Ponme las pilas Capítulo 13
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Capítulo 13

Nova

Entro al sex shop y saludo a la cámara, por si Kalen me está mirando; lo hago cada día.

Hablamos un poco por mensajes y, como siempre, siento esa complicidad entre los dos que me gusta, como amigos.

Solo como algo así como amigos. Saber que puede verme me hace sonreír.

Me cae bien, muy bien, y me siento cómoda hablando con él de sexo.

Es raro, pero siento que me entiende o que no me va a juzgar.

Al final, es eso: el miedo a ser juzgado a veces nos mete en nuestra propia cárcel de prejuicios.

Miro el lugar y decido hacer cambios. Llevo varios días observando cómo hacerlos y creo que sé cómo pueden quedar bien.

Escribo a Kalen para pedirle permiso y me dice que haga lo que considere; que le haga una propuesta y trabajaremos en ella.

Vale. Tengo que hacer que este sitio sea cómodo para mujeres como yo, que sienten que, si no tienes un orgasmo, pues te jodes.

¿Por qué nos tenemos que conformar? ¿Porque es más complicado hacernos llegar? Pues no. Se acabó. Pienso trabajar en mi propio orgasmo y ayudar a otras mujeres.

He pasado de virgen a consejera sexual…, sin saber lo que es excitarse. Vale, poco a poco, que enseguida me vengo arriba.

Siento que para mí era más fácil cerrarme en banda que intentarlo de nuevo.

Tenía miedo de volver a fracasar o de salir con alguien y que, si no podía llevar sus tiempos, me hiciera sentir mal.

Ahora pienso que tal vez forcé las cosas.

No puedes dejarte llevar si no confías en que la otra persona está ahí contigo de verdad.

Muevo muebles y saco el sofá de la sala de descanso.

Pongo la cafetera en la mesa y dejo algunos libros en la mesa de centro.

La zona de libros la pongo más visible. Saco algunos y escribo notas de comentarios de internet sobre las novelas.

Mi meta es ir leyendo y poner qué siento yo… Aunque no hable del spice .

Y, por último, adiós penes de goma. Lo siento, pero a mí no me gusta nada tenerlos ahí.

Los meto en una caja, para que luego hagan lo que quieran con ellos. Por mí, como si los queman.

En mi tiempo de descanso, voy a una tienda de ofertas y compro marcos.

No me sobra el dinero, pero me han ingresado la semana pasada y con eso voy tirando.

No ha venido una sola clienta en toda la mañana.

Seguro que por la tarde este lugar está lleno.

No lo pienso mucho e imprimo imágenes sugerentes de hombres y mujeres, donde se ve que puede pasar algo, pero deja con la miel en los labios.

Pongo un pato de goma y algunos juguetes que sugieren algo, pero sin ser tan intimidantes como las «varitas» de goma.

Al acabar, es mi hora de irme y nadie ha venido.

Hago fotos y se las mando a Kalen, aunque lo puede ver por las cámaras.

Nova: Voy a la cola del paro…, pero al menos lo estoy intentando.

Kalen: No te rindas. Esto solo ha empezado. Pasa buen fin de semana.

Y tú. El lunes te presento más ideas.

Estoy deseando leerlas.

Suspiro y luego miro la cámara con cara rara. Yo y mis caras raras. Recojo mis cosas y me marcho tras cerrar, recordando a cada paso que doy hasta mi casa que mi sexi jefe sustituto está casado.

Al llegar a mi casa, tocan al timbre como si me hubieran estado esperando. Abro, esperando que sea Geno, con la que quiero tener una charla, pero es Kelvin. Entra a mi casa.

—¿Te han llamado de la agencia para trabajar mañana?

—No. ¿Tengo trabajo?

—Sí. Voy a mandar un mensaje para recordarlo. ¿Estás en alguna empresa de trabajo temporal? —Le digo cuál y dice que se hacen cargo de todo—. Yo tengo que estar allí antes. ¿Vas a ir en metro?

—Sí.

—Si quieres, vamos juntos y luego nos volvemos.

—Si no ligas. —Se ríe.

—No creo que ligue. Allí no —por cómo lo dice, siento que esconde algo—. Lo arreglo todo. Te llamarán para confirmar y ya nos vemos mañana a las cinco.

—Perfecto. —Va a irse, pero decido preguntarle algo—: ¿Te molesta que una mujer te diga cómo le gustan las relaciones sexuales?

—No. —Sonríe y me acaricia la mejilla. Luego se acerca a mi oído—. Pero me gustan más los hombres.

—Ah. Vale.

—No digas nada. —Su mirada es de preocupación—. Mi agente no quiere que se sepa mi orientación sexual. Quiere que llegue lejos y están enfocando mi carrera a un público femenino.

—Pues vaya mierda.

