Capítulo 14
Nova
Kelvin toca a mi puerta y abro. Está muy guapo, con los vaqueros y un jersey. Recojo mis cosas y salimos juntos. Vamos hasta su coche, un deportivo negro.
—¿Nerviosa por trabajar de camarera?
—Llevo haciendo ese tipo de trabajos desde niña. La casa de mis padres estaba arriba del hostal. Siempre había algo que hacer.
—Entonces te será fácil.
—Sí, y me voy a documentar.
—Miedo me da eso. —Me río.
—Quiero mirar a los hombres sin miedo…
—O mujeres.
—No, las mujeres no me dan miedo y tampoco me excitan.
Cuando tuve problemas de ir más lejos con los tíos, me fui a un bar gay y me lie con una mujer.
Besaba bien, pero sentí aún menos. No, descartado.
Me ponen los hombres, pero no sé cómo quitarme todos los estigmas.
Le he pedido a mis padres que hagan fotos a mis diarios, de cuando estaba saliendo con mi ex.
—¿Y no te importa que los lean?
—Mis padres ya los han leído. En mi casa, intimidad no hay.
—En la mía sí. Mis padres se mueren del susto si saben que soy gay. Esperan que me case y les dé nietos. Muchos nietos. Soy hijo único.
—Vaya, es duro no tener el apoyo de quien quieres.
—Bueno, de momento no me preocupa porque no quiero cambiar las cosas.
—Yo te apoyaré en todo. —Se gira y me sonríe; mira que es guapo el jodido—. ¿Te puedo hacer fotos para la tienda? No se verá tu cara. Pero la idea que buscaba para los carteles no la encontré en redes.
—Si no se me ve la cara, sí. Si no, te tendría que pasar a mi agente y no te saldría barato.
—Lo mismo Kalen lo puede pagar. Al fin y al cabo, es un trabajo.
—Puedo hacerlo por una amiga.
—No, mejor lo pienso bien. Es tu trabajo y no quiero aprovecharme.
—Como quieras.
—¿Sobre qué es el desfile?
—Sobre ropa interior.
—Ah, bien, me vendrá bien para mi experimento. —Sonríe de medio lado.
Saco el móvil y pienso que en la tienda no hay ropa interior. A las mujeres les gusta sentirse sexis. Deberíamos tener. Porque, si para la mujer el orgasmo es un juego de preliminares, vestirse para el placer entra dentro de eso.
Llegamos al lugar: una vieja nave a las afueras que han habilitado para eventos. Tiene paredes medio caídas y llenas de luz y texturas. Me gusta este rojo, entre lo viejo y lo nuevo. Voy con Kelvin a la zona de personal. Me presenta a la encargada de eventos, Mara.
—Has venido muy pronto.
—No espero que me pagues más. Solo que así me ahorraba el metro.
—¿Te importa si te pongo a trabajar ya?
—No, para nada.
—Sígueme, entonces.
Vamos hasta donde está la pasarela y me dice de colocar las sillas. Hay que poner lazos de colores de tul en algunas. Soy la mejor haciendo lazos. Se me da bien la decoración.
Voy de un lado a otro y, a la hora del desfile, nos vamos a poner los uniformes. Faldas estrechas de color negro y camisa blanca, y sobre esta un chaleco negro. Ninguna me queda bien, porque tengo muchas tetas.
Mara me deja un pañuelo y lo ata para darme un toque elegante, sin que mis pechos se vean mucho.
—Perfecta, ya quisiera yo tener tus tetas. —Sonríe con cariño—. Eres muy buena trabajadora. Te tendré en cuenta para más eventos.
Noto la felicidad latiendo en mi estómago.
Miro con el resto de los camareros el desfile, desde un hueco que hay. Cuando sale Kelvin, se nota. Anda con elegancia y con firmeza. Lleva solo una corbata y un bóxer negro. La cara, mitad pintada, mitad no.
Le hacen cientos de fotos. Destaca entre el resto, sobre todo cuando guiña un ojo. Algunas mujeres se abanican. Los preliminares. Ese anticipo de lo que está por venir entre las sombras.
Al acabar el desfile, vamos a la cocina a por bandejas. Pasamos de un invitado a otro, como si fuéramos meros robots.
—Y yo que creía que te pagaba bien. —Esa voz. Me giro y veo a Kalen cerca de mí—. ¿Me recomiendas lo que llevas?
Sonríe y mi corazón late acelerado. Tenerlo cerca me remueve cosas dentro de mí, que quiero reprimir, pero no puedo. Y entonces el fuego. Ese que arde cuando su mirada se cruza con la mía y me hace sentir cosas prohibidas entre los dos.
—No he comido nada desde hace horas. Pruébalo y me dices qué tal. —Coge uno y, sin dejar de mirarlo, se lo lleva a su boca. Esa boca que me tienta. La imagino sobre la mía.
Mi respiración se agita. Odio que mi cuerpo recuerde que sigue vivo al sexo con mi proyecto de jefe.
—No está mal, pero conozco una hamburguesería cerca de mi casa mejor. ¿Quieres cenar conmigo al acabar?
Su propuesta desata mis latidos.
—Vamos, querido. —Su mujer se pone a su lado. Kalen se tensa, imperceptiblemente, antes de sonreír.
Su mujer, y él quiere que cene con él. No sé dónde me deja eso. Me marcho agitada, sin saber muy bien cómo sentirme. Kelvin me dice que me lleva a casa. Voy a cambiarme y veo un mensaje de Kalen.
Kalen: Tengo algo que contarte. Ven conmigo a cenar. Por favor.
Siento algo removerse dentro de mí en ese «por favor». Me voy a arrepentir de esto, pero le digo a Kelvin que he quedado. Se acerca cuando salgo ya cambiada.
—¿Es de fiar?
—¿Ahora te preocupas por mí?
—Somos algo así como amigos.
—Es de fiar —respondo—. No te preocupes y gracias por todo. Me ha gustado verte. Eres increíble.
Sonríe y vamos hasta la puerta. Su coche está aparcado cerca. Hay un chófer apoyado en la puerta de un coche de diseño, que me hace señas.
—Ten cuidado. Esta gente a veces se cree que, por tener dinero, nos puede comprar. —Kelvin mira al chófer.
—Es mi jefe, Kalen. El sobrino de Geno. Pero no cuentes nada.
—No, me quedo más tranquilo. —Me da un apretón en el brazo y se marcha a su coche.
Voy hasta el coche de Kalen y entro. No está en él. Esperaba que sí, pero seguramente siga con su mujer. ¿Qué estoy haciendo?
Puedo decir que es parte de la investigación, si eso me hace sentir mejor…