Ponme las pilas Capítulo 16
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Capítulo 16

Nova

Subo una pierna en el sofá y la pongo bajo mi cuerpo, sin que se vea nada. Me puse una falda azul marino cómoda porque es vaporosa. Arriba llevo una camisa sencilla.

Pienso en la historia de Kalen y me da pena.

Él no merecía esto. Aunque siento que esa boda iba a darse de todos modos.

Es triste que otros decidan por tu vida.

Geno me contó que a ella le dijeron con quién debía casarse y, cuando se divorció, la dieron de lado.

No me extraña que quisiera romper con todo y montar un sex shop .

Escucho a Kalen acercarse. Se ha cambiado y lleva un chándal cómodo. Me gusta su sudadera azul marino. Va descalzo. Sus pies desnudos me llaman la atención. No sé si es que me gustan o es él. Que todo lo de él me atrae.

Se sienta a mi lado y me tiende una pequeña caja.

Abro y veo que son pequeños vibradores.

—No van a servir de nada. Los he probado…, hace años, y no, porque me da la risa la vibración y veo a mi ex insultándome.

—Ves a tu ex… ¿Y si cambiamos esos recuerdos?

—¿Cómo? He probado con porno o con una foto de un hombre sexi. Nada. Nada funciona.

Lleva la mano a mi pelo suelto y lo pasa tras mi oreja. La respiración se me agita. Más cuando pasa esa caricia por mi mejilla hasta mi boca. Entreabro la boca y su dedo se cuela dentro.

—¿Y si ahora me vieras a mí? Conmigo te sientes a gusto, ¿no?

—Ya, pero…

—Somos amigos. Solo te estoy ayudando y tú a mí. —Sonríe de medio lado.

—Un amigo no hace estas cosas.

—¿No? Vaya. —Pasa los dedos por mi cuello. La piel se me pone de gallina.

Es como si mi cuerpo dejara de ser mío para ser suyo. Se acerca y me acaricia el cuello con su aliento. Me estremezco. Y gimo, y entonces toda la magia se va a la porra.

—¿Ves? Parezco un cerdito cuando gimo.

—No lo pareces. Él era un cerdo. Tú, una mujer preciosa y sexi.

—¿Soy sexi?

—Joder, Nova. ¿No tienes ojos en la cara? —Mira mi cuerpo con descaro—. Tienes unas curvas que atraen miradas.

Lo creo; por cómo lo dice, le creo. No es que yo, al mirarme, no me gustara lo que veo en el espejo, pero es como si hubiera aceptado que tal vez no era atractiva para los hombres. O que tal vez buscaban una mujer diferente.

Kalen me mira como si de verdad mi cuerpo le pareciera una tentación. No recuerdo a un solo hombre de los que han intimado conmigo que me hubiese observado como este hombre, velado en su mirada.

Coge un juguete, lo enciende y lo pone en mi mano.

—¿Quieres que lo use contigo?

—Solo si tú quieres. No voy a hacer nada. Solo quiero que me veas a mí. Que dejes de verlo a él.

—¿Qué ganas tú con esto?

—No he estado con nadie desde hace años.

Necesitaba sentir algo en el sexo y, además, la veía a ella fingiendo que lo nuestro era perfecto.

Quiero algo real y poder avanzar. No era consciente de lo anclado que estaba en el pasado hasta que te vi.

Empecé a sentir cosas y entendí que antes, donde debían reinar emociones, solo existía un desierto carente de vida.

Veo la verdad en sus ojos. Por eso, asiento. Porque quiero ver dónde nos lleva esto. Porque a su lado siento que puedo dejarme llevar. Algunas personas necesitan menos para este punto. Hacemos esto para avanzar. Y, desde que lo vi, mi cuerpo también despertó de un largo letargo.

Ardí con solo una mirada.