—No y sí. No he salido del armario. —Veo tristeza en sus ojos—. No quiero ser solo el maricón ese. Quiero ser Kelvin, el modelo. Odio las putas etiquetas.

—Te entiendo. Soy Nova, la virgen entre mis conocidos. Al vivir en un barrio de cotillas, pues cuesta quitarse ciertos motes.

—Joder.

—Gracias por confiar en mí.

—De nada, tú también estás haciendo el esfuerzo de contarme tus inquietudes. Es lo justo.

—Supongo que sí.

Se marcha y me quedo pensando en los tabúes que hay en relación con el sexo. En lo que nos gusta o no. En lo que nos da placer. Queremos ir de modernos, pero nos echamos las manos a la cabeza cuando algo se sale de lo establecido.

***

—Si la gente follara más, jodería menos. —Miro a Geno con los ojos abiertos como platos.

Es sábado y he bajado a su casa a hablar con ella de su negocio por la mañana. Esta tarde-noche trabajo gracias a Kelvin.

—Te lo digo en serio —añade y sigue con su libro.

Estamos en su terraza. Le he explicado que casi no va gente en mi horario, que he hecho cambios y ella me ha soltado eso.

—Vale, puede ser. Pero ¿te gustan mis cambios?

—Se parece más a mi estilo. Pero Ula está vendiendo. Así que no sé si tal vez nuestro estilo venda más o no.

—Si quieres que alguien te aconseje y te has armado de valor para ir. Necesitas sentirte cómoda.

—Sí, eso sin duda. El cartel va fuera, ¿no? Lo pidió nada más entrar en la tienda y lo veo horrible.

—Sí, sin duda la gente no necesita una mujer con cara de orgasmo y un pene rosa de neón. El sexo es algo más que eso, ¿no? He propuesto algunos cambios en el título. Date placer o date un placer.

—Me gustan. Cuéntame más de tus investigaciones. ¿Van bien?

—Estudiar, he estudiado mucho, pero no siento nada.

—Estás demasiado anclada en tu primera vez. A muchas mujeres eso las rompe por dentro. Mi primera vez fue una mierda. Con mi exmarido. Luego lo dejé, a él, al imperio Roy y a todos. Y para joder, abrí una tienda sexual.

—¿Y por qué seguiste?

—Porque me di cuenta de que muchas mujeres necesitaban ese sitio. Para hablar de sexo, para dejar de tener miedo a ser juzgadas.

—Si queremos que tu sobrina no venda, tiene que entender que ese lugar es algo más que un negocio.

—Para eso estás tú y mi sobrino.

—Ya. Hasta que pare, se le acabe la baja y me mande a la cola del paro. ¡Yuju!

—Bueno, has cambiado desde que trabajas en ese lugar.

Lo pienso y tiene razón. Tras lo que me pasó, se lo conté a mi hermana y esta a mis padres.

Pero no he expresado lo mucho que odiaba quedar con alguien y no sentir nada.

O tener miedo a dejarme llevar. Me sentía un bicho raro y, como bicho raro, me creé escudos para que no me doliera lo que pasaba a mi alrededor.

Mi hermana, sin querer, un día me llamó virgen en el hostal y lo escuchó una vecina.

Eso hizo que la gente me empezara a llamar la virgen, como si serlo o no fuera digno de una etiqueta.

Al final, todo eso me reprimía.

Lo mismo que les pasa a muchas clientas. Viven conformándose hasta que se arman de valor y van.

—Sí, he cambiado. Antes sentía que hablar de sexo era de guarras o salidas.

—Ya, como que los hombres no hablan de sexo a todas horas si los dejas… Un hombre, para estar como una moto, solo necesita que le toques el culo. He estado casada dos veces y a veces, solo con rozarlo, se pensaba que quería tema.

—¿Tan rápido?

—Pues sí. Ah, y si te daba una palmada en el culo, quería sexo. Y si llevabas ropa sexi, era por él, claro.

—¿Y tú querías?

—A veces sí; la gran mayoría de veces yo necesito más. Un beso a destiempo. Una caricia… O simplemente ayuda con la casa y el trabajo.

—Y te divorciaste.

—Sí, porque era más feliz con mis juguetes que con alguien de quien tenía que tirar constantemente.

—¿Crees en el amor?

—Sí, pero no todos lo pueden experimentar.

Es tristemente cierto. Me habla del libro que está leyendo y es uno de los que tenemos en la tienda. Anoto sus impresiones para ponerlas en la estantería. Luego me deja varios. Me pongo a leer un poco mientras como y me doy cuenta de que no es que no crea en el sexo, es que tampoco creo en el amor.

Por eso, cuando leo sobre ello, pienso que es irreal. Tanto lo uno como lo otro.

¡Qué triste!

¿Cuándo me convertí en alguien así?