no dejará de ser un asco, donde mujeres desesperadas se acercan a comprar juguetes.

Al menos, Ula lo entiende; a la vista está que vende más que tú.

No soy una cabrona. Daré a luz pronto. Y, cuando deje de estar de baja, te despediré.

Te lo aviso para que te busques otra cosa y no te encariñes con esto.

Búscate otra cosa, ¿vale? Te daré referencias si lo necesitas.

—Por un momento veo algo de bondad en ella antes de pestañear y volver a mostrar su fría mirada.

Se marchan juntas y Ula me mira victoriosa. No me gusta esa mujer. Despierta mis demonios sin saber por qué.

Vale, tengo a lo sumo dos meses de trabajo. Puedo ahorrar lo que vaya sacando de los eventos con Mara. No está mal. El problema es que siento que nada de esto es mío. ¿Así va a ser siempre mi vida aquí?

Desanimada, me pongo a preparar todo para abrir. Pongo notas en los libros que he leído y que me han encantado; tal vez sea porque ahora no paso las páginas spice y porque lo veo a él, a mi profe de cochinadas.

No entra nadie en toda la mañana.

Algo no estoy haciendo bien o es que a la gente no le gusta todo como está. O necesitan experiencia.

Traen la ropa interior y coloco la de muestra en un coqueto ropero con cintas rojas. Suena mi móvil. Lo busco y es Kalen.

—Hola —digo mirando a la cámara.

—Veo que ha llegado la ropa interior.

—Sí, la estaba colocando. ¿Me ves?

—Siempre que puedo. He visto a mi hermana; no pude llamarte antes. Vi tu mensaje y me alegro de que te guste el cartel. ¿Qué quería Naira?

—Avisarme de que no vendo suficiente y que, cuando regrese de la baja de maternidad, me despedirá.

—Hablaré con ella…

—No, si lo haces, pensará que soy importante para ti. —Se queda callado—. Buscaré algo durante este tiempo. Me ha avisado para eso mismo.

—¿Y te vas a rendir? Si vendes, no podrá echarte.

—Tal vez, y no, no me he rendido.

—Bien, siguiente lección, elige un conjunto de ropa interior. Te lo pones esta noche en tu casa y me llamas. Te daré más instrucciones cuando lo hagas.

Miro a la cámara, agitada y nerviosa, ante la idea de jugar con él. Creo que por eso los otros hombres no me atrajeron, porque para ellos solo eran besos robados y sexo rápido, y yo necesitaba más. Necesitaba confianza, y confío en él cada vez más.

Es importante para mí.

Antes de irme, reviso los conjuntos de mi talla y me decanto por uno negro de tela semitransparente. El sujetador es en estilo corsé. Siempre me han gustado, pero cuesta encontrar de tu talla.

Voy hasta mi casa, como una niña el día de Navidad.

¿Quién iba a imaginar que el sexo era felicidad y vida?

** *

Envío varios currículums por la tarde. Leo un poco y, cuando cae la noche, busco mi conjunto de ropa interior. Las braguitas me quedan espectaculares y el corsé lo puedo atar delante. Al mirarme al espejo, mis pechos sobresalen. Su carne cremosa es llamativa y sexi.

Escribo a Kalen excitada y nerviosa.

Nova: Lista. ¿Qué hago?

Kalen: Ponte unos tacones, un abrigo que te cubra hasta las rodillas y baja a la calle. Mi chófer te espera.

Hago lo que me pide y salgo a la calle medio desnuda, salvo que nadie lo sabe. Hay algo excitante en solo llevar la ropa interior y una gabardina encima. El chófer de Kalen me abre la puerta.

No hay vuelta atrás.

Estoy lista para la siguiente lección.

Y por verlo.

Necesito tenerlo delante de mí ya.