Ponme las pilas Capítulo 21
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Capítulo 21

Kalen

Llego al hotel y, tras darme una ducha, miro las redes sociales de Nova.

Sale con mi tía. Reconozco el lugar. Íbamos con ella a merendar hasta que sus amigas usaron su nuevo trabajo para despreciarla y, por la imagen de la empresa de mi padre, tuvimos que dejar de verla en público hasta que todo se enfriara.

Al final han pasado los años y no hemos vuelto a ese lugar con ella.

No sabía que lo echaba de menos.

El tiempo pasa rápido cuando tu vida es tan estresante.

Siempre dejé para luego hacer más cosas con mi tía y aquí estamos. Sin haber ido al lugar que sabía que le encantaba.

Nova disfruta del dulce, feliz. Despreocupada y sin ocultar quién es. Empiezo a pensar que su ex no supo qué hacer con una mujer así. Y en vez de reconocer que le imponía toda ella, la destrozó para sentirse superior.

Respondo a su mensaje. Lo de mi tía no me sorprende. Cuando éramos niños, le gustaba hacer el payaso. Algo mal visto por los amigos de mi padre. Su marido odiaba que fuera feliz. Me alegro de que ella tuviera la fuerza de decir hasta aquí.

Por lo que sé, todo cambió cuando tuvo un aborto complicado y le dijeron que no podía tener hijos.

Su exmarido le hizo la vida imposible porque ya no le servía como mujer, para tener un heredero.

Ella vislumbró la vida que le esperaba si se quedaba y puso fin.

Porque su marido no lo iba a hacer, por si esto le hacía perder poder con su entorno.

Para nuestra tía, nosotros éramos como sus hijos.

Hasta que se filtró lo de su negocio y dejamos de verla en público.

Nova tiene razón: mi tía se ha debido sentir muy sola.

Llamo a Nova para ver qué hace. Quiero escuchar su voz.

—Hola. —Su voz está agitada y la imagino probando los juguetes.

Mi mente traicionera recuerda su cuerpo sonrojado y su boca entreabierta mientras se corre. Joder, soy adicto a ella.

—¿Te pillo en mal momento?

—He bajado a tirar la basura y se ha roto el ascensor… otra vez. Me ha tocado subir por la escalera y, por si tu tía necesitaba bajarla, le pedí la suya e hice otro viaje. Estoy agotada.

—Y yo que pensaba que estabas probando juguetes. —Se ríe.

—No, y no creo que tenga fuerzas ni ganas. Me duele la tripa de tanto dulce que hemos comido.

—¿Te han gustado?

—Estaba todo delicioso, pero ese lugar era… como el castillo de Elsa, la de Disney. —Me río.

—Puede ser. Puedes pedir dulces para llevar.

—No, paso. He visto los precios. No quiero quedarme sin sueldo tan rápido. ¿Y tú qué tal?

—Ahora mejor.

—¿Tan mal ha ido?

—Hubiera sido mejor estar ahí, aun con mi tía y sus locas ideas.

—Pues te has perdido también cuando hemos vuelto a casa. Se ha puesto las que le han regalado hoy, diciendo que era Wonder Woman. Un hombre nos ha mirado desde otro coche, pensando que nos faltaba un tornillo.

—Mi tía es así. Ella no tiene filtro.

—Me recuerda a mis padres. Ellos tampoco lo tienen, por eso mucha gente volvía al hostal, a pesar de que cada vez era menos perfecto. Por el trato. Al final, eso siempre marca la diferencia.

—Sin duda es así.

Bosteza. Me despido de ella y me quedo un rato mirando el móvil. Cuando estoy en la cama, vuelvo a mirar sus redes, perdido en ella, en ese brillo especial que brilla en sus ojos verdes.

Creo que esta mujer cambió mi mundo desde el primer momento en que la vi.

***

—Necesitamos cerrar este trato —Mi suegro habla a las claras, tras una mañana de reuniones.

—Sinceramente, creo que no es tan necesario como planteas. —Sonrío para que no crea que tengo algo contra él.

Este trato no tiene sentido. Mi padre también tiene sus dudas.

—Esta gente nos abrirá mercado en Japón. Sí tiene sentido.

—Lo sé. Llevo toda la mañana traduciéndote lo que dicen. Por eso, creo que para ellos es más rentable que para nosotros y que son ellos los que quieren abrirse mercado aquí, y así usarnos a nosotros.

—No sabes tanto de negocios como yo. —Por su mirada sé que debo dejar el tema.

—Claro. Al final eres el experto.

—Sí, confía en mí. Eres como un hijo para mí y quiero que seas el mejor.

Me da un apretón en el brazo que odio. Este hombre es tan rastrero, o más, que su hija.

Estoy tan tenso que noto cómo me falta el aire.

Por la tarde, la cosa no mejora. Intento calmarme, como hago siempre.

Me pongo a trabajar, pero sé que tardaré un rato.

Cuando me llega el mensaje de Nova, siento paz en la tormenta.

Nova: Acabo de leer una escena de un libro… que no me ha disgustado.

Kalen: Dime de qué trataba.

No era bestia… Él estaba entre sus piernas.

Vamos, puedes hacerlo mejor. Tienes que dejar de tener miedo de llamar a las cosas por su nombre y yo te dije cómo se llamaba. Demuestra lo aplicada que eres.

Le estaba haciendo un cunnilingus.

Sonrío, porque la imagino sonrojada por llamar a las cosas por su nombre. Tomo aire; ya no me duele al respirar.

Kalen: ¿Y te ha gustado cómo le estaba comiendo el coño?

Nova: Madre mía, prefiero que lo llames así, que en forma fina. Es más sexi.

Entonces, te gustan las palabras guarras en la cama.

Al parecer sí, y me ha gustado. Por primera vez, no lo he visto a él.

Dudo, quiero saber si me vio a mí. Si entre sus piernas estaba yo, lamiendo todo su placer. Dudo con los dedos sobre el teclado. Si le pregunto eso, tal vez cruce líneas para las que no estoy preparado.

Kalen: Eso me alegra mucho. Te dejo leer.

Nova: Buenas noches, Kalen. Nos vemos.

Le doy las buenas noches y sé que he roto el momento. Decir que es lo mejor no mejora el malestar que de nuevo late en mi pecho.