Ponme las pilas Capítulo 8
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Capítulo 8

Kalen

Espero a Nova, apoyado en el mostrador. Cuando entra, da un respingo al ver que estoy aquí. Como otras veces, al mirarme, se sonroja. Y es divertido cómo trata de no devorarme con la mirada, pero fracasa.

Se muerde esa boca roja, bañada por lo que parece un gloss . No lleva mucho maquillaje. Solo rímel y colorete. Tampoco lo necesita. Tiene unas pestañas largas y unos ojos verdes fascinantes. Su nariz de pecas es lo que más me gusta.

Sí, es muy guapa. Mucho, e inocente. Tiene veinticinco años, pero parece mucho más joven que yo.

Tiene ese halo de ternura que te hace desear protegerla.

No lleva pintado que es virgen en la cara, pero se le nota por cómo mira todo esto.

Lo noté cuando fuimos a los almacenes y casi le dio un chungo al ver los penes de goma.

Si tenía dudas, verla buscar información me lo confirmó.

Parecía a punto de llorar por no entender nada.

Anda hasta mí. Lleva un vestido azul de media manga.

Con unas deportivas blancas. La chaqueta vaquera la lleva en la mano.

Le gusta lo que ve en mí; me mira disimuladamente.

Es jodidamente adorable y un problema con el que no contaba.

Porque, aunque no quiero, desde que la vi no dejo de pensar en ella.

En si estará bien en este lugar donde mi tía la ha metido.

Por eso, hablo a las claras.

—Buenos días, Nova.

—Buenos días, Kalen. Me has dado un gran susto. Aunque no sé por qué. No es la primera vez que te veo, pero estás tan serio. ¿Todo bien? —Parece de verdad preocupada. Asiento.

—Todo bien. —Anda hasta donde estoy—. Te voy a hablar claro, ¿vale? Porque eres vecina de mi tía y ella te tiene cariño.

—Bien.

—Si no quieres que mi hermana te despida, tienes que aprender a entender este lugar y a que la gente no note que tienes poca experiencia con todo esto.

—Abre la boca para negarlo y le señalo las cámaras—.

Te he visto consultar el móvil y agobiarte en el almacén.

También estudiar y tomar notas. —Le señalo las cámaras—.

De momento solo yo puedo verlas —o eso me dijo mi hermana—, pero si mi hermana toma las riendas del negocio, las vigilará ella, y es muy evidente tu falta de experiencia.

—Joder, no puedes negar que te pareces a tu tía. Ella dice lo que piensa sin irse por las ramas.

—Eso es porque no has conocido a mi hermana. Yo soy el bueno de los dos.

—Miedo me da entonces.

—¿Sabías en qué consistía este trabajo?

—No. Me dijo que era suyo y, bueno, parece una mujer dulce y adorable. No esperaba que tuviera un lugar así. Sé que no debo juzgar a la gente, pero no esperaba esto. Ella sabía que yo no lo vería venir y por eso se hizo la tonta. No me explicó nada.

—Lo malo del sexo es juzgar que la gente tiene que ser de un tipo para disfrutarlo. Primera lección. Y sí, mi tía es retorcida. Pero es buena gente.

—¿Ahora vas a ser mi profesor sexual? —Tarde se da cuenta de lo que ha dicho—. Lo siento, eso ha estado fuera de lugar.

—Puedes ser sincera conmigo. No voy a despedirte si no me das motivos. A pesar de todo, eres amable con las clientas y les has vendido cosas. Mi tía te quiere aquí y yo no quiero hacerte la vida imposible, Nova. Solo avisarte de cómo son las cosas, porque mi tía ya no es la jefa.

—Súbele el sueldo a Google por ayudarme a no hacerlo peor.

—Sonríe y me encanta esa sonrisa sincera—.

Mira, no lo puedo dejar, porque mi prima, si no pago, me echará a la calle y quiero vivir aquí, en esta ciudad, aunque nada está saliendo como esperaba al venir.