Se acerca y lame mi cuello. Gimo y tiemblo. Siento su peso sobre mí. No me aplasta, tampoco me toca más de lo normal. Cierro los ojos y me dejo llevar. Mi mano temblorosa se abre paso entre mis piernas con el juguete latiendo entre mis dedos. Lo subo por mis muslos.

Lo pongo sobre mi ropa interior. Vibra, estoy mojada, puedo sentirlo.

Caliente.

Muy caliente.

Es ridículo…

Esto no es para mí…

A mí me gusta esto…

Soy frígida…

—Para. —Kalen coge mi cara entre sus manos—. Deja de pensar. Solo siente cómo vibra sobre tu sexo… En cómo te mojas… —Sus palabras susurradas me excitan—. Eso es, preciosa. Déjate llevar. Eres tan guapa. —Me lo creo; por cómo me mira, me lo creo.

Él sí que es atractivo. De cerca, más. Me siento segura aquí. Por eso, presiono el juguete contra mi sexo y solo lo miro.

Cuando estoy de nuevo así, acerca su nariz a la mía. Me toca levemente. Luego mis labios con su nariz. Presiono más fuerte. Me gusta, me gusta mucho. Baja la nariz por mi cuello hasta la cima de mis pechos. Quiero su boca en ellos. Quiero que me lama.

Que me toque…

Más placer.

Cascadas de placer se anidan en mi sexo, listas para salir a chorros.

Lo miro y me siento segura con él, como no me he sentido nunca ante otro hombre.

Y eso cambia el juego.

—Kalen…

—Eso es, pequeña, déjate ir. No hay nada malo en lo que haces. Tus gemidos me están volviendo loco.

Sus ojos están vidriosos por el deseo. Alzo mi otra mano hasta su cara y acaricio su barba incipiente, mientras noto cómo algo denso se concentra en el punto donde vibra el pequeño consolador.

—No puedo. —Los ojos se me llenan de lágrimas.

Me debato entre dejarme ir y el miedo a hacerlo.

Acaricia mis mejillas y acerca sus labios a los míos. Su beso es tierno, dulce y una explosión en mi boca. Lo repite y mi mano se mueve, mientras su boca explora la mía, mientras nuestras lenguas se chocan y danzan juntas.

Esto es muy bueno.

Cuando me mira, parece tan desconcertado como yo.

Lo repite y muevo la mano pensando en él, en sus labios… En cómo me hace temblar.

Entonces, el orgasmo me recorre de los pies a la cabeza. Jadeo en su boca sin miedo.

Deja un beso en mis labios dulces y cálidos. Lo abrazo con fuerza. Y me devuelve el abrazo.

—Gracias por mostrarme algo verdadero. —Acaricia mi espalda.

—A ti por mostrarme esto.

Tomo aire. Los labios aún me laten por sus besos. No, ahora no pensaré en mi ex, pero siento que en él sí, cada día. Cuando nos miramos, hay dudas y miedos.

—Quédate a dormir. Preparo las mejores tortitas del mundo.

—Vale.

No le digo que sí por mí, es por él, por esa soledad que me ha dejado ver.

Tal vez sea cierto que de esto vamos a sacar algo bueno los dos.

Somos… amigos.

Kalen

He preparado el cuarto de invitados para Nova. No sé por qué no puedo dejarla ir. Tal vez porque este lugar me parece aún mejor con ella cerca. O porque besarla ha sido increíble.

Verla retorcerse de placer me ha hecho sentir vivo, porque vivo muerto por la traición de Bora. Viviendo solo por librarme de ella y de su padre.

Entonces, una joven llega a la tienda de mi tía y hace que me pierda en ella más de lo que debería. Cuando la vi allí, parada, no podía dejar de mirarla, mientras sus caras raras la delataban. Algo se rompió en mí, destinado a latir con más fuerza que mis miedos.

Esto nos puede salir caro. Estoy cerca de conseguir mis metas.

No es momento de arriesgarlo todo por esto.

Pero aquí estoy, feliz porque ella se ha quedado un poco más conmigo.

No era consciente de lo solo que me sentía desde hace años.