Ponme las pilas Capítulo 12
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Capítulo 12

Kalen

Veo entrar a la tienda a Nova desde la cámara de seguridad, desde mi ordenador, en mi despacho.

Va cargada con unas carpetas. No sé qué narices va a estudiar en ellas.

Mira la cámara y saluda como si supiera que estoy mirando.

No debería estar haciéndolo, tengo una reunión importante, pero necesitaba verla.

Para ella debió ser duro que su primera vez fuera así.

No he dejado de verla expuesta ante un cerdo que no solo se rio de ella, sino que se burló de ella con sus amigos.

Sentí deseos de destrozarlo; de hacerle daño por lastimarla así.

No dejo de verla más joven, expuesta a unos idiotas que nunca debieron burlarse de un momento tan vulnerable para una persona.

Y mira dónde ha acabado. Tal vez todo esto la ayude de alguna forma a liberarse. No para cerrarse más al mundo. Porque el sexo es complicado, si no se entiende. O si no descubres qué te gusta a ti, cuando estás ante otra persona o ante ti mismo.

Se planta en la sala y saca el móvil, tras dejar sus cosas. Llama a alguien; al poco me suena.

Sonrío y recuerdo lo del otro día. No debí quedarme con ella. Había ido a comer con Bora y luego fui a una reunión por la zona. Iba a andar para despejarme y apareció ella. Sonriente y alegre. Fui un egoísta y quise esa felicidad un poco más para mí.

Hablar con ella es fácil. No hay dobleces. Todo se le ve en la mirada. Me encanta cuando sonríe o cuando sus mejillas se pintan de color y sus pecas se ocultan un tanto.

No debería hablar con ella o mirarla en la cámara. Saberlo no cambia que, cuando sé de ella, es como si recordara cómo era ser algo así como feliz.

—Te estoy viendo —le informo. Mira la cámara con una dulce sonrisa. Joder, es preciosa.

Su cuerpo me tienta; me hace desear mostrarle todo lo que se está perdiendo, cosa que no haré.

Me gusta el sexo, pero no sin sentir nada.

Lo descubrí tras lo que me pasó con mi ex.

Quería desquitarme o tal vez solo olvidarla y que dejara de doler.

Tras el momento de excitación, me sentía peor.

Por eso preferí dejar de intentar sexo con alguien por quien no sintiera nada.

Tras el fracaso de mi matrimonio, decidí no intentarlo más con otra persona. Es una pérdida de tiempo que no quiero.

Soy de esos idiotas que necesitan sentir algo para disfrutar y no quiero volver a enamorarme.

—Genial. He estado pensando en este lugar.

Si a las mujeres les cuesta hablar de sexo, el cartel de la entrada impone.

Además, entrar y ver tras el mostrador pollas de goma de diferentes tamaños, todavía más.

A muchas mujeres les gustan los hombres, pero su varita mágica no es lo que más les atrae.

¿Puedo sugerir cambios? Ula los ha hecho y, sinceramente, me gusta más como estaba todo antes.

—Puedes, claro, mientras yo esté a cargo, puedo hacer cambios sin que mi hermana opine. Le diré a Ula que deje de hacerlos ella y que se adapte ahora a los tuyos.

—Perfecto. Estuve trabajando en una empresa de decoración.

Me gustó mucho eso de decorar. Mi casa da fe de ello.

También me gusta organizar cosas y hacer listas de todo lo que puede ser mejor o peor.

En el hostal de mis padres aprendí mucho de cómo aprovechar el espacio y de cómo salir del paso cuando las cosas no iban tan bien como se esperaba.

Por cierto, trabajé en una empresa de decoración mientras estudiaba porque, al acabar la carrera, no tenía salida laboral.

Puedes reírte por mi mala elección, ahora que no me tienes delante, como el otro día.

—No voy a reírme por ello. Al menos tú elegiste tu carrera; yo soy el heredero de la empresa de mi padre. No tenía opciones.