No está siendo fácil la búsqueda de trabajo.

Y no me gusta rendirme. Y fui tonta y me gasté mis ahorros en decorar la casa de mi prima, que daba miedo.

Así que necesito este trabajo, porque si no, me tocará regresar al negocio familiar.

Los quiero, pero ese lugar no es para mí.

Sé lo que es eso. Sé lo que es trabajar donde tus padres pusieron sus sueños y no tuvieron en cuenta los tuyos al pasarte el marrón.

—Vale, lo arreglaremos. —Sonríe y me cuesta mucho no perderme en su boca. En esa boca jugosa—. Deberías coger algunos juguetes… ¿Has usado alguna vez?

—¿No es raro hablar de esto con tu jefe?

—No soy tu jefe y este lugar es lo que es Nova. O llamamos a las cosas por su nombre o te despiden.

—Ya, eso sí. Y no, no he jugado con juguetes. No he tenido un orgasmo y cuando leo erótica, paso las páginas porque no me gusta el sexo. ¿Contento? —Se mueve agitada y me mira.

—La cosa pinta mal —le digo a las claras y me pregunto qué pasó para que una mujer tan increíble acabara tan tocada. Algo tuvo que suceder.

Me paso la mano por el pelo. Este no es mi problema. Lo sé, pero no puedo alejarme de ella.

La miro, parece de golpe más joven. Perdida y no soporto verla así. Tengo que irme a una reunión, pero no puedo dejarla así. Iba a decirle cómo estaban las cosas y a no implicarme, pero aquí estoy.

—Lo dicho, coge algo. Algo pequeño y úsalo. Déjate llevar, y tal vez entiendas por qué las mujeres regresan a por más.

—Ya, bueno, me bloquea un poco el sexo. Desde mi primera vez y, dicho sea de paso, horrible.

Una clienta entra y a mí me suena el móvil. Quiero saber más cosas, y siento de golpe deseos de destrozar la vida al que le hizo daño.

Me despido de ella, reticente, sabiendo que volveré. Voy hasta mi coche que me espera. Lug me abre la puerta y, aunque debería prepararme para la reunión, no dejo de pensar en Nova. En lo que me ha confesado y en cómo, a pesar de todo, no ha salido corriendo.

Debe necesitar mucho este trabajo y mi tía lo sabía. Es una manipuladora de cuidado. En eso se parece a mi padre, pero mi tía lo hace con un buen fin. No sé por qué le dejó esto a mi hermana, y tampoco por qué quiere a Nova aquí, pero lo descubriré.

De golpe, esto hace que sienta algo de luz en mi vida, que lleva años enterrada entre negros nubarrones.

** *

Al acabar la reunión, voy a mi despacho y pongo las cámaras de la tienda de mi tía.

Veo a Nova estudiando, mirando los catálogos y preguntando cosas a su móvil.

Lo hace roja como un tomate y nerviosa, pero no agitada.

No está excitada, a pesar de leer sobre sexo.

Es como si le diera asco… Mi hermana lo va a notar.

Debería darme igual, debería pensar en mis cosas. Y, por si quería una prueba de esto, mi mujer entra a mi despacho.

—Hola, querido, llego a tiempo de la comida de los miércoles.

—Sí, siempre antes. —Sonríe.

La miro un segundo, antes de coger mis cosas. Cuanto antes acabemos con la comida, mejor para los dos. Sobre todo, cuando tengo que fingir que sigo enamorado de ella, como hace años, o perderé la empresa de mi familia.

No pienso volver a enamorarme en la vida.

No, no tengo tiempo para socorrer a nadie, igual que nadie tiene tiempo de salvarme a mí.

Al final, en esta vida se aprende a base de equivocarnos. Y yo hubiera puesto la mano por mi mujer, hasta que todo me explotó en la cara.