Ponme las pilas Capítulo 9
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Capítulo 9

Nova

Estoy de tarde turista. El miedo a tener que regresar a casa por mi fracaso en la tienda ha hecho que, en vez de quedarme en casa estudiando sobre sexo, decidiera dar un paseo. Estoy por Beacon Hill.

Me encantan sus casas victorianas de ladrillo rojizo.

Hago varias fotos y casi me choco con alguien al doblar una esquina.

—Lo siento… ¿Kalen? —Mi traicionero corazón se dispara, se pone a hacer volteretas. Odio que mi cuerpo reaccione así ante él.

Es la primera vez que lo veo lejos de la tienda y con tanta luz.

Sonríe y eso solo da pie a más fiesta a mis mariposas.

—¿Qué haces por aquí? Te hacía estudiando.

—Esa era la idea, pero luego pensé que, por si no salían bien las cosas, quería pasear por la ciudad, y este barrio me encanta.

—Yo tenía una reunión cerca. He terminado. ¿A dónde vas ahora?

—Ni idea, me estaba dejando llevar.

Mira dónde estamos y luego saca el móvil.

—Creo que por hoy he trabajado suficiente y, si alguien nos ve, le diré que es una reunión de trabajo. —Sonríe—. ¿Te hace una librería donde sirven café?

De nuevo noto en él esa amabilidad. Es como si de verdad quisiera lo mejor para mí. No debería sentirme tan cómoda a su lado, pero asiento y andamos hasta donde me indica. Lo sigo como polillas a la luz.

—No seas negativa, Nova. De momento tienes trabajo y, mientras tanto, te puede salir otra cosa.

—Suelo ser positiva, pero llevo aquí un tiempo y nada. Aunque creo que mi vecino va a ayudar a conseguirme trabajo extra los fines de semana.

—¿Y descansar?

—Me pagaba la universidad trabajando y estudiando. No me asusta el trabajo duro.

—¿Y trabajar en lo que estudiaste? —Seguro que sabe lo que estudié por mi currículum.

—No, no me gusta. En verdad estudié Historia por estudiar algo. No sabía qué quería hacer con mi vida. Aún no lo tengo claro; si no, dudo que hubiera acabado vendiendo consoladores —esto último lo digo muy bajito y Kalen se ríe—. No te rías de mí.

—No es de ti, es contigo. —Sus ojos oscuros están sonrientes. Me gusta verlo relajado.

Llegamos a una librería y me sujeta la puerta.

Miro varios libros y me recomienda algunos de sus favoritos. Los anoto en mi lista del móvil para cuando pueda leerlos. Me gusta escucharlo hablar de sus novelas favoritas. Me siento muy cómoda a su lado.

Como si lo conociera de toda la vida y no de hace unos días.

Pedimos café y nos sentamos a tomarlo.

—En el hostal de mis padres hay una librería para los huéspedes. Poca gente la usa. Muchos ya traen sus libros de casa.

—Eso suele pasar. Yo, antes, cuando viajaba, llevaba un libro. Ahora solo llevo trabajo.

—¿Y por qué?

—Estar ocupado hace que no piense en otras cosas.

—¿Y cuándo te tomas un respiro del trabajo?

—Ahora, por ejemplo. —Cuando lo dice, clava sus ojos marrones en mí—. Me gusta estar aquí contigo.

—Es agradable, sí.

Nos miramos con intensidad. Intento averiguar qué tiene él que no haya encontrado en otras personas.

—¿Y salías mucho de fiesta en la universidad? —indaga.

—No me gusta mucho la fiesta, pero al principio sí lo intenté. Luego me centré en estudiar y trabajar. ¿Y tú?

—Alguna fiesta me di. —Me río y le saco una sonrisa—. Pero ya trabajaba en la empresa de mi padre. Tenía que ser responsable.

—Yo también, estudiando Historia.

—¿Cuánto tardaste en arrepentirte de elegir esa carrera?

—El primer día, pero a cabezota no me gana nadie. Por mis narices pensaba acabar la carrera y sacar buenas notas. Ya que, en otros aspectos de mi vida, no podía cambiar las cosas. En los que sí controlo, me gusta darlo todo.

—Te entiendo. Por eso trabajo tanto.

—Vamos, cuéntame cosas de tus fiestas.

Da un trago a su café y luego me cuenta algunas fiestas donde se quedaba hasta tarde con sus amigos. Y luego, borrachos, iban cantando por el campus.

—¿Y sigues en contacto con ellos?

—No, al final no eran amigos de verdad. Solo estaban a mi lado por quien es mi padre.

—Qué triste.

—De esto hace años, ya lo he superado.

—A mí me encanta la gente, pero no siempre se me da bien hacer amigos. Como si la gente esperara de mí cosas que no soy. Me cuesta abrirme a la gente que espera algo de tu amistad.

—Sé lo que es eso.

Doy un trago a mi café, notando de nuevo que puedo decirle cualquier cosa, porque me escuchará. Al acabar el café, vamos dando un paseo por el barrio. Hago fotos para mis redes y me hace alguna foto para que la pueda subir.

Nuestros dedos se tocan y siento saltar chispas.

No hace amago de irse. Ni yo tampoco.

Me gusta estar aquí, con él.

—Voy a intentar ayudarte en todo, Nova.

—Muchas gracias, me gusta contar con alguien en esta ciudad. —Mira su reloj—. Tengo que irme. Ya te he entretenido suficiente. Me ha encantado el paseo.

Mucho, tal vez más de lo que debería.

—Hablamos pronto. E intenta no estudiar tanto y dejarte llevar. Así se aprende más.

—Si fuera fácil… —Siento que quiere saber más y yo quiero que lo haga. Sé que si me preguntara, le contaría todo.

El porqué no lo sé. Solo sé que a su lado siento paz mientras mis mariposas se montan una fiesta.

Nos despedimos y de vuelta llamo a mi familia. Les encantan mis fotos de redes; pongo de avatar la que me hizo Kalen, y me encanta cómo me brillan la mirada y sé que es por él.

Este fin de semana no trabajo. Primera semana superada. Y, aunque estudio, sé que hacerlo no me llevará a nada si no cambian las cosas y me dejo llevar por mi lado más erótico. Ese que sé que había en mí hace años y solo está silenciado por miedo.