—Pues vaya m… Te entiendo, mis padres tienen un hostal, y lo aman. Esperaban que yo lo heredara, junto con mi hermana. Odiaba estar allí. Ese hostal me quitaba la energía.

Mi asistenta me avisa de que tengo que irme. No me apetece colgar la conversación con Nova, porque hablar con ella ha sido muy agradable.

—Tengo una reunión, te llamo cuando tenga un rato.

—Perfecto. Hablamos luego. —Dice adiós a la cámara.

Cierro el ordenador, tras cerrar el programa, y me marcho a una aburrida reunión. Soy muy bueno como CEO de la empresa. El mejor. Pero nunca elegí ser parte de esto. Se dio por sentado que yo estaría aquí sin más.

Y cada vez me pesa más sentir que mi vida nunca fue mía realmente.

¿De qué sirve vivir si solo puedes dejarte llevar?

***

Llego al restaurante donde he quedado con mi hermana para comer. Al verla, le doy un beso en la mejilla sin que se levante. Está de ocho meses y el médico le ha pedido que no haga esfuerzos. No le hace ni caso.

—¿De qué querías hablar? —me dice a las claras cuando pedimos.

—Sobre la tienda de la tía.

—¿Qué pasa ahora? —No se me pasa por alto la cara de asco que pone. Odia ese lugar.

—Ahora la dirijo yo y haré lo que quiera. Ula no puede seguir haciendo ese tipo de cambios. No van con la idea de la tía.

—Haz lo que quieras…, mientras dé beneficios. Odio ese lugar.

—Tienes que aguantar un año.

—Un año donde no pienso poner un duro. Si quieres hacer algo, que sea con los beneficios de la tienda. No sé cómo la tía me dejó un lugar tan decadente. Si alguien se entera de que es mío, me tacharán de zorra o algo peor. Y lo sabes.

Veo el miedo en sus ojos. Y lo triste es que pasará eso si se enteran. Puedo entender que quiera llevar todo esto en secreto.

—¿Acaso tu círculo de amigas no sabe que las mujeres podéis ver porno? —Su mirada es lacerada.

—No hablemos más de ese lugar. —Se estremece—. ¿Cuándo me harás tía? —cambia de tema y toca su estómago.

«Nunca», pienso, pero solo sonrío. Ni mi hermana, ni nadie, sabe que mi matrimonio no existe, salvo mi mujer.

Si mi hermana hubiera sido la de hace años, se lo habría contado todo.

Hubiera ido a verla para que me escuchara.

En ese momento, me di cuenta de que no tenía amigos de verdad.

En los que pudiera confiarles mi vida, sin miedo a que lo usaran todo contra mí.

De niño creía que mi hermana y yo éramos invencibles juntos. Ahora, cuando la miro, solo veo a una extraña.

Y duele.

—Tal vez pronto —miento.

Cuesta creer, al ver la frialdad entre los dos, que hubo un tiempo en que lo éramos todo el uno para el otro. Hasta que crecimos, se prometió y ella empezó a ser de una forma que no casa con mi forma de pensar y de vivir la vida.

Se ha convertido en una mujer fría e insensible. Cuesta mirarla y recordar a esa niña que se metía en mi cama para abrazarme. Solo nos llevamos dos años. Yo soy mayor.

Nos sirven la comida y hablamos de negocios.

Mi hermana trabaja en la empresa de su marido.

Ahora no, por la baja. Pero la tienda de Geno no entra en sus planes.

Al acabar la comida, me voy a mi empresa y veo las cuentas de la tienda.

Se nota el bajón de ventas desde que mi tía se fue y cómo hay más ventas por la tarde que por la mañana.

Nova se tiene que poner las pilas si no quiere que mi hermana tome medidas antes de tiempo, si le da por mirar los números.

No sé qué tiene Nova que me hace desear protegerla.

Es una complicación con la que no contaba y para la que no tengo tiempo.

Y, a pesar de eso, preparo un presupuesto para los cambios que quiere hacer.

