Capítulo 22
Nova
Toco al timbre de Kelvin. Me abre solo con un bóxer y lo devoro con la mirada.
—Joder, esto sí es un espectáculo para la vista.
Entro y va a ponerse algo de ropa. Al poco, sale con unos vaqueros.
Es viernes. Kalen no ha regresado del viaje.
Me escribió, tras mis mensajes subidos de tono, al día siguiente, para ver cómo iba todo y contarme lo que estaba viendo.
Hemos hablado de su viaje. Me gusta cuando me escribe y no son cosas del negocio.
Esta mañana ha venido una representante de la marca de lencería que fuimos a ver el otro día.
Kalen ha cerrado un trato con ella, tras hablar con su tía y decirle esta que todo lo vio muy bien.
La verdad es que llevo su sujetador y es muy bueno.
Traerán muestras para poner en un perchero bonito y luego el resto estará en el almacén.
Lo he visto y me han dado ganas de comprar algunos.
Se lo he mandado a la familia y mi hermana me ha pedido varios.
Y mi madre igual; ella no puede ser menos.
—Me han llamado para trabajar mañana —le digo a Kelvin.
—¡Qué bien! Tenemos un desfile de moda de trajes de novio.
—¡Qué chulo!
—Si quieres, nos vamos juntos.
—A eso venía.
—Perfecto. Y ahora. ¿Quieres venir conmigo a tomar unas cervezas?
—Pues sí. Me apetece.
Kelvin sonríe y voy a mi casa para cambiarme. Busco qué ponerme y llamo a mi hermana mientras me cambio. Está en la recepción del hostal.
—¿Qué tal? —me pregunta.
—Voy a salir a tomar cervezas.
—Bien, ponte algo sexi.
—Solo son unas cervezas.
—Bueno, nunca se sabe. Ahora que estás más suelta con el sexo, lo mismo llevas a tu casa a alguien y dejas que te ponga a cuatro patas.
—Qué bruta eres.
—¿Es tu hermana? —Mi madre le quita el móvil—. Hija, quiero ese conjunto de ropa interior; a tu padre lo volvió loco.
—No quiero tanta información. —Luego me arrepiento porque, a lo mejor, mi madre no tiene a nadie con quien hablar de estas cosas.
Entre el trabajo y nosotras no tiene muchas amigas—.
Vale, te lo pediré. Seguro que papá lo disfruta mucho.
Puedo mandarte algún lubricante de sabores.
—Me pongo superroja, pero sé que estoy haciendo lo correcto.
—Ah, pues sí. Gracias, hija, y disfruta. Si tienes sexo, usa condones. Y luego nos lo cuentas. El día que pierdas la virginidad lo tenemos que celebrar.
Qué vergüenza.
—Por cierto, tengo mi resumen del consolador. Te lo mando en un mensaje; a tu padre le gustó mucho cómo me puso. —Aprieto los ojos con fuerza.
—Gracias, mamá.
—A mí el mío se me hizo pequeño —añade mi hermana—. No, yo quiero algo más gordo. —Mi hermana se ríe.
—Eso es porque tu ex… Lo han dejado del todo, por cierto, Nova. Un idiota menos en casa. —«Pues sí», pienso—. Pues eso, que la tenía pequeña.
—¡Mamá, eso da igual! —grita mi hermana.
—Da igual, solo si sabe usarla —añade mi madre y mi padre se ríe. No quiero pensar por qué. Hasta hace poco, la vida sexual de mis padres era solo suya.
—Me alegra que lo dejaras con él —le digo a mi hermana.
Cuelgo, tras decirles que los quiero. Me hago varias fotos y las subo a redes.
Kalen me llama.
—Muy guapa. ¿Has quedado?
—Con Kelvin, para tomar unas cervezas.
—Yo acabo de llegar.
—¿Estás muy cansado?
—¿Por? Si es para verte, no.
—Te puedo decir dónde vamos, cuando estemos allí, por si te quieres pasar a tomar algo con nosotros.
—Bien. Voy a darme una ducha para despejarme.
—Kalen…, si estás muy cansado…
—Quiero verte —su confesión acelera mis latidos—. Sé que no está bien. Que estamos jugando con fuego, pero, joder. Quiero enseñarte tantas cosas. Y he intentado ser correcto…, pero no puedo.
Yo tampoco. El otro día me moría de ganas de que me preguntara si, al leer esa escena, pensé en él. No debería, pero ahí estaba mi deseo de confesarle la verdad.
—¿Nuevas lecciones?
