Capítulo 24
Kalen
Bora ha organizado un viaje familiar con nuestros padres a un complejo hotelero cerca del mar. No quiero estar aquí, pero esto es algo que ella ha organizado sin consultarme. Es su forma de demostrarme que, hasta que nos divorciemos, tiene el control sobre mí.
Eso es lo que le gustaba de mí: que estuviera enamorado de ella. Que hiciera todo por ese amor y que me doblegara para que fuera feliz.
Odio recordar un pasado donde me creí feliz a su lado. Donde todo era mentira.
Llegamos al complejo hotelero y mi padre está muy contento con esta idea.
—Así descansamos un poco de los negocios. No todo va a ser trabajar —añade Bora y da un beso a mi padre en la mejilla con cariño.
Su falsedad me da ganas de vomitar.
Cogemos las llaves de las habitaciones. Cómo no, la mía con ella. Nuestras familias creen que nos amamos. Vamos hasta nuestro cuarto y me giro para enfrentarla.
—No sé a qué estás jugando.
—Tranquilízate, Kalen. Solo estoy haciendo mi papel. ¿No es lo que quieres para que mi padre piense que nos amamos?
Sonríe y entra en el aseo. Yo salgo al balcón ansiando aire fresco para poder calmar mis nervios. Estar cerca de ella siempre me deja como sin vida. Es como si esa mujer me drenara toda mi sangre.
Escribo a Nova como si necesitara sentirla entre todo este caos, para dejar de sentir este dolor en el pecho que me oprime los pulmones hasta casi dejarme sin aire.
Kalen: ¿Qué haces?
Nova: He salido al súper a comprar. Mañana comeré con tu tía y Kelvin. Dice que es la nueva regla de los domingos: comida de vecinos. Pediremos a un mexicano y quiero hacer un brownie de postre.
¿Se te da bien cocinar?
Sí, mi madre nos enseñó a mi hermana y a mí, para que la cocina del hostal tuviera todo igual cuando ella se jubilara.
Pero tú rompiste con todo.
Nací en Boston. Siempre he amado esta ciudad en secreto. Quedarme allí siempre quedó descartado para mí. Ahora solo falta que mi prima no me suba el alquiler. No para de insistir en que le mande fotos de la decoración. Temo que, si ve que el sitio no parece la casa del terror, me cobre más.
Vaya, entiendo de problemas familiares.
Bora me dice que tenemos que irnos a la excursión. Me despido de Nova y sigo a mi mujer para fingir que somos perfectos el uno para el otro. Cada vez me cuesta más pintar una sonrisa en mi cara cuando ella está cerca. Tal vez porque he conocido a Nova.
Espero que esto que hay entre Nova y yo no joda el final de mi historia con Bora y la empresa de mi padre.
Nova
Mara me da un abrazo al verme llegar y me dice qué debo hacer.
Me pongo a ayudar con los lazos y, cuando veo cosas que no me gustan, se lo digo.
Vivir en un hostal te hace aprender cómo se sigue el mejor protocolo en cada ocasión.
Aunque no era consciente de todo lo que había aprendido a lo largo de los años.
Y también cuando trabajé en la empresa de decoración.
Eso, sumado a mi experiencia en el hostal, hace que me mueva como pez bajo el agua aquí.
Mara me da las gracias y me hace bien sentirme útil.
Hago varias fotos para redes. Kalen le da me gusta. Sé que es él porque en la foto salen sus manos; las reconocería en cualquier parte. Su cuenta es privada. Le doy a seguir y acepta mi seguimiento. No tiene amigos, pero sí sigue algunas cuentas importantes de tecnología.
A la hora del desfile, Mara me dice que ayude con los modelos. Voy hasta Kelvin y le ayudo con la ropa.
—Estás impresionante —le digo sincera.
—Gracias.
Me da un beso en la mejilla antes de irse a su puesto.
Ayudo con una chica. Luego me pongo a recoger hasta que me toca vestirme para estar lista para servir mesas.
Con el resto de mis compañeros, vemos el desfile desde una esquina donde pasamos desapercibidos.
Kelvin está impresionante y saco el móvil para hacerle una foto.
Al acabar, corremos para poder pasar las bandejas.
No me cuesta nada hacer esto porque, para mí, es lo que he estado haciendo toda mi vida. Aunque aquí me siento más cómoda, sin la presión de tener que ser perfecta para cuando mi madre me cediera el legado.
Mis padres abrieron el hostal porque era su sueño. Me dejaron ir, porque no era el mío, pero nunca podré olvidar su cara de pena porque no amara tanto ese lugar como ellos.
Los sueños no deberían ser una carga para las siguientes generaciones.
***
—Lo has hecho muy bien —dice Kelvin al acabar.
—Y me han pagado el doble. —Toco el cheque en mi bolso—. Mara dice que me llamará para más eventos.
—Eso está bien. Tal vez tu futuro sea encargada de eventos.
—Puede ser, aunque le estoy pillando el punto a Pollalandia.
Se ríe. Vamos a su coche y entramos para ir a casa.
Estoy tan cansada que me duermo de camino.
Kelvin me abre la puerta y protesto porque me haya despertado.
Andamos hasta nuestras casas y, alentrar, busco la cama y me tiro en ella sin cambiarme.
Solo me he quitado los zapatos y no tengo fuerzas para nada más.
***
El brownie huele de maravilla y, cuando le pongo el chocolate derretido por encima, me acabo por chupar los dedos. Hago fotos que subo a mis historias de redes. Kalen me llama.
—Necesito que me guardes un trozo.
—Tengo algo mejor: te he preparado uno pequeño que, si te pasas mañana por la tienda, te lo daré.
—Me pasaré y, si no puedo, mandaré a mi chófer.
—¿Qué tal?
—Mal. Fingir que ella es la mujer de mi vida cada vez me pesa más. A veces siento que me falta el aire.
—Te noto triste, agotado.
—Me había resignado a esta vida. A hacer lo que se espera de mí, pero entonces una joven de grandes ojos verdes irrumpió en mi vida y me hizo desear más, y ver todo lo que me perdía por dejarme llevar. —Noto cómo las mejillas se me colorean.
—Tú también me haces desear más.
—Y me muero por enseñarte mucho más. —Se me escapa un jadeo y gruñe—. Joder, Nova… Pones muy difícil no ir a enseñarte dónde quedaría bien ese chocolate derretido. ¿Me dejarías?
—Sí. —Tocan a mi timbre—. Tengo que irme. Nos vemos mañana y, si no, pronto. Necesito clases extras, profe. —Gruñe de nuevo.
Cuelgo y abro la puerta a Kelvin. Me mira sonrojada, pero no comenta nada. Cogemos el postre y el helado, y bajamos a la casa de Geno.
—Qué lástima que mi sobrino no pueda venir —dice esta cuando guardamos el postre.
—Bueno, está de viaje.
—Sí, nunca lo dejará ir. Siempre será solo su heredero. —Kelvin me mira como diciendo: «No lo olvides».
No lo olvido, pero los dos nos estamos aprovechando del otro. Solo nos estamos usando. Solo eso. Esto no llevará a nada. Lo sé. Nadie me ha prometido la luna para luego tener que conformarme con su reflejo en un lago.
Sé lo que hay y sé que quiero seguir, pase lo que pase.