***

Tras cambiarme, escribo a Nova desde mi casa en la ciudad, la que uso para no ir a mi mansión. Siempre digo que es porque me pilla más cerca del trabajo. La realidad es que así no tengo que estar cerca de mi mujer.

Me siento en el sofá escuchando el ruido de la fuente en forma de cascada que hay en el patio de luces.

Este edificio lo compró un arquitecto. Tiene tres plantas y dan a un patio de luces.

Creó un espacio abierto con cristaleras a la zona común.

La mitad de la casa está cerrada, por si quiero un día darle una nueva vida. Mi casa es el bajo y la primera planta.

En cuanto lo puso a la venta, supe que debía ser mío. Aquí encuentro paz, por ese espacio lleno de plantas.

Kalen: ¿Cómo va la investigación?

Nova: Bien, estoy viendo porno para mujeres. No sabía que existía un tipo de porno especial para mujeres.

Sí, existe. Cuenta algo más que solo sexo.

Eso estoy viendo.

¿Y estás tomando notas?

Claro. Es instructivo.

De imaginarla tomando notas mientras ve una peli porno, siento algo tierno crecer en mi pecho. Es raro sentir emociones donde antes solo sentía el recuerdo de lo que un día fue tener emociones.

Kalen: Vamos, di cuál estás viendo y me la pongo.

Nova: ¿Vamos a comentar una película porno?

Solo así te puedo decir lo que es real o no.

Vale.

Me pasa la web donde la está viendo y la llamo. Me lo coge enseguida.

—Te puedo prometer que nunca creí que comentaría con alguien este tipo de películas.

—Creo que por no comentar con nadie tus inquietudes sexuales con veinticinco años. Tienes muchos miedos y una virginidad que te pesa.

—Cierto. Y eso les pasa a muchas mujeres, no la virginidad. No saber cómo hablar de sexo con otras personas. He estado leyendo sobre el estigma que hay sobre las mujeres y el sexo. Está mejor visto que un hombre hable abiertamente del tema a que lo haga una mujer.

—Y por eso muchas mujeres fingen los orgasmos con su pareja, por miedo a que, si se lo dicen a él, las haga sentir mal.

—Ser mujer es una mierda en el ámbito sexual.

—Si das con un egoísta, sí.

—Y esas mujeres van a verme para tener algo más que conformarse con nada. —Hay dolor en sus palabras—. Vamos, dale al play a la primera a la izquierda. —La escucho masticar.

—¿Qué comes?

—Palomitas. Es una película.

—Creo que nunca esperé que alguien comiera palomitas viendo una porno.

—Bueno, es cine, ¿no? Vamos a darle al play .

Lo hago, mientras pienso en lo diferente que es esta mujer y, lo peor, es que cada cosa nueva que descubro me insta a querer saber mucho más.

Vemos cómo una mujer se toma una copa y luego el hombre se acerca de forma sugerente. Las mujeres necesitan conquista. Preliminares. Su cuerpo necesita tiempo para estar listo.

Van al cuarto y se besan en la puerta. Luego, cuando entran, la ropa se la quitan poco a poco.

—¿Qué sientes? —pregunto cuando se ponen al tema.

—Nada. ¿No debería sentir cosquillas?

—¿En qué piensas?

—En que esto no es real. En la vida real hay caras raras y gemidos antimorbo.

—También idiotas.

—Muchos. ¿Cómo voy a ayudarlas si yo no creo que esto que veo sea real?

Apaga el vídeo. Hago lo mismo. Noto su respiración agitada y no es por el placer. Es por ansiedad. Me he escuchado muchas veces.

—Nova…

—Estoy cansada, Kalen. —Siento que no lo dice por el sueño—. Hablamos mañana, ¿vale? Y gracias por querer ayudarme. Hablar contigo me gusta. Me gusta mucho.

—A mí también —le confieso y no sé si esto está bien.

Le doy las buenas noches y me quedo pensando en ella. Más de lo que debería. Más de lo que es bueno para mis planes. Para mi vida ya escrita.