—Sí.
—Vale, te mando la ubicación.
—Yo pasaré a por algo a la tienda. ¿Confías en mí? —Junto las piernas.
—Sí.
—Nos vemos ahora.
Cuelgo y miro mi ropa. Decido ir un paso más allá y me pongo una falda más corta y una camiseta más sexi. A la mierda. El juego empieza con la ropa. Estoy lista para que mi profesor me dé nuevas lecciones.
***
Llegamos al bar y le mando la ubicación a Kalen.
No tarda mucho en llegar. Lleva unos vaqueros y un jersey que se pega a sus músculos.
Me da dos besos y saluda a Kelvin. Luego, cuando Kelvin va a pedir, pone una caja en mi mano.
Acaricia mi mano y eso desata cientos de mariposas en mí, que ya revoloteaban desde que lo he visto entrar.
—Ve al aseo y póntelo.
Su mirada es hambrienta, antes de ocultarla.
Voy hasta el aseo y miro la caja. Dentro hay un pequeño consolador. Me lo meto en mi vagina. Al salir, Kalen está bebiendo cerveza fría. Yo tengo otra para mí. Doy un trago y, cuando la dejo, noto cómo el juguete vibra. Joder, ¿qué es eso?
Kalen tiene la mano en el bolsillo de su vaquero. Habla con Kelvin del desfile de mañana. Bebo de nuevo y, cuando me despisto, Kalen le da al botón. Noto cómo mi sexo me pide alivio.
Intento no mirarlo, para que nadie note lo acalorada que estoy por este hombre que me hace arder como nadie.
Bebo con ansia, para apagar mi fuego.
—Estas patatas están muy buenas —comenta Kelvin, cuando nos sirven las patatas fritas con una salsa verde y beicon con queso.
Las pruebo y gimo, y no por lo buenas que están. Kalen está dándole más fuerte. Junto las piernas y noto la humedad entre mis muslos. No puedo más. Necesito tocarme.
Lo detiene y veo que sonríe. Sabe lo que estoy sintiendo. Ahora mismo tengo mucho calor y me remuevo inquieta en el asiento. Bebo y como para que no lo noten.
Kelvin responde un mensaje y traen más comida. Kalen bebe, mientras clava sus ojos oscuros en mí. Cuando se lame la boca, para quitarse el rastro de bebida, imagino esa lengua en otra zona de mi cuerpo.
Enciende el aparato y bajo la vista para concentrarme y no correrme aquí, delante de todos. Lo detiene y no puedo más. Tengo los pezones duros y sensibles y el sexo me palpita. O me toco o exploto delante de todos.
—Voy al aseo.
—Yo también.
Kalen viene tras de mí, pero se mete en el de hombres. Yo, al de mujeres. Cierro la puerta y llevo mis manos a mi sexo. La puerta se abre y se cierra.
—¿Dónde estás? —Abro la puerta y entra dentro—. ¿Necesitas correrte?
—Sí…
—¿Puedo tocarte yo?
Esa pregunta me desarma. Asiento, porque ahora mismo soy incapaz de hablar.
—Pero antes… —Busca mi boca y me besa, mientras da al botón y el consolador juega con mi sexo.
—Kalen…
—¿Estás muy cachonda y necesitada?
—Mucho. —Muerde mi boca—. Por favor…, tócame.
Mete la mano bajo mi falda y palpa mis muslos mojados.
—Cómo me gusta llevarte al límite. —Lleva la mano a mi sexo y aparta la tela—. Madre mía, Nova… Esto está muy mojado.
—¿Y eso es bueno?
—Muy bueno, peque. —Lame mi boca mientras me toca.
—Sí… ¡Oh! Sí, justo ahí.
Frota los dedos contra mi sexo. Adelante y atrás con la mano, mientras el juguete no deja de vibrar. No puedo más. Estoy a punto. Nos miramos a los ojos mientras juega con mi clítoris. Me dejo llevar y entonces me besa para tragarse mis gemidos.
Saca la mano, me arregla la ropa y prueba mi sabor.
—Deliciosa. ¿Te gustaría mi boca ahí? La otra noche me moría por preguntarte si me imaginaste entre tus piernas.
—Me gustaría mucho. Sería una lección interesante. Y sí, te imaginé a ti.
Sonríe y me besa de nuevo.
—Soy adicto a tu boca. —Me besa una vez más, antes de irse, reticente a dejarme aquí.
¿Dónde me estoy metiendo? Ni idea, pero quiero más. Yo sí que soy adicta a él.